"El Oráculo del Reino Mamodo"

Por:
Chris

Capítulo 2: El Lector del Libro sin color

Los mamodos llegaron al mundo humano para encontrar a los lectores de sus libros de conjuros, y junto con ellos, iniciar una gran batalla por la corona del reino mamodo. 100 mamodos, 100 libros, 100 compañeros y un rey entre ellos.

Akashíco llegó a una enorme isla calurosa sobre el pacífico sur, y comenzó a caminar por un desierto hasta encontrarse frente a frente con una feroz tormenta de arena que se aproximaba.

¿Podría causarle daño una tormenta de arena?

Akashíco se detuvo y observó por un momento, hasta que decidió atravesarla en dirección hacia la civilización. Retomó lentamente el paso hasta que la tormenta la engulló por completo y atravesó el lugar sin recibir daño alguno.

Caminó durante cinco días sin parar y sin cansarse. Cruzó una llanura árida con suelo agrietado, luego montañas rocosas, y por último un bosque muerto y desolado que parecía haber sido quemado. – Qué extraño – dijo mientras observaba algunos cadáveres de animales pequeños que se encontraban a su alrededor. El viento le trajo la respuesta, - el olor de un mamodo -.

Por fin había llegado a un pueblo en ruinas, donde las personas que quedaban vivas estaban escondidas en un granero dejando las polvorientas calles desiertas.

 

- Huele a sangre humana. Percibo miedo -.

 

Se estaba haciendo de noche, así que subió a una colina donde se podía ver el pueblo entero y comenzó a cantar su bella melodía otra vez. La que siempre cantó cuando la exiliaron al bosque de las flores, pero esta vez, no habría mariposas de luz, ni bosque. Pero, podría ser que el mamodo que había hecho todo eso en el pueblo y sus alrededores, fuera el futuro rey, así que cantaría para el.

Sin embargo, esa noche conoció a la persona que sería el lector de su libro. Su compañero de batallas “Indrid Arkadan”.

 

Indrid Arkadan, era un anciano de 50 años con buenas facciones, ojos verdes y cabello canoso. Usaba siempre un sombrero y un sobretodo de color azul oscuro, el cual, cubría un traje antiguo de guerra. Tenía una particularidad que todos siempre notaban, y era que llevaba una mano vendada, con la que sostenía su espada.

En sus tiempos, fue un juez samurai poderoso y sanguinario. El mejor, porque era justiciero, valiente y rápido, y porque estaba al servicio del pueblo. Su nombre se hizo popular.

Siempre había sido un hombre optimista, alegre y un poco testarudo. Tuvo una familia, una esposa llamada Sayí y una niña llamada yoyo. Fue la persona mas afortunada y querida por todos, lo tenía todo y lo perdió todo.

 

Algo debe haber hecho mal o no sería tan famoso

Robert L. Stevenson

 

El pasar de los años lo convirtieron en un viejo amargado y solitario, enfurecido con la vida, un “ogro” por así decirlo. Pero aún mantenía viva dentro de sí la llama de sus principios, así que ahogaba sus penas matando injustos e imponiendo castigos con el filo de su catana. Los años no se pudieron llevar su maestría en matar, ni su pasión, pero si se estaban llevando su vida. Indrid Arkadan sufría de hipertensión, podía padecer una enfermedad cardiaca en cualquier momento y morir. Esta enfermedad no se podía curar pero si tratarse, pero Indrid no quiso, y vivía así.

Ahora, lo suelen ver con un perro viejo, “Baku”, terco y arisco como su dueño, de pelaje negro y áspero, ojos amarillos y feroces colmillos. Se da con poca gente y suele desaparecer por días. Así es Baku.

 

La presencia de Akashíco no agradó a Indrid en una primera instancia. Ella le explicó el motivo por el cual todos los mamodos estaban en la tierra, pero Indrid se negó a ser el lector de su libro. Era como si el la despreciara desde el primer momento en que la vio, pero porqué. Tal vez pensó que ayudar a un mamodo significaba traicionar a Dios, pero el viejo Arkadan había olvidado a Dios desde hacía mucho tiempo. Así que no era por eso.

