Por
Arakyshy99
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CAPITULO 4 UN PASADO TAN HORRIBLE COMO HERMOSO.
//En algún lugar//
--Ven conmigo, no tienes que quedarte aquí.
--Mi destino es estar sola -respondió la jovencita de corto cabello blanco -Por eso quiero morir aquí.
El parque de diversiones comenzaba a destruirse alrededor de ellos. Ishbal miro el lugar y luego le dijo.
--Nosotros también estamos solos, tampoco tenemos a nadie que llore en día en que alguno de nosotros muera. No tienes que quedarte si no lo deseas, si quieres morir, respeto tu decisión. Pero podrías venir a tomar una taza de té con nosotros y a platicar un poco antes de traerte de vuelta aquí.
Ella pareció dudarlo un poco mirando el tatuaje en forma de trébol en su pierna.
--Soy un trébol de cuatro hojas.
--Dicen que dan suerte -dijo el joven de la mascara extendiendo la mano. Ella dudo un momento antes de aceptarla y entrar juntos en aquel portal extraño.
//Lucy Shidou//
Los muchachos de la escuela jugaban basquetbol al parecer sin ninguna preocupación, solo trataban de divertirse después de las clases. A pesar de llevar todavía el vendaje en el brazo, Alquiam parecía no tomarle importancia y se divertía con sus amigos. Algunas chicas platicaban ahí cerca y mientras los muchachos jugaban ellas compartían un poco. Aunque una chica no hablaba con ellas, Lucy, quien solo se limitaba a mirar a Alquiam tratando de convencerse de que no era aquel ángel negro.
Pero le resultaba tan difícil.
Pero ya los había visto a los dos al mismo tiempo y aun así no podía convencerse.
¿Por qué?
- Lucy - le dijo Marina sentándose a su lado - prometiste que iríamos a tomar un café hoy. Te estuvimos esperando.
- ¿En serio? lo olvide, lo siento mucho.
- Desde lo del terremoto has estado muy distraída - le dijo Anais que también les acompañaba - Tu familia esta bien ¿verdad?
- Sí, es solo...
- No puedes dejar de pensar en eso del ángel.
- No... es que me preocupa que algo pueda estar pasando en Céfiro. ¿Y si alguien esta en problemas?
- Ellos están bien, no debes preocuparte por eso.
El partido de los muchachos termino justo en aquel momento y agruparon lentamente. Al parecer no tenían cosas que hacer, por lo que un rato de plática les caería bien. Alquiam y otro muchacho se quedaron en e lugar compartiendo el agua para el cansancio. Se notaba que se llevaban bien esos dos.
No eran amigos de Lucy, ella y Alquiam iban en grupos diferentes y, a pesar de ser amigos, no tenían mucho tiempo para hablarse en las tardes. Con el muchacho trabajando en el restaurante y ella ocupada con el dojo en casa.
La mayoría de los muchachos comenzó a retirarse, tal vez un buen momento para hablarle a Alquiam. Pero él y otro muchacho se apartaron un poco de los demás. Parecía que tenían que hablar. Lucy se levantó de repente y los siguió, para saber de que hablarían.
El más pequeño le decía a Alquiam algo que escuchaba no muy convencido. Si tan solo pudieran acercarse un poco más.
- ¿Que tiene que ver esto con Céfiro? - Preguntó Anais.
- Nada, lo que pasa es que Lucy es demasiado curiosa.
- Cállense, no me dejan oír.
Alquiam permanecía con un tono serió, como si recibiera malas noticias y no supiera como responder.
- Bueno... creo que eso seria un problema - dijo él - vengo de un lugar en donde esto no esta muy bien visto... y me educaron así.
Se le marcaba tanto el acento que se notaba que estaba nervioso.
- Alquiam yo...
- No - le detuvo - no digas nada. Esto para mi no esta bien. Por favor, no puedo aceptarte ni aceptar que sigas así. Perdóname pero... hagamos como que esto no pasó. Eres un buen compañero es divertido estar contigo y fuera de la forma en la que me han educado yo... Escrashen... Ya hay alguien que me gusta... ya hay alguien a quien quiero demasiado aunque no sienta nada por mí... ahora. Perdóname Daisuke.
- ¿Pero seguimos siendo... amigos?
- Compañeros del mejor tipo, no dejes que esto nos quite amistad.
- Lo intentare.
- Yo también. ¿Me das un minuto para estar solo?
Aquel muchacho solo afirmó y se alejó del lugar, momento que Alquiam aprovecho para sacar su cajetilla de cigarrillos y encender uno. Estaba nervioso. Después de la segunda fumada se encaminó rápido a donde ellas estaban si darles tiempo de escapar y de un salto de monto tras de la pequeña barda que las ocultaba.
- Esta, era una conversación privada. ¿Cuál era su asunto aquí?
- Es que, nosotras...
- Silencio - le interrumpió Alquiam a la pelirroja - No tienes idea de lo que ese pobre chico hubiera sentido si lo descubren diciendo todo esto. Por que me di cuenta en que momento llegaron y cuanto tiempo estuvieron ahí. Debí correrlas desde el principio... pero ya que están aquí; ¿me podrían decir si esto es algo normal en Japón?
- No mucho - le contestó Anais.
- Cielos - se separó él regresándole la atención a su cigarro - Cielos. Sigo sin poder creérmelo.
- ¿Y que sientes por él?
Alquiam miró a Lucy como si quisiera matarla con la mirada antes de ignorarla nuevamente y contestar.
- Es un buen compañero. Como un hermano pequeño que constantemente hay que cuidar. Me agrada mucho pero... muy lejos de lo que dice sentir por mí. Escarchen, escarchen. Mejor me voy a casa antes de que la cosa se ponga mas complicada todavía.
- Nosotras...
- Ustedes se van a sus casas. Ya me han metido en bastantes problemas hoy.
Era horrible cuando se ponía en ese plan.
Cuando se acercaban a donde debían estar los demás compañeros de Alquiam, notaron que ahora había aun mas personas y que la situación no parecía estar muy bien.
- Suelta esa maldita bolsa, no tiene nada de interesante.
- Déjennos en paz.
- ¿Quieres que te la quite de un buen golpe?
- ¡Déjenlo! - entro de inmediato Alquiam a defender a su amigo.
- ¿Quién eres?
- Soy su amigo. Déjenlo en paz y váyanse.
- ¿Sabes quienes somos? Nosotros dominamos esta área. Todo el que entra aquí tiene que pagarnos por eso. Así que si no te quieres meter en problemas danos la mochila y de una vez tu cartera.
- Váyanse.
- ¿Quieres pelea?
- Una vez le prometí a alguien no meterme en más problemas, no me obligues a romper mi promesa.
Como respuesta Alquiam recibió un golpe a la mejilla que le hizo caer al suelo. No perdió mucho tiempo en quejarse y se levantó con una mano sobre el golpe con una mirada retadora. Lo que bastó para enojar al vago y a sus amigos.
- Hay que darle una lección.
No pasó mucho antes de que el extranjero estuviera en el suelo, cubriéndose la cabeza con los brazos mientras recibía un exagerado castigo. De sus amigos quedaban muy pocos, escasos para armar una pelea justa y la mayoría eran chicas. Pero lo que mas les detuvo era la mirada de Alquiam desde el suelo que les pedía que no hicieran nada. Aun así era horrible verlo.
- Si suplicas perdón te dejamos en paz.
- Olvídalo - le respondió desde su posición caída. Lo cual solo arreció la tunda de golpes contra él.
- ¡Ya basta! - gritó Lucy deteniéndolos.
- ¿Quién eres?
- No les hizo nada, déjenlo en paz.
- Una linda gata brava, ¿Qué tal si dejamos aquí a esta basura y te vienes con nosotros a pasar el rato? Te aseguro que te vas a divertir.
- No salgo con basuras como ustedes.
El tipo levantó una mano para darle una bofetada aunque no seria tan fácil con una chica que sabia kendo. Aunque nunca alcanzó a tirarle el golpe pues Alquiam ya le detenía el brazo.
- A ella no la tocas.
- ¿Y quien me va a detener? ¿Tu, bendito cobarde?
Un codazo a la nariz de aquel tipo fue la respuesta y lo que organizó la pelea. Alquiam estaba solo y aun así no tenia problemas para repartir golpes. Era bastante bueno y al parecer sus golpes dolían mucho. Pero esa expresión en su rostro que se volvía cada vez más furica. Como si estuviera sacando un coraje o una humillación guardados desde hacia mucho tiempo.
O solo era que trataba de pelear cada vez más fuerte. De hacer más daño a los demás.
Los amigos que quedaban se unieron para cubrirles las espaldas aunque ya no era tan necesario, los golpes de Alquiam eran duros y dejaban inútiles quienes alcanzaban a lastimar.
Cuando solo quedaba uno de ellos y Alquiam lo sujetaba por la ropa para golearlo una vez mas, pareció detenerse de repente. Como si lo pensara bien. Lo soltó y regresó con los suyos.
- Vámonos, nos podemos meter en problemas - les dijo sosteniéndose una cortada en el pómulo de un buen golpe - La próxima vez, Daisuke, no te metas en tantos problemas.
- Tienes que atenderte. - le dijo Anais.
- Tengo vendas y eso en casa. Mejor llegar allá rápido. Ustedes vayan a casa y no se acerquen por aquí.
- Te acompaño - le dijo Lucy.
- Si es lo que quiere, voy tras de usted.
- Las veo luego amigas.
Caminaron en silenció durante algunos minutos por las calles de Tokio mientras Alquiam seguía con una mirada seria.
- Se arriesgo demasiado.
- Pero ellos te estaban lastimando - le respondió la chica.
- No importaba. No tardarían mucho en cansarse y se irían dejándonos en paz. En vez de eso me tuve que meter en una pelea estúpida que no me gusta. Odio lastimar a los demás. Quiero ser medico y ayudar a la gente, no hacerle daño.
- Lo siento.
- Pero de todos modos, gracias por defenderme.
Ella guardó silenció unos instantes antes de decir.
- Dices que no te gusta, pero eres muy bueno. Pudiste con todos muy fácil.
- Tengo un pasado horrible, karcelien. Un pasado que no quiero recordar pero al mismo tiempo no quiero olvidar. Hice cosas muy malas que intento reparar y pecados que quiero dejar de cometer. Y el lastimar a los es uno de ellos. Por favor, no intente decirme que hago bien algo que odio.
- Lo siento.
- No es su culpa.
- Aunque dijiste que hiciste una promesa.
- Le prometí a alguien a quien quería mucho, que dejaría de meterme en peleas tontas de ese tipo.
- ¿A quien?
- No puedo decírselo hoy.
- Bueno - estaba bastante evasivo en esos momentos.
Otro largo rato d silenció antes de que ella le volviera a preguntar.
- La noche del terremoto... tú ibas a decirme algo. ¿Recuerdas?
- Señorita, no deseo ser grosero pero mi cortada no deja de sangrar y tal vez necesita sutura. En este momento no me siento en condiciones de hablar de ese tipo de cosas.
- Lo siento.
- Deberías dejar de disculparse, señorita.
En el departamento del chico, un cuarto pequeño y casi vació en el que parecía no vivir nadie, el muchacho se apresuro a recoger un poco el desorden de ropa en el lugar y después sacó el botiquín de debajo del televisión. Un detalle raro era que tenía un sofá grande que ocupaba demasiado espacio. Un lujo para alguien que vivía en un lugar así de pequeño.
- Déjame, sé tratar heridas.
- ¿Tanto así es de buena? ¿Para hacerle heridas como estas a sus hermanos cuando practica?
- Solo a veces.
El chico no se quejó cuando le pusieron el desinfectante y después la venda. Pero mientras la chica le atendía le dijo.
- No deberías preocuparte tanto sobre tu pasado. Tal vez si lo dejaras atrás y trataras de seguir.
- Es que no quiero volver a pelear con remordimientos de lo que hago. No quiero arrepentirme de mis decisiones.
Durante un momento la chica se detuvo de lo que hacia mirando. Ella había dicho tantas veces aquel comentario y ahora también lo decía este muchacho. ¿Qué clase de remordimiento tendría en el corazón?
