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Por:
Ameban
= Capítulo: 1. “ Encuentros y reencuentros. ”
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Lo que más sorprendió a Gaury de la poderosa, y temida, hermana de Lina, es que esta no se parecía en nada a ella... al menos en lo que se refiere al aspecto físico. A lo largo de los tres años que hacía que se conocían, Lina apenas le había hablado sobre su hermana si no eran cosas sobre el miedo que la tenía y las palizas que ella le pegaba. Y si a eso se le suma la gran memoria de Gaury, lo que él sabía sobre la hermana mayor de su amiga y compañera ( y otras cosas también), era prácticamente nada, solo que aquella mujer debía ser todo un carácter y que trabajaba a tiempo parcial como camarera en un mesón de la capital de Zefiria. Así que cuando el bueno de Gaury vio por primera vez a la hermana de Lina, la sorpresa fue mayúscula; aunque la propia Lina parecía que iba a encontrarse al borde de un ataque de miedo según iban acercándose a su casa natal.
La verdad es
que la cosa empezó de una forma bastante extraña: hacía más de cuatro años
que Lina no veía a su hermana, desde el día que se presentó ante ella
para mostrarle su uniforme de hechicera oficial y Luna se riera de ella
todo lo que pudo por el color que la había tocado (el rosa) así que Lina
no deseaba volver a verla. Pero llegó el día que tuvo que hacer frente a
las obligaciones familiares y Lina sabía que, por mucho miedo que tuviese
a su hermana mayor, sería peor posponerlo por más tiempo, así que tuvo que
convencer Gaury de que ya buscarían más tarde otra espada para sustituir a
su Gor Nova y ambos se dirigieron hacia el reino de Zefiria, a la
ciudad-fortaleza llamada Zeefil . Sorprendentemente, Gaury se mostró
entusiasmado con la idea de ir a la casa familiar de Lina, y la pelirroja
lo interpretó de otra manera, hasta que Gaury, con toda la naturalidad del
mundo, dijo que quería ir a Zefiria ahora en otoño, cuando la vendimia se
lleva a cabo y más buenas están las uvas. Por semejante explicación, Gaury
se llevó una buena torta de parte de Lina sin que él llegara a comprender
exactamente por qué
- ... ¿Ho... holaa? ¿Hay alguien en
casa?...- Preguntó Lina tras asomarse a la puerta entreabierta de aquella
casa después de llamar sin obtener respuesta.- Luna... ¿estas ahí?-
Gaury contempló la escena asombrado, nunca había visto a Lina tan
asustada y actuando con semejante prudencia... Fue entonces cuando oyó un
sonoro golpe y vio que Lina se derrumbaba de bruces en el suelo.
- ¡¡¡ Por supuesto que estoy aquí,
desagradecida!!! - dijo una voz femenina que le era desconocida, desde el
interior de la casa- ¿¡Es así como me pagas el haberte criado!?
¿¡Largándote de casa como si nada y sin saber nada de ti durante un montón
de años!? -
Lina se sentó en el suelo mientras se masajeaba la cabeza para aliviarse
del golpe que le había propinado su hermana.
- ¡Pero Luna... no he podido venir antes ¡Me han pasado muchas
cosas en todo este tiempo!- se disculpó Lina sin que se atreviera a
levantarse.
- ¿Si, verdad? ¡Cómo si no supiera a que te has dedicado durante
todo este tiempo! Asaltar bandidos y más bandidos... ¡Incluso destruiste
el palacio real de Zoana !.-
- Eres injusta Luna, sabes que fui yo la que al
final cumplió la misión que Firia te había encomendado... -
- Y supongo que lo harías bien ¿no?...-
Fue entonces cuando Gaury se decidió a intervenir ayudando a Lina a
incorporarse lo que llamó la atención de Luna:
- ¿Quién es este?- preguntó sorprendida al ver al rubio espadachín.