 

Indrid Arkadan: Esa es la historia más poco creíble que he escuchado. ¿Lo leíste en ese libro que traes? (sonreía sin prestar atención).

Akashíco: No es mentira, es en serio.

Indrid Arkadan: Si, lo se. (Dijo queriéndole seguir el juego) Ahora entiendo de donde fue que salió esa “cosa” que llegó antes que tu. ¿Los mamodos siempre son así de salvajes?

Akashíco: No.

Indrid Arkadan: De todas maneras, ese mamodo y mi hermano son el uno para el otro.

 

Indrid se refería a un mamodo que tenía la forma de un niño pequeño muy viejo. Los pobladores le habían comentado que tenía la cara arrugada y ojos rojos (sin iris), que vestía con ropas viejas, un sombrero de paja y que caminaba de forma inclinada. Pero lo más repugnante era que su “carajo” sobresalía de su ropa y llegaba hasta el piso. Era lo que nosotros, aquí en Corrientes, conocemos como la leyenda del pomberito.

 

Indrid Arkadan: Se ha comido a la mitad de los niños de este pueblo y ha causado destrozos. Será mejor que tengas cuidado. Yo me pregunto, ¿Cómo es que primero, la gente se quejaba porque mi hermano gobernaba de una forma corrupta, y ahora, se quejan porque su nuevo amigo se los está comiendo? ¡¿Cómo es que mi hermano pasó de ser un asqueroso corrupto a un maldito asesino?! Te diré la razón, ¡porque se hizo amigo de un mamodo! (Decía tratando de ajustarse a la fantástica historia de Akashíco)

Akashíco:

Indrid Arkadan: Apareces de la nada y quieres que me convierta en el “supuesto” dueño de tu libro de cuentos de hada. ¿No viste lo que le pasó a mi hermano? ¿Quieres que sea como mi hermano? ¿He? (dijo un poco exasperado y perdiendo la poca paciencia que tenía).

Akashíco: No… ya lo eres.

 

Ese comentario enfureció a Indrid, desenvainó su espada y cortó horizontalmente el aire cerca del rostro de Akashíco, pero no logró espantarla, ni que se moviera un centímetro.

 

Indrid Arkadan: Tienes razón, soy un asesino. (Envainó su espada nuevamente) pero no asesino inocentes. (Cambia de tema) Y tu, “mamodo”, ¿Tienes nombre?

Akashíco: Me llamo Akashíco.

Indrid Arkadan: Akashíco, “no me digas”, así que ahora les ponen nombres.

Akashíco: No se a que te refieres.

Indrid Arkadan: Escucha mamodo (dijo, arto de jugar con ella) no pienso tratarte como un ser humano por el simple hecho de que no lo eres.

 

Akashíco ya sabía que él no le creía, pero también sabía que en poco tiempo lo haría.

 

Akashíco: Entonces puedes decirme “Una”, no es un nombre, pero así me apodó el rey.

Indrid Arkadan: Eso suena mejor, ahora vete, no molestes.

Akashíco: No puedo hacerlo, tú eres el único que puede leer mi libro.

Indrid Arkadan: Aunque todas las demás 99 personas ayuden a los mamodos, ignoro porque lo hacen, pero yo no tengo porque hacerlo. (Se reía Indrid de la estupidez que creía estar diciendo). Derrotaré a mi hermano y a su “mamodo” yo solo.

Akashíco: No podrás, es un mamodo muy fuerte. Puedo ayudarte.

Indrid Arkadan: No te necesito, Una. Tengo toda la ayuda que requiero.

 

De entre el pastizal vino “cayendo” Baku, el perro de Arkadan.

 

Indrid Arkadan: ¿Lo ves? Baku y yo somos más que suficiente.

 

Tooontoo Indrid, no le creyó a Akashíco. Creyó que era una niña del pueblo y se fue sin mirar hacia atrás, en busca de un bananal (el lugar preferido del mamodo).

