“ El  FIN DE UNA LARGA BÚSQUEDA ”

Capítulo: 9 “Vezendy"

Cuando al amanecer Naga y Zelgadiss arribaron por fin a la ciudad de Vezendy tras una larga y pesada semana de viaje después de abandonar Femenil, su objetivo se extendía en medio de una llanura a los pies de las montañas; los inclinados tejados de los edificios de la ciudad aparecían cubiertos de nieve que resplandecían de blanco en medio de las brumas invernales y la creciente luz solar; solo los pintados muros de los edificios ponían una nota de color en medio de la gélida blancura.

Como de costumbre Zelgadiss se introdujo den las calles de la ciudad totalmente escondido bajo su capucha, capa y embozo con el fin de ocultar sus monstruosos rasgos al común de los mortales, mientras que Naga se cubría con su capa a causa del frío, pero sin abandonar la intención de mostrar su físico en ningún momento. De esa guisa ambos callejearon por Vezendy, sufriendo algún que otro resbalón a causa de los adoquines mojados por la nieve derretida por la sal esparcida por los venezinos para librarse de aquel manto blanco; hasta que finalmente llegaron a la amplia plaza mayor de forma circular que tenía la ciudad. Los adoquines del suelo estaban dispuestos para que formaran rosetones, y los edificios colindantes poseían grandes soportales peraltados para acceder a ellos de forma que la nieve no se colara en su interior; la única excepción era una pequeña fuente empotrada en una pared y coronada por un par de campanas.

Finalmente se detuvieron en la plaza y Naga la contempló con curiosidad.

- ...Así que aquí es donde se encuentran las tablas originales. –comentó- Pero, ¿ donde?, ¿ acaso están en esta plaza.?-

- ¡ No!; se encuentran en algún lugar de aquellas montañas... -contestó Zelgadiss fríamente mientras señalaba la cordillera.

- Entonces, ¿ qué estamos haciendo aquí.? –preguntó su socia con escepticismo.

- Prefiero hacer unas cuantas averiguaciones antes que arriesgarnos a salir a buscarlas. No me fío de lo que pueda haber... -aclaró en el mismo tono- Es algo que solo puedo hacer yo, así que tú espérame en aquel mesón... –concluyó separándose de ella mientras señalaba uno de los establecimientos de la plaza.

- ¡ Pe... pero ! –replicó la desconcertada Naga.

- Nos reuniremos allí dentro de dos horas. –añadió en un tono que no dejaba lugar a discusión alguna mientras se alejaba de allí.

Naga vio como se iba mientras una fría brisa ondeaba su capa.

Mientras tanto Amelia y Shilfild habían entrado en la ciudad por otra de las puertas de su muralla; la princesa se movía por las calles de Vezendy con la seguridad que le daba conocer la ciudad mientras tiraba del cabestro de su agotada montura seguida de cerca por Shilfild. En ese momento había dos cosas que la preocupaban, primera: según todos los indicios su hermana se encontraba allí cerca; y segunda: tenía hambre.

- Conozco un buen mesón en la plaza mayor. –le comentó a Shilfild con su habitual entusiasmo- Cuando lleguemos allí podremos comer caliente y buscar y mi hermana con nuestros los oráculos tranquilamente.-

- Si... - contestó la sacerdotisa con una sonrisa- Ahora que estamos tan cerca, no nos costará mucho esfuerzo dar con ella. –corroboró.

Finalmente llegaron a la amplia plaza mayor que, a esas horas de la mañana, se encontraba poblada por mercaderes y trabajadores ocupados en sus quehaceres, mientras que un pequeño número de sacerdotes paseaban por allí. Lo típico de cualquier ciudad.

- Será mejor que lleve a beber a esa fuente a nuestras monturas... –opinó Amelia.

- ¿ A una fuente ? –preguntó Shilfild sorprendida.

-¿ Qué más da ?: ellos tienen sed... –y se las llevó arrastrándolas por los cabestros.

Shilfild suspiró: había veces que Amelia se parecía mucho a Lina.

Naga se acercó a la fuente que había en la plaza: no era una construcción especialmente vistosa, tan solo un bañal de cierta profundidad que era regado por un chorro de agua helada surgido a través de un caño empotrado en un diseño con forma de cabeza de león. Lo que realmente le llamó la atención era la increíble cantidad de monedas que brillaban en el fondo de la fuente (quién sabe por qué motivo), algo demasiado tentador para ella; el problema es que la fuente estaba cubierta de gélida escarcha a causa del frío, y por mucho que lo desease, Naga no se llegaba a atrever a meter la mano en medio de aquellas aguas heladoras, y menos a esa profundidad: ya estaba pasando bastante frío ese invierno. Entonces reparó en una inscripción situada junto a la fuente.

- "Quien arroje una moneda a la fuente y tire de la cuerda, verá como cambia su suerte."-leyó.

Entonces se fijó en la soga roja que colgaba a su lado, y sobre esta, las dos grandes campanas colgadas precariamente; no le costó mucho imaginarse lo que podía pasar... y por qué estaban todas esas monedas allí.

- ¡ Qué estupidez ! –exclamó- ¿¡ Quién será tan idiota para caer en una cosa así !?-

Sin embargo las monedas del fondo seguían siendo una poderosa atracción que ella no podía ignorar. Empezó a valorar la posibilidad de hacer saltar la fuente... pero no: posiblemente destruiría las monedas y se buscaría problemas con las autoridades; lo mejor sería meter la mano de golpe.

Se arrimó al bañal indecisa, ¿ metía la mano o no la metía.?

En ese momento un caballito blanco y una mulilla torda hundían el hocico en el agua sacudiéndola para apartar la escarcha. Naga dio un bote asustada por la repentina intromisión de las bestias.

- ¡Eh, oiga ! –gritó a la sacerdotisa que llevaba los animales- ¡ Aparte de la fuente a estos bichos: esto no es un abrevadero.!-

- ¡ Oh, lo siento.! –se disculpó y apartó a las bestias alejándose de la fuente.

Naga gruñó y se dispuso a intentar meter la mano de nuevo en el agua... cuando dio un soberano respingo y lentamente se giró hacia la sacerdotisa.

Amelia se alejaba del lugar cohibida por su metedura de pata, cuando dio un gran bote, se paró en seco, y se giró lentamente hacia la hechicera que había junto a la fuente.

Ambas estaban frente a frente: la sacerdotisa era una muchacha adolescente de grandes ojos azules y melenita morena vestida con el clásico uniforme de las sacerdotisas blancas de Seillon; mientras que la hechicera era una hermosa joven de ojos azules y larga melena negra, "vestida" a la manera de las hechiceras. Sus identidades estaban claras.

- ¿¡¡ Amelia... !!?: ¿¡¡ eres tú de verdad. !!? -

- ¿¡¡ Gracia !!?: ¿¡¡ realmente eres mi hermana Gracia !!? -

Los ojos de ambas se volvieron vidriosos por la emoción y ambas corrieron a su encuentro concluyendo en un emotivo y pasional abrazo cargado de risas y lágrimas de alegría.

- ¡¡ Amelia... mi pequeña hermanita. !! -

- ¡¡Gracia... no puedo creer que estés aquí.!! -

Shilfild había contemplado la escena desde la distancia y se acercó curiosa para enterarse de lo que había pasado: no era normal, incuso para Amelia, que abrazase así a un desconocido. La sacerdotisa vio acercarse a su amiga por el rabillo del ojo, pero hasta el último momento no se separó de su hermana deseosa de permanecer abrazada a ella.

- ¡ Shilfild... –comenzó a decir mientras se secaba las lágrimas con los dedos-...la he encontrado.! –la sacerdotisa la miró interrogativamente- Esta es Gracia, mi hermana mayor... -

- ¡ Cuanto me alegro, Amelia.! -

Naga las miró confundida; primero a su hermana, por lo que acababa de decir, y luego a Shilfild, por no saber quién era.

- ¿ Qué quieres decir, Amelia.? –preguntó- ¿ Y quién es esta chica.? -

- ...Ella es mi amiga Shilfild -contestó con naturalidad- ...y me ha ayudado a encontrarte.-

- ¿ Qué...? -

- Te llevo buscando mucho tiempo, Gracia.-

Naga frunció el ceño al comprender que el encuentro con su hermana no había sido tan casual como había pensado.

- Amelia... vayamos a aquel mesón de allí y me lo explicas todo mientras esperamos a mi socio .-sugirió señalando el lugar donde había quedado con Zelgadiss.

- ¡ Estupendo!: es donde íbamos a ir las dos ahora... –exclamó e hizo una pausa- ¿ Tu socio?- preguntó.

- Luego te lo explico... -

Y para allá fueron las tres dejando a las caballerías atadas en la puerta.

Las tres chicas se sentaron en un lugar escogido estratégicamente desde donde se dominaba la entrada y todo el establecimiento; se sentaron en una mesa para cuatro ya que no había de tres y porque Naga esperaba el regreso de "su socio"; y acabaron por pedir un opíparo desayuno debido a que estaban demasiado hambrientas para ponerse a aclarar dudas con el estómago vacío. Así, de inmediato, se lanzaron sobre las viandas que les iban trayendo los camareros dando rienda suelta a su hambruna... incluso Shilfild; no obstante no se produjeron las acostumbradas peleas y Naga no consumió ni una gota de alcohol.

Finalmente, cuando los estómagos ya estuvieron lo bastante llenos, Naga se dirigió a su hermana.

- ¿ Qué estas haciendo aquí en Vezendy, Amelia.? –preguntó incisiva- Me ha parecido entender que has venido buscándome.-

La princesa asintió con la cabeza sin dejar de masticar.

