"El Oráculo del Reino Mamodo"

Por:
Chris

Capítulo 3: Dejando la Isla 

 Indrid Arkadan y Una estaban en la playa en la noche. Una observaba en la orilla el oscuro horizonte sobre el mar, mientras que Arkadan estaba recostado en la blanca arena cerca de una fogata.

 

Indrid Arkadan: ¿Qué tanto miras? Allá está oscuro, no se puede ver nada.

Akashíco: Puedo sentir la presencia de otros mamodos.

Indrid Arkadan: ¿Puedes saber donde están?

Akashíco: Se donde se encuentra cada uno de ellos.

Indrid Arkadan: ¿Hay alguno cerca de aquí?

Akashíco: Varios, pero pertenecen a una antigua batalla mamodo, por el momento no son una amenaza.

Indrid Arkadan: ¿Y por qué?

Akashíco: Porque son de piedra.

Indrid Arkadan: Ha… (Dijo sin entender muy bien).

 

Akashíco e Indrid estuvieron entrenando y afinando sus destrezas con los mamodos de las islas cercanas, éstos llegaban a su isla queriendo poseer el reloj de las arenas del tiempo. Varios de los conjuros de Akashíco ya se habían revelado, pero era muy difícil conjurarlos.

 

Indrid Arkadan: Sabes, pudiste haber tenido la amabilidad de decirme que los oráculos no poseen conjuros que hacen daño.

Akashíco: Un oráculo mamodo puede usar conjuros para hacer predicciones, para revelar vidas pasadas o para ayudar a otros mamodos a alcanzar la iluminación. Pero nunca para dañar a otros.

Indrid Arkadan: ¿Y ahora lo dices?

Akashíco: Cuando estaba en el mundo mamodo, (volteó a ver a Indrid) entrené duro para lograr que mis poderes hicieran daño. Pero en este mundo, mi libro requiere de mucho más energía que cualquier otro.

Indrid Arkadan: Energía que yo casi no puedo darte.

Akashíco: Debido a tu débil corazón.

 

Las emociones fuertes y un esfuerzo mayor podían dañar el corazón de Indrid. Para eso, ellos habían estado limitando el potencial de los conjuros, distribuyendo la energía para que Indrid no sufriera un infarto. Algo así sería devastador para Akashíco, y ni hablar de que sería el fin de Indrid. Las cosas se habían complicado para ambos.

 

Nadie es tan viejo que no crea poder vivir un año más

Cicerón

 

Akashíco: Tal vez, haya algo que yo pueda hacer para alargar tu vida.

Indrid Arkadan: Si lo sabes, escúpelo. (Se sentó en la arena y prestó atención).

Akashíco: Podría utilizar el reloj del tiempo para hacerte joven de nuevo.

Indrid Arkadan: ¿En serio? ¿Joven? (dijo sorprendido). Eso sería extraño, ¡pero divertido!

 

En ese momento, Baku salió del bosque corriendo en dirección hacia ellos.

 

Indrid Arkadan: Hola chico (dijo frotando su pelaje) ¿Dónde estabas?

 

Baku ladró dos veces.

 

Indrid Arkadan: Oye, Una, tu que entiendes su lenguaje. ¿Qué dijo Baku?

Akashíco: Dijo que se quedó dormido en el bosque.

Indrid Arkadan: Baku viejo (dijo sonriendo y palmeando levemente su estómago). Adivina que, voy a ser joven otra vez, jaja.

 

Baku volvió a ladrar dos veces.

 

Indrid Arkadan: ¿Qué dijo ahora?

Akashíco: Dijo que la bebida te dañó el cerebro.

 

A Indrid le salió una pequeña vena en la frente y se lanzó encima del perro. Baku salió rajando como tiro.

 

Indrid Arkadan: ¡Vení acá, perro de la re mil…!

Akashíco: Arkadan, enfócate.

Indrid Arkadan: Claro, ya pasó, estoy… completamente concentrado.

 

Si, por tres segundos, después se largó a correrle al pobre perro. Como que le es difícil perdonar.

 

Akashíco se quitó el medallón del cuello y tomó un puñado de arena de la playa. Espolvoreó la arena sobre el medallón y éste comenzó a brillar mientras se abría. Brilló con una luz azul intensa que subió hasta el cielo y se vio en las islas cercanas. Luego la luz se comprimió hasta hacerse una pequeña esfera, y apareció el sagrado reloj de las arenas del tiempo.

El reloj descendió en las manos de Akashíco y le proporcionó un poder asombroso que ella desplegó sobre Indrid y Baku.

Indrid estaba sujetando el cuello de Baku cuando vio que una luz azul bajaba sobre ellos en forma de lluvia.

Indrid se miró el dorso de las manos, y su piel arrugada y seca se convirtió en lisa y joven otra vez. Su cabello se volvió a teñir con su color rojizo natural y recobró la fuerza que una vez tuvo de joven.

 

 

Indrid Arkadan: ¡Soy joven! ¡Soy joven! ¡Mi cabello tiene color otra vez! ¡Si!

 

En cuanto a Baku, el volvió a ser un perro joven también, y ambos comenzaron a saltar de alegría.

El reloj del tiempo desapareció y Akashíco se desvaneció en la arena. Cuando Indrid se dio cuenta, corrió hacia ella y la levantó del suelo.

 

Indrid Arkadan: ¿Estas bien Una? ¿Qué sucedió? (dijo muy preocupado).

 

Akashíco se recobró casi al instante y se volvió a levantar.

Akashíco: Escucha Arkadan, lo que hice fue desviar la influencia del tiempo en ti, pero solo será temporal. El mismo reloj del tiempo te devolverá a la normalidad en unas horas. Lo bueno es, que ahora puedo hacerte joven cada vez que quiera.

Indrid Arkadan: ¡Copadísimo Una! Pero… ¿No es mucho esfuerzo para ti?

Akashíco: No, solo fue así porque era la primera vez que lo hacía.

 

Indrid sonrió conforme. Ahora él podría usar los conjuros con suma tranquilidad.

 

Indrid Arkadan: ¿Qué haremos ahora?

Akashíco: Dejar la isla. (Dijo mirando hacia el mar).

Indrid Arkadan: ¿Y hacia donde iremos?

Akashíco: Hay una presencia extraña en este mundo que me ha llamado mucho la atención.

Indrid Arkadan: ¿Un mamodo?

Akashíco: Eso creo. Se ha estado haciendo más y más fuerte, quisiera ir en su búsqueda.

Indrid Arkadan: Ya era hora, me estaba aburriendo de esta isla.

 

En eso, el amanecer llegó y la fogata se había extinguido. El sol en el horizonte los alumbró a ambos en la orilla con sus primeros rayos de luz. Una alzó la mirada hacia Indrid y la luz le permitió verlo por primera vez con su aspecto de joven. Él parecía diferente.

 

Akashíco: Arkadan, ahora que eres joven, se borraron todos tus recuerdos sobre…

Indrid Arkadan: ¿Qué recuerdos? (dijo sonriente).

Akashíco: Oh… nada.

 

Detrás de ellos Baku ladraba y voltearon a verlo, él todavía saltaba en dos patas por haber rejuvenecido. U

 

Esa mañana tomaron un barco y dejaron la isla emprendiendo un largo viaje que los llevaría a Japón.

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