"El Oráculo del Reino Mamodo"

Por:
Chris

Capítulo 16: Los Áfidos comen flores.

 Suponiendo que las cosas estaban mejorando, dos deidades habían sido capturadas, la del futuro y la del presente. Pero para la mala suerte de las personas, la Tierra estaba despareciendo y el conjuro de Akashíco ya no iba a durar mucho tiempo.

El serafín todavía estaba dentro del cuerpo de Suzy, pero poseía habilidades que no le correspondían. Prácticamente había anulado el conjuro de Akashíco y liberado a la deidad del presente. Nadie podía hacer eso.

Cuando Suzy desapareció, la luna volvió a ser la única fuente de luz con la que contaban.

En la oscuridad se reunieron todos afuera, la casa de Indrid había sido destruida por completo. Zeno y Zofis, los seguían muy de cerca, escondidos. 

 

Brago encontró a Una y apenas se acercó a ella. Le extendió el brazo con la mano donde tenía atrapada a la deidad del presente, para que ella lo volviera a encerrar.

 

Brago: Tómalo. (Le dijo desviando la vista para otro lado)

Akashíco: Brago, tú…

Brago: No lo quiero escuchar así que no lo digas.

Akashíco: Pero tú me ayudaste.

Brago: No lo hice por ti, esta deidad iba a destruir todo el mundo.

 

Entonces Akashíco tomó a la deidad y la volvió a encerrar en unos de los tres picos de su medallón.

 

Akashíco: Muchas gracias Brago.

Brago: Ya te lo dije, no lo hice por ti. (Le dijo mientras se iba)

 

Mientras tanto, Indrid seguía sacudiendo su sombrero que tenía como tres kilos de arena, y su cabello estaba lleno de pasto y piedritas.

 

Indrid: No me convence Una, si estos chicos no pudieron atrapar a la deidad, como rayos van a derrotar al serafín, ¿He? ¿He?

Akashíco: No lo harán.

Indrid: ¿Pero cómo se me metió tierra ahí?

Akashíco: Es el deseo del rey Gash Bell que yo salve a Suzy.

Indrid: Tengo unos… insectos en mi pantalón que son más inteligentes que Zatch. ¿Y estos, cómo llegaron a mi boca? ¡Huácala!

 

Kio: Zatch, estoy preocupado por lo del serafín, ni siquiera pudimos atinarle a una deidad.

Indrid: Les diré la verdad, ustedes apestan.

Eido: Mira quien habla, tú no hiciste mucho tampoco.

Indrid: Cierto, pero a tu edad, yo mataba a un ejército completo.

Eido: Si claro.

Zatch: ¡Indrid Arkadan es un héroe de la justicia como Kio! ¡Casi igual que la mantis!

Eido: Oiga yo lo conozco, usted está en las historietas estadounidenses.

Indrid: Pero claro que sí, soy mas famoso que una estrella pop.

Folgore: Cierto, io leía esas historietas cuando era un bambino.

 

 

Dufort: Yo también las leía.

Zeno: ¿He?

Dufort: Eran interesantes.

 

 

Eido: Yo tengo la colección, la frase del gran guerrero samurai era siempre, “Los declaro culpables y los sentencio a la muerte”. Eso decías, ¿No?

Zatch: Uyuyuy, eso nos dijo a mí y a Kio.

Hyde: Hay si, que afortunado eres.

Kanchome: ¿Y esa espada que tiene… la usa para matar personas?

Indrid: Si claro, ¿Quieres que te la muestre? Está llena de sangre.

Kido: ¿Sangre… de personas?

Indrid: No, de pescado. Desayuné pescado.

 

 

Koko: O_O ¿Corta el pescado con su espada?

Zofis: Querida, hazte el favor y deja de escuchar conversaciones que te atrofiarían el cerebro más que yo.

 

 

A todo esto, Kio pensaba y pensaba…

 

Kio: ¿Qué voy a hacer? No estoy seguro de poder derrotar al serafín. Aunque Brago y Sherry estén aquí y sean de gran ayuda, yo no se…

 

Dr. Riddlles: Escuchen todos, vamos a tener que entrenar para hacernos más fuertes.

Kido: Si Dr. Riddles.

Bari: ¿Entrenar? Perfecto, vengan todos contra mí y los haré papilla.

Kanchome: Hay no, mejor no.

Gustav: Habla de entrenar Bari, no de matarlos a todos.

Li-en: Wonrei y yo podríamos enseñarles artes marciales.

Zatch: Wau, ¿Qué es eso?

Megumi: Tal vez sea buena idea que nos hagamos más fuertes ¿No Tía?

Tía: Megumi y yo seremos la defensa más poderosa.

Megumi: ¿Qué opinas Kio?

Kio: ¿He? Si, tienen razón, vamos a intentarlo. Oigan… Indrid y Sherry, ¿Ustedes nos ayudaran?

 

Indrid: Sabes que yo lo haría con gusto, pero… haber, como te lo digo… el serafín atacará antes.

Kio: ¿Y cómo lo sabes?

Indrid: Vamos Kio, ¿En serio crees que nos dará un respiro?

