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"Mi más ferviente deseo"
Por:
La Mosca
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No fue en un día lluvioso, no fue de noche, no fue algo que hubiera cambiado de algún modo, la guerra es una bestia que se sacia con sangre humana, un niño se alejaba de un campo de batalla. Sus pies ardían, su boca estaba seca, sus ojos llenos de lagrimas, había visto morir a sus padres frente a el, la causa, fuego cruzado. Una lluvia de flechas cayo mientras viajaban por el camino, el padre miro a los lados, al ver los grandes ejércitos tomo a su primogénito, lo lanzo contra su madre, ella lo abrazo fuertemente y se tiro encima de el, ambos fueron un escudo humano, el pequeño logro salvarse, vio sangre por doquier, soldados muriendo, padres, hijos y hermanos matándose unos a otros, horror, gritos, guerra, todo el aire apestaba a muerte, el chico movió el cuerpo sin vida de sus padres y corrió desesperadamente. No sabia a donde iba, solo corría y corría, fue inevitable ver los rostros de sufrimiento de estas personas, cuerpos destazados, sangre brotando, sin embargo ningún soldado lo dañaba, ninguna flecha o lanza lo tocaba, tal como si sus padres lo siguieran protegiendo. De nuevo esta ahí, solo, las memorias lo atormenta, todo sucedió tan rápido, ¿Cómo puedes perder tanto en tan poco tiempo? ¿Cómo puedes perder todo en cuestión de minutos? Y todo por la avaricia y ansiedad de poder. El chico recupero la cordura, sus lagrimas aun brotaban, sin embargo no sentía tristeza, que sabia el de la muerte, “hay que seguir, papá se molestaría conmigo si me rindo” era joven, demasiado joven para estar solo.
El chico llego a un pueblo, después de vagar por un tiempo encontró un lugar donde podría dormir, un pequeño establo, debería pasar la noche junto al mal olor del estiércol y los animales, su primera noche fue de insomnio. Los rayos del gran astro bañaban su rostro, la luz lo despertó, “¿acaso he dormido?” se cuestionaba, salio a buscar alimento, robo un par de manzanas, al terminar el hurto, las comió como una bestia, tragaba en vez de masticar, todo le sabia a estiércol, no había olvidado el olor del establo.
Paso la tarde, mientras buscaba mas comida escucho a varios hombres hablar acerca de una novedad, un nuevo artefacto que poseía el rey, una especie de cristal el cual te concedía cualquier deseo, al escuchar esto el chiquillo dejo caer la poca comida que había robado, su rostro reflejo esperanza, “si eso es cierto, si puede cumplir cualquier deseo…” El chico estaba decidido, iría al castillo del rey, por supuesto era una mala idea, el acercarse al castillo era lo mismo que cometer suicidio, así que fue a un bar, donde pidió ayuda.
-….disculpe…-le dijo a un hombre ebrio, el cual actuó de manera violenta, el chico solamente se alejo del hombre-…disculpe, ¿podría ayudarme a…?-y así siguió por varios minutos hasta que un joven le dijo.
-oye mocoso…-el pequeño volteo hacia el-… estuve escuchando tu historia, si quieres ir al castillo te llevo, solamente te pido algo a cambio….
El hombre era un espía, necesitaba un señuelo para poder entrar al castillo y robar el cristal, le pareció bueno usar al chico, a nadie le importaría si moría, el niño no sabia las intenciones del sujeto, el simplemente quería ir al castillo. Era de noche, el sujeto estaba en una habitación con el niño, alistaba su espada y vestimenta.
-Mocoso, iremos mañana en la mañana al castillo, así que mas te vale despertar temprano….
-No me llamo mocoso, me llamo Edgar… y si despertare temprano….-el sujeto volteo hacia el niño, su mirada era un tanto incrédula.
-…Si, seguro… Edgar… mi nombre es Siegfredo…-el joven mentía, aun así que importaba su nombre-… para servirte.
-mucho gusto señor Siegfredo…-Edgar volteaba los ojos de lado a lado, buscaba comida.