- ¿Puede continuar, o terminaré yo mi vendaje?
- No...no disculpa, ya acabo.
Mientras ella terminaba, sentados ambos en aquel sofá como único mueble, él se puedo mirando al exterior, pensando. Hasta que ella termino y ni aun así dejó de divagar.
- ¿Cuál es tu remordimiento?
- ¿Mi remordimiento? - mirándola ahora - hice muchas cosas malas en mi vida, cosas que ahora trato de remediar. Quiero ser un medico por eso, un cirujano muy hábil que salve muchas vidas, casi tantas como las que alguna vez lastime.
- No te entiendo.
- Quiero contarte mi historia Lucy Shidou, no por que me gustes, si no por que eres la única persona que ha dicho algo hermoso de mi desde su corazón. Pero cuando te lo cuente, me tendrás miedo y tal vez me odiaras. No quiero que eso pase.
- A veces... tenemos que arriesgarnos.
Alquiam respiró profundo antes de decir.
********
"Hace mucho tiempo, hubo una guerra en mi país, una gran guerra, una guerra enorme por razones estúpidas que nada tenían que ver conmigo ni con mi familia, ni con mis seres queridos. Mis padres fueron de los primeros en morir, yo estaba molesto con ellos y por eso no estaba en casa cuando los enemigos atacaron."
Parecía que el muchacho lloraría en cualquier momento.
"En un instante estaba discutiendo con mi padre sobre mi futuro y después de mi pueblo ya solo quedaban ruinas humeantes... no quedaba nada, todos murieron y de estar ahí yo también habría compartido su destino."
"Sin saber que hacer, vague sin rumbo durante días hasta que encontré al ejercito de mi país, les conté mi historia, me dieron un arma y una promesa: tendría mi venganza. Yo no estaba entrenado así que me dieron u padre de guerra, alguien que me enseñaría sobre la marcha."
El acento se le marcaba cada vez mas al muchacho dando a ver que le costaba mucho trabajo, pero no se detuvo.
"Seguí las ordenes que me daban y aprendí rápidamente... yo era algo muy raro de ver; un soldado con odio. Alguien que no mataba por que se lo ordenaban, mataba por que deseaba hacerlo y poco a poco fue convirtiéndose en una obsesión. A tal grado que olvide la razón por la que estaba peleando... solo quería seguir matando."
"Subí de rango rápidamente, era una guerra cruel y perdíamos a mucha gente así que el mas capaz tomaba el lugar del muerto. Llego el momento en que casi rendía cuentas a los mandos superiores a pesar de ser tan joven, solo conocían mi reputación de gran general."
"No solo era un buen soldado, también aprendí estrategia y la aplicaba cuando podía. Llevaba a mis hombres hacia un bien común... matar al enemigo."
"Me dieron tres hijos de guerra, solo no de ellos era menor que yo. Querían que fuera mis principales, así que les enseñe todo lo que sabia, los convertí en seres como yo: con mis habilidades y mis fuerzas... los volví dignos."
"Mi regimiento era el mejor, así que nos ordenaron atacar y tomar posiciones en territorio enemigo. Así que entramos a ese país y arrasamos todo poblado que nos encontrábamos. Ningún civil debería sobrevivir a nuestro pasó, nadie ayudaría al enemigo. Ni siquiera mujeres, ancianos o niños debían vivir. Nadie nos haría frente."
"Mi ejercito se negó a matar inocentes al principio, pero cuando les mostré como se hacia, perdieron su dignidad y fueron perfectos para lo que yo quería. Así el enemigo vendría nosotros y no gastaríamos fuerza buscándolo."
"Nos convertimos en una pesadilla, en el ejercito del infierno con Satanás como su dirigente. Así nos llamaban y lo hacíamos valer.
"Muchas veces ataque iglesias llenas de refugiados y obligaba a los sacerdotes a elegir el orden en que morirían sus fieles... y dejaba vivo al religioso para que viviera con lo que lo obligue a hacer... Era... terrible."
"Corrompí almas inocentes, le hice creer que mi enemigo era su enemigo y los obligue a pelear de mi bando. Los contamine con mis ideas, les obligue a traicionar a sus principios, a sus amigos y al final a si mismos al obedecerme."
"No tenia piedad, me convertí en el monstruo contra el que peleaba al inicio, me convertí en lo mas horrendo que jamás existió. No me importaba cuantos de mis hombres murieran si lográbamos matar al enemigo, no me importaban las ordenes de arriba, solo seguir matando, solo seguir destruyendo."
"Fueron tantas las ocasiones en que una madre me rogó por la vida de sus hijos, en que un joven me entregó su vida suplicándome que perdonara a sus ancianos padres, tantas en que una doncella lloró ante mi suplicando que respetara su vida... y no escuche a ninguno, no había nada que me enfureciera mas que alguien suplicando por una vida. No soportaba que alguien no muriera con dignidad y les mataba con odio. Mataba a inocentes con el odio que surgió de la muerte de inocentes... Yo era un monstruo, un verdadero demonio de la destrucción, un diablo seguido por una horda de demonios. Odiado por los enemigos, temido por los aliados, el terror de los inocentes... el mejor soldado."
"La guerra se detuvo para que los gobernantes hablaran de la paz y se me ordenó detenerme. Pero no les escuche y arrecie mis ataques, destruí aun mas pueblos y bases militares. Con nadie más atacando todos los blancos eran para mí.
Era necesario que me detuviera para que continuarán las pláticas de paz. Por lo que se le puso un preció a mi cabeza en ambos lados de la frontera. Y no me importó, lo tome solo como un reto, solo como un pequeño obstáculo más. Los países enemigos se unieron para atacarme y destruirme y les costo demasiado trabajo. Con mis conocimientos les hice perder demasiados hombres y tiempo buscándonos. Nos abastecíamos saqueando y quemando pueblos, nos escondamos bajo la tierra y atacábamos a traición como criminales. Matábamos antiguos aliados."
"Ya no sabia quien era peor... mis hombres o yo, mis hijos de guerra o yo mismo."
"Se unieron todos y nos atacaron, nos atraparon vivos para ejecutarnos, principalmente a mi, mi cabeza seria un regalo de paz al país enemigo. No existe mejor manera de acelerar las negociaciones."
Formamos un grupo con ayuda de un antiguo oficial... mi padre de guerra a quien ascendieron y deje de verlo. Todo lo que quedaba de mi batallón y yo trataríamos de salir, muchos morirían pero lo importante era que yo saliera vivo. Mis hijos recibieron balas que iban hacia mi y me obligue a abandonarlos, los vi morir a los tres. Mi oficial me esperaba pero nos emboscaron el camino, lo mataron mientras yo escapaba. Los boletos a América del sur, en donde me escondería iban en mi mano pero todos los vuelos del país estaban cerrados. Buscaban a un terrorista.
Soborne al piloto del último vuelo que saldría del país aquel día, no me importaba a donde. Y salí del país con un nombre falso y sin un lugar a donde llegar. Y de repente me vi solo, abandonado completamente y en un país del que no conocía nada, solo unas cuantas palabras. Tokio era tan grande y moderno y yo tenía tanto miedo. Prometí que haría todo lo posible por honrar la vida de todos los que murieron por mi... prometí que llevaría una vida digna y nunca mas lastimaría a nadie. Y conocí en el lugar de mi promesa, la torre de Tokio, aun trío de jóvenes señoritas que me saludo... y una de ellas, llamada por mi mirada triste, medió un pañuelo y me dijo que tratara de sonreír, que tal vez las cosas se verían mejor así."
"Esa es la promesa que hice, esos son los pecados que cometí. En mi país estoy muerto, dijeron que tuvieron que matarme por que no me entregue. Esa es la razón por la que me considero un monstruo que no debería estar junto a ti ni junto a nadie más. Tal vez no sea algo tan importante, pero lo es para mi, de verdad lo es para mi."
"Entiendo, que tal vez a partir de este momento, cambie tu opinión hacia mi, y no quieras estar mas a mi lado. Lo comprendo y tratare de perdonarte, por que nadie puede perdonarme a mi. Ni siquiera dios a podido perdonar mis pecados, ni siquiera alguien que dicen infinito de perdón... yo desearía un mundo donde no exista un dios... por que tal vez ahí, pueda encontrar a alguien que me perdone."
"Los seres como yo, no merecen ser felices, al final morimos o lloramos deseando morir. Al final el príncipe hermoso o el cazador, deben matarnos para probar que son los buenos... por que para nosotros, no existe en ningún lugar... un vivieron felices para siempre... Un árbol bajo el cual mirar el atardecer... ningún prado donde volar cometas... Por eso ya me acostumbre a que me doliera, Lucy. Por eso ya no me importa."
Le dijo él mirándola a los ojos mientras lloraba.
********
- ¿Pasa algo? Ya hace rato que mamá te mando a la cama sin cenar por llegar tan tarde y aun no estas dormida. Si tienes hambre puedo ir a la cocina a tomar algo para ti.
- Gracias Saturno... pero no es eso.
- ¿Qué pasa entonces? - el muchacho de porte serió se sentó junto a la chica en el patio de la casa. Hacia mucho rato que Lucy permanecía en el lugar mirando la luna mientras parecía pensar - ¿Fue ese extranjero?
- Bueno no... pero... -Lucy guardó silenció durante algunos instantes - ¿Tu crees que el pasado de alguien pueda ser tan malo como para que tenga que renunciar a la felicidad?
- No te comprendo.
- Es que... digamos que alguien hace muchas cosas muy malas durante mucho tiempo y entonces... un día se arrepiente y decide tratar de ser una buena persona. Pero... ¿debe olvidarse de ser feliz por todo el mal que les hizo a los demás? ¿Aunque ahora traté de repararlo ayudando a otras personas?
- ¿Y este alguien... se arrepiente?
- Creo que sí...pero cuando era alguien malo tenia todo lo que quería y era feliz... bueno, estaba contento. Y hora que es una buena persona solo le pasan cosas malas. Tanto que ahora esta seguro de que nunca será feliz y ya se resignó.
- ¿Cuál es tu pregunta, por que quieres saber eso?
- Por que no sé que decirle - por primera vez en toda la conversación Lucy dejaba de ponerle atención al cielo nocturno y miraba a su hermano - No sé si se merece ser feliz... por que tal vez estoy de acuerdo con él. No sé si apoyarlo para que trate de ser feliz o no decirle ya nada de eso. ¿Qué hago Saturno?
- Yo opino: que no existe persona tan perversa como para no valer nada, ni tan bondadosa como para ser más que inmaculado. No existe el negro o el blanco, todos somos una gran variedad de grises. Si a tu amigo le va mal tal vez es por que no ha pasado el tiempo suficiente. Llegara el momento en que sus actos buenos y sus actos malos se nivelaran y entonces podrá comenzar de nuevo. O al menos eso creo.
- ¿En serio?
- Nadie tiene que renunciar a la felicidad, y a veces la felicidad que más trabajo cuesta, es la más duradera.
- Tienes razón... tengo que apoyarlo.
- Que no pierda la esperanza, muchas veces eso es lo que mantiene vivas a las personas.
- Gracias Saturno.
- Ahora vete a dormir...pero antes. Cenamos roles de canela y te guarde uno. Cómetelo y duerme por que mañana hay escuela -. El muchacho se levantó mientras decía -. Por suerte mañana es ya san Valentín, es cansado cuidar tus chocolates de Maciel y Cameo.
Cierto, al día siguiente era 14 de febrero y la chica ya tenia las cosas listas.
********
- Gracias - le agradeció con su acento extranjero - No es mi cumpleaños pero agradezco el detalle.
- Es san Valentín, tonto.
- ¿San Valentín? Pensé que usted era shintoista para una celebración católica... sea la que sea.
- ¿No conoces la fecha?
- Nunca lo he celebrado.
La chica comenzó a caminar para llegar a la escuela mientras explicaba.
- En san Valentín, las chicas le regalan chocolates a los chicos que aprecian o les gustan. Y los hombres regresan el detalle el catorce de marzo con un regalo.
- Deberé ahorrar entonces para regresar el detalle... Gracias por el chocolate, señorita.
- Puedes llamarme por mi nombre - le reclamó ella como si aquello le desagradara.