Gaury miró a Luna y dejo caer a Lina asombrado al comprender que aquella
chica era su hermana... ¡¡No se parecían en nada!!.
En efecto: Luna le sacaba un palmo de altura, o incluso más, a Lina;
además no era pelirroja, ni siquiera rubia, su pelo era como el de
Shilfild pero cortado en una melenita que le llegaba por los hombros con
un espeso flequillo que casi le cubría los ojos por completo. Y, por si
fuera poco, su figura era tremendamente curvilínea, sin nada que ver con
aquella “tabladeplanchar” que era Lina.
- ¿Tú eres Luna? ¿La hermana de Lina.. ?- Le preguntó asombrado al
tiempo que extendía la mano para comprobar si era cierto lo que estaba
viendo... con sus evidentes consecuencias. Luna no se aguantó, le sacudió
tal bofetón que los golpes que le propinaba Lina eran una simple caricia
comparado con aquello; al igual que Lina, Gaury acabó estampado contra el
suelo.
- ¡Muy bien, Lina! ¡Ya puedes ir explicándome quién es este
cretino y cómo es que no se te ocurre aparecer por aquí durante tanto
tiempo!-
- De acuerdo Luna, te lo contaré todo si me prometes que no
volverás a pegarme...-
- ¿Qué dices? Me lo vas a decir tanto si te lo prometo como si
no... Entro a trabajar dentro de tres horas en el “Lianlanser” y quiero
saberlo todo, ¡así que no exijas tanto!-
Lina se incorporó del todo y entró en el que antaño fue su hogar siguiendo
a su hermana.
- ¡¡Tú también, estúpido!!- le gritó Luna a Gaury.
La casa de las hermanas era una construcción de mampostería de anchas
paredes y tejados muy inclinados, que reflejaba una antigua opulencia
venida a menos... tal vez porque el único inquilino de aquella casa era
aquella mujer de inmensa fuerza, pero que en realidad se debía a que la
familia de Lina había estado pasando por apuros económicos, razón por la
que sus padres no se encontraban allí. Ajena a esas ideas, Luna les
condujo a un pequeño salón donde había una mesa redonda con cuatro sillas
de enea, y allí Luna se detuvo poniendo las manos en forma de cuenco.
- “Luz brillante que naces del aire, concentraos en mis manos”-
murmuró y al momento surgió de sus manos una brillante esfera luminosa que
se elevó hacia el techo para, a continuación, iluminar toda la estancia.
Gaury ya conocía aquel conjuro y no le temía, pero se sorprendió al saber
que la hermana de Lina también era una hechicera o al menos, tenía cierto
dominio de ciertos hechizos... aunque hacía tiempo que debería haberlo
sabido.
- Vale; ahora sentaos y contadme todo lo que pasó... -
Lina suspiró y se sentó en una de las sillas de enea tiempo que se
desabrochaba la capa dejándola caer sobre el respaldo de la silla. Aquella
iba a ser una conversación muy larga...
- Verás Luna... Este chico que viene conmigo es Gaury Gabliev y
es mi...
Muy lejos de la casa natal de Lina,
en la capital del reino de Zoana, otra reunión de similares características, se
llevaba a cabo: Amelia wil Tesla Seillon había ido a ver en visita de cortesía a
Martina, la princesa de aquel reino.
Aquella situación habría resultado impensable dos años atrás, cuando Zoana se
había convertido en una amenaza para Seillon, pero debido a que Martina Zoanamer
abandonó su patria siguiendo a aquel grupo de hechiceros majaretas con la
intención de vengarse de ellos y, posteriormente, unirse a su causa. Desde ese
momento, las relaciones entre ambas princesas habían mejorado considerablemente.
Martina y Amelia acabaron haciendo buenas migas durante aquella aventura sin que
ambas se dieran cuenta de ello, y ahora Amelia se dirigía a ver a esa princesa
después de mucho tiempo.