- ...Me enteré de dónde estabas y fui a buscarte, luego me encontré con Shilfild y ella me ayudó.-

- ¿¡ Tú sola !? –preguntó estupefacta- ¿¡Así, sin más.!? -

- Si... he estado viajando de incógnito: no podía perderte la pista.

- ¡¡ Vaya !! –exclamó realmente asombrada. Le costaba creer que su hermanita se hubiese arriesgado a hacer algo como eso solo para encontrarla; la quería mucho, pero... Entonces pensó en preguntarle por qué se había hecho una cosa así, pero algo le dijo que no era el mejor momento; no obstante aún había muchas preguntas en el aire. - ¿ Y cómo supiste que yo estaría aquí.? -

- Yo no sabía que estarías en Vezendy... –contestó sin dejar de comer- Me enteré de que te habías instalado en Sadgria y te he venido siguiendo desde allí.-

- ¿ Y quién te dijo que yo vivía en Sadgria.? –preguntó Naga muerta de curiosidad.

- Alguien que tú ya conoces... –comenzó a decir y su hermana la miró sin comprender- Zangulus, el espadachín mercenario, y Vulvum, el hechicero amigo suyo. –aclaró.

- ¡ Ah, esos.! –exclamó y luego hizo una pausa- ¿ Y de qué conoces tú a esos dos.? –volvió a preguntar cada vez más confundida.

- Bueno, Zangulus es el marido de Martina... -

- ¿ Martina ?, ¿ qué Martina.? -

- Martina Zoanamer Navratilova... –contestó- ...la princesa de Zoana.-

Naga espurreó la comida.

- ¿¡¡ Queeé !?; ¿¡ Zangulus es el marido de esa... esa loca.!? –exclamó completamente alucinada y su hermana asintió con la cabeza.- ...Y yo preguntándome qué habría sido de esos dos.-

- ¿ De qué conoces tú a Martina.? –preguntó esta vez Amelia.

- La vi una vez cuando erais pequeñas... –contestó- ...y ya entonces estaba algo chiflada.-

- Eso es cierto... –corroboró Amelia- ¿ Sabías que estuvo trabajando de camarera en este mesón...?-le dijo.

Aclarada aquella cuestión las tres continuaron hablando sobre todo lo ocurrido. Amelia le contaba a su asombrada hermana los pormenores de su viaje, como su encuentro con Shilfild en Atlas, de su amistad con Martina, los fantasmas a los que habían ayudado a pasar al otro mundo... y según la iba escuchando, a Naga se le hacía más difícil creerla: para ella su hermanita seguía siendo aquella pequeñaja que había abandonado años atrás en la Corte de Seillon y le resultaba difícil de creer que hubiese hecho un viaje tan largo y duro en solitario... porque era evidente que Shilfild parecía una chica demasiado tímida y cohibida para emprender una empresa como esa; igualmente Amelia le habló someramente de tal o cual amigo/a que conocía de vete a saber qué circunstancias y con los que ella ya había viajado de incógnito en otras ocasiones. Todo aquello intrigaba profundamente a Naga.

En definitiva: a pesar de que Amelia ya tenía 16 años, los cambios que hubiese podido sufrir a juicio de su hermana, tendrían que haber sido tan solo físicos... y sin embargo la muchacha que ahora tenía ante sí no había cambiado gran cosa de aspecto respecto a como ella la recordaba (tan solo había crecido un poco... pero no tanto como se había imaginado); y aparentemente sus cambios eran más bien psicológicos. La hechicera empezó a preguntarse si todo eso, que vagamente recordaba, y que había dicho Miwan sobre el poder que ahora poseía su hermana era cierto, y esa posibilidad le hacía sentirse mal.

De la misma forma Amelia y Shilfild pudieron comprobar que ahora Naga era, tal y como habían dicho Zangulus y Vulvum, una hechicera negra... al menos eso revelaba su escaso atuendo; y a juicio de Amelia, su hermana no había cambiado gran cosa físicamente a como ella la recordaba, pero psicológicamente parecía haberse independizado demasiado de para lo que había sido educada en un principio. Si quería que volviese de nuevo a la Corte, lo iba a tener difícil.

- ¿ Y tú, Gracia.? –preguntó Amelia por fin- ¿ Cómo es que has abandonado Sadgria para venir a Vezendy.? -

- Yo y mi socio hemos venido buscando la Biblia Cleir. –contestó la hechicera ante el estupor de las sacerdotisas.

- ¿¡ La Biblia Cleir !? –exclamó Amelia- ¿ Y para qué la quieres...? -

- Para aprender nuevos hechizos, por supuesto –contestó tranquilamente- Quiero convertirme en la hechicera negra más poderosa del mundo. –aclaró.

- ¡Oh, Gracia! –exclamó su hermana con disgusto- ¿ Todavía sigues con eso...? -

- Naturalmente... es mi único objetivo.-

Amelia suspiró con amargura y Shilfild estrechó su mano bajo la mesa en un reconfortante gesto. Entonces la princesa recordó algo.

- ¿ Y tu socio.? –preguntó con curiosidad- ¿ También está buscando la Biblia Cleir.?-

- ...Es lo único que le interesa.- añadió tras asistir con la cabeza.

Las dos sacerdotisas se miraron mutuamente.

- Bueno... pero si tú la quieres –comenzó a decir Shilfild tímidamente tras su prolongado mutismo-... y a él también le interesa tanto... entonces acabareis enfrentándoos por ella. –opinó.

- No, no creo... –contestó- La queremos por razones distintas: si nos hemos asociado es para encontrarla más fácilmente.-

Amelia había empezado a comprender porque Gracia y su socio estaban en Vezendy: allí era donde se encontraban las tablas originales; pero eso no lo aclaraba todo.

- ¿ Y entonces, para qué la quiere.? –preguntó con curiosidad.

- En realidad solo quiere averiguar un hechizo... -contestó inclinándose hacia atrás y cruzando los brazos en la nuca, de forma que su figura se hacía más notoria-...Es un tipo muy extraño. –las sacerdotisas la miraron confusas- Las dos conocéis a Vulvum, ¿ verdad.? –ellas asintieron con la cabeza- ...Pues mi compañero es aún más raro que él.-

- ¿ Ah, si.? -

- Si... además, tiene el cuerpo deforme y eso le molesta. –explicó- Así que cuando lo veáis, no os escandalicéis demasiado. –aconsejó.

- ¿ Más raro que Vulvum.? –preguntó Amelia perpleja- ¡ Vaya, pues cómo tiene que ser.! -

- ¡Amelia... no deberías decir eso.! -

Naga ignoró el comentario.

Mientras tanto Zelgadiss, puntual a su cita, había vuelto a la plaza y se encaminó hacia el mesón; entonces reparó en un caballito blanco de ricos arreos atado junto a una mula torda en la entrada del local: ¿ qué clase de noble o rico hacendado habría entrado en aquel lugar.?. Se encogió de hombros y entró en el establecimiento bajándose el embozo de la cara.

- Cuando venga diremos que sois amigas mías... -planeó Naga- No es necesario que conozca nuestras identidades. –las dos asintieron con la cabeza- A propósito... por ahí viene. –anunció mirando a la entrada.

Y efectivamente, en ese momento Zelgadiss entraba en el mesón buscando a Naga con la mirada.

Sin embargo Shilfild y Amelia no vieron al socio de Naga, sino a alguien que hacía tiempo que no veían, y para completo asombro de Naga, Amelia se levantó de un salto al verlo con una expresión de tremenda alegría en el rostro y salió corriendo al encuentro de la quimera, que no se dio cuenta de su presencia hasta que no estuvo literalmente encima suyo.

- ¡¡ Zelgadiss...!! –exclamó abrazándose a su cuello de forma que pudo notar su pétrea dureza y su característico olor a piedra; él no pudo llegar a hacer algo por evitar el abrazo- ¡¡ Qué alegría.!!-

- ¿¡¡ Amelia...!!? –exclamó completamente asombrado al verla aparecer así de repente colgada de sí- ¡¡ Pe... pero, ¿ qué haces tú aquí.?!! –preguntó logrando separarla de él entre avergonzado y molesto por aquella muestra de afecto que casi le hizo caer de culo.

- ¡¡ Cuánto me alegro de volver a verte, Zel.!! –continuó diciendo entusiasmada la princesa- ¡Primero encuentro a mi hermana... y luego a ti: es estupendo.!-

- ¿¡ Qu... qué dices.!?; ¿¡ tu hermana.!?-

Naga observaba la escena con los ojos como platos y la mandíbula colgando sobre la mesa, mientras que Shilfild intentaba aclararse de alguna forma.

- Si, mi hermana mayor... –contestó con una sonrisa a la desconcertada quimera- Estamos sentadas allí al fondo... - le explicó señalando la mesa correspondiente.

Pero lo que Zelgadiss veía era a Shilfild sentada con Naga en la misma mesa; la presencia de la primera tenía explicación, pero la cara de Naga estaba desencajada de puro asombro.

- Ven... te la voy a presentar. –y diciendo esto, le agarró por la muñeca y lo arrastró hasta allí.

- ¡ Pe... pero Amelia... ! –protestó sin éxito.

Naga miró a su hermana y luego a Zelgadiss intentando recomponer la compostura y haciendo esfuerzos por aclararse.

- ¿¡ Qué significa todo esto, Zelgadiss.!? –preguntó entre confusa e indignada- ¿¡ De qué conoces tú a mi hermana Amelia.!?-

Zel dio un bote y Amelia le miró interrogativamente.

- ¿¡ T... tu hermana.!? –farfulló aún más desconcertado.

- ¿ De qué conoces tú a mi hermana mayor, Zel.? –preguntó esta vez Amelia.

Ahora el que tenía cara de poema era Zelgadiss.

