Nota: para entender la trama de este fic, es mejor que hayas leído alguna vez el manga Gundam W Episode 0 o al menos sepas de que se trata. Los espero en las notas de abajo con mi parloteo incesante. Vicky Yun.

  

GUERRAS PERDIDAS’ SIDESTORY I

Locura de amor (Lady Une’ story)

Por
Vicky Yun

Capítulo 1: La vida de las mujeres infames, parte 2

A los dos días volvimos a la reservación en búsqueda de más comida. Apenas entramos al salón, yo sentí el peligro rondándonos: en el olor a alcohol de aquel sujeto, en el silencio que rodeaba la habitación. ¿Cómo no íbamos a estar en peligro, si solo éramos dos niñas sin nadie que nos cuidase? Y eso los adultos lo detectan, se dan cuenta de que hay determinadas personas por las que nadie va a ir reclamar nada. De todos modos no estaba preocupada, yo ya tenía un plan. Pero lo que yo no sabía, es que también tenían un plan  para mi. Ese día no llevé la muñeca, pero no tenía las manos vacías....

 

-Ustedes dos... Volvieron. –dice el hombre antes de tomar otro trago de su ginebra.

-Anne...

-Dame los tickets, tú espérame afuera. –ordena la mayor mientras le muestra el arma en el bolsillo de su chaqueta.

Midii hace lo que le piden y sale al patio. Ella mira al cielo: piensa que el sol ya se está alejando de la Tierra y por eso hace más frío. Y en ese momento un grito desesperado clama por su persona.

-¡Auxilio! ¡Midii!

La niña más chica entra a toda velocidad, para encontrarse con su prima sujeta de los brazos y apoyada contra la mesa clamando por auxilio en vano. Ella trata de alcanzar el arma de su chaqueta, pero no puede, entonces el soldado se la quita y la arroja al suelo.

 

-¿Y qué hiciste? –pregunta la hija de Treize casi temblando con la respuesta.

-Nada. No pude hacer nada. Estaba petrificada de terror. Fue la única vez que le  pedí a mi madre que dónde fuese que estuviera me ayudase. Recuerdo que me quitó el arma y que cayó a unos metros del suelo. Seguramente pensó que Midii había corrido. Pero no fue así...

 

-¡ANNE!!!!

Unos pocos metros separaban a Midii de la pistola, ella corre y se abalanza sobre ella. Apunta el cañón hacia donde están Anne y su atacante, las manos le tiemblan como si fueran a desprenderse de su cuerpo. El metal se siente frío, y el miedo congelante. Midii quiere exclamar algo, amenazarlo para que suelte a su prima...

 

...pero el disparo suena primero.

 

Para cuando llega a reaccionar, ve sus manos llenas de pólvora. Levanta la vista hacia el frente: el disparo había pasado apenas unos centímetros al lado de su prima y había dado justo en el corazón del soldado, provocándole la muerte inmediata. Ahora el metal se siente caliente en las manos. Horrorizada suelta el arma que cae al suelo.

Anne mira la imagen del cuerpo sin vida del hombre y el charco de sangre que comienza a formarse en el piso. Un mínimo empujón basta para que caiga al suelo, entonces se aleja de él y va con la otra chica. 

Midii no puede reaccionar: quisiese decir algo, pero las palabras se le atragantan antes de salir; aún está temblando, tanto que las piernas no le responden.

-Yo... yo no... –murmura ahogada con las lágrimas.

-Él se lo buscó... tú no hiciste nada. –responde Anne mientras se enjuaga su propio llanto.

-Fue un accidente... –mira a su prima. -¡Tenemos que decir la verdad! ¡Si nos entregamos quizás...!

-No, no nos van a creer. Tenemos que tener la mente fría, tenemos que pensar.

Anne vuelve a acercarse al cadáver y sacándose el saco de lana que llevaba, toma el arma y la limpia, para luego volver a introducirla dentro de sus ropas.

-Ya deben haber oído el disparo, pronto vendrán a esta zona.  –Tenemos que hacer desaparecer la pistola. Sin arma, no hay asesino.

-No sé si voy a poder... –le dice su prima menor, con las piernas y la voz temblorosas. –Vete tú, yo me quedaré...

-Confía en mí, vamos a salir... Vamos a irnos por la puerta de proveedores, y después seguimos la rivera del río.

