"El Oráculo del Reino Mamodo"

Por:
Chris

Capítulo 6: Entre las llamas con Brago 

Era de noche y la luna llena estaba cubierta por algunas nubes. La limosina en la que Sherry y Brago siempre viajaban avanzaba solitario por la calle con las luces delanteras encendidas. El viento cálido y suave movía las hojas de los árboles. Era primavera y había mucho silencio. Hacía unas horas que se había producido un apagón y la ciudad estaba envuelta en tinieblas.

De pronto, la calma fue corrompida por un conjuro cuyo impacto provocó un temblor que agrietó el asfalto y asustó a las aves, haciéndolas volar enloquecidas de los árboles. La oscuridad fue desplazada por matices de colores brillantes y claros que provenían del parque donde Zatch solía jugar.

La limosina serpenteó y finalmente estacionó con dificultad a un lado de la calle. Las puertas se abrieron y Brago y Sherry salieron del auto. Una batalla mamodo se estaba librando en el parque cerca de ahí y ambos decidieron ir hacia ese lugar. Brago quería tener otra batalla a pesar de que había tenido una hacía pocas horas.

Les tomó no más de dos minutos llegar y todavía estaba la inmensa cortina de humo y polvo que había provocado el conjuro. Los juegos de los niños estaban destruidos, algunos en llamas, otros no se podían visualizar.

La batalla había finalizado, un libro había sido quemado, ni siquiera se supo de qué color era ni como era el mamodo. Solo había un hombre desmayado en el suelo con heridas leves.

El fuego se apaciguó lentamente y el humo comenzó a disiparse mostrando una silueta entre las llamas en la oscuridad. Lo único que podía ver Sherry, era a alguien pequeño de casi la misma estatura que Brago y asumió que ese era el mamodo. Las nubes pasaron y la luna alumbró con su tenue luz al mamodo misterioso que había ganado la pelea.

Se oyeron los cascabeles de los pendientes de “Una” y su dulce olor estaba en el aire.

 

- Akashíco - (Dijo Brago casi de forma imperceptible).

 

Los ojos de Brago se ensancharon. El calor del fuego y el humo incomodaban a Sherry, quien se cubría la nariz y la boca con la manga de su vestido, esto le recordaba a la vez que conoció a Zofis en el infierno de llamas.

“Una “giró la cabeza y fijó la vista en Brago, detrás de ella apareció un joven de la misma edad de Sherry, de ojos verdes y cabello rojizo. Llevaba una espada en su cintura y un libro translúcido en sus manos, el libro de “Una”. Por supuesto ese joven era Indrid Arkadan, quien había utilizado el reloj del tiempo para hacerse joven nuevamente, como aquella vez en la isla.

Sherry alistó el libro negro de Brago al instante y una atmósfera de insonoridad reinó por unos momentos. El viento volvió a soplar suavemente meciendo los cabellos plateados de Una y los rubios de Sherry.

 

- Una batalla a la vez - (Dijo Indrid en forma muy seria).

 

El libro de Una comenzó a brillar en las manos de Indrid. Esto incitó a que Sherry abriera el libro de Brago.   

 

- Espera – (Le dijo Brago a Sherry)

 

Ella lo miró confundida, y mientras, Indrid pronunció un conjuro con tono de voz normal.

 

- El tercer conjuro, “ante” -

 

Una levantó su dedo índice apuntando al cielo y liberó una luz plateada y cálida que abarcó todo el parque y zonas cercanas. No era un conjuro de ataque, como ya saben, el oráculo no posee conjuros que hacen daño.

Cuando la luz se atenuó, Sherry abrió de nuevo los ojos y se sorprendió al ver lo que pasó. El parque estaba totalmente reparado, los juegos destruidos y quemados estaban intactos. Era como si nunca hubiera pasado nada en ese lugar. El apagón había terminado y las luces del parque se encendieron, Indrid y Una se habían ido.

El hombre que estaba inconsciente en el suelo se despertó y se levantó muy confundido, se tocó el rostro con las manos y se percató de que sus heridas habían desaparecido. Volteó para encontrarse frente a frente con la cara de pocos amigos de Brago y se asustó cayendo al suelo otra vez. Salió corriendo espantado del lugar, a Sherry le pareció común, pero Brago estaba extraño, estaba enojado o más serio de lo habitual. Sherry lo podía saber porque ya estaba acostumbrada a su presencia y forma de ser.

 

- ¿Qué te sucede Brago? - (dijo Sherry con su clásico y duro comportamiento)

 

Brago le da la espalda y coloca la mano en el bolsillo.

 

- No me sucede nada -

 

Frío e inalcanzable como siempre. Sherry no se convenció pero pensó que era mejor no insistirle mucho y cambió de tema.

 

- ¿Qué clase de conjuro fue ese? – (pregunta Sherry)

 

Brago aún de espaldas hacia ella, le respondió.

 

- Fue un conjuro de tiempo -

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