Martina no había cambiado gran cosa, pero la vida de casada la había afectado en
cantidad de pequeños detalles: su indumentaria era algo más discreta, ya no
actuaba tan a lo loco y por supuesto, ya no pretendía adueñarse de los Reinos
que en un tiempo estuvieron encerrados en la Barrera de los demonios... (la
verdad es que la muerte de Fibrizo había tenido unas consecuencias muy
importantes para aquella parte del mundo y Zoana era una de ellas) También el
hecho de haberse casado le debía haber hecho que sentara la cabeza... al menos
un poco. Por otra parte Martina seguía siendo igual que siempre: seguía
conservando su rimbombante forma de hablar, que contrastaba con su dulzona voz;
seguía dando todas las ordenes ignorando al rey, su padre, y por supuesto,
seguía adorando a Zomerszerth... En fin, tampoco es que se pudiera esperar mucho
más de ella..
Amelia aguardaba en una salita del reconstruido palacio de Zoana a que Martina
apareciese; suspiró al ver colgado en una pared otro de los espeluznantes
mascarones del emblema de Zomerszerth. “¿Cómo puede adorar a eso si se lo ha
inventado ella sola? ” Se preguntó; fue entonces cuando Martina entró en la
salita como solo ella sabía hacer.
-¡Amelia, al final si has podido venir !...- exclamó al verla.
-¡Hola Martina!- le saludó sin ceremonia.
Entonces ambas repararon en los cambios sufridos después de tanto tiempo:
Amelia había crecido algo más y ahora sus ojos llegaban por los hombros de
Martina, aunque seguía luciendo la indumentaria que exigía su condición de
princesa, o sea, con el acostumbrado vestido de raso color salmón y la diadema
de perlas. La expresión de su cara, aunque seguía reflejando su alegre carácter,
era más madura, sin duda por las vivencias sufridas. Por otra parte Martina no
había cambiado físicamente: seguía poseyendo aquella estupenda figura y su par
de tirabuzones que enmarcaban su rostro, pero sus ropas consistían ahora en las
mismas calzas, pero con botas de igual altura, y, en vez de aquel indiscreto
corpiño, lucía una blusa larga ajustada a la cintura con un ancho cinturón y,
sobre los hombros también llevaba su amplia capa negra que ahora abrochaba en su
pecho con el emblema de Zomerszerth. Martina era de la realeza, pero siendo la
excéntrica que era, y también una (torpe) hechicera negra, se podía permitir ese
tipo de ropas, algo que además había estado de moda entre las hechiceras algún
centenar de años atrás.
- ¡No tienes ni idea de coomo me asusté cuando supee lo de
aquel dragón doraado! ¡Creí que habías muerto...!- le explicó Martina sin
poder disimular su alegría.
- Al final no fue para tanto... - contestó Amelia de forma evasiva pues
no creía oportuno contarle qué fue todo lo que pasó.- Y Zangulus, ¿no está
contigo?-
- ¡Huy, por supuesto que sí !...Está abajo, en el patio de
armas, entrenando a la guardia con la espada. -
- Pero... ¿ Es que sigue con la idea de derrotar a Gaury?- Le preguntó
Amelia sorprendida.
-Nada de eso... Está entrenando a la guardia aunque no creo que le
importase batirse otra vez con Gaury. Pero según él, hasta el capitán de mi
guardia real es un inútil.. ¡Si vieras que bien maneja ahora la espada mi
Zangulus... !- explicó la princesa de Zoana con expresión soñadora. Amelia
prefirió no pensar en todas las connotaciones de lo que acababa de decir
Martina.
-No creo que le interesara batirse de nuevo... Gaury ha perdido su Espada
de Luz.- discrepó Amelia.
-¿Y eso cómo ha sido?-
-Bueno... se la devolvió a su legítimo dueño.- respondió Amelia con la
intención de no darle más vueltas al asunto.
