Por
Nakokun
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Después
de discutirlo mucho, se decidió que Chiro se quedaría, pero los monos volverían
al cyber robot (de todos modos, no podían dejarlo abandonado tanto tiempo)
Mikla parecía encantado, y no había nada malo en él, al menos a primera vista.
Los monos revisaron todos los pergaminos, y concordaron en que eran del
Alquimista, antes de ser contaminado por la maldad y convertirse en el Rey
Esqueleto. Supusieron que le habían dicho a sus descendientes que había desaparecido.
-Sigo
sin confiar del todo en él- dijo Antauri, en el robot.
-Bueno,
nos han rescatado, reparado, están cuidando a Chiro y le debemos mucho. Lo
menos que podemos hacer es agradecerles y darles algo de crédito- dijo Nova.
-Además,
no hay componente extraños en nosotros. No han colocado ningún dispositivo de
ningún tipo en nosotros, y Chiro se recupera rápido- la apoyó Gibson.
-Pero
es demasiado sospechoso que justo hayan pasado en el momento apropiado... –
siguió el mono negro.
-Viejo,
ya te dijimos que no tienes la culpa, así que deja de preocuparte de más- le
dijo Sparks.
-De
todos modos, Chiro estará con nosotros en siete días más- dijo Otto -¿Qué puede
pasar en siete días?-
-MUCHAS
cosas- dijo Antauri, serio.
.-.
Empezaba
a extrañarlos.
Era
raro extrañar a una persona que se tiene tan cerca y, al mismo tiempo, a otra
que estaba no tan cerca, pero tampoco lejos. Extrañaba a Antauri más que a los
otros monos, y eso no le parecía para nada raro. Después de todo, le había
ayudado a superar... el trauma de la ilusión.
Pero
también extrañaba a Mikla, en especial a su calor. Chiro no entendía cómo era
posible que cada noche ansiara más
estar con él en la misma cama. Lo había conocido apenas un par de días atrás, y
su piel ya ardía en cuanto sentía su peso sobre el colchón. Porque no iba a
dejar que durmiera en el piso, siendo que era su cama la que estaba ocupando. Y
sólo podía dormirse cuando él lo abrazaba, pensando que Chiro estaba dormido.
No lo
entendía. Y no debería estar pasando, porque sentía que algo andaba mal. A la
cuarta noche desde su despertar, se encontró excitado ante el abrazo por la
espalda de Mikla. Y sabía cuál era la solución más a mano, pero no quería que
el otro descubriera que se estaba masturbando. Trató de dormirse, pero Mikla
era embriagante. Era atractivo, eso lo había notado desde el primer sonrojo que
había tenido al despertar en su cama, con él abrazándolo. Pero sabía que, si
sólo lo excitaba, no estaba bien. Debía haber un sentimiento de por medio, o
sino, sentiría que lo estaba usando. Y él no era así.
La
madre de Mikla subía a diario a curarlo, y se alegraba al ver que sus heridas
estaban cerrándose rápido. Y fue en el sexto día en que lo notó, quizás porque
estaba lo suficientemente curado, o porque ya había ordenado sus ideas.
Veía
a su alrededor una energía conocida, aunque “ver” no era la palabra adecuada.
Lo percibía, y sabía bien qué era, aunque no entendía cómo era posible.
El
Poder Primate.
Aún
no estaba del todo despierto, pero sabía que el castaño debía sospechar algo,
al menos. Por un segundo pensó que podía tener algo que ver con el Rey
Esqueleto, pero se reprochó a sí mismo el haberlo pensado. Mikla y su familia
los habían salvado, a él y a sus monos, y él pensaba ésas cosas. Era una
malagradecido. Quizás había otro Elegido, o quizás estaba viendo al padre de
quien lo sucedería. Como sea, prefirió esperar hasta el último momento para
exponer sus dudas.
Esperó
hasta que Mikla se acostó a su lado. Pero no podía dormirse. Pasaron dos horas
y no había pegado ojo. Escuchó suspirar a Mikla y esperó, atento, aunque no
sabía qué.
-No
sabes cuánto tiempo esperé- dijo el castaño, en un susurro casi inaudible
–Tantos años de verte de lejos, de esperar que el destino nos juntara, y ahora que
te estoy abrazando, no puedo decírtelo-
Pausa.
Chiro
no se movió.