- Eso mismo te podría preguntar yo a ti, Amelia. –sugirió Naga.

- Zel y yo somos amigos desde hace años... –contestó Amelia con tranquilidad.

- ¿¡ Queeé...!? –exclamó y luego se volvió hacia la quimera.

- ¿¡ Vos... vosotras sois hermanas.!? –preguntó alucinado y las dos asintieron con la cabeza- ¡¡Por Cephid: esto es una pesadilla...!! –farfulló desplomándose sobre la silla aún a riesgo de hacerla trizas.

Para los tres aquello fue algo muy duro de tragar y digerir: por un lado Naga (o sea, Gracia) no podía aceptar que su hermanita fuese amiga del rarito de Zelgadiss... y que le tuviese tanto afecto como para abrazarlo de esa forma, exagerada incluso en ella. Por otro Amelia no podía hacerse a la idea de que, casualidades de la vida, su hermana y su mejor amigo se asociasen y hubiesen estado viajando juntos tanto tiempo sin ni siquiera imaginarse que ella era un nexo entre ambos. Y finalmente Zelgadiss no podía aceptar que Amelia fuese la hermana pequeña de Naga: ¡ era imposible !... ¡ no, al contrario!: ¡ todos los detalles de Naga que tanto le turbaban poseían ahora una diabólica lógica que lo explicaba todo.! La quimera se sentía cada vez peor por todos los aspectos de lo sucedido: había estado viajando junto a una loca que resultaba ser la primera princesa de Seillon, a diario veía la clave para descubrir ese hecho, y él, sin enterarse. ¡ Qué manera de hacer el bobo.!

La única que parecía divertirse con esa situación era Shilfild.

Una vez que el ambiente se hubo calmado lo suficiente tras sufrir la primera y tremenda impresión, los cuatro, sin dejar de comer, empezaron a comprender porqué motivo habían ido a reunirse en el mismo lugar, de esa forma las sacerdotisas confirmaron que, efectivamente, los otros dos estaban allí a causa de la Biblia Cleir, mientras que Zelgadiss supo que su encuentro con Amelia ( y Shilfild ) se debía a que la princesa había salido en busca de su hermana. Le sorprendió, no tanto como a Naga, el hecho de que tomase una decisión como esa, pero no que se le ocurriera así de repente... ya se enteraría más tarde del motivo.

Pero fue Amelia la que empezó a preguntar.

- ¿ Y de verdad habéis venido a Vezendy por la Biblia Cleir.? –preguntó con curiosidad- Pero si Gaarv la destruyo... –señaló mirando a Zel. Naga dio un bote y les miró sin comprender.

- Lo que Gaarv destruyó fue la entrada al desierto de la montaña; allí aún existe ese espacio. –contestó con tranquilidad.- Lo acabo de comprobar.-

- ¿ Pero y Acqua?; ¿ crees que te dejará acceder a la B.Cleir.? –volvió a preguntar incisiva.

- No creo que me niegue ese deseo... -

Naga miraba alternativamente a uno y a otro sin tener ni idea de lo que estaban hablando.

- Entonces... si el problema es que no se puede pasar porque ya no hay entrada... –comenzó a decir Shilfild con suavidad-...yo podría abrir una nueva. –los tres la miraron interrogativamente- Conozco el conjuro del "Drag Slave." –explicó.

- ¿¡ Queeé...!? –exclamó asombrada Naga- ¿¡ Esa sacerdotisa conoce el "Drag Slave"!?-

- Si; lo aprendí hace tiempo... –contestó con naturalidad- Como soy una sacerdotisa, me costó mucho trabajo, pero al final lo conseguí. –se llevó las manos a las mejillas mientras soltaba unas risitas tontas- Lo hice por mi Gaury-sama... -

Zelgadiss ignoró el comentario mientras que Amelia suspiraba y Naga se sentía completamente hundida por todo lo que estaba pasando: era la única que no se estaba enterando de nada y ahora resultaba que aquella sacerdotisa tontorrona incluso conocía el "Drag Slave."

- No creo que sea una buena idea. –señaló la quimera tras meditar la propuesta unos instantes. Podría saltar la montaña por completo.-

- ¿¡ Qué más da eso.!? –exclamó Amelia poniéndose en pie y dando un golpe en la mesa- ¡ Nunca has estado tan cerca de conseguir la Biblia Cleir, Zel.!¡ Intentémoslo.! -

Zelgadiss la contempló con un gotón de sudor recorriéndole la frente.

- ¡Ameliaaaa....! –amenazó arrastrando el nombre.

Entonces Naga también se incorporó y apoyó la mano sobre el hombro de su hermanita cargándose de resolución para afrontar una situación en la que estaba totalmente perdida.

- ¡ Esta bien, si ya no hay más que hablar, vayamos a buscarla inmediatamente.! -

Zelgadiss las miró largamente y finalmente se puso en pie cubriéndose la cabeza con la capucha.

- Amelia... Shilfild. –les dijo- Supongo que pretenderéis seguirnos, ¿ verdad.? –preguntó y ambas se lo confirmaron. Zel las miró, suspiró con resignación y se encogió de hombros. –Entonces pongámonos en marcha.-

Una vez que los cuatro hubieron dejado a las monturas en un establo para que se hicieran cargo de ellas, y comprado la suficiente comida, se encaminaron hacia las montañas. Zelgadiss abría la marcha y su actitud revelaba claramente que quería estar solo, cosa que Shilfild agradeció porque no estaba segura sobre cómo tenía que actuar con él; sin embargo Amelia y su hermana caminaban enfrascadas en una intensa conversación familiar, visto lo cual, tampoco estaba segura de sí debía unirse a ellas, así que no tuvo más remedio que caminar en solitario tras la quimera.

Mientras tanto Amelia le hablaba a su hermana del lugar a donde se dirigían: sin entrar en detalles, básicamente le contó que las tablas originales se hallaban en un espacio encerrado en el interior de esa cordillera, y que estas se extendían en forma de monolitos a lo largo de kilómetros de desierto, a lo que añadió que, para poder leerlas, se necesitaba el beneplácito del espíritu de Acqua, la Reina Dragón del Agua. Al enterarse de eso Naga gruñó con disgusto: no se había acordado de lo que le dijo la quimera de que encima tuviese que andar convenciendo espíritus para poder leer la B.Cleir.

- No es el único problema... -añadió Amelia- Cuando estuvimos allí, apreció Gaarv, se enfrentó a Acqua... y destruyeron gran parte de las tablas.-

Naga emitió un gemido de angustia.

Más tarde se interesó por el conocimiento de magia de las dos sacerdotisas; Amelia le explicó que, efectivamente, desde que viajaba con sus amigos ( entre los que, claro está, se encontraban Zelgadiss y Shilfild ) había aprendido muchas cosas, incluso magia negra... pero que en absoluto conocía el conjuro del "Drag Slave." Naga quiso saber por qué Shilfild si lo conocía y Amelia le explicó el motivo.

- ¡ Esto es extraordinario! –bramó indignada- ¡ Una sacerdotisa que aprende magia negra para buscar novio.! -

- Hay que entender a Shilfild... Gaury es lo único que tiene.-

Finalmente, tras caminar un buen trecho, los cuatro alzaron el vuelo para salvar el último y difícil tramo sin tantos problemas, cosa que habría resultado más fácil si no fuera por los gélidos vientos invernales que surcaban el cielo de las montañas. De esa forma Zelgadiss les guió hasta aterrizar en medio de una estrecha garganta de roca apenas cubierta de nieve pero si de escombros donde se producía cierto efecto de eco. Primero aterrizó él y luego el resto del grupo a su al rededor.

- Aquí es donde se encontraba el templo por el que se accedía al desierto. –explicó apoyando la mano en las rocas- Tendríamos que abrir una entrada a través de estas rocas.-

- ¿ Y cómo lo hacemos sin usar el "Drag Slave"? –preguntó Shilfild con suavidad.

- Lo mejor será hacer saltar las rocas con un hechizo menor. –dedujo mientras se mesaba la barbilla. Se volvió hacia ellas- Amelia... –la llamó.

- ¡ Claro; eso es.! –exclamó la princesa alzando el puño- ¡ Cómo hicimos cuando perseguimos a Giras en la guarida de Vargarv.! -

Zelgadiss asintió con una suave sonrisa que mostró sus colmillos, y juntos, ambos alzaron una mano apuntando a las rocas murmurando un hechizo.

- ¡¡ Danm Brass !! –gritaron.

Al momento cientos de saetas de corriente eléctrica se materializaron ante sus manos y centellearon disparadas hacia las rocas estallándolas y reduciéndolas a escombros. Naga les observó con curiosidad mientras que Shilfild se volvía para cubrirse; estaba claro que ambos ya habían trabajado antes juntos en más ocasiones.

Sin embargo, cuando la humareda se disipó, seguía habiendo rocas y más rocas.

- ¿¡ Queeé!? –exclamó Amelia- ¡ No lo entiendo: deberíamos haber abierto una entrada.! -

Naga soltó una de sus carcajadas.

- ...Tal vez necesitemos una explosión más fuerte. –sugirió adelantándose mientras convocaba su poder y alzaba una mano- Dejadme a mí... ¡¡ Bomba de Br...!! -

- ¡¡ Espera Naga !! –ordenó Zelgadiss de repente alzando la voz.

La hechicera se detuvo en seco y se volvió hacia él entre furiosa y desconcertada.

- ¿¡ Qué ocurre.!? –se quejó.

- ...Por muchas rocas que destruyamos, no abriremos ninguna entrada. –explicó- El desierto es un espacio a parte dentro de la roca, no un agujero que se haya tapado... Si queremos entrar, tendríamos que abrir una puerta que conectase ambos espacios.-hizo una pausa- Creí que todo sería mucho más sencillo.-

Los tres parpadearon sorprendidos al comprender cuál era el problema.