- No me parece correcto.
- Pero aquí es normal.
- Pero a mi no me lo parece.
- Bueno, no vamos a pelear por eso. Hoy es San Valentín.
- Sigo sin entender la razón de la fiesta.
- Solo sígueme y ayúdame con los chocolates. Son muchos los que tengo que entregar hoy.
********
- ¿También le trajeron chocolates?
- Yo quede de verme con algunos compañeros de esgrima mas tarde. Así que solo estoy de pasó - respondió Marina.
- Seguro que a él le gusta - completó Anais - Aunque, ¿crees que este bien? Digo, después de lo que pasó.
- Creo que se sentiría peor si no le hago caso hoy. Aunque no me guste.
- Momento - Lucy se levanto de donde se encontraban para decir - ¿Le contaste lo de Alquiam?
- Sí - le dijo Marina como si fuera algo muy lógico - Somos amigas, es lógico que se lo diga.
- Bueno sí, pero...
- No importa - le dijo Anais - Seguro que Alquiam no se molesta. Ya sabes como es.
- Eso sí... aunque es un poco raro que este ocupado justo cuando llegaran.
- No sabia que cantara tan bien - Anais pareció ponerle atención a la música que se escuchaba. Un pequeño grupo se había instalado en aquel parque cerca de la escuela de Lucy y ahora tocaban algo. Lo que lo hacia raro era que solo eran extranjeros, Alquiam entre ellos y cantaban en otro idioma.
- Creo que es italiano - comentó Marina a lo que Anais completo.
- Es Luxemburgo hablan italiano, alemán e ingles aparte de su dialecto de origen. Por eso es una capital muy fuerte para dinero extranjero. Es un país tan pequeño que se dice que puedes cruzarlo sin prisa, en auto en menos de una hora.
- ¿Qué haces investigando el país de Alquiam?-le dijo Marina a su amiga mirándola con una sonrisa acusadora
- Solo sentí curiosidad - le respondió la chica un poco turbada.
Hasta el momento el chico solo le acompañaba a la chica que cantaba. Pero para esta canción le prestaron una guitarra y le dejaron tocar solo. Era extraño como se instalaban ahí de vez en cuando para reunir unas monedas para alguna cusa. Casi siempre los pobres o algo así. Y la cantidad de gente que se juntaba a pesar de que no cantaban en japonés.
- Se le ve contento - dijo Lucy - desde la muerte de su abuela no lo veía así.
- ¿A qué te refieres?
- Alquiam viva con su abuela, ¿recuerdan?
- Siempre ha vivido solo en ese departamento. Toda su familia se quedo en Luxemburgo y nunca nos dijo nada de una abuela. Creo que vino a Japón cuando algo le pasó a su familia - le dijo Marina extrañada.
- Nunca ha vivido con nadie - le siguió Anais.
- No es cierto, él vivía con su abuela y entonces... ¿o me lo estoy imaginando?
- Deja de ver tanta televisión, Lucy.
- Pero no veo televisión-. Trataba de reclamar la pelirroja.
Alquiam termino con aquel grupo, que continuó tocando un poco más y se acercó a donde sus amigas platicaban.
- Buenas tardes señoritas.
- Hola Alquiam - le saludó Anais - Te traje tu chocolate de San Valentín.
- Gracias, señorita. Lo comeré en casa con los demás.
- No comas demasiados o te dolerá el estomago. ¿Cuántos te han dado?
- Con este ya son cinco, las señoritas del grupo son muy amables también.
- Y todavía tienes que ir al trabajo.
- Es cierto.
Una especie de raro silenció callo sobre ellos mientras las otras dos jóvenes miraban a Marina como si esperaran que hiciera algo. Alquiam, ingenuo y un poco fuera de lugar, como siempre, solo las miraba preguntándose si tendría que ver con él.
Marina se le acercó, ocultando el chocolate tras de ella y le dijo.
- ¿Podemos hablar un poco?
- Claro - le respondió con su típica sonrisa. - le sigo.
Se alejaron un poco mientras Marina les dirigía a sus amigas una mirada fría, indicándoles que no la siguieran. Pero apenas se perdió de vista, las dos comenzaron a acercarse lentamente tratando de que no las vieran.
- Alquiam, no quiero que piensen mal de esto...y aunque no ha cambiado mucho, yo quiero decirte que... bueno yo...
- Señorita Marina, tranquilícese un poco, esta usted demasiado nerviosa.
- Sí, lo siento. Quería darte tu chocolate de San Valentín. Pero no sabia si hacerlo después de lo que pasó... no quiero lastimarte.
- Apreció mucho su bondad, señorita. Y agradezco el detalle y el que se preocupe por mí. Le aseguro que estaré bien y que tomó la mejor decisión al ponerme en claro las cosas desde el inicio.
- Lo siento Alquiam.
- ¿Puedo hacerle una pregunta?
- Bueno.
- ¿Por qué no? ¿Por qué no soy yo el indicado?
- Es que... ya hay alguien que me gusta. Y aunque sea alguien que no lo sepa, yo... ya hay alguien que me gusta mucho. - Alquiam apretaba los dientes y ocultaba la mirada mientras ella decía esto - Lo siento, pero yo siento algo por él.
- Guruclef - murmuró el muchacho lo que sorprendió a las tres chicas que alcanzaron a escucharlo.
- ¿Como? ¿Lo conoces? ¿Cómo... como sabes su nombre? ¿Tu...?
- Estoy seguro que en otra vida usted y yo nos amábamos. Que en otra vida me aceptabas con mi pasado y mis remordimientos y me ayudabas a combatir mis propios demonios. Estoy seguro que en otra vida yo te ame y tú me amaste a mí, a pesar de que me esforcé por no quererte, a pesar de que hice todo lo posible por alejarme de ti, mi corazón se quedo prendado del tuyo.
- Alquiam...
- Pero los seres como yo no podemos ser felices, al final morimos o lloramos deseando morir - ¿estaba llorando o solo era una ilusión? - Aquellos como yo tienen prohibido amar sin importar a quien y por eso te arrancaron de mi lado. Por eso me obligaron a arrancarte de mi corazón. Perdóname por amarte, perdóname por ser capaz de cualquier sacrificio por ti... perdóname por jurarte que no dejaría que volvieras a llorar, que no permitiría que nada te lastimara... y perdóname por cumplir esa promesa.
- ¿De que hablas?
- He vivido mil vidas para encontrarte y perderte en una sola de ellas... he deseado mil muertes antes de encontrar en ti una razón para vivir. He cometido el pecado de tener algo más importante que la propia vida... Te ame entonces, te amo ahora y te amare sin importar lo que haga y esa es la razón por la que vivo, por conservar estúpidos recuerdos que tu no puedes recordar.
- ¡QUE TIERNO! - gritó alguien en una dirección obligando a todos a voltear hacia allá. A donde una persona permanecía recargada contra un árbol mirándolo todo al parecer divertido. Lo que más llamaba su atención era aquel esmoquin negro y una mascara de tela que le cubría la cabeza y que tenía dibujados siete ojos en el frente.
- ¿Quién demonios eres? - le pregunto Alquiam al parecer muy molesto por la interrupción.
- Yo soy el cordero de los siete ojos y los siete cuernos. Aquel capaz de abrir el libro que dios sostiene en su mano izquierda y provocara el final del mundo. Aquel capaz de hacer sonar las siete trompetas de lo siete ángeles de dios. Llámame; Ishbal.
- ¿Qué quieres conmigo?
- Tengo planes, joven guerrero. Planes muy grandes. Necesito obtener mucho poder y una intensa cantidad de energía y destruir un mundo y despertar a un monstruo. Pero para hacerlo necesito que al menos una de ellas tres esté muerta. Y para eso, tengo que matarla; vaya cosa más lógica. Así que hazte a un lado y deja que mis hombres actúen.
Escondidos detrás de los árboles del lugar, se mostrado una decena de personas. Sus aspectos decía que eran hombres de magia, a excepción de uno que llevaba una armadura.
- ¿Quieres pelea?
- ¿Y quien querría pelea contra un humano corriente? Yo quiero matar. Encárguense y tráiganme la cabeza de alguna de ellas... la del cabello azul, matéenla a ella y que él lo vea.
- Sí, mi señor - respondió el de la armadura dejando que el tipo de la mascara se fuera antes de tomar una espada que llevaba al cinto y acercarse a Alquiam. Lucy y Anais salieron de donde se escondían para acercarse a su amiga en un intento por protegerla. Alquiam se colocó frente a ella dispuesto a lo que fuera.
Aunque el inicio de la batalla fue interrumpido por la llegada de un ángel de armadura y alas negras. Pero esta vez no traía su mascara blanca de siempre, usaba el casco de la armadura que le protegía y cubría toda la cara con un cristal negro.
- Amigos, no sé quienes sean, pero no quiero que molesten a las personas de Tokio.
- ¡Matéenlo! - le ordenó el caballero a los magos y se lanzó contra Alquiam mientras los tipos de magia hacían lo propio y metían al tipo de las alas en aprietos.
- ¡Corre! - Le dijo Alquiam a Marina mientras tomaba una rama del suelo y golpeaba al soldado que lo atacaba - Vete rápido.
- Tenemos que ayudarlo - dijo Lucy, como siempre la más valiente.
- No tenemos armas, ni magia y son muchos. - Le regaño Marina - veámonos y llamamos a la policía.
- Pero...
- Vámonos - tomándola por los brazos la arrastraron del lugar.
Mientras tanto, Alquiam que no estaba armado lo único que podía hacer era evitar los cortes de la espada en un intento por distraerlo. El ángel tampoco tenía mucha oportunidad de ayudarlo. Las tres chicas trataron de alejarse de la pelea pero algo les impidió seguir caminando. Era una especia de pared que no podían ver pero ahí estaba. Podían tocarla y no les dejaba pasar a pesar de que ahí no había nada.
Las imágenes tras de esa pared comenzaron a correr cada vez mas lento, como si alguien alentara la velocidad de la película hasta que desaparecieron y un nuevo paisaje sustituyo a todo fuera de la pared invisible. Un paisaje mítico e irreal, con islas flotantes y enormes bosques. Un paisaje que las tres conocían muy bien.
- ¿Por qué aquí? - preguntó el ángel, tomándose un descansó.
- Por que aquí queremos enterrarte - le respondieron antes de un nuevo ataque.
Mientras tanto, Alquiam era alcanzado en el hombro por la espada del soldado y le tiraba al suelo después con un golpe. Justo para rematarlo con su espada a la cara. El joven extranjero se cubrió del ataque con el brazo desnudo con el que recibió el golpe.
No se vio el momento en que apareció aquella protección, el brazo de una armadura le protegía de aquella espada. Mientras el ángel aparecía ahora sin una mano y podía verse como no había nada dentro de la armadura. Era solo una armadura vacía que se movía sola. Una armadura vacía de la que ahora Alquiam portaba un brazo. Tal vez después de todo si podía estar en dos lugares al mismo tiempo.
- ¡MI NOMBRE ES ALQUIAM! - gritó el chico haciendo que la armadura se acercara a él y le cubriera. Como un líquido que mojara su cuerpo y después volviera a tomar su forma sólida. Mostrando a su amigo como aquel ángel ahora sin alas y la mascara blanca con rasgos pintados cubriéndole el rostro.
- Merazama - mencionó levemente el principal de los magos obligándolo a cubrirse. Momento que el soldado aprovechó para acercarse alas jóvenes y atacarlas. Pero algo detuvo nuevamente su espada.
Alquiam había lanzado dos espadas que se clavaron contra la pared invisible y le detuvieron la hoja de acero muy cerca de las chicas. Quienes no dudaron en tomar aquellas espadas y amenazar al soldado con ellas. Marina estudiaba esgrima y Lucy tenia un dojo de kendo. No estaban completamente desvalidas.
- Alto - detuvo el mago principal - quiero medirme contra él primero. Quiero ver si es tan fuerte como dicen.
- Mientras yo este vivo no las vas a tocar.
- Ese es el plan. Ven aquí, "Alquiam" Esperé este momento durante mucho tiempo.