-Si
no te lo digo, voy a explotar. Aunque estés dormido, y no me escuches- siguió
susurrando –siempre he deseado que me notaras. Que te fijaras en mí. Sos mi
primer y único amor y cada segundo que pasa es un placer al tenerte tan cerca y
un dolor porque sé que será un segundo menos para tu partida. Sueño con estar a
tu lado, aunque sea como amigo, y admirarte en secreto. Ansío tu alma y tu
corazón, aunque ya tengan dueño, porque sé que se las entregarás a quien tu
desees. Y eso es como un veneno dulce, que mata lentamente. Te amo más que a mi
vida, y lo que más deseo es que me correspondas-
Y
después, nada. Chiro se quedó paralizado, pensando en lo que había oído. Supo
que no era la primera vez que se lo decía, y se resistió con toda la fuerza de
voluntad al temblor que amenazaba su cuerpo. Pero estaba feliz. Si tenía alguna
duda sobre qué hacer antes, ahora lo tenía bien claro.
.-.
A Antauri le cayó como balde de agua fría.
Pensaba
que se irían y que Chiro volvería con ellos, pero no se esperaba que lo trajera
a él. La sonrisa se le borró enseguida cuando escuchó al Elegido decir
que el castaño vendría con ellos. Cuando le pidieron explicaciones, casi se cae
de la impresión.
Había
otro muchacho con el Poder Primate.
Y
tenían que enseñarle a Mikla cómo usarlo, al menos, hasta que Chiro recuperara
el suyo. Antauri no sabía qué cara poner ante la noticia. Por un lado, el tener
de vuelta a Chiro, sano, y al Poder Primate (aunque separados) era una
excelente noticia. Por el otro, sospechaba que ése Mikla iba a ser un problema.
Y uno grande. Pero si Chiro se lo pedía, él le haría caso. Y el resto de los
monos también, por más que Chiro dijera que dormirían en la misma cama, hasta
que consiguieran otra para el castaño.
Y a
Mikla pareció gustarle la idea.
-Pero,
si soy una molestia, puedo dormir en un sillón o... – decía Mikla.
-Nada-
lo cortó Chiro –Vos hiciste lo mismo cuando yo estaba herido, y es la mejor
opción disponible. Además, ya me empezaba a acostumbrar a tenerte cerca- Lo
último lo dijo de espaldas al castaño, para que no se le notara el sonrojo.
-Eh...
Bueno-
.-.
Cuando
llegó la hora de dormir, Antauri se veía algo extraño. Otto, Spatrks y Gibson
no entendían, pero Nova creía saber lo que pasaba. Esperó a que todos se fueran
a sus habitaciones para acercarse a Antauri, quien fingía meditar. El mono
negro se sorprendió al ver quien era Nova la que le tocaba el hombro.
-¿Qué
sucede?- le preguntó, tratando de aparentar normalidad.
-Estás
celoso- fue lo único que le dijo la mona amarilla, y observó la reacción del
otro.
Primero
se sorprendió, y después trató de negarlo. ¿Celoso? ¿Él? ¿De que? ¿De quién?
¿Tenía que sentirse celoso porque estaban todos bien y había una persona más en
el cyber robot? ¿Acaso no podía preocuparse por Chiro?
-Te
estás vendiendo solo, Antauri-
Se
dio por vencido y al final, lo aceptó.
-Sí,
estoy celoso de Mikla. Y sí, me molesta verlo tan cerca de Chiro todo el
tiempo. ¿Acaso está mal?-
-Creo
que te preocupás demasiado. Fue una suerte que encontráramos a Mikla, y más aún
que nos encontraran a nosotros. Nos rescataron y salvaron a Chiro-
-Si,
y fue una suerte demasiado grande-
-Antauri...
–
-¿Qué?-
-¿Por
qué no le dijiste a Chiro que te gusta?-
Después
de reponerse de la caída por la sorpresa, le contestó.
-Porque
somos de especies diferentes- se miró las patas delanteras –Me siento mal por
no ser un humano o algo similar, por no ser un ser vivo completo, en vez de
un... juguete avanzado de metal. Sé que Chiro nos ve como sus amigos, pero sé
que esta diferencia existe, por más que a él no le importe. En cambio Mikla...
No sólo es de su misma especie, sino que es casi de su misma edad. Y sé que
tendrá que estar mucho tiempo con Chiro, paras entrenar, y eso será sólo al
principio-
-Pero
no te olvides que también deberá entrenar con nosotros- dijo Nova, como quien
no quiere la cosa.
Y a
Antauri le cayó como piedra al hígado.
.-.