La conversación se extendió un buen rato más en torno a todo tipo de temas:
cosas de palacio, el mundo exterior, aventuras vividas. Si había algo que Amelia
podía compartir con Martina era su condición de miembro de la realeza, así que
la princesa de Seillon podía permitirse el poder hablar con Martina sobre
asuntos que el resto de sus amigos no compartían con ella... aunque también era
cierto que la forma de gobernar de ambas era muy distinta. Así continuó la
conversacion hasta que finalmente Martina le preguntó:
- ¿Y los demás?, ¿cómo están?...-
- No se mucho, pero... Bueno: Lina y Gaury siguen juntos viajando por
ahí... - comenzó Amelia.
- Eso que me dices ya lo sabía yo desde hace muucho... - sonrió
Martina y Amelia no pudo evitar soltar una risita.
- En realidad están buscando otra espada para sustituir a la de luz, así
que seguirán juntos por ni se sabe cuánto tiempo... De Shilfild no se nada y me
gustaría verla; la pobre tiene mala suerte para todo: Sailorg fue destruida, el
Hulagón también, sus padres murieron, Gaury no le corresponde... Sé que debería
estar viviendo en Seillon, en casa de su tío Gray cerca de palacio, pero al
parecer ya no está allí, y con todo lo que la ha pasado, me da mucha pena. -
Suspiró Amelia.
Martina la había escuchado seriamente, la verdad es que apenas si llegó a
conocer a Shilfild así que no sabía casi nada sobre sus desgracias personales, y
de su pasado. Sin saber qué responder, bajó la vista; en ese momento se fijó en
las manos de Amelia, que estaban cruzadas sobre su regazo, y reparó en que le
faltaba una de sus pulseras de sacerdotisa blanca, la de la muñeca derecha...
- Amelia... ¿has perdido tu pulsera? Ese amuleto de sacerdotisa quiero
decir.-
-¿Qué... ?- preguntó confundida; no se esperaba que Martina le dijera
eso.- ¡Ah, mi pulsera! ...¡Bueno, es que... ! - Amelia se ruborizó visiblemente
y Martina no pudo evitar sonreír al comprender la reacción de Amelia.
- No me lo digas, ya lo sé..,-
Amelia se sorprendió ruborizándose aún más y no pudo evitar soltar una risita
tonta.
-¿Tanto se nota... ?- preguntó avergonzada.
-La verdad es no demasiado... ¡Ah, se me olvidaba!-
-¿Qué pasa... ?-preguntó Amelia al ver la oportunidad de poder cambiar
de tema.
-Creo que sé donde puedes encontrar a tu hermana... -
Después de mucho viajar por los
antiguos reinos del Sello y haber seguido cantidad de pistas falsas, Zelgadiss
llegó a la ciudad portuaria de Sadgria del Reino de Lyzeille , al pie de las
montañas Ulugum; lugar en donde supo que había alguien que podría ayudarle para
remediar su problema. Sadgria, al igual que Leizard, también era una ciudad con
un gran puerto, pero al contrario que esta, no era comercial, sino un centro de
reunión de cazarrecompensas y Zel no se encontraba especialmente a gusto allí.
No es que en ese momento le estuviesen buscando la justicia con mucho interés,
pero cuando alguien ve a un tipo totalmente escondido bajo su capa y con la cara
cubierta, es mucho más fácil pensar que no quiere que se le reconozca, y en una
ciudad como esa es lo mismo a decir que era un maleante buscado por las
autoridades... idea que no era muy descabellada. Pero confió en la suerte
esperando que, como en tantas otras ocasiones, le confundieran con un leproso, y
de esa guisa se dirigió hacia la posada donde le habían dicho que estaba el tipo
que podía ayudarle.
