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Por:
Ameban
= Capítulo5-Apéndice.
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Shilfild se sentía mal; el
hecho de haber estado hablando como si tal cosa con un ser tan
potencialmente peligroso como Xeros, la había dejado aturdida. Pero
también lo estaba por no haberse dado cuenta antes de su verdadera
naturaleza. Alzó la vista y miró a Amelia: ¿cómo podía ella, con su
sentido justiciero, poder hablar con esa criatura sabiendo ya lo que era?
Era algo antinatural.
Sin embargo, a pesar de la opinión de Shilfild, la presencia de Xeros no
era lo que más inquietaba a la princesa en ese momento. Ella también tenía
sus propios problemas que la habían llevado hasta allí, y de alguna forma,
tras haber escuchado la historia de Melina, se sentía identificada con
ella... con la salvedad de que en su caso a ella no le cabría ninguna duda
sobre la integridad de su hermana.
En cualquier caso ambas aguardaban el regreso de Xeros como si no hubiese
nada mejor que hacer. Podrían haberse largado y dejar solo al demonio con
sus chanchullos, pero él las habría encontrado igualmente y además,
esperarle era algo que les exigía el mínimo de educación que ambas
poseían. Así que sin nada mejor que hacer, Amelia paseó la vista por los
ruinosos muros de adobe de las casas de aquella miserable calle mientras
que Shilfild parecía contemplar tristemente el trasiego de los parias que
poblaban el barrio y que pasaban a su lado como si no existieran, parecía
estar acostumbrados a la presencia de sacerdotes y que estos actuasen
movidos por sus propios intereses. Entonces Amelia se fijó en un cartel
mugriento que jalonaba un muro rodeado de similares anuncios en la casa de
enfrente; atravesó la calle y lo observó con cierta indignación para luego
arrancarlo de un tirón al descubrir lo que era.
- ¿Qué ocurre, Amelia? -preguntó Shilfild acercándose a ella al
ver su reacción.
- ...Es un anuncio de "Busca y Captura"... -explicó mostrándoselo
furiosa.- ...de Zelgadiss. Ofrecen una recompensa de 10.000 monedas de
plata por su cabeza. ¡Con cosas así, no me extraña que se tenga que
pasarse la vida huyendo y escondiéndose hasta que vuelva a ser humano! -
Shilfild la miró largamente mientras que la princesa rasgaba el cartel con
rabia haciéndolo trizas.
-Bueno... pero él es lo bastante fuerte como para poder
defenderse con facilidad de sus perseguidores... -comenzó a decir
intentando quitarle importancia al problema. Amelia asintió con la cabeza.
-Si, pero eso tampoco arreglará su situación... Afortunadamente
pude convencer a mi padre para que promulgara un Decreto-Ley para
indultarlo por ser un convicto en Seillon. –añadió con un suspiro.- Mi
padre sabe ser generoso y también reconocer la valía de las personas ¡Es
un pacifista!... Así que promulgo esa bula en cuanto terminó el problema
que sufrimos en Seillon con los demonios de Gaarv, oficialmente como
reconocimiento a su ayuda... Pero parece que otros reinos no piensan lo
mismo.-
- ¿Qué hacéis, chicas? -preguntó de repente una voz jovial tras
ellas. Era Xeros, que ya había regresado.
- ¡Nada! -contestaron al unísono como impulsadas por un
resorte- ¿Y tú, podemos saber a donde has ido?-
-¡Oh! -exclamó despreocupadamente llevándose la mano al
cogote.- A ningún sitio en especial; de repente me he acordado de algo que
tenía que hacer y... -dejó la frase en el aire encogiéndose de hombros.-
Pero luego tampoco era tan importante. -
Amelia suspiró para sus adentros; sabía que Xeros no se lo diría. Entonces
dio un bote al caer en la cuenta de un detalle.