De un movimiento brusco una navaja salió del antebrazo de la armadura de Alquiam y con ella atacó al mago mientras todos los demás se alejaban. Al parecer querían respetar la decisión de su líder.
El mago se cubrió de los golpes con su bastón mientras Alquiam no retrocedía. Durante algunos minutos esto continuó sin que lograra tocarlo hasta que el anciano de magia se hartó y le golpeó fuertemente con su báculo tirándolo al suelo.
- ¿Esto es todo lo que puede hacer el paladín de la destrucción? ¿Solo tirar golpes de una manera por demás tonta? ¡Levántate como el fénix que eres y muéstrame el poder que tienes! Muéstrame el poder del ave dragón de Calgary.
Alquiam se levantó con fuerza e intento golpearlo con los mismos resultados. Solo que en esta ocasión el mago lo envolvió en llamas y el chico tuvo que rodarse en el suelo para apagarse. Y al terminar parecía estar herido.
- ¿Eso es todo? - le preguntó el mago y le golpeo el rostro con su bastón mientras seguía en el suelo. Lo que hizo que su mascara saliera volando y se rompiera en el suelo cerca de donde Lucy y las demás solo observaban. - ¡¿Ese es todo el poder del paladín de la destrucción?! ¡NO PUEDE SER TODO! ¡No sabes durante cuanto tiempo espere este momento!
Soltó el báculo, que se quedó de pie solo y levantó a Alquiam por el cuello asfixiándolo.
- ¡Suéltalo! - gritó Lucy pero el primer soldado interpuso su espada para no dejarla pasar. Seguía muy cerca de ellas.
- Me entere de tu leyenda y me entrene en todas las artes de la magia. Utilice toda la fuerza que tenia para volverme más y más fuerte. Destruí mi cuerpo cien veces tratando de manejar magias más poderosas que ningún otro mortal. Para encontrarte algún día y enfrentarme a ti. ¿Y para qué? ¡Para que no seas más que ningún patético mortal de ese mundo!
Lo golpeó con fuerza en el estomago y luego en el rostro. Lo soltó al suelo y comenzó a castigarlo nuevamente con el báculo sin que el muchacho pudiera hacer nada. No parecía, en lo más mínimo, un rival para aquel hombre tan poderoso.
Sangraba y estaba muy lastimado. Inclusive había perdido una hombrera de la armadura y la parte del torso estaba rota. No servía de nada en aquella batalla.
- ¿Por qué no peleas?
- Por que... - le respondió con dolor - yo... hice una... promesa... Y selle mi poder.
Con un grito, como de dolor, el mago lo tomó de nuevo por el cuello y lo elevó para azotarlo contra el suelo con furia. Después lo levantó y haciéndolo mirar hacia las chicas dijo.
- Malachit, mata a la joven de cabello azul. Mátala y tráeme su cabeza. Yo terminare a esta escoria. - le soltó al suelo mientras se escuchaba como las chicas trataban de defenderse con esas espadas. Pero estaba claro que no eran rivales contra un hombre así de entrenado y protegido. Solo era cuestión de tiempo - Y tú, jovencito, sufrirás al verla morir y después iras a acompañarla.
Y el tiempo pareció detenerse alrededor de Alquiam mientras este perdía el sentido.
********
Todo era oscuridad, oscuridad de la más absoluta mientras el muchacho permanecía tirado en el suelo. No tenía ya fuerza para nada y sabía que iba a morir. ¿Qué le quedaba si no tenia el poder para hacer nada mas que salvar personas de casas en llamas y autos chocados? ¿Qué podía hacer?
- "Eres débil" - le dijo una voz casi susurrante. Como si fuese de alguien muy enfermo y lleno de dolor.
- ¿Quién es?
- "¿Quién somos?"
De entre la oscuridad salió una persona. Parecía un muchacho de su edad sin más ropas que las vendas que le cubrían casi todo el cuerpo. Vendas a través de las cuales escurría la sangre. Se le acercó a Alquiam y le miró con el único ojo que no tenia vendado... con lastima.
- No.
- "Si no renuncias a ser humano, entonces morirás y ella contigo."
- Si me abandono, entonces dará lo mismo su muero. Seria mucho mejor para todos si él me mata.
- "¿Inclusive para la guerrera del agua que espera que la salves en este momento? Deja de ser tan egoísta."
- No.
- "Ni siquiera tienes la fuerza para impedirme"
- ¡DETENTE!
- "Ya nada puede detenerme".
********
- ¡MUERE! - le gritó el mago atacándolo con la punta de su báculo al corazón. Pero en el último momento se movió para que le lastimara el hombro en su lugar y no perdió tiempo antes de sujetar al mago y encajarle los dientes en el cuello. Comenzando a beber su sangre como un vampiro.
Durante un instante el anciano intentó pelear pero no tuvo oportunidad contra el agarre del que era objeto. Las alas de la espalda de Alquiam salieron y los envolvieron a ambos durante un segundo. Después del cual se deshicieron en plumas negras que volaban al viento.
Y solo estaba Alquiam, con una pose aparecida a la de un animal furioso, con la boca escurriendo de sangre y sin rastro del cuerpo del mago. Solo su báculo que sujetaba entre las manos.
La única que pudo ver esto fue Anais que no peleaba, mientras las otras dos trataban de defenderse de un soldado que más bien parecía jugar con ellas. Pero que no alcanzó a reaccionar cuando Alquiam le tomó por la espalada y le clavó aquellos dientes como de tiburón en el cuello. Nuevamente alas salieron de la espalda del muchacho pero esta vez eran alas de cuero negro que les envolvieron y después volvieron a desaparecer en su espalda. Nuevamente sin dejar ningún rastro del atacado.
- Mi nombre es Alquiam. Dragón de Calgary, paladín de la destrucción es mi rango. ¡Yo soy un destructor de mundos! ¡Yo soy un devorador de almas! ¡SIENTAN MIEDO A LA MUERTE!
Los demás magos, mas asustados que sorprendidos, tardaron un poco en reaccionar y comenzar a atacarlo. El chico se lanzó contra ellos como una bestia salvaje, esquivando hechizos por nada o recibiéndolos de lleno sin que pareciera afectarle. Se lanzó contra el primero y en el suelo le arrancó una protección similar a una armadura en del pechó mientras sus alas comenzaban a salir impidiéndoles a las chicas ver lo que hacia, aunque los gritos les decían que era algo horrendo.
Ninguna de las tres alcanzaba a moverse, tenían miedo, de que como una bestia salvaje, las atacara a ellas si lo hacían. Así que cuando sus alas desaparecieron nuevamente, junto con el cuerpo de otra persona, los magos que quedaban echaron a correr para escapar. Aunque alcanzó a atrapar a uno que recibió el mismo tratamiento de los demás mientras el resto escapaba.
Al final, ya sin enemigos, la pared invisible dejó e sentirse y él volteo a mirarlas. Era una escena terrible, su amigo, con una mirada sicótica total, escurriendo de sangre en la boca y brazos con una armadura similar a la de un demonio. Un cuadro espantoso.
Se acercó lentamente a ellas pero se detuvo de repente y calló de rodillas. Como derrotado. Ahí, pareció despertar y mirarse las manos. Primero con desconocimiento y después con asco.
- No... no, no, no, ¡no! ¡NO!
Se arrancó la armadura como si le quemara, como si le doliera tenerla puesta y casi se arrastro hasta el arroyó cercano para tratar de lavarse la sangre. Tratar de limpiarse un poco aunque parecía difícil. Después de unos instantes permaneció parado ahí, metido un poco en el agua y respirando profundamente tratando de calmarse.
- Alquiam - se acercó Lucy un poco, aun con miedo.
Las dos espadas perdieron su forma y se convirtieron en dos esferas de color azul marino que se acercaron hasta quedar flotando a unos centímetros del dorso de cada mano de Alquiam.
A una orden de su mano una de ellas se levantó e hizo un dibujo de luz en el aire en forma de una estrella de siete picos. Durante un minuto esperaron que ocurriera algo, pero nada pasó. El chico parecía confundido. Intento en otro lado con la otra esfera y después les dijo.
- Las llevare con Guruclef y después buscare a quien trata de lastimarlas. Les prometo que estarán bien... y que al final todo estará como antes.
- Alquiam ¿Qué pasa?
- Entren en el portal, rápido. Hay mucho que hacer.
********
- El maestro Clef les recibirá en un momento - les anunció aquel soldado del castillo de Céfiro. Era tan extraño, de repente estaba en Céfiro, Alquiam sí resultaba ser aquel ángel de alas negras y se convertía en una especie de monstruo de batalla que podía vencer a quien sea. Y lo más raro era que aquí no hablaba con acento. Como si fuera cualquier cosa.
- Alquiam - le preguntó Marina - ¿Dónde estamos?
- En Céfiro, ¿no es lógico? Ustedes conocen este lugar.
- Pero... tu.
- Yo también conozco Céfiro. Yo nací aquí y aquí las conocí a las tres. Mucho después de que vencieron a Debonair.
- Pero...
- Muy pronto les explicare, ahora quiero hablar con Clef.
Lo que parecía ser una estampida acercándose al cuarto se escucho de repente para que por la puerta entrara Caldina y abrazara a la chica más cercana, Anais en este caso.
- Mis niñas, ¿están bien? ¿No les pasó nada? ¿No les hizo nada este monstruo?
- Gracias por el cumplido - le respondió el muchacho acercándose a una pared para recargarse en ella en una pose rebelde. Como si fuera el malo de la película o algo así.
- Caldina, que bueno verte.
- Las extrañaba tanto, después de que dijo que nunca regresarían.
- ¿Quién?
- Alquiam - Caldina la soltó un poco extrañada - ¿Qué pasa soldado?
- No recuerdan lo que no necesitan recordar - le respondió él - ¿Cómo esta Lezant? Ya debe estar muy grande.
- Esta con su padre.
- ¿Quién es Lezant? - preguntó Marina y esto pareció desconcertar aun mas a la mujer de piel morena.
- ¿Qué les hiciste?
- No hables de más, espera a Guruclef y no hables de más. Es todo lo que te pido.
Las tres chicas se encontraban tan confundidas de lo que ocurría. ¿Caldina también conocía a Alquiam? ¿Y por que decía que habían olvidado cosas?
Hasta entonces Lucy observó bien a Alquiam, como ahora llevaba aquel cabello largo y oscuro que usaba el ángel negro. Y sus ojos, antes de color café, ahora también estaban muy oscuros. ¿Podía cambiar también eso? Y su armadura podía ir por ahí sola sin que él tuviera que usarla, así era muy fácil hacerle creer a alguien que no era ese ángel... como a ella.
- ¡Pu, puuu! - se escucho del pequeño ser que entraba saltando para saludar a las niñas.
- Mokona - le recibió Marina feliz abrazándola. - Tanto tiempo. ¿Cómo has estado?
El animal mágico salto para saludar también a las otras chicas.
- Creí que no te volvería a abrazar - le dijo Lucy presionándola fuerte contra si misma.
- Alguien de quien no nos podíamos olvidar - menciono Anais acariciando levemente al conejo mágico. El cual parecía por de mas contento de la presencia de las chicas en el lugar.
- El maestro Guruclef. - anunció el soldado que cuidaba aquella sala. Lo que les alegró, por fin alguien que podría explicarles un poco lo que pasaba. Esperaban ver entrar a aquel mago de corta estatura con un báculo más grande que él mismo, con su sonrisa tranquila y ese aspecto de persona pequeña e inofensiva. Por lo que les sorprendió bastante que el sujeto que entrara midiera casi dos metros, fuera grueso como un árbol y se observara un gesto severo en su rostro como si estuviera a punto de golpear a alguien.
Era Guruclef, de eso no tenían duda, si cara, sus ropas tan parecidas y aquella corona que usaba. Pero parecía que abandonó su aspecto de muchacho para convertirse en un hombre joven pero serio y con aspecto de soldado. Muy parecido a Latiz.
- Ha pasado mucho tiempo, brujo - le saludó Alquiam.
- ¿Qué hacen aquí? ¿Están bien?
Se veía casi atemorizante, inclusive su báculo era diferente, ahora tenía una navaja y parecía una especie de lanza, y esas ropas negras.