El interior del establecimiento estaba lleno de marineros borrachos de servicio
y gran cantidad de mercenarios que, ora se dedicaban a cantar cogidos de los
hombros como si fueran amigos de toda la vida, ora se peleaban por cualquier
cosa; todo esto amenizado con el olor del alcohol y la paja húmeda desperdigada
por el suelo de la taberna con el propósito de ofrecer una burda limpieza al
local. Zelgadiss se sentó en un rincón ignorando el gentío y esperó a que aquel
tipo le llamara a su presencia, esperando pasar desapercibido para toda aquella
chusma; fue entonces cuando por fin se le acercó un tipo de ojos acuosos y
mediana altura.
- Ya puede pasar; sígame por favor... -El hechicero se incorporó y
siguió a aquel anodino tipo hasta una sala de la parte trasera de la posada;
este descorrió unos pesados cortinajes y le indicó que pasara...
Cuando vio lo que se ofrecía tras los cortinajes, la quimera sorprendió mucho. A
lo largo de su joven vida Zelgadiss había vivido muchas cosas y visto otras
muchas; además, sus conocimientos de magia eran muy amplios y él era, por qué no
decirlo, bastante inteligente. Pero aquello si que le pilló por sorpresa: en el
interior de la sala había una joven de su edad reclinada en un diván con una
copa de vino en la mano; a su alrededor se encontraban varios arcones llenos de
toda clase de riquezas, desde monedas de oro y diamantes, hasta gran cantidad de
objetos de Oliharcón, así como polvos de chabcra, raíces de sebgra, libros de
magia y un largo etcétera, que en cierto modo, era de esperar dada la razón por
la que había ido allí.
Pero era su anfitriona lo que más le llamó la atención. Aquella mujer era, sin
duda, una hechicera ya que era a quién había ido a ver, pero su aspecto le
resultaba familiar a la vez que le turbaba. En cierto modo parecía una
prostituta de lujo pero nada más lejos de la verdad; tenía casi la misma altura
que Gaury, con una figura tremendamente voluptuosa, con largas y torneadas
piernas, cadera ancha y cintura estrecha... y, sobretodo, un muy generoso busto,
que además no se preocupaba para nada en ocultar. Por si fuera poco, vestía un
muy escotado corpiño de manga corta, un tanga que solo ocultaba lo
imprescindible y unas botas y guantes de media caña; eso sí, todo ello aderezado
con diversos adornos de hechicera, como la universal tiara con una joya en la
frente para aumentar sus capacidad de concentrar poder mágico; y una pesada capa
fijada con unas hombreras de espinas semejantes a las que usó aquella loca
enamorada de Ellis. No era tan extraño, pues muchas hechiceras se aprovechasen
de esa condición para vestirse de una forma que les estaba negada al resto de
las mujeres, pero aquella forma de vestir ya estaba pasada de moda entre las
hechiceras desde hacía alguna centuria, y Zelgadiss solo podía recordar el caso
de Eris como el de otra hechicera amante de modas pasadas. Aparte de eso, la
verdad es que para Lina la visión de aquella mujer la habría deprimido
profundamente... aunque a Zelgadiss los complejos tontos de su amiga le traían
sin cuidado.
Sin embargo su rostro le era conocido: sus ojos azules, la forma de sonreír, las
cejas y, sobretodo su largo pelo liso y oscuro con un mechón rebelde en la
coronilla, le recordaban a... Amelia. Tal vez fuese el deseo inconsciente de
verla, pero aquella mujer era como si hubiesen hecho una versión más adulta (y
descocada) de su sacerdotisa. No obstante prefirió ignorar aquella idea pues esa
hechicera ya le resultaba terriblemente sensual como para encima ponerse a
pensar en eso, indigno de alguien que se consideraba un caballero.