- ¡...Shilfild! -llamó a la sacerdotisa que miraba con evidente
desconfianza al demonio. - ¿Y tú qué piensas hacer ahora?-
- Pueeees... -comenzó a decir llevándose el puño a la barbilla
en aquel gesto tan suyo.- ¡La verdad es que no tengo ni idea! -rió
llevándose la mano al cogote.-... Tenía pensado continuar mi viaje, pero
supongo que ahora que te he encontrado y con lo tarde que se ha hecho,
creo que mejor iré contigo a buscar una posada donde dormir. -
-No me refería a eso... -contestó Amelia.-...Sino a que piensas
hacer mañana, porque yo voy a seguir hacia Sadgria. Antes te dije que mi
oráculo me había indicado que debía venir a Atlas, y creo que sobre todo
era porque aquí debía encontrarme contigo.-
Shilfild la dirigió una larga mirada mientras que se sumía en sus propios
pensamientos, hasta que finalmente contestó:
- ...Creo que tienes razón; debería ir contigo, Amelia. Puede
que necesites mi ayuda. -Amelia dio un respingo al oír aquello, ¿Cómo
podía decir eso alguien que ni siquiera sabe conjurar una “ Flecha de
Fuego ” como es debido? Pero Shilfild sabía muy bien lo que se decía. - La
verdad es que estaba en peregrinación a Sairag ahora que se cumplen dos
años de su desaparición. Pero realmente no tenga nada mejor que hacer
yendo allí, y ahora que nos hemos encontrado, prefiero estar en compañía
de una amiga y más si realmente debíamos encontrarnos así. Además, puede
que tu hermana ya no esté en Sadgria y yo tengo buenas dotes de Oráculo
que pueden ayudarte a encontrarla... -
La princesa la escuchó atentamente y finalmente esbozó una amable sonrisa.
- Sí, es cierto... No se me había ocurrido pensar en eso y yo
no tengo ya todos los talismanes chalza que forman mi Oráculo, así que si
mi hermana ya no esta en Sadgria, me habría costado mucho dar con ella.
Puede que esa fuera la razón de que tuviera que reunirme contigo.-se
explicó.
-¡Gracias, Amelia; me alegro de poder acompañarte y serte de
ayuda! -dijo Shilfild con una sonrisa que la princesa le devolvió.
- Yo también... Por cierto, ¿cómo piensas acompañarme? ¡Yo
viajo a caballo y es pequeño para dos personas! -exclamó al darse cuenta
de ese detalle. Shilfild dio un respingo, tampoco había pensado en eso.-
¡Habrá que comprarte uno!-
-¿Un caballo, dices...? -preguntó la sacerdotisa recelosa.- Sé
montar, pero preferiría que fuese algo más tranquilito... Una mula, tal
vez.- sugirió esperanzada.
- Pues una mula. -contestó Amelia sin darle más vueltas y
Shilfild sonrió.- De acuerdo; entonces ahora iremos a buscar una posada,
mañana a por una mula y luego iremos a encontrar a mi hermana. -concluyó
alegremente mientras la tomaba por las manos.
Shilfild rió algo cohibida por el entusiasmo de su amiga, pero pronto su
expresión se volvió dura al reparar en Xeros, que había estado allí todo
el tiempo escuchándolas como si tal cosa.
- ¿Y tú que vas a hacer... Xeros? -preguntó en un tono
inusualmente duro en alguien como ella.
- ¡Oh, yo ya no tengo nada más que hacer, Shilfild! -contestó
con jovialidad sin dejar de sonreír. - Vine porque me aburría en el Plano
Astral y pensé en ver cómo estabais todos vosotros... Pero supongo que
ahora iré a otra ciudad en busca de Guías Turísticas de sitios
interesantes.-
Amelia le escuchó sin dudar de lo que decía pero rápidamente se dio cuenta
de algo que el demonio le había dicho.
- ¿Visitarnos a nosotros?, ¿Es que ya has visto a Zel, Lina y
Gaury? -preguntó perpleja por esa idea mientras que Shilfild miraba a uno
y luego a otro. Xeros asintió con la cabeza sin abandonar su expresión
risueña.- ¿Cómo están? -
- No te preocupes, están muy bien... Hasta puede que acabéis
encontrándoos todos. -
Amelia y Shilfild dieron un bote al oír lo que les había dicho el demonio.
- ¿Encontrarnos?, ¿cómo? -
-Lo siento; no puedo decíoslo... Es secreto.- y diciendo esto,
desapareció ante el estupor de las sacerdotisas y los transeúntes que no
estaban borrachos.
- ¡Odio cuando hace eso! -exclamó Amelia molesta.
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