Anne comienza a caminar, Midii hace un esfuerzo para seguirla, pero no puede, los nervios se lo impiden.

-No puedo, no puedo...

-Sí podemos. Sólo mantente cerca de mí.

Un ruido de perros ladrando se escucha cerca, Anne toma la mano de su prima y corren hacia la puerta de salida.

 

Afortunadamente no tuvimos problemas en la otra puerta, luego fuimos hasta la rivera, para arrojar el arma al río. Nos quedamos allí largo rato, mirando las aguas y sin decirnos nada. Cada una era culpable e inocente al mismo tiempo. Antes del anochecer emprendimos el regreso, Midii estaba nerviosa de qué dirían sus hermanos cuando la vieran llegar sin la comida, pero ese era un problema menor...

Cuando llegamos a la casa, mi tío ya estaba enterado de las noticias en el refugio y para peor, justo se le había ocurrido abrir el cajón dónde guardaba la pistola. No le costó mucho atar los cabos, además Midii no sabía fingir... no, yo diría que no sabía manejar su nerviosismo. Por más que traté de simplemente disimularlo, apenas su padre nos cerró la puerta de la cocina y nos encerró allí, se quebró.

 

Benjamín Une mira seria a las muchachitas. Ya tiene preparado el cinturón en caso de necesidad. Su hija está muy asustada, nunca había visto a su padre tan molesto como para amenazar con pegarle. Anne no dice nada. Sus ojos se posaron en Anne antes de preguntar:

-¿Quién de ustedes fue?

Anne y Midii se miraron entre ellas; podían mentir, traicionarse entre ellas, y también podían decir la verdad. Si Midii dice la verdad, le castigarían, pero no sería demasiado duro con ella. Pero si acusa a Anne, puede ser el fin para la mayor. Podía inmolarse como Jesús, o traicionar como Judas Iscariote.

-¡Yo fui papá, yo lo hice! ¡No quise hacerlo, es que no sabía como usar el arma! ¡No quise hacerlo! ¡Perdóname, por favor!

-¿Y qué fue lo que pasó?

-¡Es que fuimos a buscar las cajas... y le habían dicho a Anne que fuese sola, entonces yo me quedé en la puerta esperando, y la sentí gritar! Entonces entré y yo no sabía que le iba a hacer y yo me asusté y...! ¡Se disparó sola, se disparó sola! ¡Te lo juro por mamá que se disparó sola!

La más pequeña comienza a llorar, mientras su prima no dice nada. No tiene porqué hacerlo, ella no hizo nada, pero en cierta forma se sentía culpable...

-¿Y qué hicieron con el arma?

-Limpiamos las huellas... y la arrojamos al río. –se atreve a hablar la mayor. –Después vinimos para aquí como siempre. Nadie nos paró ni nos preguntó nada.

-¿Qué vamos a hacer, papá?

-Nada. Por ahora. –contesta Benjamín. –Vamos a seguir nuestra vida como hasta ahora. Pero ya no podemos ir a pedir cupones a la dependencia, así que vamos a tener que buscar comida por otro lado.

-Perdóname, por favor, papá....

-Está bien, Midii. ¿Cómo no voy a perdonarte si eres mi única hija? –dice, y luego la abraza.

 

Esa fue la manera de mi prima de procesar lo que había pasado. Recuerdo que mi tío se acercó a ella y la abrazó hasta que paró de llorar... pero a mi ni siquiera me miró...  Para él,  yo era la culpable, la que había hecho que su pequeña se volviera una asesina...

Pero, si bien era evidente que yo tenía mucho más temple que ella a la hora de enfrentar la presión, yo también tuve que procesar mi culpa. No la culpa de lo que había hecho, en ese sentido yo era inocente. Era lo culpa de lo que no había podido hacer por mi propia inacción.  Yo también estaba muy asustada y había sufrido tanto como ella... esa noche  no pude dormir, tuve puras pesadillas...

 

-¿Y qué soñabas?

-Bueno... era extraño, como todos los sueños. Recuerdo que veía a mi padre marcharse por la puerta de mi antigua casa y a mi madre llorando y pidiéndole que no se fuera...

-Pero si tú dijiste que no recordabas nada de tu padre, ni como era ni cuando te dejó... –pregunta Marimeia con intriga.

