Por:
Kybele
CAPITULO 3:
EL PRIMER DÍA DE CLASES
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Advertencia: Lo mismo de los capítulos anteriores. Pero quisiera ser la dueña de Hyoga, Camus, Milo y Kanon.
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En la Embajada (*)…
Gritos de “¡¡¡¡Demonios, demonios, demonios; voy tarde otra vez!!!!” se podían escuchar en la mansión. Por supuesto, que pertenecían a los Caballeros Pegaso y Cisne. Hyoga y Seiya entraron en la cocina a la velocidad de la luz (literalmente) y se dieron cuenta que Ikki, Shun y Shiryu habían terminado de desayunar y ya se marchaban.
- Ohhh, cielos. ¡¡Por qué no nos despertaron!! – dijo un apresurado Hyoga mientras buscaba algo para comer.
- ¿De qué hablas, ganso? – bufó Ikki – Nos pasamos MEDIA HORA de nuestras vidas intentando despertarlos. ¿Qué, acaso estaban hibernando o algo?
Hyoga le lanzó una feroz mirada a Ikki y deseó que el Caballero Fénix: a) se achicharrara ahí mismo (por supuesto que estaría de regreso en poco tiempo para molestarlo otra vez) o b) se marchara antes que lo congelara. Seiya sólo estaba tragando todo lo que tuviera frente a él, lo que dejó al pobre Hyoga con un desayuno bastante escaso.
Tan pronto como terminaron, salieron corriendo de la mansión para alcanzar a los demás o llegar a la escuela, lo que ocurriera primero.
En la Escuela Secundaria Juuban…
- Hola, Ames. ¿Cómo te va? – preguntó Lita cuando entró al salón de clases. Por supuesto, la Senshi de Mercurio había sido la primera en llegar a la escuela y también Lita había llegado temprano, como siempre.
- Muy bien. – contestó Amy – Oye, ¿has sabido algo de Mina desde ayer?
- No, aunque la llamé a su celular y a su casa pero no pude hablar con ella. Ha actuado muy raro últimamente, como si no fuera ella misma, me pregunto porqué…
- Espero que venga hoy a la escuela para que podamos hablar con ella, porque honestamente estoy un poco preocupada por ella.
- Sí, yo también.
Cuando sonó el timbre, una gota de sudor se les formó por el asiento vacío de Serena. Seguramente llegaría tarde. Pero justo cuando la profesora entraba al salón de clases, casi fue derribada por dos tornados rubios llamados Serena Tsukino y Mina Aino.
- ¡Sí, sí; lo hicimos, lo hicimos! – Serena estaba tan feliz que hubiese bailado de felicidad ahí mismo. Mina sólo le sonrió a su amiga y se sentó calladamente.
La profesora les lanzó una mirada agresiva y comenzó a hablar.
- Bien, estudiantes, espero que hayan tenido unas buenas vacaciones, pero antes de iniciar la lección de hoy, quiero presentarles a sus nuevos compañeros. Por favor, pasen, chicos. – dijo.
Todos los estudiantes, incluyendo las chicas, comenzaron a murmurar acerca de quiénes podrían ser y cosas así. De pronto, la puerta se abrió y cinco chicos entraron al aula. Automáticamente todas las chicas comenzaron a babear y a soñar despiertas, e incluso Amy se ruborizó.
- Estos son sus nuevos compañeros: Hyoga, Seiya, Ikki, Shun y Shiryu.
- Qué tal. – dijo Hyoga.
- Hola a todos. – dijo Seiya.
- Hey. – dijo Ikki.
- Gusto en conocerlos. – dijo Shun dulcemente.
- Buenos días. – dijo Shiryu.
Mina estudió a los chicos. Primero fijó sus ojos en Hyoga. Tenía cabello rubio que le llegaba a los hombros y ojos azules. Su piel estaba ligeramente bronceada y su bien formado cuerpo estaba cubierto por pantalones oscuros y una camiseta azul (*).
El chico Seiya era un poco más bajo que sus amigos, sin embargo era alto. Tenía cabello castaño y ojos cafés que brillaban con alegría. Tenía piel bronceada y usaba pantalones blancos y camiseta roja. También notó que Seiya y Hyoga se veían como si hubiesen estado corriendo. Por supuesto, ella no sabía que tuvieron que correr a velocidad normal, porque si hubiesen corrido a la velocidad de la luz, la gente se hubiera asustado.