- ¿ Y cómo abrimos esa puerta entre dos espacios, Zel.? –preguntó Amelia- Nosotros no somos como los demonios, no podemos viajar a través de los distintos planos.-

- No tengo ni idea... -contestó y el resto le miró con un gotón de sudor.

Naga se acercó a las crestas y cantos de piedra que jalonaban el lugar y apoyó la mano sobre estas.

- Amelia... Shilfild. –las llamó- Vosotras que sois sacerdotisas; ¿ podéis sentir algo entre estas piedras?, ¿ cualquier indicio de algo que nos permita pasar.? -

Las dos la miraron, asintieron y a continuación, cerraron los ojos llevándose las manos a la joya de la pechera en actitud orante.

- Si... hay algo muy grande en estas rocas. –contestaron al cabo de un instante- Un espacio aparte... pero no sentimos nada que comunique ambos lugares. Cualquier posible entrada desapareció tras el combate entre Gaarv y Acqua.-

Zelgadiss, cruzado de brazos, suspiró con un gruñido.

- ...Mucho me temo que hemos venido aquí para nada. –se lamentó.

Las palabras de la quimera fueron un reflejo de la sensación imperante: resultaba frustrante tener la B.Cleir justo enfrente de las narices y no poder ni verla.

- Bueno... ¿ y qué tal si nos tomamos un té mientras pensamos en una solución.? –sugirió Shilfild al cabo de un instante.

El resto la miró y acabó aprobando la idea; tal vez si se lo tomaban con más calma, entre todos podrían encontrar la solución.

Era más de mediodía y el sol ya calentaba lo suficiente para que al abrigo de es a grieta se estuviese bastante bien sin tener que soportar los vientos helados que soplaban en las montañas. Los cuatro se habían sentado en círculo alrededor de una fogata para comer y charlar; sin embargo seguían sin encontrar una solución al problema y al final la conversación cambió de rumbo y acabaron hablando por parejas. Naga intentó sonsacarle a Shilfild en qué consistía el " Drag Slave", ya que si no podía leer la B.Cleir, por lo menos esa sacerdotisa se lo podía enseñar; pero Shilfild no alcanzaba a explicárselo con claridad, era como si le costase verdaderos esfuerzos poder comprender el principio de cualquier hechizo destructivo. Por otro lado Zelgadiss y Amelia se encontraban enfrascados en la conversación que hasta el momento no habían tenido la oportunidad de tener; la quimera le explicaba a Amelia cómo conoció a Naga en respuesta a una pregunta de la princesa, y ella le contaba los pormenores del viaje, como los bandidos a los que había hecho frente.

- ¡ Ju!: ¡ cada día te pareces más a Lina, Amelia...! –le contestó Zelgadiss en tono sarcástico.

- ¿¡ Qué quieres decir con eso, Zelgadiss.!? –exclamó indignada- ¡ Te advierto que si es una broma, no tiene ninguna gracia.!-

El mago-quimera le miró unos instantes perplejo por su reacción y con cierto temor de que en uno de sus –escasos- arranques de ira, le fuese a pegar... y cuando eso ocurría, sus golpes eran equiparables a los de Lina.

- ...Perdona; no lo decía en serio. –se disculpó y Amelia gruñó.

La conversación siguió su rumbo hasta que Amelia comenzó a contarle detalladamente lo sucedido en la Torre de Rezo; Zelgadiss la escuchaba con los ojos brillantes sin poder articular palabra.

- Yo... yo no sabía que Ojo de Rubí condenó a Rodimas y a Zorf convirtiéndolos en fantasmas. –le dijo con voz quebrada- ...Pensé que solo les había matado. –desvió la vista hacia las danzarinas llamas- Nunca se lo dije a ninguno de los dos... pero la verdad es que... les tenía mucho aprecio. –confesó angustiado.

- Zel... –le dijo mirándole fijamente-...Antes de que los dos desaparecieran, me pidieron que te dijera que ellos velarían por ti desde el otro mundo. –hizo una pausa- Y yo les prometí que así lo haría... -

La quimera miró a Amelia con una mezcla de desconcierto y emoción.

- Amelia... yo... –inspiró profundamente- ¡ Gracias...! -

Naga gruñó: hacía rato que Shilfild le estaba intentando explicar en qué consistía el hechizo definitivo de Ojo de Rubí... sin ningún éxito; además, tenía la sensación de haber oído a su hermana y Zelgadiss mentar a una tal Lina. ¿ Qué le había entrado a la quimera para que se encontrara tan locuaz de repente.?, ¿ y qué confianzas eran las de su hermanita para llamarle "Zel."? Viendo que así no iba a conseguir nada, se giró hacia ellos.

- ¡ Muy bien.! –exclamó con resolución- ¿ Qué hacemos ahora.? -

Los tres la miraron con cierta sorpresa y luego entre sí.

- El problema está claro. –explicó la quimera- Tenemos que entrar en un espacio situado en otro plano, abriendo una puerta que comunique ambos mundos. –se cruzó de brazos- Pero no se cómo... -

- ...Sr. Zelgadiss –le dijo Shilfild con suavidad- Usted... tiene parte de demonio, ¿ verdad.? –la quimera asintió con la cabeza fríamente- Entonces... ¿ no podría, bueno... no podría viajar a través del Plano Astral como hacen el resto de los demonios.? –sugirió.

Zelgadiss la miró fijamente unos instantes.

- No, no podría. –contestó tajante- Es cierto que parte de mí es de demonio, pero eso solo afecta a mi dominio de la magia... Solo si me concentro extremadamente puedo teletransportarme a otros lugares de este plano que se encuentren cerca, y es algo que no me gusta nada tener que hacer.-explicó.

- ¿ Y por una invocación.? –sugirió Amelia tras una pausa- Como cuando Magenta nos encerró en aquel plano distorsionado... -

Zel arqueó una ceja.

-...Ya había pensado en esa posibilidad, pero tampoco sirve. –el resto le miró interrogativamente- Se necesitaría algún tipo de puente que la canalizara a ese plano.-

- ¿ Qué...? -

- Con el Oráculo... –y disimuladamente se señaló la pulsera con la gema azul.

Zelgadiss se ruborizó ligeramente y rápidamente comprendió lo que Amelia le quería decir.

- Pues si; no es mala idea... -

Y de esa forma ambas sacerdotisas se arrodillaron, invocando sus Oráculos, para canalizar su poder hacia aquel espacio encerrado en la roca, mientras que Naga les miraba sin comprender.

- ¡...Adelante, Zel.! –le dijo Amelia tras unos instantes de concentración.

La quimera asintió y cerró los ojos estirando los brazos hacia el suelo mientras abría las manos en abanico; invocó su poder y lo canalizó al Oráculo de Amelia a través de la pulsera que llevaba puesta. Ahora podía sentir el espacio y un aura azulona se había empezado a formar delante de sus manos.

De repente la quimera se llevó las manos al cogote lamentándose de dolor mientras que un bolo de piedra rodaba a sus pies; todos le miraron primero y luego a la piedra: solo había alguien en el mundo capaz de golpearle y hacerle daño de esa forma.

Se volvieron hacia atrás y vieron descender por las rocas a una chica de unos 17 años de larga melena pelirroja y vestida de color magenta a la manera de las hechiceras.

- ¡¡ Linaaaa...!! –gritó Amelia corriendo a su encuentro; se lanzó a su cuello y ambas se fusionaron en un rudo abrazo.

- ¡ Amelia...! –la saludo riendo- ¡ Cómo me alegro de volver a verte...!-

Zelgadiss y Shilfild les miraron con una leve sonrisa, mientras que Naga, como ya iba siendo la costumbre, observaba la escena con los ojos como platos y la mandíbula desencajada: ¿¡¡ Qué demonios estaba haciendo allí esa odiosa esmirriada pelirroja.!!?, ¿¡¡ y por qué su hermana la abrazaba de esa forma.!!?, ¿¡¡ es que también se conocían...!!?

Entonces apareció Gaury y Amelia se separó de Lina con intención de abrazarle a él también; pero Shilfild fue más rápida.

- ¡¡ Mi Gaury-sama!! –exclamó colgándose de su cuello- ¡¡ Mi querido Gaury...!! -

- ¿¡ Shilfild !? –exclamó- ¿¡ También tú estas aquí !?-

- ...Esto... oye, Shilfild. –intentó decir la princesa molesta por su intromisión.

- ¡ Hola, Lina...! –saludó Zelgadiss más fríamente acercándose al grupo.

- ¡Hola; ¿ qué tal, Zel...?! -

- Que no era necesario que me sacudieses esa pedrada, Lina... –se quejó.

- Tú siempre tomándotelo todo tan en serio... –espetó.

En ese momento se oyó una atronadora carcajada intensificada por el eco de la grieta donde se encontraban. Gaury dio un bote y Lina, tras el primer susto, se sintió tremendamente mal al reconocer esa risotada; entonces todos se giraron hacia Naga que se acercaba a ellos sin dejar de reír.

- ¡ Saludos, Lina Invers...! –dijo pomposamente- ¡ Ya veo que no has cambiado nada.! –anunció.

Gaury silbó de admiración tras dirigir una breve mirada comparativa entre ambas hechiceras... y luego se volvió hacia Amelia con cierta sorpresa. Por su parte la princesa miró con sorpresa a su amiga y luego a su hermana.

- ¡ Oye, Lina... ¿ ya os conocíais.?! –preguntó sorprendida- ¿ Vosotras también.?-

Pero Lina no respondió, ella y Naga se miraban fijamente con una expresión de profunda rabia y aversión contenida, gruñendo y refunfuñando con la vena de la frente hinchada.