-…La comida esta debajo de la mesa….-dijo Siegfredo un poco molesto-… ¡no te acabes todo!
-¡No lo voy a hacer!
La noche transcurrió, Siegfredo veía que el niño no se dormía, el tampoco lograba conciliar el sueño, se le ocurrió que podría aprovechar la oportunidad para ganarse un poco mas la confianza de Edgar.
-¿Y para que diablos quieres ir al castillo?
-…necesito pedirle algo al cristal del rey…
-ehh… ¿en serio? ¿Qué cosa?
-…asunto personal…
-…mmmm, esta bien, yo solo preguntaba… lo que le quieras pedir es muy tu asunto…
-….Mis padres murieron hace dos días…
-….¡¿qu..?!-Siegfredo se quedo perplejo.
-…Si es cierto lo que dicen, tal vez pueda revivirlos….
-…pues… si es cierto que el cristal hace eso, yo creo que puedes revivirlos…
-…Si, eso quiero…-Edgar durmió.
Amaneció, desde temprano salieron Siegfredo y Edgar del pueblo, el camino fue largo, el joven le contaba historias a Edgar de sus aventuras, el niño le tomaba cada vez más confianza, quizás había encontrado a un buen amigo. Siegfredo tenia el plan de hacer que el niño entrara por un lado del castillo y el del otro extremo, usaría una especie de señal muy alarmante, la cual sin duda atraería a los soldados a el, y por ende dejarían libre el camino para Siegfredo, lo que pasara con Edgar no le importaba. Estaban ahí, Siegfredo ayudo a Edgar a subir por unas enredadera que había en una pared del gran fuerte, el simplemente fue hasta el otro lado, de hecho esperaba casi casi en las puertas del castillo, Edgar estaba en el patio del castillo, busco una puerta y se introdujo al castillo, olvido usar la señal que le había dicho Siegfredo, el deseo de ver a sus padres le quito cualquier otra prioridad.
-…maldición… ese mocoso se esta tardando…-pensaba el espía mientras esperaba en las afueras del castillo.
Edgar por fin encontró la sala del rey, fácil, o al menos eso creia, fue extraño que en su trayecto no viera a ningún guardia o siervo en el castillo, al entrar a la cámara del rey, se topo con algo impactante, había sangre por todos lados, en las paredes, en el suelo, en el trono.
-¡¿Qu… Qué rayos?!-el chico quedo en shock, el liquido carmesí estaba por todos lados.
Sin embargo no se detuvo, siguió avanzando, hasta llegar a una puerta detrás del trono, la cual se encontraba medio abierta, entro, ahí estaba, el famoso cristal y no solo eso, su color era negro, parecía un diamante venenoso, el cristal estaba rodeado de cadáveres, sin embargo no se asusto, el chico se acerco a el, cerro sus ojos y lo toco, solo por simple curiosidad, lo toco. Al abrir los ojos de nuevo se encontraba en un lugar desértico, solo veía planicie frente a el, todo se veía tan desolado, sin embargo al darse la vuelta fue feliz de nuevo, estaban sus padres, el corrió hacia ellos y los abrazo, estaba feliz, su deseo se había cumplido.
A las afueras de castillo Siegfredo esperaba impacientemente, sin esperárselo una flecha le atravesó el pecho, eran los soldados del otro día, los sobrevivientes al menos, ver a un enemigo merodeando a las afueras del castillo era alarmante, tenían permitido matar sin preguntar, ese fue el destino de Siegfredo, murió lentamente, sentía como la sangre brotaba, como se infiltraba en sus pulmones.
Los caballeros sobrevivientes entraron al castillo, planeaban darle la buena nueva al rey, sin embargo no estaba el mensajero de su majestad, de hecho no se encontraba nadie, fueron a la cámara del rey, se sorprendieron en gran manera al ver a todos muertos, no se explicaban como, avanzaron, llegaron hasta la habitación del cristal, donde había varios cadáveres, pero el mas peculiar era el de un niño, el cual estaba con su mano sobre el cristal ya roto, su rostro tenia una gran sonrisa.
El cristal cumplió los deseos de esas personas, sin embargo pidió algo a cambió.
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