Por su parte, la hechicera tampoco pasó por alto al recién llegado: ¿ que le
pasaba a aquel tipo para que se ocultase bajo una capa con capucha y se tapara
la cara con un embozo? Normalmente todo el mundo quedaba prendado de ella nada
más verla, no se escondía de ella. Chasqueó la lengua molesta por aquello... y
Zelgadiss, comprendiendo el gesto, abrió su capa echándola hacia atrás y se bajó
la capucha y el embozo de la cara dejando sus monstruosos rasgos al descubierto,
esperando la típica reacción de sorpresa y repulsión de la hechicera. Sin
embargo aquella joven se limitó a observarle con atención: un “algo” joven de
torso triangular, cintura estrecha y piernas largas que oculta su piel
cenicienta y llena de esquirlas, su pelo plateado y tieso como púas y sus largas
orejas bajo unas ropas diseñadas especialmente para esconder su físico... aunque
la gran gema roja de su pecho y las ropas monocromas le identificaba como
hechicero. Zelgadiss se preguntaba qué pasaría ahora cuando la joven se tapó la
boca con la mano y... soltó una atronadora carcajada que le puso, esta vez sí,
todos los pelos de punta; era como si esa hechicera se riera de todo los demás,
Zel nunca había oído algo así, incluso la risita de Xeros con su irritante
sentido del humor eran mucho mejor que eso...
- Yo te conozco, te he visto antes... - le dijo la chica con una voz
sorprendentemente melódica al incorporándose del diván-... Aunque no recuerdo
como te llamabas.-
-Siento decirte que no tengo el gusto, Naga... -
Naga se dirigió hacia un arcón de una esquina y rebuscó entre unos viejos
papeles. Zel reparó en que aquella arca tenía el escudo de Seillon grabado en el
frontal, cuando la hechicera le mostró un viejo cartel donde había estampado un
retrato suyo con un gesto muy crudo en el que se veían sus colmillos.
-...Ofrecían una buena suma a cambio de ti; “Ma-shensi”- informó Naga.
-Esto es de hace un par de años, además, la persona que me buscaba lo
hacía por motivos personales... ¿No me dirás que sabes quien soy por este
ridículo papel?- preguntó con sarcasmo.
- Sí... Yo siempre estoy buscando trabajos que me puedan proporcionar
mucho dinero, y por ti lo daban en esta ocasión. He visto muchos más carteles de
busca y captura tuyos, pero no ofrecían recompensas tan elevadas.- señaló Naga.-
La verdad es que me has sorprendido: no esperaba que el tal Zelgadiss fueras a
ser tú, y tampoco pensé que fueras una quimera... ¿Cómo es que tienes nombre de
humano?, ¿y qué es lo que quieres de mí exactamente? Mi confidente no entró en
detalles.-
A Zelgadiss no le hacía mucha gracia tener que contar detalles sobre su vida,
pero lo cierto es que si quería que Naga le ayudase, tendría que decir ciertas
cosas.
- Yo nací como un humano normal y lo que quiero es que tú me ayudes a
recuperar mi antiguo ser- Naga le escuchó sorprendida; nunca esperó que el
verdadero motivo de esa quimera fuese volver a ser humano, en vez de el ansia de
poder, como hacían creer todos sus crímenes... al menos en el pasado. En
realidad motivos semejantes, o si no iguales, eran la razón habitual para que
algunas personas accedieran a convertirse en quimeras. Fue entonces cuando una
idea asaltó su mente.
-¿Que tú nacis... ? ¿Acaso no serás la quimera definitiva de Diol?-
preguntó con un escalofrío involuntario.
-¿Diol? ¿Quién es ese?- Zel no comprendía a que se refería Naga.
- Ya veo que no... Bien, para tu información, Diol es un hechicero loco
que hace unos años pretendía crear una quimera definitiva capaz de enfrentarse
incluso a los grandes demonios- le explicó Naga en tono autosuficiente, como si
lo que dijera fuera algo realmente obvio- Intentó hacerlo con una “amiga” mía,
pero no lo consiguió. Entre ella y yo le disuadimos de hacerlo... Ese viejo me
engañó vilmente en lo que yo creía un proyecto fantástico. - gruñó hablando para
sí.