-Pues si, es verdad. Yo no me acordaba de eso... aunque ahora que lo pienso es que sí me acordaba... –a la mente de Lady Une viene un interrogante. -¿O sería una premonición de lo que vendría?  Pero no mezclemos las cosas...

 

El sueño era siempre igual. Todas las noches mis padres discutían, y entonces él se iba para nunca más volver. Mi madre se aferraba a él y le suplicaba que no se fuese. Yo estaba allí, sujetando la muñeca y lo veía todo... Entonces me pedía que hiciera algo para que no se fuera, y ahí me veía con la edad que tenía en ese momento, yo miraba mis manos y en vez de la muñeca tenía el arma de mi tío. Yo le apuntaba con el arma a mi padre y le disparaba, y caía al suelo... Enseguida entraban los hombres del ejército por otra puerta y me sujetaban. Yo gritaba y le pedía a mi mamá que me ayudase, pero cuando volteo a verla, ella estaba en un charco de sangre, muerta en el suelo... Y después me despertaba violentamente... si, así era...

Pero la historia no terminaba allí... solo fue el principio del fin... Midii creía que ya todo había pasado, que después de dos meses ya no había peligro de que nos encuentren, pero yo no estaba tan segura... Durante ese tiempo permanecía casi sin dormir, o soñando pesadillas... y en una de esas noches de insomnio me levanté a buscar agua a la cocina.  Cuando estaba por entrar, escuché a mi tío murmurar con un hombre que yo no conocía... Hablaban de mí, y también de mi madre. Fue la única vez que yo lo escuché decir algo sobre ella, en cierto modo ella era casi tan desconocida para mí como mi propio padre...

 

-Estoy preocupado por Anne... –dice Benjamín Une. –Temo que haya heredado la misma locura de mi hermana...

-Tiene que deshacerse de ella... –le contesta el otro hombre. –Puede entregársela al ejército. Allí se ocupan mucho de los huérfanos, los alistan en la escuela de cadetes.

-No lo sé,  yo... es la hija de mi hermana...

Yo la quería a mi hermana. Ella ya era adolescente cuando yo aún usaba pantalones cortos... –se ríe tristemente. -Nunca fuimos gente de mucho dinero, había que trabajar para comer, más después de la muerte de nuestra madre, pero de algún modo íbamos viviendo... Después ella conoció al tipo ese que le arruinó la vida y nos dejamos de ver. Yo me casé con  mi esposa, que Dios la guarde en su gloria, tuvimos a los chicos...

Hubo un momento que estábamos muy mal de dinero, acababa de nacer nuestro tercer hijo, entonces yo la fui a ver a mi hermana y ahí me enteré que el tipo la había dejado y con una hija para peor... Ya en ese momento estaba mal de la cabeza, me gritó y me echó... a mi, a su hermanito pequeño, ¿ve? Nunca voy a olvidar como me sentí ese día, por eso no quiero que mis hijos se separen. Los pobres lo único que tenemos es la familia... 

-Bueno, yo por eso había pensado en usted, Benjamín. –le responde el otro hombre. –En general, para ir a vivir a las colonias piden matrimonio con dos hijos,  pero como usted es viudo había un lugar más... a lo mejor si les pide le dejan otro para el nene más chiquito, pero ya si son cinco... se hace un poco difícil, más siendo que la niña mayor no es su hija...

-Y... es que mi sobrina algo nos ayuda, pero la verdad ahora se hizo medio complicado, porque no se adapta como debería, yo creo que son los genes del padre, porque nosotros siempre supimos conformarnos con lo que había... Y ahora ha cambiado mucho, se comporta muy extraña...

-¿Pero les ha hecho algo?

Une hace silencio: piensa en el incidente en la reservación, pero no puede hablar de ello, entonces solo dice...

-Aún no, pero pronto se convertirá en un peligro para todos. Yo tengo cuatro hijos y no puedo permitir que los dañe... tampoco la quiero abandonar así, pero primero tengo que pensar en mi familia...

 

La guerra se iba acercando día a día más hacia nosotros. Los medios de comunicación mentían, decían que no habían problemas ningún tipo de problemas con las Colonias. Pero era mentira. La Tierra estaba llena de espías de las Colonias, y las Colonias estaban llenas de espías de la Alianza. Europa oriental fue una de las primeras zonas afectadas. En el poblado donde vivíamos, ya toda la gente comenzaba a evacuar. Pero nosotros nos seguíamos quedando...