Zelgadiss las observó fríamente arqueando una ceja.

- ...Mucho me temo que así es, Amelia. –le contestó esbozando una suave sonrisa maliciosa- No me equivoqué al pensar que las dos ya se conocían de antes y que no se aguantaban. –explicó cínicamente.

- ¿¡¡ Se puede saber qué está haciendo esta hechicera de pacotilla con vosotros.!!? –exigió saber Lina señalándola con un dedo de forma acusadora.

Naga gruñó al oír cómo la había llamado.

- Pues... –comenzó a decir Amelia sin saber por donde empezar.

- ¡ Vamos, Lina; ¿ no me digas que no lo sabes.?! –exclamó Gaury de repente consiguiendo atraer la atención de todo el mundo- Esa chica es la hermana mayor de Amelia... Gracia wil Tesla Seillon.-explicó.

- ¿¡¡ QUEEEEÉ...!?? -

- ¿¡ Có... cómo lo has sabido, Gaury.!? –farfulló Zelgadiss completamente estupefacto en respuesta a la pregunta general.

- Está claro; ...yo lo he sabido nada más verlas. –explicó con naturalidad tras encogerse de hombros- Las dos son idénticas... -

Todos miraron a Gaury completamente alucinados; Zelgadiss con una total sensación de estupidez y Lina con el cuerpo descompuesto.

- Eres... eres increíble, Gaury. –farfulló la quimera sacudiéndose violentamente- Nunca entenderé cómo lo haces.-

El rubio espadachín le miró sin comprender.

- ¡¡ Di... dime que no es verdad, Amelia...! –suplicó Lina.

- Si; es cierto... –contestó con suavidad- Aunque se haga llamar Naga, es Gracia, mi hermana mayor... -

- ¡¡ No; no puede ser verdad.!! –despotricó la hechicera pelirroja derrumbándose por el suelo- ¡¡Mi mejor amiga es la hermana de esa... esa advenediza.!! -

- Te lo iba a decir, Lina... –protestó Amelia- Y por favor, no sigas insultándola de esa forma.-

Naga miró directamente a su hermanita y a Lina cargada de rabia: pase que Amelia sea amiga de Zelgadiss, ¿¡ pero de Lina.!?... ¡Eso ya es demasiado.!

- ¿ Qué ocurre aquí.? –preguntó de repente una voz desconocida hacia la que todos se volvieron; Lina temblando con violencia.

Entonces apareció ante ellos una mujer de algo más de 20 años vestida a la manera de las hechiceras... pero con una falda de volantes, grandes ojos cálidos y una melena corta y lisa.

- ¡ Tran... tranquila, Luna.! –le contestó Lina con temor- ¡ No... no pasa nada; de verdad.! -

Luna arqueó una ceja.

- ¿ Quién es esa chica, Gaury.? –preguntó Amelia en un susurro.

- ...Es Luna Invers, la hermana de Lina. -

- ¿¡ Ah, siii...!? -

Todos la miraron con absoluta curiosidad, sin embargo Luna les ignoró deliberadamente, se dirigió hacia Lina... y le soltó un capón ante el estupor general.

- ¡ No vuelvas a gritar tanto.! –la riñó- ¡ Has estado a punto de provocar un desprendimiento.! -

Entonces Naga soltó otra de sus atronadoras carcajadas.

- ¡ Mirad a la valiente Lina.! –exclamó- ¡ Se deja sacudir como una estera por su hermana.! -

Esta vez Luna se volvió hacia Naga, le sacudió otro golpe y la dejó tirada por el suelo ante el asombro general

- ...Empiezo a comprender por que Lina tiene tanto miedo a su hermana. –murmuró Zelgadiss mientras un gotón de sudor le recorría la frente.

- ¡ Muy bien.! –exclamó volviéndose hacia el resto sacudiéndose las manos- ¡ Se puede saber quienes sois vosotros y qué hacéis aquí.! –exigió saber.

- Creo que todos estamos aquí por el mismo motivo. –contestó Zelgadiss tras recuperar la compostura- La Biblia Cleir.-

Luna le miró fijamente.

- Entonces si no me equivoco, sois los amigos de mi hermana, ¿ verdad.? –dedujo Luna- Y tú debes ser Zelgadiss, la horrorosa-quimera... tú, Amelia, la princesa-loca; tú Shilfild, la sacerdotisa-empalagosa... y esta otra del suelo, Naga, la hechicera-payasa. –en un momento Luna había conseguido ponerse en contra de todo el mundo. Sonrió con malicia- Así es: hemos venido por la Biblia Cleir... -

Zelgadiss estaba inquieto, sentía que la situación se le iba de las manos y temía que, después de tantos esfuerzos y vivencias absurdas, no consiguiera acceder a la B.Cleir. Tenía motivos para temer que eso pudiera pasar; en un breve plazo de tiempo los acontecimientos se habían precipitado: para empezar, y aún no acababa de creérselo, resultó que Naga era la hermana de Amelia... ¿¡ Cómo es que no se había dado cuenta antes !?; el parecido físico de ambas –salvando las distancias, claro- era tremendo, y también el psicológico: ambas se subían a lugares altos y desde allí se ponían a soltar discursos apuntando con el dedo... con la diferencia de que mientras que Amelia sermoneaba sobre el Bien y la Justicia, Gracia ( o sea, Naga) lo hacía sobre lo extraordinaria que era.

Zelgadiss no pensaba que Naga se fuera a inmiscuir en sus planes, ella tenía unos fines muy concretos para/con la B.Cleir; eso mismo pensaba de Amelia y Shilfild, él sabía perfectamente que ninguna de las dos se opondría a sus planes y que si Amelia estaba allí era por su hermana, además de ser la única de aquel grupo de hechiceros majaretas que le había ayudado desinteresadamente con su problema... En cuanto a Shilfild, ¿ qué iba a decir.? El problema era Lina Invers, no se fiaba para nada de ella en esta clase de situaciones; ya había sufrido la experiencia de que su amiga pelirroja antepusiera sus intereses, por muy estúpidos que estos fueran, a los suyos propios, y que si quería conseguir la B.Cleir, tendría que luchar por ella.

Pero no era solo eso, Naga tenía exactamente los mismos objetivos que Lina; Zelgadiss no se había equivocado al pensar que las dos ya se conocían de antes y que tenían una especie de odio mutuo... más que eso, lo suyo era rivalidad extrema: Lina odiaba a Naga porque ella tenía todo lo que físicamente ella anhelaba, mientras que la hermana de Amelia odiaba a Lina porque tenía todo el poder que ella deseaba. Resultaba exasperante ver como ambas se pasaban horas discutiendo y echándose en cara sus carencias la una a la otra; no podía aguantarlo. Pero no era el único, Amelia también sufría esa situación al ver como su hermana y su mejor amiga discutían por esas estupideces; la diferencia estaba en que él sí podía ignorar esa situación. En cualquier caso el problema era el mismo: si ya tenía que rivalizar con Lina, también con Naga.

Pero el principal problema era la hermana de Lina, Luna Invers. Su repentina entrada en escena le había puesto nervioso ( y a los demás también ) y sus intenciones eran dolorosamente obvias, sabía perfectamente que ella no tendría ningún escrúpulo en conseguir lo que deseaba a costa de quién fuera... Todo eso suponía que muy probablemente se tendría que enfrentar a todas ellas para conseguir la B. Cleir y la única forma de evitarlo era que la situación se convirtiera en una carrera.

Sin embargo, y a pesar de todo, todos ellos eran amigos, y tras la sorpresa inicial, aquel repentino y multitudinario encuentro había desembocado en una amigable tregua, donde a primera vista, primaba más una reunión pacífica que una pugna por la B.Cleir y eso, al menos de momento, era un alivio.

De esa forma los siete acordaron en que ya buscarían mañana la entrada al desierto y que esa noche la pasarían en una termas-hotel situadas en Vezendy y que Naga recomendó insistentemente, cosa que Lina, curiosamente, no contradijo la opinión de su rival, es más, la había apoyado, al igual que Amelia: era como si las dos se fiaran absolutamente del saber-hacer de Naga a este respecto. El problema se presentó cuando se enteraron de las elevadas tarifas que pedían en el local y que, por supuesto, ni las hermanas Invers ni Naga estaban dispuestas a abonar... hasta que a Lina se le ocurrió pedirle un pequeño favor a Amelia.

- ¿¡ Qué dices.!? –exclamó escandalizada- ¿¡Pretendes que entremos todos gratis usando mi Sello Real de Seillon...!?-

- ¿ Qué más te da, Amelia.? –replicó Lina- ...Todos queremos ir a las termas y nadie tiene tanto dinero; la única forma de pasar es que tú demuestres que eres una princesa real de Seillon: ¡ No pueden negarte la entrada.! -

- ¡ Pero Lina...! -

- ¿ Por qué te importa tanto decir que eres una princesa? ; no puedes viajar siempre de incógnito...-

La discusión se prolongó durante un buen rato hasta que Amelia acabó cediendo al ruego general y especialmente el de las Invers; los únicos que se mantuvieron al margen fueron Zelgadiss y Naga, si bien por distintos motivos.