Solo afirmaron levemente.
- Alguien nos atacó, se hace llamar Ishbal y nos trajo a Céfiro. Casi no la cuento... y ellas tampoco.
Guruclef pareció un poco confundido durante unos instantes, después elevó su báculo he hizo aparecer algunas sillas y una mesa de té.
- Vamos a platicar esto con calma.
- Guruclef - le dijo Lucy levemente - ¿Qué te pasó?
- Sí - hablo Marina - La última vez que te vimos tenias esta altura y te veías muy diferente. ¿También creciste como Ascot?
Guruclef pareció confundido durante algunos segundos, parecía aun mas extrañado de que ellas no recordaran que las mismas chicas. Por lo que reacciono de repente y le apuntó con la navaja de su báculo a Alquiam, quien no se movió para nada.
- ¿Qué les hiciste? - le preguntó furioso.
- Hice lo que tenia que hacer. No hables de más, ¿entiendes? ¡No hables de más!
Nuevamente aquel gesto de confusión en Clef, hasta que pareció calmarse y dejando de lado su báculo dijo en un tono sereno.
- Caldina las llevara a asearse y a descansar un poco. Yo tengo que hablar con Alquiam.
- ¿Lo conoces? - le preguntó Anais. A lo que Alquiam le respondió.
- Hace algún tiempo fuimos aliados.
- Vayan con Caldina y descansen un poco.
- No - dijo Lucy de repente - Quiero saber lo que esta pasando. ¿Por qué ustedes conocen a Alquiam? ¿Por qué dicen que olvidamos cosas? ¿Por qué estamos aquí otra vez si destruimos a Debonair?
Clef, que no alcanzaba a reaccionar, miro a Alquiam quien le dijo como si no importara.
- No recuerdan nada desde ese instante. Elige que decir.
Casi ignorándolas, el mago se dirigió el chico, que continuaba con aquella pose arrogante.
- ¿Qué planes tienes?
- Este tal... "Ishbal" Quiere matarlas. Según lo que dijo busca poder y desertar a un monstruo y quiere matar aunque sea a una de ellas para que no puedan detenerlo. Necesito tus hombres, tu magia y tus fuerzas para cazarlo y matarlo. Después regresó a estas niñas a su mundo, les hago olvidar esto de ser necesario y luego me alejo de ellas.
- ¿A dónde iras?
- ¿A quien le importa? ¿Dónde esta el príncipe? Con tal de verme lejos de ellas y de Céfiro me dará todo lo que le pida.
- Esta en campaña.
- ¿Campaña?
- Dejen de ignorarnos - reclamo Lucy nuevamente y el joven soldado habló caminando un poco hacia ella.
- Lucy, mi nombre es Alquiam, soy un guerrero nacido en Céfiro con poderes oscuros. El némesis de las guerreras mágicas, mi existencia es necesaria para conservar un balance. Hubo una guerra contra Autozam, una horrible guerra en donde yo dirigí las tropas a la muerte de mi familia. Donde las traje para que pelearan para mí. Todo lo que te conté, habla de esta guerra. Por eso el castillo de Céfiro ya no existe y esto es un castillo diferente. Los inocentes de los que hablaba eran ustedes tres y mis superiores eran Guruclef y Paris. Conoces mi historia y conoces mis pecados. No hay necesidad de repetirla. Ve con Caldina y que ella les cuente muchas cosas, relájense, y en cuanto podamos regresar a Tokio con seguridad, las llevare y me asegurare de que no tengan ningún mal recuerdo de todo esto.
- ¿Por qué no te ocupas tu mismo? - le interrumpió el mago.
- Mírame, mírame con tus ojos de mago y date cuenta... no soy ya mas que un humano, perdí casi todos mis poderes después de lo que pasó. Mi aborrezco a mi mismo y hace poco estuvieron a punto de matarme seres que fácilmente podrías derrotar. Ya no sirvo para nada, hechicero.
- Podrías despertar tu poder.
- ¿Y sabes lo que pasaría entonces?
- Seria terrible... ¿Siguen aquí, niñas? ¿N les dije que fueran con Caldina?
Y todavía muy confundidas, las chicas salieron del lugar.
********
- ¿Es cierto que hubo una guerra? - preguntó Marina a Caldina mientras comían.
- Sí, contra Autozam. Fue tan grande que los demás planetas se aliaron con nosotros.
- ¿Por qué? - Ahora Lucy - después de que nos fuimos las cosas quedaron bien entre los planetas y Autozam pudo recuperar sus sistemas de energía.
- Es algo muy complicado. Las maquinas de Autozam los engañaron y los obligaron a iniciar una guerra. Alquiam organizó el primer ataque junto con su ejército de demonios.
- ¿Tenia un ejercito?-nuevamente Marina.
- Diez mil demonios tan fuertes como cientos de miles de humanos... o eso le gustaba decir a él. Las trajo para que pelearan y lo convirtió en una carnicería -.Termino de decir Caldina y después retiró a Mokona de encima de su vaso para poder beber. Lo cual no pareció molestarle al ser mágico y atravesó la mesa llena de platillos de Céfiro para pararse sobre la cabeza de Lucy, quien continúo hablando sin mirar a nadie.
- Murieron sus padres.
- Cuando todos se dieron cuenta de que las maquinas eran el enemigo liberó a todos sus prisioneros y todos nos unimos ala lucha. Inclusive los demás países por que las maquinas querían exterminar a todos los humanos. La última batalla significó el destruir Autozam para salvar a su gente y a la de los demás planetas. Por suerte tuvimos un poco de ayuda.
- ¿De quien?
- Alquiam invoco al dios de la destrucción para que destruyera Autozam y a todas las maquinas con él. Pero la diosa de la creación lo detuvo después de destruir a la maquina principal. Después de eso lo encerró en una prisión de sueño eterno y nadie se enteró que había escapado hasta hace poco que vino con...
- Caldina - se escuchó desde la entrada a la habitación - No molestes a las guerreras mágicas con cosas sin sentido. Marina, quería darte algo.
Aparecía de repente en el lugar, solo para interrumpir a Caldina en lo que parecía ser la parte más importante de la plática. Solo llevaba la parte baja de la armadura negra que no se había quitado. El cinturón con vuelos negros y las botas. Sacó el chocolate que Marina le había dado y le dijo.
- Sé que quieres dárselo... no lo desperdicies en mi.
- ¡ALÉJATE DE ELLAS! - gritó Paris al entrar con la espada desenvainada. Alquiam se apartó de un salto del camino del espadachín y levantando ligeramente las manos le dijo.
- Yo no estoy haciendo nada, príncipe, mi señor. Tal vez usted siga siendo mi amo.
Paris pareció alterado durante algunos instantes y después dejó de lado su espada.
- Hace poco te vi junto a Lucy y te advertí que te alejaras de ellas. ¿Qué quieres aquí, Alquiam? Tu presencia solo nos trae cosas malas.
- No soy aquí por que quiera. Alguien me tiene encerrado en esta dimensión y no me deja usar mis portales para salir de este mundo. Debe ser alguien muy fuerte o una mala alineación de planetas.
- ¿Y si es eso ultimo?
- Apenas pueda, me voy y me las llevó contigo aunque tenga que arrastrarlas del pelo. No vuelves a saber de mí.
- ¿Y mientras tanto?
- Hazle lo que quieras a la guerrera del viento. Pero si la haces llorar te sacare el otro ojo.
Alquiam terminó esta frase con un aparenté odió y después intentó salir de la habitación. Pero la voz de Marina se lo impidió.
- Alquiam.
- ¿Qué quieres?
Era tan diferente a como antes, con su cortesía y la forma en que trataba a todas las mujeres en general. Estaba tan cambiado.
- Lo que dijiste en el parque... ¿eso pasó?
- No importa. - intentado nuevamente marcharse.
- ¡Claro que importa! ¡Son mis recuerdos, son mis sentimientos! ¡Tengo derecho a saber lo que pasó en mi vida!
- Esta noche lo sabrás todo, te lo prometo.
********
La situación en Céfiro es terrible - hablaba Paris mientras todos lo escuchaban, incluyendo a las antiguas guerreras mágicas que se empecinaron en permanecer ahí - Hay guerras y revueltas por todos lados. Después de la guerra con Autozam y de conseguir a los ejércitos estos se quedaron sin nadie contra quien pelear y ahora pelean entre ellos. Céfiro ha aguantado bien, pero el huracán en las costas de Milerna el mes pasado nos dice que algo terrible esta pasando.
- Pero en Céfiro no hay tormentas, nos lo dijeron la primera vez que venimos - dijo Anais alarmada.
- Pro Céfiro esta cambiando - le respondió Guruclef - Están pasando cosas que no deberían de pasar. Hasta el momento los cambios de clima pero la presencia de monstruos aumenta cada vez. Las milicias son necesarias para defender a los pueblos de los monstruos pero también pelean contra las milicias de otros pueblos. Céfiro se esta volviendo cada vez mas salvaje y menos pacifico.
- Yo no debería estar aquí - dijo nuevamente Paris -, comando un ejercito para tratar de detener las revueltas pero cada vez es mas difícil. Pero hoy tendríamos pláticas de paz con los pueblos que se niegan a unirse a las guerras. Vamos a tratar de encontrar una estrategia de detener todo esto. Si no fuera por que... no, olvídenlo.
- Dilo - le reclamó Alquiam - Si no fuera por que yo aparecí esto jamás hubiera ocurrido. El espíritu de guerra no se habría apropiado de Céfiro. En lugar de eso, los Cefirianos se habrían limitado a ocultar la cabeza bajo la arena, esperando que tres niñas de otro mundo arreglaran todos los problemas por ellos. Eran una raza tan débil que se merecían la muerte que tenían destinada bajo la mano de esas maquina. ¡Yo salve Céfiro de la muerte total! ¡Yo les di otra oportunidad sacrificando todo lo que tenia y solo pudieron echarla a perder!
- ¡CÁLLATE!
- ¡Basta los dos! - intervino Guruclef golpeando el suelo con su báculo, imponía tanto respeto con esa forma. Pero antes de que pudiera decir algo mas un soldado del castillo entró en el lugar anunciando.
- El consejo de pláticas de paz ha llegado y exigen ver al comandante Alquiam de Nadesca.
- Vienen a matarte - le dijo Paris burlón - y yo no te voy a defender.
Antes de que se les diera permiso un grupo un tanto numeroso de personas se abrió pasó al lugar. Se veían un poco agitados y Alquiam sujeto sus esferas voladoras, por si tenia que llamar a sus espadas.
- Alquiam - dijo un hombre enrome, de mas de dos metros y enormes músculos, pero lo que mas lo distinguía era la enorme hacha que cargaba al hombro. Casi tan grande como Lucy y de una enorme hoja doble afilada.
- Vargas, guerrero de las montañas del norte. Mucho tiempo ha pasado. También te acompaña Sirene, líder del ejército de caballeros pegaso, Marcus, el imponente jinete de las praderas de Orione, Legal, el elfo arquero de la tribu de elfos inmortales a la que pertenece Guruclef. Y mucha gente bonita más. ¿Qué los trae a mi presencia? Pensé que querían hablar con su príncipe sobre cierta paz. Yo solo estoy de pasó.
Aquel enrome hombre dejó su hacha apoyada contra la pared y se inclino levemente sin mirar al muchacho a los ojos.
- Comandante Alquiam, alguna vez peleamos bajo su mando para salvar Céfiro. En dos ocasiones nos llevó hasta una victoria gracias a sus grandes conocimientos como estratega y comandante.
- Haces que me apene, Vargas - el muchacho sonrió y volteo ligeramente ante el comentario.
- Todos nos encontramos cuando veníamos para acá y nos sorprendió la noticia de su presencia. Y deseamos pedirle que nos ayude a regresarle la paz a Céfiro.
- ¿De que hablas Vargas? ¿Y por que platicamos de cosas tan importantes de pie? Si desean una audiencia conmigo con gusto se las daré, si el príncipe nos permite un lugar en donde hablar. De lo contrario podríamos ir a uno de los jardines del castillo a hablar, excepto el principal, no me gusta estar ahí.