 

Anne está mirando por la ventana con su muñeca en brazos. En el cuarto entra Midii arrastrando una bolsa.

-Todos se están yendo. Los vecinos de al lado nos dejaron algunos muebles...

-Pues claro, ¿qué se van a quedar haciendo en este pueblo enfermo? –le contesta su prima mayor. –Dentro de poco solo vamos a quedar las ratas y nosotros...

-No podemos irnos. Papá tiene trabajo aquí en el astillero. Mira Anne, nos dejaron ropas. Hay algunos vestidos. ¿No quieres probarte nada?

-Úsalos tú. Yo no necesito nada...

La rubiecita no responde nada, sólo baja la mirada y se sienta sobre la cama. Su prima mayor vuelve a hablar:

-Yo no soy como tú. Un día, creceré y me largaré bien lejos de aquí, ya verás. No volveré a comer estos desperdicios ni usar estos harapos jamás.

-Yo no puedo irme... mi padre y mis hermanos me necesitan.

-¡Olvídate de ellos también! –le grita Anne. –¿Crees que si pudieran hacerlo no se librarían de ti?

-¿Y si pudieras irte? ¿Lo harías?

-¡Claro que lo haré! ¡Me iré bien lejos, a dónde nadie me conozca! –exclama antes de salir de la habitación.

La chica sale corriendo de la casa hacia el baldío, y como ya no tiene el arma, comienza a lanzarle piedras a la lata, obteniendo pocos resultados. Midii la observa por la ventana mientras entra uno de sus hermanos menores.

-Hermana, ¿qué le pasa a la prima Anne? –le pregunta el niño.

-No lo sé, Ben, no lo sé...

 

Resulta ser que yo aún conservaba la muñeca de porcelana. Tenía un enorme vestido rojo de terciopelo, con preciosos volados y una corona dorada. No era cualquier muñeca, era la representación de una zarina rusa y era muy costosa. Constantemente Midii miraba esa muñeca, pero yo no la dejaba tocarla sin mi autorización. Sé que era una actitud egoísta, pero simplemente ¡todo era compartido! La comida, el cuarto, la ropa. Esa era la única cosa que realmente me pertenecía. Estaba harta de todo...

Pero finalmente, llegó el día en que debí dejarme de preocupar por ello. Una camioneta verde se estacionó frente a la casa. Era una furgón de la Alianza de la Esfera Terrestre. Un oficial bajó y pidió hablar con mi tío por un asunto muy delicado: la muerte de un soldado de la reservación.

Yo estaba en el terreno baldío en ese momento, y por poco entro a la casa por la puerta de adelante, pero vi el camión así que me volví sobre mis pasos. Mi tío trató de negar cualquier conocimiento sobre el tema, pero era evidente que algo sabían...

 

...y según nuestra investigación, un testigo vio cuando dos niñas se iban de la reservación en la misma hora que se produjo la muerte. La descripción coincide con la de sus hijas y era sabido que ellas solían ir a buscar tickets, pero desde ese día no se las ha vuelto a ver por allí.

-Es imposible... ellas son buenas niñas, yo... –trata de disculparlas el señor Une, pero en vano. –Es que han tenido que ayudarme a mí, por eso no las he enviado, pero no por nada en especial...

-No tiene sentido esconder la verdad. –responde el capitán a cargo de la investigación. –Si trata de cubrirlas, usted también será acusado por cómplice y será peor.

-¿Y que harán con... con el asesino?

-La ley prohíbe juzgar a los menores así que sería enviada a algún reformatorio. –explica el capitán. –Pero los lugares están colapsados, y en estos tiempos tan tormentosos, el ejército es un buen lugar para reformar a la juventud. Piense bien lo que va a hacer señor Une. Si colabora, podemos ofrecerle un trato para el resto de la familia. Pero si no, será enviado a prisión y sus otros hijos a diferentes orfanatos. No vale la pena arriesgar el futuro de todos por uno solo...

-Espere un momento, voy a hablar con mi hija...

Benjamín llama a Midii que observa detrás de la puerta, junto con sus otros hermanos. Cuando se acerca, su padre la acerca contra sí y le dice:

-Nos descubrieron. Tienes que delatar a Anne, es lo mejor para todos...