De esa forma acabaron teniendo acceso gratis al establecimiento gracias a Sello real que consiguió impresionar increíblemente al dueño, muy halagado por recibir a una princesa real y toda su corte de "sirvientes"en su establecimiento, mostrándose muy solícito con ellos al concederles sus mejores baños y habitaciones separándolas por sexos, de forma que Zelgadiss y Gaury, como de costumbre, compartieron baños y habitación, mientras que las cuatro hermanas hicieron lo mismo dos a dos y Shilfild se quedó sola; no obstante todas las chicas compartieron la misma terma. La verdad es que el establecimiento no era nada extraordinario, de hecho era muy similar a aquel en donde estuvieron cuando Martina le lanzó aquella ridícula maldición a Lina; así que los baños estaban separados por un muro, en este caso de piedra, y antes de acceder a ellos había unos vestuarios decorados con filigranas de escayola y amueblados con bancos, espejos, percheros y armarios en donde se podían encontrar toallas de espesa felpa así como jabones, aceites y sales de baño. Una gran mampara corrediza separaba los vestuarios de las termas situadas al aire libre, que a pesar del reinante frío invernal, sus cálidas fumarolas invitaban a meterse en el agua.

Las cinco chicas compartieron el mismo vestuario, cosa que Naga recibió con verdadero entusiasmo. La espectacular hechicera negra se situó frente a un espejo y comenzó a desnudarse mientras que su hermana la imitaba a su lado y el resto se desperdigaba por la sala. Amelia sabía que ahora su hermana era una hechicera, y lo normal es que vistiese como tal, o sea, algo parecido a Lina... era comprensible entonces la cantidad de abalorios que llevaba encima, su capa, guantes, espada y hombreras de pinchos; pero no acababa de comprender porqué iba prácticamente desnuda. Mientras ella se despojaba de su blanco uniforme de sacerdotisa con naturalidad, Gracia lo hacía con estudiada minuciosidad y lentitud lanzando numerosas miradas maliciosas a Lina consiguiendo irritarla con descaro; finalmente Naga se giró hacia la hechicera pelirroja mostrándole todo su cuerpo con una gallarda postura.

La reacción de Lina se resume a un amago de respuesta, un respingo al verla desnuda y una profunda depresión mientras que Shilfild se giraba con las mejillas encendidas.

- ¡ Gracia, por favor.! –rogó Amelia- ¡ Déjalo ya.! -

- ¿ Por qué, Amelia.? -contestó con tranquilidad- Yo no tengo nada de qué avergonzarme... y tú tampoco; seguro que acabas siendo tan hermosa como yo.- y diciendo esto, palmeó bruscamente la espalda de su hermana consiguiendo que a esta se le cayese de las manos la toalla con la que se estaba tapando, de forma que Lina pudo apreciar perfectamente que su mejor amiga era una versión en miniatura de Naga, cosa que la deprimió aún más.

- ¿ Qué ocurre aquí.? –preguntó Luna al entrar en el vestuario.

Lina y Naga dieron un bote al verla entrar mientras que Amelia se apresuraba a recoger la toalla.

- No... no pasa nada, hermana. –contestó Lina atropelladamente.

De repente Naga empezó a carcajearse.

- ¡ Mirad cómo Lina nos demuestra su entereza.! -

Las Invers se giraron hacia ella de golpe, Lina furiosa y Luna, mirándola con dureza, se dirigió hacia la hechicera y, sin mediar palabra, la estampó contra el suelo con un soberano capón.

- Yo soy la única que tiene derecho a agredir a mi hermana...-

Mientras tanto, al otro lado del muro, Zelgadiss se había apresurado a desvestirse y meterse en las cálidas aguas de la terma antes de que lo hiciese Gaury, así que cuando este se desnudó y se dispuso a hacer lo propio, se encontró con que la quimera ya se había sumergido en el agua hasta la barbilla; su rostro empedrado se difuminaba

entre los vapores que se levantaban del manantial mientras que sus cabellos mojados brillaban como la plata a la luz de los farolillos y las primeras estrellas de la noche. No había duda de que era una criatura extraña.

Gaury suspiró al ver que su amigo volvía a hacer lo mismo de siempre.

- ¡ Bueno, Zel; ¿ ya te has vuelto a meter corriendo en el agua.?! -

Zelgadiss le miró y luego se giró sin responder; Gaury volvió a suspirar.

- ¿ Por qué haces eso.? –preguntó- Todos ya te hemos visto desnudo varias veces; no tienes porqué avergonzarte tanto... -

- ¡ No me sermonees, Gaury.! –contestó rudamente- ¡ Solo he venido aquí para bañarme, no para que me miréis cómo tengo el cuerpo...! -

Gaury le miró largamente y se dirigió hacia él moviéndose pesadamente en el agua hasta situarse a su lado; como era más alto, el agua solo le cubría hasta el pecho y su larga melena rubia se abría en abanico flotando sobre el agua. Gaury sentía un gran aprecio por Zelgadiss, él era el único con el que podía hablar de hombre a hombre y de amigo a amigo, y también el único con el que siempre que viajaba en grupo compartía todo; su relación era similar a la que existía entre Lina y Amelia, y le apenaba mucho ver la tortura que sufría en gran parte por su propia obsesión, así que sabía que discutiendo con él no iba a llegar a ninguna parte.

- Bueno, pues si es así... –comenzó a decir sonriente- ...mójate también la cabeza. –y apoyó la mano en su coronilla hundiendo la cabeza del desprevenido Zelgadiss en el agua.

Cuando emergió su piel y sus cabellos empapados brillaban aún más y tosía levemente mientras que Gaury reía con ganas.

- ¿ A qué viene eso.? –preguntó.

- Estas muy gracioso, Zel... –contestó- Si vieras qué cara has puesto...-

Zelgadiss se quedó pasmado durante unos instantes sin saber cómo responder a eso mientras su amigo le miraba sonriente; finalmente esbozó una suave sonrisa y miró a Gaury con picardía. Era algo tan inusual que el espadachín se sintió desconcertado.

- ¡ Ya...! –exclamó la quimera- Entonces, ¿ qué cara tendrías tú.? -

- ...!? -

- ¡ Comprobémoslo...! –sugirió, y sin decir nada más, se abalanzó sobre Gaury y le hundió la cabeza en el agua. Al instante el espadachín emergió de la terma y vio como el mago reía con picardía- ¿Y bien...? –preguntó.

- ¡ Ahora verás...! –amenazó.

Finalmente ambos acabaron jugando y chapoteando en el agua mientras reían alegremente; durante esos raros y breves momentos Zelgadiss se sintió feliz al olvidarse de su condición de quimera: Gaury lo había conseguido.

Sin embargo al otro lado del muro la situación resultaba mucho más tensa: a Naga no le llevó mucho tiempo comprender que si bien podía humillar a Lina haciendo resaltar sus diferencias físicas, no podía hacer lo mismo con su hermana Luna, y eso unido a su terrible carácter, era algo que la dejaba totalmente impotente frente a ella. Amelia sufría más que nadie aquella situación al ver como en cuanto Luna se daba la vuelta, su hermana y Lina comenzaban a lanzarse toda clase de insultos; bañarse juntas ya no era algo divertido, se había convertido en un espectáculo de lucha verbal ante el que ella se sentía impotente, y que Shilfild rehuía claramente, muchas veces escandalizada por ello. Naga le echaba constantemente en cara a Lina su edad, su poca clase y el cuerpo de niña que aún seguía teniendo a pesar de sus 17 años, mientras que Lina, después de gruñir y refunfuñar, contestaba apelando a todo el poder mágico que como hechicera poseía y del que Naga era inferior, lo que, claro está, lograba irritarla. Finalmente Amelia intervenía.

- ¡ Vamos, hermanita. ¡ -le dijo Gracia- ¿ No me negarás que es cierto?: tú aún no has crecido todo lo que tienes que hacer, pero ya estás más desarrollada que Lina... Incluso esa sacerdotisa amiga vuestra... –comentó mirando a Shilfild- ...lo está más que ella. ¡ Algún día serás como yo...! -

Shilfild se llevó una mano a la barbilla ruborizándose y se sumergía en el agua en un intento de disimular su físico.

- ¡ Gracia... no deberías decir cosas así.! –señaló tímidamente- No tienes por qué humillar a Lina de esa forma; ella no tiene la culpa de... –de repente alguien la interrumpió.

- ¡ Déjalo, Shilfild.! –ordenó Lina tapándole la boca- ¡ No intentes arreglarlo...!-

- ¡Hermana... Lina...! –suplicó Amelia- ¡ Por favor, dejadlo ya!; ¡ al menos terminemos de bañarnos tranquilamente.! -

Hacía un rato que Zelgadiss y Gaury habían concluido sus chapoteos en el agua, así que pudieron escuchar perfectamente la conversación que había tenido lugar al otro lado del muro.

- ...Eso es verdad. –señaló Gaury tranquilamente- Cualquiera de ellas está más desarrollada que Lina... –se volvió hacia su amigo quimera- ¡ Imagínate cómo será Amelia en el futuro si lo que dice su hermana es cierto.! –Zelgadiss se giró ruborizado- ¿ No crees, Zel...? –preguntó.

- ¡ Esas dos no hacen más que pelearse por estupideces.! –señaló tajantemente- Los problemas que tengan entre sí, solo son cosa suya... –y se hundió en el agua con las mejillas encendidas.

Gaury le miró con una mezcla de interrogación y desconcierto durante unos instantes, hasta que finalmente se dirigió a él en un tono inusualmente serio.

- Zelgadiss... tú... tú estas enamorado de Amelia, ¿ verdad...? -

El mago-quimera dio un soberano respingo y seguidamente volvió a hundirse más en el agua con los ojos muy abiertos y las mejillas ardientes. Aquella era una afirmación demasiado directa para eludirla con facilidad.

- No se en qué te basas para afirmar eso, Gaury. –contestó por fin de la forma más tajante que pudo- ...Te recuerdo que estás hablando con alguien que tiene una parte de demonio.-

- ...Entonces es eso, ¿ verdad.? –dedujo Gaury después de una pausa- Te consideras a ti mismo como algo tan monstruoso que no quieres aceptar que sí lo estás... -

Zelgadiss soltó una carcajada maliciosa.