Ikki parecía una persona un tanto antisocial, y tal vez un poco arrogante. Tenía cabello azul y ojos azul grisáceos, los cuales denotaban un carácter algo explosivo. Su piel era bronceada y usaba camiseta azul y pantalones rojos. Su cuerpo era musculoso.
Shun tenía piel clara y su aspecto era dulce y frágil. Tenía cabello verde que le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran verde azulado y usaba camiseta verde y pantalones blancos con tirantes.
Shiryu se veía como una persona meditativa, como Rei, pensó Mina. Talvez los emparejaría después. Tenía cabello negro largo y ojos oscuros. Su piel era clara y su cuerpo era musculoso. Usaba ropas estilo chino.
- Hyoga, siéntate junto a la señorita Aino en la tercera fila; Seiya y Shiryu siéntense junto a la señorita Tsukino, también en la tercera fila; Shun, siéntate junto a la señorita Mizuno en el frente y tú, Ikki, siéntate junto a la señorita Kino junto a la ventana.
Los chicos tomaron sus respectivos asientos y la clase inició. Lita veía a Ikki quien tenía una mirada como si dijera “soy el mejor y tengo un gran ego” combinada con una de “no quiero estar aquí”. Sorprendentemente, ella no lo encontró parecido a su antiguo novio, pero aún así le parecía apuesto.
Amy le ayudaba a Shun a entender lo que la profesora decía, aunque no era difícil para Amy hacer que Shun entendiera, ya que él era bastante inteligente. No obstante, era más difícil para ambos dejar de ruborizarse todo el tiempo. Serena se rió con Seiya durante todo el período. Si no hubiese sido por Shiryu quien los controlaba, seguramente hubiesen sido castigados. Mina veía discretamente a Hyoga tratando de averiguar porqué le resultaba tan difícil acercársele como lo hacía con los otros chicos. Por supuesto, ella también notó lo bien que se veía y pensó en cómo abordarlo. Hyoga también veía a Mina, sin que ella lo notara, claro. Se le quedó viendo a la Senshi rubia y finalmente le habló. Pero, lamentablemente la profesora también notó esto y sacó a ambos del aula.
- Lamento que te haya sacado de la clase por mi culpa. – dijo Hyoga. Genial, pensó él; hizo que sacaran del aula a la chica bonita. Probablemente ella se enojaría con él.
- ¿De qué hablas? ¡Era tan aburrido que realmente debo agradecértelo! – dijo Mina con una sonrisa.
- Da, supongo que tienes razón. – dijo Hyoga, ahora relajado.
- Oye, ¿eres de Japón? - preguntó Mina con una mirada de curiosidad en su rostro.
- Nyet, soy de Rusia. – dijo Hyoga, esperando que ella no se alejara de él (**).
- Oye, qué bueno. Me alegra saber que no soy la única persona extranjera que hay aquí. – dijo Mina.
- ¿Entonces, tú tampoco eres de aquí?
- No, soy de Inglaterra, pero mi padre es japonés. – dijo ella – Mmm, ¿de qué escuela vienes?
- Viví en Grecia. – dijo Hyoga. Por supuesto, que omitió la parte de luchara contra deidades que querían destruir el mundo; detalles, detalles.
- ¡Wow, eres ruso, viviste en Grecia Y hablas japonés! ¡Es increíble! – dijo Mina con sus ojos del tamaño de platos.
Hyoga se sonrojó y antes que pudiera decir algo el timbre sonó.
- Oye, ¿cuál es tu siguiente clase? – preguntó ella.
- Mmm… no sé. – contestó él tímidamente. Ella sonrió y vio su horario.
- Parece que tenemos la misma clase, Gimnasia. – dijo ella - ¡Qué suerte tengo! – pensó.
- ¿Podrías mostrarme dónde está el gimnasio?
- ¡Oh, por supuesto! Qué tonta soy, jajaja. – dijo ella ruborizada. Estaba como congelada y no iba a ninguna parte hasta que Hyoga le habló y la sacó de sus pensamientos. Caminaron juntos al gimnasio, donde los demás estaban (todos tenían Gimnasia).
Notas de la Autora:
(*) O Mansión Kido, si lo prefieren.
(**) La ropa de siempre de Hyoga.
(***) En Japón la gente es xenofóbica, claro que no toda la gente.
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