Todos se quedaron mirando a Paris quien se limito a levantarse y decir.
- Me retiró, en cuanto estén listo para nuestra reunión estaré listo. ¿Me acompaña maestro Clef?
- Adelante, niñas, vengan con nosotros.
Salieron del lugar dejando a Alquiam y a sus invitados en el lugar, pero antes de que cerraran se escuchó un pequeño escándalo en la ventana. Algo que parecía ser un dragón se veía en el exterior mientras un hombre abría la ventana.
- Los jinetes dragón del bosque del silencio también quieren hablar con el señor Alquiam.
- Y los jinetes lobos de los bosques dorados - dijo alguien que parecía ser un niño y se metió entre las piernas de los que salían, pero solo era una persona muy pequeña.
- Si alguien mas llega, que lo envíen aquí - dijo Alquiam antes de cerrar la puerta él mismo para evitar que los siguieran mirando.
Y durante unos instantes el silencio reino entre los que se quedaron en el exterior. Aunque Anais no podía dejar de notar a aquellas personas que acompañaban todo el tiempo a Paris.
- Disculpa, no los he presentado - dijo el príncipe apartándose ligeramente para mostrar a estos desconocido - Ellos son mis generales, como les dije, dirijo un ejercito para clamar las revueltas. Este es Talant, mi segundo al mando es un gran jinete, también esta Corrdos, el líder de los magos y gran adivino. Mi arquero es esta joven: Malachit puede darle a una manzana con una flecha a una manzana a un kilómetro de distancia. Y la joven Ariat, es mas joven que ustedes pero tiene un gran poder de sanación.
Cada uno de los mencionados respondió con una ligera reverencia, excepto la jovencita que se acerco a Anais con un marcado gesto de nerviosismo.
- Qué bueno volver a verte, te extrañaba bastante.
- ¿Disculpa? ¿Nos conocíamos?
- ¿Ya lo olvidaste? Tú me enseñaste magia de sanación.
- Disculpa, no lo recuerdo... es que no recuerdo muchas cosas
La sanadora sonrió de manera un poco triste y parecía dispuesta a decir algo más cuando Lucy la interrumpió.
- ¿Dónde esta Latiz?
- Con ráfaga, - le respondió rápido Paris - Hay algunos problemas muy al sur y no quise que Latiz usara el caballo mágico. El mensaje de que están aquí tardara un poco en llegar. En cuanto se entere nada podrá detenerlo para llegar aquí de inmediato.
- Menos mal. - sonrió la chica mientras Mokona, entre sus brazos, parecía hacerlo también.
- Una duda - dijo Anais - dijeron algo de alguien llamado Lezant.
- Es el hijo de Ráfaga y Caldina. Tiene casi dos años de edad.
- ¿Y ráfaga se lo llevó?
- Será muy cuidadoso, sobre todo por que Caldina es una encargada del dialogo con las facciones en guerra. Es mas seguro que Lezant esté con su padre.
- También dijo... algo de tu ojo.
Paris pareció un poco triste mientras decía.
- En una de estas guerras, me lastimaron el ojo izquierdo en una pelea - se sujetó ligeramente el ojo - no pudieron atenderme a tiempo y por desgracia lo perdí. Guruclef me hizo uno que parece de verdad pero no puedo ver con él. Eso me limita mucho.
- ¿Y como te sientes? ¿Estas bien?-al decirle esto la joven se acercó bastante al príncipe de cabello verde. Y Guruclef carraspeo ligeramente como si quisiera decir algo.
La puerta se abrió de manera violenta y Alquiam salió de la habitación gritando.
- ¡No, no, no y definitivamente no!
- Puede hacerlo señor Alquiam, puedo hacerlo si quiere.
- ¿Qué parte no entienden? Ya no soy aquel que conocieron antes, perdí casi todos mis poderes, no soy mucho mas que cualquier otro soldado. No les sirvo de nada.
- No le pedimos que luche - aquel hombre musculoso le seguía mientras Alquiam se alejaba ligeramente por el corredor pero se detenía frente a una ventana para mirar al exterior - Solo tiene que dirigirnos, conviértase en nuestro comandante y formemos juntos un cuerpo de paz. Un ejercito tan poderoso y con un estratega extraordinario que se dedique a aplastar a todo aquel que quiera romper la paz de Céfiro. Combatiremos la guerra con guerra.
- ¿Quieres que le mostremos a todos aquellos que se atrevan a pelear lo que es el verdadero reto?
- Quiero que nuestro Céfiro deje de preocuparse por la guerra que estallara hoy o mañana. Quiero que mis hijos y mis nietos vivan en paz a cualquier costo. Los guerreros de hacha, mi tribu te apoya.
- También los jinetes pegasos del valle de Rankian- le dijo una joven de cabello azul y una mascara plateada que impedía verle el rostro.
- Los jinetes de dragón del bosque del silencio.
- Los elfos arqueros de plata.
- Los caballeros de Orione.
- Los magos de Aztur.
- Los jinetes lobo de los bosques dorados.
- Los ángeles de madera de la montaña Zion.
- Y podemos obligar a la tecnocracia de Milian a apoyarnos con armas y tecnología. Si se lo propone podría convertirse en el nuevo príncipe de Céfiro. Cuenta con el apoyo de casi todos los pueblos en paz.
Lucy notó que tan tenso se puso Paris ante este comentario, él era el príncipe dé Céfiro y hablaban tan fácil de derrocarlo para poner a alguien que odiaba.
- Maestro - le dijo la joven de la mascara - He sabido que se siente culpable por lo que le pasó a Céfiro y por los actos de su pasado. Puede remediar todo eso dirigiéndonos para traer la paz de regreso a Céfiro. Y si recupera su fuerza, podría convertirse en algo más que un pilar para Céfiro. Ayúdenos.
- Tengo que pensarlo. No me agrada la idea, pero es algo que podría hacer.
- ¿Cuánto tiempo necesita maestro?
- Hay alguien que quiere matarme, hasta que no me deshaga de él, no puedo. Entones hablaremos.
- Siéntase libre de pedirnos lo que quiera para ello. Ponemos nuestras fuerzas para su causa aunque no acepte el dirigirnos. Usted una vez nos ayudo a salvar Céfiro y estamos en deuda.
- Gracias, señores.
- Y no olviden a las hadas del sur, no somos buenos guerreros pero podemos ayudar en todo lo que podamos. Nosotros también queremos la paz. - dijo una pequeña hada que llego montada sobre un gorrión y se detuvo sobre el hombro de la mujer de la mascara.
- Primavera - les sorprendió a Lucy y las demás.
- Hola chicas, ¿Cómo están?
- Muy bien, pero; ¿Dónde esta Latiz?
- ¿Quién?
- Latiz, ya sabes.
- No conozco a nadie con ese nombre. - dijo el hada de cabello azul como si le preguntaran algo muy tonto.
- Pero nunca te separabas de Latiz. - a partir de ese momento se sembró en el corazón de la chica una especia de sensación fría. Un sentimiento como si su corazón estuviese envuelto de helado metal. Mucho tiempo después, se daría cuenta, que se trataba de miedo.
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Lucy corría por los corredores del castillo aterrada. No escuchaba las suplicas de los demás de que se detuviera o se tranquilizará. Todo de repente estaba increíblemente mal. El mundo entero parecía haber saltado durante un instante y regresado a su lugar, pero dejándolo todo hecho un desastre encima., todo estaba de cabeza.
Este nuevo castillo era bastante parecido al anterior, y sabia donde estaba el jardín principal a donde se dirigía. Tenia que llegar para ver si lo que le decían era cierto. Tenia que saber si de verdad había pasado.
- ¿Latiz? - Respondió aquella pequeña hada cuando se lo preguntaron hacia algunos minutos -... no se me hace conocido. ¿No es ese el nombre de la tumba en el jardín principal? ¿Dónde dicen que esta enterrado un héroe?
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Tenia que llegar al jardín principal, tenía que descubrir si era de verdad. Solo girar por ese pasillo y entrar en esa puerta, detrás de ella estaba el jardín. Al principio la cantidad de luz la dejó ciega, un lugar en el interior demasiado iluminado. Pero en cuanto se acostumbró a la luz se dio cuenta de que era un gran jardín. Como aquel en el que Latiz le había regalado su amuleto, con muchos árboles pero no había nadie en el lugar. Solo Alquiam, con su armadura ya completa y una capa a su espalda, parado en el centro del lugar con una pose arrogante.
- Date la vuelta y vete, es lo mejor para todos.
- ¿Dónde esta?
- ¿De verdad quieres...?
- ¡CÁLLATE! ¿Dónde esta?
Bajó la mirada un poco apenado y se retiró para mostrar una tumba que antes cubría con su capa. Una tumba que ostentaba orgullosa el nombre de Latiz, escrito en japonés.
Lucy se acercó hasta él lentamente y calló de rodillas para repasar suavemente con su mano aquellas letras grabadas en la piedra.
- ¿Qué le pasó? - le preguntó al soldado con una calma demasiado rara para el momento.
- Se le metió en la cabeza que tenia la misión de matarme y casi lo logra, pero me defendí.
- ¿Tu lo mataste?
- Era su vida o la mía, la pelea fue en Tokio. Por eso no recuerdas nada de mí ni de sus otros regresos a este mundo. Les borre la memoria para que no recordaras la muerte de Latiz.
- ¡¿Y TE HACÍAS LLAMAR MI AMIGO!? - la joven se levantó y lo golpeo en la mejilla con toda su fuerza.
- Era su vida o la mía, no es un pecado defenderse. - menciono el muchacho sin mirarla.
- ¡Eres un maldito! ¡Un desgraciado! ¿Como pudiste matar a Latiz? ¿Cómo pudiste?
Paris llegó para abrazarla mientras ella seguía intentando golpearlo y gritando cosas. Hasta que por fin se rindió y solo atino a llorar. A llorar con todas sus fuerzas.
- Llévensela a que se reponga. Necesita ayuda y estar con sus amigas.
- ¿Tu...? -intento preguntarle Marina.
- Yo maté a Latiz, le atravesé la garganta con la navaja de mi brazo. Me defendí de su ataque. Si quieres saberlo todo - le arrojó una de las esferas azules que llevaba -. Pregúntaselo a ella, te lo dirá. Yo tengo mucho que hacer.
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//Marina Ryusaki//
- "Mi nombre es Selene, le sirvo al señor Alquiam y me pidió que te mostrara lo que quisieras ver. ¿Qué es lo que deseas conocer?".
- ¿Puedes enseñarme cosas?
- "Las esferas mágicas del señor Alquiam le permiten ver lo que sea, exista o no, lo que hay dentro del corazón de las personas o solo en sus sueños, sucesos ocurridos hace mucho tiempo o que aun no pase, en este universo o en cualquier otro. Es omnipresente."
- ¿Puedes decirme de su pasado?
- "¿Pasado contigo o el pasado de mi señor? El pasado mas antiguo de su persona, él ya no lo recuerda y no desea recordarlo, no le gustaría que te lo mostrara. Pero puedo mostrarte desde su segundo nacimiento"
- Por favor.
Se encontraban en una de las habitaciones del castillo mientras Lucy seguía durmiendo. Había llorado hasta quedarse dormida y se veía tan mal. Por alguna extraña razón aquella situación se le hacia tan terriblemente conocida. Como si ya hubiera ocurrido antes. Mokona permanecía junto a la chica con una mirada triste mirándola dormir igual que sus amigas.
Hacia ya un rato que los demás se habían ido y por fin tenían un poco de paz. Momento que Marina aprovechó para usar que la esfera que le habían dado. Y al preguntarle, la esfera dibujó en el aire una estrella de siete picos en donde apareció una chica.
- Espera - le dijo a la joven de la imagen -, quiero saber por que no recuerdo. ¿Por qué parece que hay muchas cosas que debería recordar pero no puedo?
- "Te lo mostrare."
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//Alquiam de Nadesca//
- Maestro Alquiam.
- Sirene, jefe principal de las caballeros pegaso de Rankian. Tu fuerza en el combate solo es superada por tu belleza. ¿Qué desea la dama conmigo? - respondió el guerrero sin mirarla, parado en pose arrogante en el exterior del castillo mirando hacia el horizonte.