 

Indrid Arkadan: El psicópata de mi hermano anduvo con malas compañías (decía de muy mal humor) Hubiera podido encarcelarlo antes, pero ahora la cosa se puso fea. Mamodo o no, Baku y yo nos enfrentaremos a él.

 

Indrid había llegado al pueblo hacía poco y no conocía los poderes del mamodo. Solo había visto lo que hizo, y estuvo escuchado los relatos de los pobladores.

 

Poema de las niñas del pueblo:

 

Es un duende el pomberito que vive en el bananal,

y como es taitá el pombero, a los chicos quiere más.

Es mezquino y goloso cuidando su bananero,

y al chico que más se acerca,

siempre le come primero.

 

Indrid Arkadan: Ese día si que casi morí. Ese mamodo tenía grandes poderes. Yo, obviamente arrojé mi botella de wiski al tacho de la basura porque creí que estaba borracho. No todos los días se ve a niños con poderes mágicos, yo era escéptico, no se los demás. La niña no estaba mintiendo después de todo, jeje.

Hice lo que pude, hirieron a Baku y me hirieron a mí. Casi me matan, pero Una apareció y me protegió de los conjuros, los recibió por mí, fue algo...e…admirable de ver.

 

Akashíco: Protegí a Indrid de los ataques pero no contraataqué. Por más que pudiera derrotar al mamodo yo sola, lo que quería era que Indrid tomara mi libro y leyera el primer conjuro.

 

Indrid Arkadan: ¿Qué piensas cuando ves a una niña recibir fuertes ataques y levantarse de nuevo? Indrid, hombre estás loco. Incluso recuerdo cuando Una provocó al mamodo diciéndole que era un cobarde por pelear con migo, o con las personas del pueblo, o con los animales del bosque indefenso. Niña, no le digas esas cosas, efectivamente, conseguiste hacerlo enojar. Fue en ese ataque que Una dejó caer su libro cerca de mí; y el libro… brillo increíblemente.

Por fin me di cuenta de que todo era real, Una era un mamodo que me estaba protegiendo por que yo era el único que podía leer su libro, y ella necesitaba de mí, y yo estaba muy mal herido.

 

Una estaba debilitándose, pero no iba a atacar hasta que Indrid tomara el libro y recitara el conjuro.

 

Indrid Arkadan: Tomé, tomé el libro, me puse apenas de pie y pronuncié el conjuro que pude leer, el único que entendí. Fue sorprendente que con solo ese conjuro derrotara al mamodo y quemara su libro.

 

El hermano de Indrid se puso como loco cuando su mamodo desapareció, se arrojó por la colina y murió. Indrid se había quedado sin familia por completo, pero no sintió pena. Su hermano y su padre habían asesinado a su esposa y su hija hacía cinco años, y todo porque él se había levantado en contra de ellos para acabar con su gobierno opresivo.

Todo estaba muy tranquilo por fin. Akashíco quedó inmóvil frente a Indrid mirándolo con ojos vacíos. Y él, postrado de rodillas, ensangrentado, tomó de nuevo el libro de Akashíco, se levantó y se fue lentamente, mientras Baku lo seguía tambaleándose y rengueando. Akashíco posteriormente también lo siguió.

 

El hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos

Publio Siro

 

Después, Akashíco le contó a Indrid Arkadan que ella era un oráculo, Y le contó, también, su verdadero propósito en el mundo mamodo. Por alguna razón, a Indrid le agradó escucharla, no estaba del todo convencido en ayudar a un niño mamodo a convertirse en rey. Pero, ahora, el propósito era otro. El lo aceptó, la visión que tenía Akashíco y él sobre lo que era bueno y malo, justo o injusto, correcto o incorrecto, era la misma.

A Indrid le encantaba viajar de aquí para allá, era un vagabundo con rumbo incierto. Y Akashíco también, porque no sabía todavía la razón de porque el rey la había mandado a ese mundo.

La realidad de poder pelear con seres poderosos alegraba la mente de Indrid y alimentaba a su espada con más sangre.