-No puedo acusarla, ella me ayudó... –responde su hija.

-No digas eso, Midii. Si no fue ella, fuiste tú la que le disparó a ese hombre y tendría que entregarte al ejercito. Y yo no quiero entregar a mi hija...

-Pero si acuso a Anne yo...

Los ojos claros de Midii centellaron por un instante; su padre tenía una mirada triste, la misma que había visto el día que se llevaron el cuerpo de su madre al cementerio. Nunca había olvidado esa mirada, y tampoco pensó jamás en volverla a ver alguna vez.

-Piensa bien lo que le vas a decir. Anne se está volviendo loca, como su madre. Y si el ejercito cree que fuiste tú, te llevarán de aquí y no te volveré a ver nunca más. Tú eres mi hija, ¡y yo no puedo permitir que pase eso!

-Perdóname papá, pero yo no puedo mentir. Lo siento mucho...

Midii se va llorando hacia el cuarto vacío y ve la muñeca de Anne...

 

Entonces ella... ella tomó la muñeca. ¡Dios, si tan sólo no hubiera tomado esa muñeca!

 

-¡¿Qué haces con eso?! –grita la dueña al entrar. -¡Te dije que no la tocaras!

-Vinieron a preguntar por el asesino del hombre de la reservación....

-No puede ser...

La mirada de Midii brilla con tanta decisión como la incertidumbre en la de Anne. De un momento a otro, tiene el poder de decidir por el destino de todos, por primera vez es quien pone las leyes...

-Quiero que me des la muñeca, Anne... Mi silencio por tu muñeca. Tú escoges.

 

Era el único regalo de mi madre, lo único realmente mío... no podía permitirlo...

 

-¡Claro que no! –exclama Anne.

Midii toma la muñeca e intenta retenerla, entonces huye del cuarto. Su prima se lanza a la persecución y logra alcanzarla cuando están llegando a la habitación donde Benjamín y los hombres aún conversan. Cuando Anne logra asirla del saco, se lanza sobre ella y comienzan a pelear a los golpes. La menor aún sujeta la muñeca, pero la fuerza de su prima es mayor y la sujeta del cuello a punto de ahogarla.

 

Solo... solo con presionar un poco más la yema de los dedos... yo creía que la tenía atrapada, pero en verdad la atrapada fui yo...

 

-¡Suéltala! ¡Te dije que la sueltes!

-¡Está bien! ¡Si quieres la muñeca, entonces tómala!

Midii lanza la réplica de la zarina rusa contra la pared, destrozándola en mil pedazos.

-¡Basta! ¡Basta ambas! –exclama Benjamín. -¡Paren de pelear! –grita mientras entre él  y uno de los soldados sujetan a ambas chica.

 

Midii vio en la traición la oportunidad de salvar a los suyos. Y yo no era de los suyos...

 

-¡Eres una tonta Midii! –exclama su prima, zafándose unos instantes del hombre y logrando pegarle en la cara. -¡Me pagarás caro!

Los ojos de ambas niñas se enfrentaron, y en la retina de Midii Une se proyectaron algunas escenas que tenía guardadas en su mente y en su corazón desde hacía mucho tiempo ya...

 “Yo no soy como tú” “Un día me largaré bien lejos” “¿Crees que si no pudieran deshacerse de ti no lo harían?”

 

...y fue entonces que todas aquellas conversaciones con Midii, en las que nunca había opinado, en que había sido siempre la parte débil, se volvieron en contra de propia autora.

 

-Midii, ¿Quién de  ustedes dos fue la que disparó contra el oficial?

La sala se invade de silencio. Todos las miradas se enfocaron en Midii.

-Fue ella. –dice señalando a su prima. –¡Fue Anne la que le disparó! ¡Yo lo vi! ¡Ella me obligó a callarme! ¡Está loca, dijo que si hablaba me mataría, por eso no dije nada!  -se defiende Midii.

Los ojos de la mayor de las Une se queda sin reacción, pero luego cobran fuerza, la fuerza de la furia.

-¡Yo te protegí! Cuando tuve que cubrirte, te cubrí... ¿Y así me pagas? ¡Te dije que lo lamentarías si me traicionabas, Midii!