Chiro
y Mikla estaban acostados en la cama del primero. Mikla dormía, pero Chiro no
podía hacerlo. Tenía demasiadas cosas en la cabeza, y más ahora que tendría que
enseñarle todo lo que sabía a Mikla. Y pensaba en cómo el destino lo había
llevado a esta situación. ¿Acaso estaba escrito que eso debía pasar? ¿Que debía
perder sus poderes y entrenar a quien los tuviera? ¿Y por qué, de todas las
cosas, había perdido el Poder Primate? ¿Acaso eso del Elegido no era de por
vida, sino un título que se pasaba? ¿Y por qué tenía la sensación que se estaba
olvidando de algo?
El
rostro del Rey Esqueleto. Eso lo recordaba. Después estaban en la base,
buscando el antídoto para el veneno de los cangrejos-esqueleto. Y después la
explosión y el vacío. Recordaba haberse despertado con Mikla, dormido, en la
misma cama. Como ahora. Pero algo se le pasaba por alto. Y le empezaba a doler
la cabeza de tanto pensar. Había algo, pero no podía...
-¿Estás
bien?-
La
voz suave en su oído lo sobresaltó un poco. Estaba temblando, y había desperado
a Mikla, quien lo miraba preocupado.
-Estaba...
tratando de acordarme de algunas cosas, nada más- dijo Chiro, algo nervioso.
-¿Y
por qué estás llorando?-
-¿Eh?-
Mikla
le tocó el rostro, debajo de sus ojos. Cuando sus dedos volvieron a entrar en
el campo visual del pelinegro, estaban húmedas. Se tocó el rostro, y comprobó
que había estado llorando.
-¿Querés
hablarme de algo?-
Chiro
lo miró directo a los ojos.
-Estoy
olvidándome de algo importante- le dijo, sin rodeos –Algo relacionado con el
Rey Esqueleto, y sé que fue algo muy... desagradable, aunque esa no es la
palabra. Y también sé que me estoy olvidando de otras cosas-
-Chiro,
creo que deberías dejar de presionarte-
-¿Qué?-
miró al otro chico, atónito.
Azul
contra verde.
-Sé
que cambiaron muchas cosas en tu vida, de forma muy violenta. Y aún debes estar
bajo el efecto del choque post-traumático. Es inevitable que te olvides de
algunas cosas, y que trates de seguir como antes. Lamento ser parte de esos
giros bruscos en tu vida, pero voy a tratar de evitarte el sufrimiento-
-¿Qué?-
Estaban
levantados, cada uno apoyado con un codo sobre el colchón. Mikla se llevó una
mano a la boca, y se incorporó. Chiro lo siguió, confundido. Cuando el castaño
se dio vuelta, lo tomó con suavidad de la nuca y abrazó su cintura.
No se
la veía venir. Cuando se dio cuenta, Mikla lo estaba besando con ternura en los
labios, y su lengua estaba explorando su boca. Se sentía bien, aunque era algo
raro estar en ésa situación. Mikla le gustaba, de eso estaba seguro, y él
estaba loco por él. ¿Por qué no intentarlo, después de todo? Si tenían que
convivir, mejor que se llevaran bien. Se dejó llevar por el beso, hasta que
sintió un gusto extraño, ajeno a sus bocas. Se disolvió enseguida en su
paladar, y empezó a sentirse pesado.
Quizás
Mikla le había dado un somnífero, o un tranquilizante. Cerró los ojos y dejó
que su cuerpo fuera sostenido por los brazos del castaño, quien lo acomodó en
la cama. Después, se acurrucó contra su cuerpo, como si fuera Mikla el que
quisiera ser protegido. Sentía el calor de alguien a su lado y eso lo
tranquilizaba, y se sumergió en el sueño.
.-.
A la
mañana siguiente, se sentía mejor. Con energía renovada, se despertó junto a
Mikla, y, por un momento, experimentó un deja vú. Pero entonces recordó todo lo
que había pasado, y que ése día empezarían con el entrenamiento. Se levantó con
cuidado de no despertar al castaño, y se vistió en silencio. Cuando volvió del
baño, mucho más despierto que al entrar, Mikla se frotaba los ojos y se
desperezaba, aún acostado.
-Muy
buenos días, Mikla- dijo Chiro, con una sonrisa.
-Muy
buenos días, Chiro- respondió el castaño, con la voz con algo de sueño -¿Te
sentís mejor?-
-Como
nunca. Hacía mucho que no dormía tan bien-
-¿Podrías
decirme en dónde me puedo cambiar?-
Cuando
Mikla volvió, Chiro ya había tendido la cama y estaba guardando las cosas del
castaño en un armario.
-Yo
estaba pensando en hacer eso- dijo el otro, ya con su trenza hecha.