Zelgadiss chasqueó la lengua ante la idea de que aparte de Rezo, hubiese más
hechiceros capaces de fabricar quimeras partiendo de otras personas, pero ese no
era el asunto a tratar en ese momento. La tal Naga parecía estar familiarizada
de alguna forma con los hechizos relacionados con quimeras, aparte de los de
golems, como le habían informado.
- Entonces ¿piensas ayudarme o no? Ya te he explicado mis motivos... -
Naga se sorprendió ante el brusco cambio de su interlocutor pero pronto se
recompuso.
- Eso depende de dos cosas... - señaló alzando los dedos ante su cara-
Primera: ¿de qué forma se supone que puedo ayudarte?, y segunda ¿cuánto me vas a
pagar?-El hechicero quimera echó un vistazo rápido y disimulado a su
alrededor... era fácil pensar que a Naga le gustaba mucho el dinero y cualquier
cosa de valor, así que volver a decir aquello de “pon tú el precio” como
hizo cuando conoció a Lina, sería un grave error... además ¿qué es eso de “en
qué se supone que puedo ayudarte”? ¿Acaso no era ella lo bastante experta
en temas de golems y quimeras como para saber exactamente en qué debía ayudarle?
¿Qué clase preguntas eran esas?
- No creo tener suficiente dinero como para pagarte la cantidad que
pienso que me vas a pedir ahora, así que me ofrezco a servirte si me ayudas... Y
sobre como lo harás, eso ya es cosa tuya.- La verdad es que a Zel no le hacía
mucha gracia tener que estar al servicio de alguien cuando se había pasado media
vida bajo las órdenes del tipo que lo había convertido en aquella cosa, pero si
no había más remedio... Se maldecía por no tener más recursos económicos y tener
que acabar de esa forma - Además, tenía entendido que eres experta en la
creación de golems, y una parte de mí es de golem... -
Entonces Naga se fijo en el aspecto de su cuerpo: era de piedra, tan duro y
pesado como una roca... ¿Qué hechicero podría haber hecho una quimera como esa,
usando una criatura inanimada? ¡Estaba muy bien conseguida!
-Es cierto, estoy especializada en la invocación de golems y en los
conjuros astrales de hielo, pero no tengo idea alguna sobre como fabricar
quimeras... ¡Se me pasaron las ganas después de conocer a Diol!...-
- ¿Debo suponer entonces que estoy aquí para nada?- declaró Zelgadiss
molesto.
Naga se sorprendió de nuevo ante el carácter tajante de aquel hechicero, pero
también le molestó que, por no tener los conocimientos necesarios e irse de la
lengua de esa forma, perdiese una buena oportunidad de ganar una buena suma... o
un buen ayudante; así que le informó de algo de lo que podría acabar odiándose:
- Bueno, yo no puedo hacer nada por ti, pero cerca de donde se
encontraba la desaparecida ciudad de Sailorg había una sociedad de hechiceros
especializados en la creación de quimeras y clones, y en Sailorg también vivía
una discípula de Rezo con esa clase de conocimientos... Tal vez ellos si puedan
hacer algo por ti..- Al menos, esa información valdría alguna suma.
- ¡Te equivocas! La asociación fue destruida y esa hechicera de la que
me hablas tiene que ver con lo que soy ahora; además, murió hace unos años...
Esa información me es inútil... -Naga permaneció unos momentos en silencio;
Zelgadiss poseía información de primera mano y a este paso no iba a sacar nada
en limpio, menos aún dinero. Ella bajó la vista inspeccionando todos los objetos
de la habitación por si podía encontrar algo que le pudiera servir, pero...
- Está claro que lo único que me pude ayudar es la Biblia Cleir... -
declaró Zel sin referirse a nadie en particular- ¡Adiós!- Se dio la vuelta
enérgicamente y se fue de allí dejando a una sorprendida Naga que le miró
marcharse."¿La Biblia Cleir?” pensó .
Sin mediar ninguna otra palabra, Zelgadiss abandonó la posada siendo ignorado
por el resto de sus clientes.
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