-¿Eso es verdad, señor Une? –pregunta el capitán.

-Sss-si... –contesta él, dando la sentencia definitiva, sin atreverse a mirar a su sobrina de frente.

Inmediatamente los soldados se abalanzaron sobre la niña que trata de liberarse en vano. Y aunque sus manos están atada, no lo están sus palabras, listas para una maldición final.

-¿Creen que con esto me vas a lograr destruir?! ¡Te equivocas! ¿Y sabes por qué? Porque yo no tengo nada que perder. ¡Yo no tengo familia ni casa, entonces puedo hacer lo que se me da la gana! ¡En cambio tú siempre tendrás que cuidar de estos mocosos y de tu padre, estarás para siempre atada a ellos y a este agujero!

-Papá, tengo miedo... –dice el más pequeño de los niños.

-¿Miedo? Haces bien en tener miedo, Ben. Porque en esa niña se esconde la traición. Yo tal vez esté loca, pero al menos no soy una traidora como ella. Y a ustedes les conviene no descuidarse, porque el día que más la necesiten, ese día verán que les habrá fallado.

¡Midii Une, te maldigo para siempre!

Los hombres se llevan a la muchacha, pero antes su tío detiene a uno de ellos.

-Espere. –dije Benjamín antes de que el capitán suba al camión. -¿Va a estar bien? Después de todo, es la hija de mi fallecida hermana...

-Esto es una guerra, y hasta que termine, nadie estará bien jamás.

 

Después de eso, los hombres me llevaron a la camioneta y ya nunca volví a verlos ni a ellos ni a esa casa. Supe que luego se mudaron a alguna de las Colonias, porque ordenaron la evacuación de la ciudad, pero nunca supe cuál con exactitud, ni me interesó saber...

 

La voz de Lady Une es clara: sin tristezas, sin furia, como si lo que acaba de contar le hubiese ocurrido a otra persona, hace mucho tiempo. Marimeia se quedó muda con la historia. Seguramente estuvo más cerca de su tutora de lo que jamás lo estuvo de otra persona. Pero eso no responde ninguno de los interrogantes que ella posee sobre su propio origen.

La hija de Treize Kushrenada comprende que las palabras de Une a su prima son ciertas, porque los que tienen un origen jamás pueden desprenderse de él, aunque apenas sea el nombre de un padre... Después de unos pocos pero eternos segundos de silencio, se atreve a volver a enfocar su vista en ella. Con angustia y respeto se atreve a preguntar:

 

-No entiendo... ¿Cómo encaja mi padre aquí?

-¿Por qué tendría que ver con él? –le pregunta Anne.

-Porque sino no me lo estarías contando. ¿Qué tiene que ver todo esto con mi padre?

La mirada centellante de la directora de los Preventers choca contra la de su protegida. Y sus ojos castaños brillaron con la luz propia de su indudable inteligencia.

-Todo. Esta historia no termina aquí, solo es el principio...

 

 

Octubre de 2006

Bueno, algo que no dije en la anterior nota, es que tuve que dividir este fic en partes aunque sea una sidestory porque se hacía muy largo de escribir, pero no podía pensarlo por separado...  fue muy difícil, porque como verán hay temas muy fuertes... este fic y “Guerras perdidas” son mis trabajos más serios, alejado bastante de la comedia romántica que me caracteriza, sobre todo en otros fandoms... espero haberlo hecho bien, ojalá tuviera el talento de Dark Cronic (una de las mejores escritoras que conozco), que seguro explicaría el tema de la locura muchísimo mejor que yo, pero hago lo que puedo (insertar aquí icono msnesiano del llanto). En fin, ustedes tienen la última palabra.

La verdad no sé que pensar sobre quien tuvo razón en hacer lo que hizo, si Midii o Anne, a veces, cuando hago las historias no me planteo ese tipo de cosas que en los fics largos están totalmente detalladas, la verdad es la primera vez que trabajo directamente con los rencores de familia. Así que en este particular caso, lo dejo a la  interpretación del lector.

Nos vemos en la  segunda parte de esta historia, donde finalmente Treize irrumpirá en la vida de nuestra protagonista. Si tienen dudas aún pueden ser contestadas, así que escriban a yun_tao1@hotmail.com o al foro o lista que corresponda.

Vicky Yun

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