-Pero
da igual, de todos modos, sólo he acomodado tu ropa. El resto de tus cosas las
vas a tener que ordenar vos solito- le dijo el otro, con una sonrisa pícara.
-Ok-
y los dos se rieron.
.-.
El
cambio era muy notorio. Los monos vieron llegar a los dos chicos, después del
desayuno, listos para entrenar. Y esa no fue la única sorpresa del día: por
primera vez, Antauri recibió un golpe directo de Nova.
Fue
una suerte que los dos chicos estuvieran entrenando solos, porque así no verían
su humillante estado, pensó Antauri.
-¿Antauri?
¿Estás bien?- le preguntó Nova, preocupada -¡Lamento mucho haberte pegado tan
fuerte! Es que pensé que ibas a esquivarlo y por eso no me... –
-Sobreviviré,
no te preocupes- le respondió el mono negro, pero no la miraba a ella.
-Oye
viejo, ¿estás seguro que no te pasa nada?- le preguntó Sparks –Nunca te habían
golpeado por estar distraído-
-Siempre
hay una primera vez para todo- dijo Gibson –Y esta fue muy espectacular-
--Una
que no volverá a repetirse- dijo el mono negro, algo enojado, más consigo mismo
que con otra persona. Castaña, por si quedaba alguna duda –Estoy algo
confundido por los giros de nuestra situación, eso es todo-
-La
próxima vez, traeré algo para recordar este momento y asegurarme que no es un
sueño loco- dijo Otto, y esquivó un almohadón que le tiró Nova -¡Hey!-
-Otto,
no lo molestes y sigamos entrenando-
.-.
Mientras
tanto, Chiro intentaba explicarle a Mikla cómo canalizar la energía del Poder
Primate. El castaño aprendía rápido, aunque le costaba un poco entender la
naturaleza de ésa poder, y Chiro prefería evitar el tema.
-Antauri
lo entiende mejor que yo- le dijo, al fin.
-Pero
si sos vos quien lo ha tenido durante todo este tiempo, ¿no deberías saber
cosas que Antauri no?- quiso saber el otro.
-Es
que aún no había descubierto todo lo que... Podía hacer. Algunas cosas, nada
más-
-No
seas modesto. Sé la dimensión de tus habilidades-
-De
las que eran mis habilidades-
-¿Cómo?-
Al
mirar a Mikla se dio cuenta que aún no le había dicho que había perdido sus
poderes. No se acordaba cómo, pero sabía que ya no los tenía. Trató de elegir
bien las palabras, para no generar algo de lo que después se arrepentiría.
-Es
que han pasado algunas cosas y, al parecer, eres más apto que yo para llevar el
Poder Primate- tomó aire y siguió –Los he perdido, y después te encontramos. Es
por eso que creo que ahora tenés más aptitudes para ser... Quien los use-
-Pero
nadie va a poder tomar tu lugar en el equipo, si le tenés miedo a eso-
-Sí,
creo que a eso también le tenía miedo-
-¿También?-
Mikla estaba extrañado -¿Tenías miedo que yo... te hiciera daño?-
-No
es eso. Se trata de otras cosas-
-¿Quieres
hablar conmigo de eso?-
-Sí-
-Te
escucho-
Chiro
tomó aire, cerró los ojos y suspiró.
-Ese
es el problema- dijo, y lo miró a los ojos –No lo recuerdo. Sé que hace unos
días estaba claro en mi mente, y sé que fue algo que no quiero volver a sufrir,
pero no puedo acordarme qué era-
-Quizás
es el estrés post-traumático. Puede ser largo-
-Pero
quiero saber qué pasó, por más que no quiera volver a estar... en esa
situación- cerró los ojos con fuerza, recordando el sentimiento de rabia, dolor
y miedo.
-No
te sulfures- Mikla le tomó la cabeza con las manos e hizo que lo mirara a los
ojos –Mientras más te esfuerces, más vas a bloquearte. Relajate un poco-
-Es
difícil-
Primero
lo sintió en la frente y luego en los labios. Y allí se quedó. Mikla lo estaba
besando con ternura, y eso lo sorprendió. Creyó acordarse de algo que lo hizo
tranquilizarse, y se dejó besar. Cuando el contacto terminó, el castaño estaba
sonriendo.
-¿Estás
más relajado ahora?-
-Sí...
Mucho-
-Entonces
volvamos a entrenar-
.-.
.-.
Ah,
este capítulo costó, pero al fin lo he terminado. Espero que les guste, porque
en el próximo quizás me odien. Y si se preguntan en dónde estarán los monos, ya
lo sabrán.
Nos
leemos
Nakokun
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