Akashíco le había salvado la vida cuando pelearon con el mamodo de su hermano. El “Si”, acepto ayudarte, era inminente. Tal vez, por fin estaba feliz.

 

Nunca como hoy las almas humanas recorrieron con tanta soledad sus caminos abandonados

Gyorgy Lukács

 

Ya ninguno estaba solo. Arkadan, ahora viajaba con una jovencita de casi la misma edad que tenía su hija yoyo cuando murió.

 

La herida vive bajo el pecho

Virgilio

 

¿Indrid Arkadan estaba conforme al fin? Estaba en paz, casi, casi, feliz.

 

Akashíco: Indrid Arkadan y yo estamos juntos desde hace tiempo. Es un gran guerrero, un hombre muy calmado que parece estar conforme con la vida que lleva, como si nunca nada le hubiera sucedido, como si pudiera esconder su pasado de mí, o su futuro.

Baku es muy sobre protector con el. Solo espero que Indrid pueda vivir lo necesario. Lo necesito, necesito su ira para utilizar los conjuros.

 

Desde ese entonces, los pobladores vivieron en paz y la isla poco frecuentada se convirtió en un centro turístico. Los mamodos y sus parejas llegaban allí, atraídos por la canción de Una. Este mamodo y su compañero siempre ganaban sus batallas, y muy pronto, los mamodos de las islas cercanas fueron todos derrotados.

 

El tiempo devorador de todas las cosas

 

Indrid Arkadan: Una es una mamodo misteriosa y desconcertante. Un poco seria y a veces muy triste. No la he visto mostrar muchas emociones desde que la conocí, ni siquiera enojo. Es muy fuerte y hasta es capaz de pelear sin mi ayuda. Su libro es de color…bueno no tiene color, es incoloro y traslúcido, debo confesar que lo he perdido varias veces por esa razón.

La especialidad de Una es el manejo del archivo Akáshico (lugar en el cosmos donde todo evento pasado, presente y futuro se registra). Tiene un medallón en el cuello en donde guarda, lo que ella llama, el reloj de las arenas del tiempo.

Cuando canta por las noches me suelo dormir escuchándola. Viajamos de pueblo en pueblo por toda la isla. A veces dormimos a la intemperie y a veces las personas nos acogen en sus hogares. Cuando amanecemos afuera, Una pesca en la playa o en los arroyos, se zambulle en el agua y atrapa los peces con sus pequeños, pero filosos colmillos. Es buena pescando, mejor que yo.

Pero ella guarda un secreto, la he visto en batalla, tan desinteresada, como si no fuera lo que realmente quisiera.

 

Akashíco es una niña de siniestra reputación que posee una belleza inigualable. Los mamodos que la vieron alguna vez en el mundo mamodo cuentan que, sus ojos parecen espejos que reflejan el cielo azul, y que atrae a los mamodos con un dulce perfume que emana de su cuerpo. También dicen que su piel es pálida y suave, y que sus cabellos son plateados y brillantes.

La han escuchado, además, cantar una melodía que no se puede comprender, pero que el solo hecho de escucharla los atrae y hechiza.

Afirman que vestía siempre de blanco enceguecedor. Ahora, en el mundo humano, lleva puesto un vestido negro de luto, profundo como la oscuridad.

Y si te está acechando, escucharás cascabeles sonar. Porque sus pendientes de cascabel son como radares, que utiliza para poder “ver” escuchando, sin usar los ojos.

 

Indrid Arkadan: En este viaje nosotros somos guerreros que no tienen nada que perder. Y por caso de pacto, estaremos juntos, este compromiso será inquebrantable.

 

Lo que nuestra época necesita es misterio, lo que nuestra época necesita es magia

Norman Brown

 

Indrid Arkadan: No conozco el pasado de Una, pero se que sufrió mucho dolor, puedo verlo en sus ojos. Ambos nos cubriremos de acero para que ninguna sensación pueda penetrarnos más. Dejaremos al pasado pasar… por ahora.

 

“Lo que no te mata te hace más fuerte”.

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