- ¿Se encuentra bien?
- No, no lo estoy... ¿Quién es la jovencita?
- Ha, es mi hermana Florina, la estoy entrenando.
- Un placer conocerla, señorita.
Una jovencita de rizos verdes y un poco menor que el muchacho no contesto el saludo y se oculto detrás de su hermana. Alquiam rió ligeramente antes de decir.
- Veo que ha sembrado el temor hacia mí en el corazón de su hermana. Es usted una persona terrible, Sirene.
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//Marina Ryusaki//
- "El señor Alquiam realizó un hechizo a todo tu país para borrar de sus mentes momentos específicos. Le costo tanto trabajo que perdió una buena parte de su capacidad mágica" - en el portal se veía una imagen de Alquiam vestido con ropas normales de Tokio elevado ligeramente en el aire mientas una onda de luz salía de él - "Borro cualquier recuerdo que se tuviera de él en las mentes de todos los humanos. Y eso incluía desde el momento que lo conocieron hasta horas antes del hechizo. Era imposible solo borrar su presencia de sus recuerdos, por lo que quitó inclusive los recuerdos de sus siguientes viajes a este mundo, que fueron por causa de mi señor. Primero para combatir contra él, y luego a su lado."
- Dijo que nos trajo para una guerra contra Autozam - interrumpió Anais.
- Y así fue, la segunda vez que se vinieron, pero antes ustedes y él se habían conocido. La batalla contra el planeta fue una reunión después de algún tiempo.
La escena corría todavía en el portal como una película y se veía al muchacho tirado en el suelo respirando con dificultad. Se notaba el gran esfuerzo y la magia gastada. Por eso no lo recordaba.
- ¿Cómo lo conocimos? - preguntó Marina.
- "Fue en Tokio" - y la imagen del portal cambio.
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//Alquiam de Nadesca//
- ¿El gato es suyo? - le pregunto el soldado a aquella nueva jovencita señalando algo parecido a un gato del tamaño de un perro mediano que le miraba con recelo.
- Es Trishka, una lince de los montes blancos de nuestras tierras. La salve cuando todavía era un cachorro y por eso me sigue.
El hablar del animal le daba confianza hacia el muchacho de armadura negra. Aunque el animal no compartía la opinión y bajaba las orejas en una típica pose de gruñido pero sin emitir ruido alguno.
- No le caigo en gracia.
- Lo siento, casi siempre es noble, pero... no entiendo.
- Siente mi oscuridad, es normal que reaccione de esta manera. No me sorprendería si intenta atacarme. Pero veo que tiene una lanza ¿me dejaría verla?
Un poco tímida la joven le cedió el arma, teniendo que ordenarle calma a su mascota, el muchacho observó un poco el arma y después movió a su alrededor con agilidad. Se notaba que era un gran guerrero.
- Es una buena lanza, el acero es excelente. Pero el peso no esta hecho para su brazo y es demasiado grande para su estatura... y tiene una melladura en el filo. Estas cosas estas hechas para cortar hueso con facilidad, por lo que tuvo que ser contra una armadura muy poderosa.
- Sí - respondió ella dejando de cubrirse tras su hermana.
- Y dígame señorita - mirando el filo y repasándolo con el pulgar - Este árbol, un olmo; ¿se defendió del ataque?
Apenada, la joven no respondió al comentario mientras Alquiam reía. Después elevó la lanza, que comenzó a brillar y cambiar de forma hasta parecer una nueva.
- Mucho mejor, seguro que le sirve y conserva la inscripción en la hoja. Ahora le sirve más. Soy un herrero y un alquimista. Espero que le sea útil.
- Gracias - le contesto recibiéndola.
- Es usted tan bella como su hermana, eso confirma mi teoría de que no existen jinetes pegasos que falten de belleza.
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//Marina Ryusaki//
La imagen en el portal era diferente y ahora las chicas corrían por Tokio persiguiendo algo mientras Lucy decía.
- "Estoy segura de que es Mokona, nos esta llamando"
- "¿Pero por que? ¿Cómo esta aquí?" - le preguntó Marina.
Las jóvenes se detuvieron en un parque con muchos árboles que parecía desierto y una voz se escuchó.
-"¡Buenas tardes, señoritas!" -. Dijo de pronto una voz que parecía provenir del árbol frente al cual se encontraban -. "Debo decir que es un verdadero placer el conocer a las tan mencionadas Guerreras mágicas. Pero este no es el lugar propicio para las presentaciones, muy pronto nos volveremos a encontrar y entonces será diferente."
Era Alquiam, sentado entre las ramas de los árboles, que las miraba con un gesto parecido a la malicia. Pero lo que más llamaba de él eran sus ropas, bastante parecidas a las que Ascot acostumbraba usar.
-"¿Quién eres tu?" - trato de gritarle Lucy antes de que el suelo bajo ellas comenzara a brillar y las tres cayeran a través de él como si no existiese.
-"Realmente es un placer" - volvió a decir el muchacho antes de saltar del árbol para desvanecerse en el aire sin tocar el suelo, como si jamás hubiese estado ahí.
- "Así conocieron ustedes a mi señor". - le dijo el portal
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//Alquiam de Nadesca//
- Su hermana y yo nos conocimos teniendo una pelea. Conocía la fama de belleza de las jinetes pegaso y al ver que su hermana usaba una mascara quise humillarla haciéndole que me mostrara su defecto.
- ¿Y lo logró? - poco a poco la joven tomaba mas confianza con el guerrero de la armadura de demonio.
- Le quite la mascara y me quede... pasmado por la belleza de la señorita. Ahí me di cuenta de que la mascara no era para ocultar un defecto, si no para hacer que los hombres no se engolosinen con su rostro y les impida pelear. Aprovecho ese momento para herirme.
- Fue una batalla difícil - intervino la joven de la mascara.
- Pero pude reponerme. Y ganar la pelea.
- Yo debería estar muerta.
- Cometió el error de creerme indefenso sin espada aunque guardo un par de trucos más. Si no la mate fue por que en el último momento dijo algo sobre una hermana... y creí que no era necesario hacer sufrir a alguien más. Así que solo declare mi victoria.
- ¿Venciste a mi hermana?
- Es una gran guerrera, pero se confió y me pareció un desperdicio matar a un ser tan hermoso. Así que la dejé ir. Durante mucho tiempo prometió que tendríamos una revancha, inclusive en la guerra contra Autozam cuando los jinetes pegaso se unieron a los ejércitos de Céfiro.
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//Marina Ryusaki//
"El señor Alquiam rompió sus espíritus, las obligo a desconfiar entre ustedes y de ustedes. Hizo que aquellos que consideraban sus amigos desconfiaran de ustedes y deshizo todo lazo de unidad entre sus amistades. Les obligo a enfrentarse a sus peores pesadillas y los retos mas grandes que como humano pudieron enfrentar"
La escena mostraba imágenes alternadas de lo que parecía ser una gran aventura luchando contra Alquiam. Ahí se veía a los hermanos de Lucy, vestidos con armaduras de color dorado que peleaban contra ella. A la hermana de Anais, vestida como una amazona guerrera pelando contra las tres mientras Anais lloraba. También sujetando por el cuello a un vencido Guruclef sangrando mientras Marina los observaba.
"Las engaño para que abandonaran este mundo mientras él lo destruía, de manera que todos en Céfiro creyeran que los habían abandonado. Cumplía los deseos de la gente, pero de una manera terrible. Destruyo Céfiro, su castillo y todo sobre él.
El castillo de Céfiro siendo derrumbado por una inmensa fila de cañones que no dejaban de disparar. Un Céfiro destruido mientras Alquiam reía desquiciado observándolo todo. Pero estaba tan diferente a como lo conocían. Con una locura inmensa en la mirada, con una especie de deseo de sangre. Estaba loco y lo demostraba a cada instante.
- ¿Por qué hizo todo esto?
- "Por que deseaba ser mas fuerte. Y para serlo tenia que derrotar a quienes se decía eran las guerreras mas poderosas. Pero no podía enfrentarlas juntas con todo su poder y les aniquilo el alma primero. Su señora le dio las ordenes para volverlo increíblemente fuerte, a cambio de un pago."
- ¿Cual?
- "La guerrera del agua"
- ¿Quién era esa señora?
La imagen del portal cambió para mostrar a Alquiam hincado frente a una figura, que lentamente salió de las sombras para mostrar a la princesa Esmeralda que le hablaba.
- ¡La princesa esmeralda!
- "La señora de mi amó, quien le prometió lo volvería el ser mas fuerte si le obedecía. Pero mi señor no sabia el sacrificio de la persona que Ascot amaba, y al sentirse traicionado se rebelo contra su señora y se unió a ustedes. Las obligó recuperar su confianza".
Las tres niñas agarradas de las manos se observaban en medio de una total oscuridad, las tres lloraban pero parecían muy unidas. Alquiam apareció y las atacó, pero ellas se defendieron y le hicieron caer.
- "Con ustedes listas, peleó a su lado contra la princesa Esmeralda y el espíritu de Zagato en el cuerpo de su hermano. Pudieron vencer a la princesa y rescatar al guerrero, pero a un costo muy alto para mi señor al dañar su cuerpo al grado de que la magia no lo ayudaría. Las regresó a su mundo y se resigno a morir siendo el guerrero mas fuerte sobre el universo."
Zagato y la princesa Esmeralda, pareciendo una mujer adulta, parecían atacar juntos a alguien pero al ver que tenían la batalla perdida se abrazaron y se dieron un ultimo beso antes de que la luz llenara por completo la imagen.
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//Alquiam de Nadesca//
- ¿Era usted tan malo como dicen? - le preguntó Florina.
- No... era mucho peor. Un ser terrible que quería destruirlo todo, eso era yo.
- Me resulta difícil.
- Cambie mucho en este tiempo. Perdí una buena parte de mis fuerzas y en la guerra pasada murió todo mi ejército. Yo debería estar en una prisión de los dioses pero me escape. Desde entonces no me ha ido tan bien como quisiera.
- ¿Se arrepiente de lo que hizo?
- Florina -. Le regaño su hermana.
- No hay problema. Y sí, sí me arrepiento de lo que hice. Por eso trato de hacer cosas buenas en el mundo en donde vivo ahora... aunque siempre hay personas que creen que soy el mismo y tratan de lastimarme. No me importaría tanto si no metieran a las personas a las que quiero.
- ¿Perdió su poder?
- Casi todo, ya no le soy tan útil a tu hermana y a sus amigos. Aunque mis conocimientos siguen intactos. Hay un nuevo ser que amenaza a las guerreras mágicas. Y no tengo el poder para detenerlo yo mismo.
- ¿No puede recuperar sus poderes?
- Si lo hiciera volvería a ser el ser que era antes. Y entonces todos estaríamos en problemas. Si quisieran matarme a mi no tendría tanta preocupación, creo que me harían un favor. Pero quieren hacerles daño a ellas y eso no puedo permitirlo.
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//Marina Ryusaki//
- "La segunda guerra fue terrible, los primeros en morir fueron los aldeanos del pueblo en donde vivía y tenia una familia"
En la imagen se veía su pueblo siendo atacado por lo que parecían ser rayos mágicos. Alquiam, vestido como un campesino, trataba de salvar a una joven abrazándola y quitándola de eso enormes rayos que caían del cielo. La sacó con ayuda de sus esferas azules y observó todo desde la distancia. Mientras le regresaba a la cara aquella mirada sicótica de antes.
- "Los extranjeros atacaron también el nuevo castillo de Céfiro, reconstruido por el señor Alquiam. Intentaron matar a Guruclef pero mi señor y el guerrero Ascot lo defendieron."
Ahora mostraba la pelea en el castillo. Y a un Ascot de cabello corto y aspecto de soldado. Peleando lado a lado.
- "El señor Alquiam organizo sus ejércitos de demonios y a los humanos. Reclutó legiones de todas las razas y las preparó para pelear. Pero en un ataque, sintiéndose vencido, invoco con sus poderes a las legendarias guerreras mágicas para que le ayudaran a luchar. Y después, intento llevarlas de regresó a su mundo pero ustedes se negaron. Y se unieron a la batalla. Con sus portales, llevó la pelea al país enemigo en donde organizo una matanza peor que la de Céfiro".