- No me considero un monstruo, Gaury... –comenzó a decir en el mismo tono- ¿ Acaso no has visto cómo soy...?: ¡¡ soy un monstruo.!! ¿ O es que no te has enterado qué clase de crímenes he cometido...? Si alguna vez fui humano, esa parte de mí murió el día que me convertí en esta cosa. –concluyó señalándose a si mismo.

Gaury se le acercó por detrás y apoyó una mano en su hombro; al igual que todos aquellos que habían tocado su cuerpo de alguna forma, pudo sentir su pétrea dureza, pero también la calidez de criatura viva que desprendía.

- Eso no es verdad, y tú lo sabes, Zel... –desmintió- Te he visto cómo te interponías entre ella y Gaarv cuando intentó matarla; cómo os enfrentasteis a ese demonio-pollo del laboratorio de Rezo y a Xanaferd, o cómo te enfureciste cuando Seigram estuvo a punto de matarla... Además, puede que no te hayas dado cuenta, pero siempre vais juntos a todas partes, os sentáis juntos para comer y habéis compartido muchos conocimientos de magia... –enumeró Gaury. Zelgadiss levantó la vista mirando al vacío con los ojos brillantes y las mejillas ardientes; no sabía cómo negarse- ¡ Escúchame bien, Zelgadiss...! –continuó diciendo en aquel tono inusualmente serio- No creo que me haya equivocado al decir que estás enamorado, pero tengo algo que decirte... –Zel le miró de reojo- ...Quiero mucho a Amelia, para mí es como la hermanita pequeña que nunca he tenido, así que por favor, ten mucho cuidado con lo que pudieras hacerle...-

- Das muy por supuesto que yo sí fuera a querer algo de ella o cualquier otra chica; ye te he dicho que eso es imposible, no puedo ni amar ni tener hijos... -contestó sonriendo con malicia- Yo soy como un demonio y me comporto como tal...-

Gaury acabó cansándose de las negativas de Zelgadiss y tiró con fuerza de su hombro obligándole a girarse hacia él para luego tomarle por ambos hombros y mirarle directamente a los ojos.

- ¿¡ Es que no quieres entenderlo...!? –preguntó exasperado- A pesar de sus extravagancias, Amelia es una chica encantadora, pero también es una princesa, y puede que aunque su padre la quiera tanto, acabe obligándola a casarse con algún otro estúpido noble, y sus obligaciones irán aumentando con el tiempo separándola cada vez más de todos nosotros... –señaló crudamente- Así que es cosa tuya si quieres seguir engañándote a ti mismo y no querer reconocerlo; pero si no haces algo ahora, acabarás por perderla para siempre. –concluyó por fin.

Zelgadiss, impresionado por su vehemencia, se quedó mudo durante un rato mientras que Gaury seguía mirándole directamente a los ojos. Finalmente le soltó y se separó de él.

- ¡ Venga; sigamos disfrutando de los baños...! –sugirió el espadachín en un intento de relajar el ambiente.

Al otro lado del muro continuaron las discusiones entre las hechiceras.

Una vez que todos se hubieron bañado, se repartieron entre las habitaciones asignadas, que gracias a la influencia del Sello de Seillon, estaban todas en el mismo pasillo. De esa forma las dos princesas compartieron una cómoda y confortable habitación a pesar de su escueto mobiliario, con las camas contiguas y gracias a un ingenioso sistema, el local aprovechaba el calor termal del subsuelo para calentar las habitaciones. No obstante desde que se acostaron hacía ya un par de horas y a pesar del cansancio por aquel largo día, Naga había estado dando vueltas en su lecho junto a la ventana sin poder conciliar el sueño; para ella los acontecimientos también habían sucedido muy deprisa uno tras otro: de repente, después de casi 10 años, se reencuentra con su hermana Amelia, quien le dice que había partido en su busca viajando de incógnito; poco más tarde descubre que la quimera con la que había estado viajando desde que pensó en encontrar la B.Cleir, era amigo de su hermana... por increíble que pareciese. Y por último, después de otros muchos años, aparece de nuevo Lina Invers, esta vez acompañada por un rubio espadachín que tenía un apellido muy familiar; y lo peor de todo, también esa terrible hermana suya, Luna Invers... ¡ y todo eso en un solo día.! Pero la pesadilla era que su hermanita y Lina eran muy buenas amigas. Eso era algo inquietante: ¿ cómo podía Amelia ser amiga de esa esmirriada de Lina?, ¿ qué había pasado por la cabeza de Amelia para olvidarse de todos sus absurdos ideales justicieros y trabar amistad con esa histérica..? Era algo incomprensible.

Miró a su hermana y vio como dormía placidamente mientras ella se preguntaba qué podía haber pasado: a primera vista Amelia no había cambiado mucho; es cierto que ahora tenía 16 años y había crecido algo... pero eran los cambios psicológicos lo que le preocupaban. Naga quería mucho a su hermanita, pero eso no le impedía ser realista y darse cuenta de las chaladuras mentales con la Justicia que ella tenía, de hecho, seguía viéndola como la niñata fantasiosa que había abandonado en Seillon años atrás. Pero ya no era así; Naga no había tenido la oportunidad de hablar seriamente con ella, pero estaba claro que si a su hermana se le había ocurrido abandonar palacio y viajar sola y de incógnito por el mundo ( bueno, iba con Shilfild, pero para el caso, era igual ) con el único propósito de encontrarla, es que algo tenía que haberle pasado durante estos años. ¿ Sería la influencia de Lina.?: si ellas dos eran tan buenas amigas, podría ser que su carácter e ideales se hubiesen visto afectados de alguna forma por la particular personalidad de la hechicera pelirroja... Eso explicaría muchas cosas.

Pero se estaba olvidando de alguien: ¿ y Zelgadiss ?, ¿ qué tenía que ver en todo esto? , ¿ acaso su pragmático pesimismo también había afectado su visión del mundo...? Algo tendría que ver porque estaba claro que también eran amigos.

Naga ya no sabía que pensar.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió suavemente y la hechicera dio un respingo envuelta en las sábanas al ver cómo una figura vagamente familiar entraba en la habitación y se aproximaba al lecho de su hermana con sigilo; contuvo la respiración mientras evaluaba quién podía ser y qué estaba haciendo allí. Tenía dos opciones: ora sorprenderla y ponerla en fuga gracias a su poder, ora esperar a ver quién era y qué iba a hacer; se decidió por lo segundo. Finalmente la figura se arrodilló junto a la cabecera del lecho de Amelia; las nubes se apartaron del cielo y un haz de luz de la Luna llena entró a través de los cristales de la ventana iluminando la cara de Amelia y su vigía mientras dejaba la suya en penumbra al encontrarse a contraluz. Ahora ya no había duda sobre la identidad del intruso: era Zelgadiss.

Naga ahogó una exclamación de asombro ante el descubrimiento y seguidamente, continuó vigilándole en silencio: ¿ qué estaba haciendo esa quimera allí ?, ¿ por qué había entrado en su cuarto de esa forma ?, ¿acaso pensaba robarles algo?... si era así, se iba a enterar. Sin embargo el mago se limitó a permanecer arrodillado junto a su hermanita y observarla con una expresión en el rostro que nunca antes le había visto, sus cabellos resplandecían como hilos de plata a la pálida luz de la Luna, y su pétrea piel gris-azulada parecía haber cristalizado por alguna especie de embrujo celeste. Tímidamente, retiró con exquisita suavidad el flequillo desperdigado por la frente de Amelia y la observó con los ojos brillantes como ascuas mientras que sus mejillas se tornaban carmesíes y su corazón latía frenéticamente.

Naga no alcanzaba a creérselo cuando comprendió lo que estaba ocurriendo; de repente, todos los datos encajaban en ese momento: su parecido con aquella sacerdotisa, el brazalete que él llevaba puesto, todos los datos que conocía al haber viajado con Lina... ¡ era tan obvio.! ¡ Pero lo realmente terrible fue descubrir que Zelgadiss estaba enamorado de su hermana Amelia.! Naga se sentía mal ante esa evidencia; deseo incorporarse para sorprenderle y así echarlo de allí, pero eso no cambiaría nada, así que permaneció en silencio en espera de lo que pudiera ocurrir.

Zelgadiss aún permanecía junto a su hermana, parecía estar dudando terriblemente por algo, algo que le producía una angustia enorme; finalmente pareció decidirse por algo, frunció sus labios y se aproximó lentamente a ella... "¿¡ Va a besarla.!?" pensó Naga escandalizada. Pero en el último momento, justo antes de que sus pétreos labios tomaran los de Amelia, se retiró de golpe y su expresión se volvió tan amarga como la que tenía cuando le libró de la maldición de Kari; se incorporó de un salto, la contempló duramente durante unos instantes, y finalmente, se giró para acabar saliendo por la puerta enérgicamente.

Naga retiró las sábanas y se incorporó en su lecho observando a Amelia, que solo se había arropado un poco; no entendía nada de lo que le podía haber pasado para que hiciera algo así; ¿ se avergonzaba de amarla...? Conociéndole eso era lo más probable; de todas formas era mejor así, se sentía muy incómoda al saber que su hermana había sido capaz de despertar esa clase de sentimientos en la irritante quimera. En ese momento una rápida sombra tapó la luz de la Luna; se giró preguntándose qué había sido y vio como Zelgadiss, usando el "Levitación", se marchaba volando; le vio alejarse hacia las montañas y suspiró echándose de nuevo sobre la cama.