 

Por supuesto que no, el serafín no los iba a dejar en paz. Pero en lugar de hacerse presente, envió a unos… mil millones de pequeños representantes.

Los cascabeles de Akashíco captaron el agudo sonido de la colonia que se dirigía directo hacia ellos.

 

Akashíco: Indrid…

Indrid: Y ahora que.

Akashíco: Algo muy grande se dirige hacia acá.

 

Zatch miró al cielo y pudo ver una gran nube negra a lo lejos.

 

Tía: ¿Qué es eso?

Li-en: ¿Qué es?

 

Sherry: Son… insectos.

Brago: Son áfidos.

Akashíco: Áfidos.

Tía: ¡¿Áfidos?!

 

Zofis: ¡Áfidos!

Koko: ¿Qué tiene?

Zofis: ¡Salgamos de aquí, rápido!

 

 

Tía: ¡Megumi, vámonos!

Akashíco: Los áfidos comen flores, nosotras somos las flores.

 

Sherry, Megumi y Li-en, también estaban en peligro.

 

Wonrei: ¡Li-en, tengo que sacarte de aquí!

 

Hyde: Los áfidos comen flores Yin, pero nosotros los Yang somos inmunes a esos insectos.

Kio: ¡Zatch, tenemos que proteger a Tía y Megumi!

Akashíco: Si un áfido pica a una flor, absorberá toda su sangre y la matará.

Indrid: Así que esos pulgones alados son atraídos por las mujeres. Quédate detrás de mi Una.

Akashíco: En realidad no creo que yo sea una flor Yin. Es decir, soy un oráculo, no creo que exista una flor que me represente.

Indrid: Bueno, mejor prevenir que lamentar.

 

Diferentes tipos de áfidos llegaron en colonias y cubrieron todo el lugar.

Fueron tras Tía, Megumi, Li-en, Sherry, Akashíco, Zofis y Koko, quienes eran las flores Yin de ese lugar.

 

A lo lejos en la calma y oscuridad, se veían los relámpagos de Zatch Bell, y toda una gama de colores entre sus conjuros y los de Brago y Bari.

El lugar se volvió un completo campo de batalla.

Zofis y Koko se escondieron debajo de unas enormes rocas en un profundo cráter en la tierra.

Li-en, Megumi y Tía estaban acurrucadas, siendo rodeadas por Kio, Zatch y Wonrei.

Eido se quedó cerca con Hyde para proteger a “Megumi”.

Folgore salió a correr junto con Kanchome porque unos áfidos querían hacer nido en sus cabezas.

El Dr. Ridlees y Kido servían de apoyo junto con Bari y Gustav.

Brago estaba tratando de proteger a Sherry, mientras ella se libraba de algunos áfidos golpeándolos con su cetro.

Indrid cortaba en dos, decenas de insectos por segundo con su espada, pero la cantidad no parecía disminuir nunca.

 

Kio: ¡Megumi, usen un conjuro de defensa!

Tía: ¡No podemos, los conjuros de las flores Yin son inútiles contra los áfidos!

Kio: ¡Demonios!

 

Los áfidos eran interminables, picaban muy fuerte y provocaban heridas muy grandes. Eran atraídos solo por las flores, pero si los Yang se interponían, los atacaban sin piedad. Tragedias iban a ocurrir, una explosión magistral causada por varios conjuros impactados al mismo tiempo en un mismo blanco, separó a Tía y Li-en del grupo y quedaron indefensas. Tía por un lado, Li-en por el otro.

 

Tía: ¡Zatch! ¡Ayúdame!

Megumi: ¡Tía!

Kio: ¡Eido, tú protege a Megumi y nosotros iremos por Tía!

Eido: No tienes que decirlo amigo.

Zatch: ¡Tía, tú espera ahí!

 

Wonrei, el Dr. Ridlles y Kido se apresuraron a alcanzar a Li-en, pero ninguno llegó a tiempo. Un áfido clavó el pico en su brazo y no se desprendió de ella nunca más. Wonrei no pudo quitárselo, nadie pudo hacerlo.

 

Otra colonia venía de todas direcciones hacia Tía.

 

Kio: (Pensó) El Zaker matará algunas, El Rashield no detendrá a todas, son muchas. ¡No vamos a llegar a tiempo, demonios!

 

Los áfidos pasaron la defensa de Bari y Gustav y se dirigieron hacia Sherry.

 

Sherry: ¡reis!

Kio: ¡Zaker!

Eido: ¡Jikir!

Dr. Ridlles: ¡Zegar!

 

Tía comenzó a ver todo en cámara lenta. Los áfidos la iban a matar porque Zatch y Kio no llegarían a tiempo para salvarla. Escuchaba los gritos de Megumi llamándola, Li-en inconciente en el piso.

Zatch y Kio… Hyde y Eido… Kido y el Dr. Ridlles…Kanchome y Folgore… Bari y Gustav… Wonrei, Brago, Indrid, y hasta Ponigon, Todos lastimados por los infinitos piquetes de esos insectos.

 

Tía: ¿Voy a morir? (Le cayeron lagrimas al ver a los insectos sobre ella)

Zatch: ¡Tíaaa!

Megumi: ¡Tíaaa!

 

Tía cerró los ojos y se cubrió el rostro.

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