Se veía al chico, con su mirada llena de locura, ordenar a sus ejércitos en un mundo futurista, Autozam al parecer.
- "Las muertes y los prisioneros se contaron por miles. Se enfrentaba a ejércitos tan fuertes que perdía a muchos de sus demonios y hacia caso de todas sus habilidades para sus batallas. Las guerreras mágicas le acompañaron y presenciaron su carnicería. Trataron de detenerle pero lo sabían imposible."
Ahora se veía como Marina observaba una explosión, con lágrimas en los ojos pues lo que se destruía era una ciudad con Alquiam en el centro del lugar al parecer provocándolo todo.
-"En esa batalla encontró a su némesis, a alguien capaz de destruirle, pero no tuvo, al inició la batalla que quería."
Se veía a Alquiam luchaba contra una joven. Una herida parecía atravesarle el torso y le faltaban pedazos a su armadura. Pero sonreía, sonreía como si aquello fuera algo grandioso, como si estuviera divirtiéndose.
- ¿Esa eres tu?
- "No, solo me parezco, el señor Alquiam tenia un sentimiento especial por esa humana. Era tan fuerte como él y tenia una fuerza de voluntad inmensa. La hermana de Águila era capaz de derrotarle y cumplirle el mayor deseo a mi señor."
- ¿Cual era su mayor deseo?
- Morir.
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//Alquiam de Nadesca//
- ¿No quiere volver a ser como antes?
- No quiero volver a hacerle daño a nadie. Y obtener mis poderes significa lastimar a muchas personas.
- ¿Por qué?
- Por que mi fuerza proviene del odio, de transformar mi dolor en odio, mi odio en furia y mi furia en fuerza de voluntad. Entre mas fuerte sea mi odio, mas fuerte me volveré. Y el odio, trae deseos de destruir y lastimar. Y se alimenta a si mismo y se vuelve tan fuerte que sale de control.
- Y lastimarías a alguien.
- Aun existen mundos, en donde mi nombre es sinónimo de Apocalipsis. Y aquellos que no lucharon para mí, me temen y me odian. Y los dioses también me detestan, hace mucho tiempo busque la muerte de mil maneras pero siempre huyo de mi. Y ahora me busca cuando hice la promesa de defender a alguien. Alguna vez tuve una familia y luego la perdí... y aunque hice de todo para recuperarla... todos fueron felices al final, meno yo, todos menos yo.
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//Marina Ryusaki//
- "Al final las maquina se hicieron tan fuertes que no era posible detenerlas con toda la fuerza que los seres vivos tenían. Selene, el némesis de mi señor, abandono su condición humana para ser mas fuerte y vencerlo. Pero mi señor Alquiam también se abandono a la magia oscura de su corazón y se convirtieron en dos monstruos luchando para ver quien era mas fuerte."
La joven rubia estaba rodeada de maquina que parecía unirse a su cuerpo y Alquiam hablaba. El soldado parecía llorar mientras le suplicaba que no lo hiciera. Ella negó y se besaron antes de que las maquinas la devoraran y algo parecido a inmenso robot surgió del lugar mostrando su cara al frente como un símbolo. Alquiam gritó fuerte y después mostró los dientes afilados como de tiburón y los ojos de un rojo encendido y se lanzó a pelear contra ella.
- "Pero el enemigo final era mucho mas poderoso y a pesar de ganarle a Selene, el señor Alquiam estaba demasiado lejos de la victoria."
Una especie de monstruo metálico se levantaba en medio de una ciudad futurista. Los genios de las jóvenes se veían insignificantes a su lado y las legiones de todos los planetas parecían aterradas. Todos dispararon sus armas y su magia a la vez y parecieron vencerle, pero esa cosa estaba hecha de cientos de maquinas y podía reconstruirse fácilmente.
- "Perdimos" - decía Alquiam - "Esta batalla esta perdida, no podemos hacerle nada. Señor Paris, deme la orden prohibida, ordéneme detenerlo y lo destruiré. Tenemos que sacrificar este planeta para salvar a sus habitantes y a los otros planetas"
Paris levanto su mano y le dijo.
- "Restricción numero cero liberada: Invoco al dragón de Calgary."
No se vio muy bien lo que ocurría, pero una luz envolvía a Alquiam y destruía su cuerpo, hasta que de la luz salió un genio gigantesco, tan grande como la maquina misma y le atacó de repente.
- "Ese es el dragón de Calgary" - les dijo Selene - "El dios de la destrucción y de la muerte. El cuerpo del señor Alquiam es su prisión y soltarle significa la destrucción total y la muerte de un mundo. Los ejércitos se unieron a este nuevo monstruo y vencieron a las maquinas. Pero ahora tenían a un ser mucho peor frente a ellos. La única diferencia seria, que al terminar de destruir ese mundo, regresaría a su sueño eterno y dejaría a los otros mundos en paz. Con el poder de sus portales, sus alumnos, Dilan y Ascot podrían salvar a las personas de ese planeta. Pero las guerreras mágicas no deseaban permitirlo."
El genio rojo trababa de impedirle el avance hacia la ciudad que comenzaba a destruir. Pero su poder era insignificante contra aquel ser enorme. Las tres juntas lo atacaron y solo lograron hacerlo enfurecer. Por lo que Anais provocó un escudo que lo impidiera avanzar. Y justo cuando el genio gigante estaba apunto de romperlo, una figura apareció en el lugar. Una mujer que parecía hablar a través de la voz de Anais. Mientras su figura se dibujaba imponente en el cielo.
- "Archel, la diosa de la creación de Céfiro, el némesis del dragón de Calgary le detuvo y le ordeno dormir nuevamente. Encerrando a Alquiam del lugar de donde nunca debió salir. Lo encerraron eternamente."
- Es un poco difícil de ver.
- "Es el pasado de mi señor Alquiam."
- ¿Qué pasó después?
- Alguien lo sacó de esa prisión de sueño eterno. Pero no podían sacar su cuerpo que era la prisión del dragón de Calgary. Por lo que le dieron un cuerpo nuevo y poder suficiente para muchas vidas. Lo soltaron y le dijeron que hiciera lo que quisiera con su poder."
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//Alquiam de Nadesca//
- ¿No puede obtener su poder de otro lado?
- Alguna vez obtuve poder del amor que sentí hacia una persona. Pero el amor que no es correspondido se convierte en dolor. Y a mi ya no me corresponden.
- ¿Por qué?
- Por que obligue a esa persona a olvidarme y a no quererme. Por que hice una promesa y perdí todo lo que tenia por cumplirla. Cuando tu fuerza de voluntad se acaba y ya ni siquiera tienes deseos de vivir... te vuelves débil. Y solo un compromiso puede obligarte a seguir viviendo. Esa es mi situación actual, vivo solo por cumplir una promesa, por que no me queda nada que valga la pena conservar o por lo que valga la pena vivir.
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//Marina Ryusaki//
- ¿Qué es Alquiam?
- "Alguna vez mi señor fue un humano como usted. Pero invoco el poder del dios de la destrucción y fue castigado y condenado a ser su prisión eternamente. Perdió buena parte de su humanidad y no era capaz de existir por si mismo. Fue encerrado en una prisión sin sombras ni sueños, condenado a dormir eternamente y solo despertar para liberar al dragón de Calgary. Quien destruye mundos que han dejado de evolucionar y permite que las personas puedan comenzar de nuevo desde nada. Es un purificador. Pero se unió a los sentimientos no deseados del joven Ascot."
- ¿Los sentimientos no deseados?
- "Los sentimientos que algunas persona no desean tener. Esos mismos sentimientos que salieron de la guerrera de fuego, Lucy para crear a Luz; salieron del cuerpo de Ascot y se unieron al señor Alquiam para darle una conciencia. Para permitirle existir."
- ¿Entonces Alquiam es la parte oscura del corazón de Ascot?
- "Principalmente. Pero a tu lado consiguió una humanidad que tenia perdida."
- ¿A mi lado?
- "El maestro Alquiam hablo de sentimientos por ti cuando seguían en la tierra. Sentimientos que existieron que los unían a ti y a él. Sentimientos que lo convirtieron en un humano."
- ¿Qué clase de sentimientos?
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//Alquiam de Nadesca//
El lince, que descansaba cerca de su dueña, levanto las orejas de pronto y volteo en una dirección de la que se escucho una voz.
- ¡Que bonitas palabras!
- Ishbal. - Alquiam se levantó amenazante ante la llegada del nuevo intruso.
- Si tu deseo es morir entonces yo puedo hacerlo posible, si tu deseo es volverte fuerte entonces yo puedo darte esa fuerza. ¿Recuerdas la época en la que tú cumplías deseos? Pues yo también puedo hacer lo mismo. Puedo cumplir el deseo que quieres, solo pídelo.
- ¡¿Qué quieres aquí?!
- Quiero matar a alguien, y si no quieres morir tú, entonces matare a esa pequeña niña de la lanza. Servirá para lo que necesito.
Llamando su espada, Alquiam se lanzó contra su enemigo quien le esquivo con facilidad y le respondió el ataque con una navaja no muy grande que sacó de debajo de su manga. Envolviéndose en pelea.
Alquiam se veía enojado pero no avanzaba en la pelea. Mientras su oponente se limitaba a esquivarlo de manera tranquila.
- ¿Recuerdas este jardín? - le dijo el tipo de la mascara - Fue aquí en donde peleaste por primera vez desde tu segundo nacimiento. Fue aquí en donde venciste a Paris, el príncipe y en donde las guerreras mágicas te atendieron tus heridas cuando traicionaste a tu señora.
- ¡Cállate!
- No tienes la fuerza para nada.
De un buen golpe al pechó lo lanzó a la pared y después trato de clavarle su navaja pero su objetivo se movió.
- Nada puede matarme.
- Eres un humano, ¿recuerdas? Y los humanos siempre mueren. Deseaste ser un humano y alguien cumplió tu deseo. Así que acepta tu destino y muere como uno. - Levantando su mano pareció llamar magia - ¡Dragón de agua!
- ¡Dragón de agua!
Los poderes chocaron en el centro del lugar y se contrarrestaron durante algunos momentos. Hasta que el dragón del enmascarado aumento su fuerza. La bestia de líquido golpeo al muchacho estrellándolo de nuevo contra la pared. Y al terminar parecía vencido.
- Eres patético.
Una enorme hacha se clavó en donde el enmascarado debía estar antes de moverse sintiendo el ataque. Y todos los guerreros se encontraban en el lugar. Inclusive el jinete dragón que cubría la salida por el aire.
- Deja en paz al comandante.
- ¿Comandante? ¿Alguien tan patético puede dirigirlos? ¿Alguien tan patético puede protegerlos? ¡Yo les mostrare lo que es la verdadera fuerza!
Todos parecieron desaparecer de repente, dejando a Sirene y a su hermana Florina confundida. Durante algunos segundos el lugar parecía en calma que fue rota con la llegada de todos los guardias del palacio, Guruclef y el príncipe Paris, enterados de lo que pasaba. Y parecieron desconcertados, ¿Dónde estaban todos? ¿Dónde estaba el enemigo?
Un dibujo de luz, de unas alas blancas dentro de un círculo se mostró en el suelo y aparecieron todos. En el suelo, quejándose de sus heridas. Y en el centro, con la armadura hecha pedazos y sangrando de un ojo, estaba Alquiam, sosteniendo el cuerpo inerte del guerrero del hacha.
- ¡Vargas! - Le gritaba sin moverlo- ¡¡VARGAAAAAAS!!
No despertaría y el soldado lo sabia mientras lloraba con el ojo que le quedaba. Parecía desgarrado de dolor. Parecía destruido.
- Voy a vengarte Vargas. Te prometo que voy a vengarte.
*******
Notas finales del capítulo:
Hola, una vez mas con un nuevo capitulo. Por cierto, olvidaba comentar que es mi primer fic y agradecería bastante cualquier comentario que me ayudara a mejorar. Sé que todavía hay mucho que me falta pero no puedo darme cuenta solo.
Muchas gracias y por favor sigan leyendo.
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