A la mañana siguiente todos madrugaron y se reunieron en una mesa circular del comedor que Amelia, gracias a su condición de princesa, había mandado disponer así al asombrado dueño que no acababa de creerse que una princesa real quisiera desayunar junto a toda su corte de sirvientes; no obstante la vajilla y las viandas del desayuno era de lo más selecto a lo que se podía aspirar en aquel local. Amelia se había sentado entre su hermana y Gaury, que a su vez, para irritación de Lina, se había colocado junto a Shilfild, y al lado de esta Luna, así que la hechicera pelirroja tenía dos opciones, o bien sentarse junto a Naga, o bien junto a su hermana, y ninguna de las dos resultaba alentadora; aunque la verdad es que aún había una silla vacía, la de Zelgadiss...

La hambruna no dejaba lugar a la cortesía de esperar a que todos estuvieran reunidos para comenzar a desayunar, y sin ningún tipo de reparo, comenzaron a exigir a los camareros que fueran trayendo la comida, en esta ocasión , fuentes de gachas de avena, pan frito con miel, tazones de leche, bollería, mermelada... Según iban llegando las viandas, las hermanas Invers, las Tesla y Gaury se abalanzaron sobre la comida como si fueran buitres sobre una carroña, resultando ser un espectáculo aún más lamentable que de costumbre: las Invers pugnaban por los bollos y la mermelada, mientras que Gaury atajaba enormes cucharadas de gachas a Naga, quien acabó por arrojarle un tazón de leche con tan mala fortuna que acabó alcanzando a Luna, y esta, furiosa, hizo estallar la mesa con la "Flecha de Fuego." Cuando la humareda se disipó, grandes pegotones de gachas cayeron sobre los comensales y el espectáculo dio comienzo de nuevo. La única que lo ignoraba, era Shilfild.

- ¿ Y Zel...?, ¿ cómo es que no ha venido todavía a desayunar.? –preguntó Lina mientras se chupeteaba la mermelada de los dedos ansiosa de una mejor compañía.

- No lo se... –contestó Gaury encogiéndose de hombros mientras dejaba un tazón de leche- Esta mañana cuando me he levantado, ya no estaba en la habitación... Pensé que ya estaría aquí. -

Amelia levantó la vista de sus gachas.

- ¿ No estaba...?, ¿ es que se ha ido.? –preguntó- ¿ Vamos a ir a buscar la Biblia Cleir sin él...?-

Naga miró a su hermana con suspicacia.

- ¡Bah; no te preocupes.! –contestó Lina sin el menor atisbo de preocupación- ¡ Siempre hace lo mismo; ya aparecerá...! –y diciendo esto, volvió a disputarse la comida con su hermana.

"¡ Maldito idiota!"pensaba "¡ Ya podría haber venido a desayunar para no tener que aguantar esto!" se quejó para sí " Si hay algo por lo que me gustaría que recuperase su cuerpo humano, es para poder sacudirle sin hacerme daño!; ¡ entonces se iba a enterar...!"

Una vez que hubieron acabado de desayunar, los seis se dirigieron hacia las montañas donde se encontraba el espacio interior de las Tablas tras haber cargado las caballerizas del avituallamiento para un viaje por el desierto. El ambiente del grupo era claramente tenso, tan solo Gaury y Shilfild iban charlando amigablemente; Amelia caminaba junto a su hermana tirando de su caballito y confundida por lo que veía, ya que Lina no se comportaba como la tirana que solía ser de costumbre, sino que se encontraba totalmente a merced de su hermana Luna, además, el gesto de desconfianza entre las tres era dolorosamente evidente: Lina no tenía más remedio que resignarse a la dominación de su hermana, pero desde luego que no estaba dispuesta a permitir que Naga se le adelantase, y esta pensaba igualmente; sus miradas eran claramente suspicaces y Amelia solo podía suspirar por ello. De todas formas, ese no era el único problema que parecía preocupar a su hermana mayor.

- ¡ Dime, Amelia...! –preguntó por fin.

- ¿ Si...? -

- ¿ Por qué vienes con nosotros a buscar la B.Cleir.? -

- Bueno, ya te lo he dicho, Gracia... –comenzó a decir Amelia- Si estoy aquí es porque he venido a buscarte y no volveré a Seillon hasta que no haya concluido lo que he venido a hacer... -

- O sea, que nos acompañas solo por mí... –dedujo Naga.

Amelia dio un bote y la miró confundida.

- Si... bueno –contestó tímidamente- Solo por ti, no. –Naga arqueó una ceja- Sé que a ti no te gusta la idea, pero Lina es mi mejor amiga, y ya que esta también aquí, quiero estar con ella. No me voy a volver a Seillon así, sin más... -

- Así que también es por Lina... –gruñó Naga.

- Bueno; por Lina, por Gaury, Shilfild... y también por Zel. –declaró- Por todos, todos ellos son mis amigos.-

- ¿ El Guerrero Oscuro también es tan amigo tuyo.?: me cuesta creer eso de ti; siempre he pensado que eres una defensora de la justicia y ahora me dices que eres amiga de un criminal... -replicó Naga.

Amelia se volvió hacia su hermana perpleja.

- ¡ Zel no es un criminal.! –declaró plenamente convencida y Naga la miró con sorpresa- Bueno, sí... es cierto que ha hecho muchas cosas malas, pero no fue culpa suya. –explicó por fin.

Naga detuvo el paso sorprendida por lo que acababa de decir su hermanita.

- ¿¡ Que no...!? –exclamó- Entonces, ¿ de donde han salido todos esos carteles de "Busca y Captura" suyos...!? –preguntó- Además, estarás de acuerdo conmigo en que es alguien muy agresivo... casi como Lina.-

- Eso es porque no le conoces... –contestó Amelia con suavidad- En realidad es una buena persona... como Lina.-

- ¡ Oh, Amelia.! –exclamó Naga con un suspiro- Sigues siendo la misma tontorrona inocente que dejé en Seillon cuando me fui... -

La expresión de Amelia se endureció al oír a su hermana.

- ¡ Eso no es verdad.! –se quejó- ¡ Me han pasado muchísimas cosas desde que conocí a Lina y he aprendido muchas otras.! –Naga la miró sorprendida ante su resolución- ¡ Y si te digo que Zel no es un criminal, es porque sé que se vio obligado a hacer todas esas maldades...!-

Naga empezó a dudar de su convicción al ver la seguridad y la vehemencia de su hermana; entonces le asaltó una idea extraña.

- Tú sabes quién es en realidad Zelgadiss, ¿ verdad...? –preguntó movida por aquella repentina intuición- Por eso hablas así de él... -

Amelia abrió los ojos y la miró desconcertada.

- ¿ Que si sé quién es él...? –preguntó- ¿ Te refieres a que si sé por qué es una quimera...?-

- A eso y a todo lo demás... -contestó Naga asintiendo con la cabeza.

- ...Zelgadiss es uno de los discípulos de Rezo, el Monje Rojo. –reveló la princesa bajando la mirada- ...En realidad es su nieto, o su bisnieto, ...puede que ambas cosas.-

Naga dio un gran bote al oír a su hermana.

- ¿¡ Que Zelgadiss es... es nieto y discípulo de Rezo...!? –exclamó asombrada- Pero entonces... ¿¡cómo es que, que...!? -

- Rezo le engañó y le hechizó convirtiéndolo en esa cosa... –comenzó a explicar Amelia ante el estupor de su hermana- ...y después le tomó como su discípulo y su esclavo para usarlo para sus propios fines... Por eso cometió todos esos crímenes.-

- ¿ Qué quieres decir...? –preguntó aún más asombrada.

- Zelgadiss hacía el trabajo sucio de Rezo... –explicó Amelia- Él tenía la misión de conseguir la Piedra de Sarvia para su abuelo a cualquier precio, por eso hizo todas esas maldades... –hizo una pausa- Y por eso te digo que él no tiene la culpa; Rezo es el auténtico criminal... -

- ¿ Y para qué quería Rezo la Piedra de Sarvia si ya era tan poderoso...? –preguntó casi movida por la curiosidad.

- Para poder ver. –reveló Amelia- Solo por eso esclavizó a su nieto y le convirtió en un monstruo...-

Naga, estupefacta, permaneció muda durante unos instantes intentando asimilar todo aquello.

- Entonces cuando Lina mató a Rezo, él... –comenzó a adivinar y su hermana asintió con la cabeza.

- ...Él y Lina ya se conocía y le ayudó a derrotarle; y ahora que ya no está bajo su mando, busca una cura para volver a ser totalmente humano... –concluyó Amelia.

Naga la miró largamente sin saber qué decir; durante un breve instante su pequeño sentido de la empatía, le hizo sentirse identificado con él; aunque, por otra parte, le resultaba tremendamente difícil de asimilar lo que su hermanita le había explicado: para ella, igual que para mucha gente, Rezo siempre había sido una especie de poderosísimo Santo que había volcado su vida en los demás ( algo así como a lo que Amelia aspiraba a ser ), pero ahora resultaba que Rezo también tenía una parte oscura: un nieto, que bien podía ser ilegítimo como revelaba su apellido, al que había convertido en una monstruosa quimera para utilizarle para su propio propósito... o sea, ¡ recuperar la vista ! Aunque eso no era todo: ¿ cómo es que alguien tan poderoso como él, no podía usar su poder para curar su ceguera?, ¿ qué se lo impedía?; ¿acaso eso suponía tal frustración que le empujó a recurrir a métodos viles para poder curarse a toda costa?, porque si lo que Amelia le había contado era verdad, entonces Zelgadiss siempre había cometido todos sus crímenes siguiendo sus indicaciones. En cualquier caso aquello había influido profundamente tanto en su hermanita como en la quimera con unos resultados muy inesperados.

En ese momento la voz de Gaury irrumpió de repente.

- ¡ Eh; Amelia, Gracia...! –gritó agitando la mano- ¡ Que os vais a quedar atrás...!-

Desde lo alto una figura vestida de negro observaba sus evoluciones.

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