EL TORNEO SELECTIVO

Miguel Angel Dubón Lanza

CAPITULO 3: LOS NUEVOS RIVALES

Una vez que la ceremonia finalizó, la gran multitud de personas que habían asistido a presenciarla se dispersó en varias direcciones en los predios de la universidad. Unas se dirigieron al lugar donde estaban ubicados los locales que se instalaron para la exhibición de los equipos de la Liga Profesional de Japón y otras buscaban refrescarse un poco, por lo que fueron a la cafetería de la universidad o a los negocios cercanos a la institución educativa. Los jugadores, por su parte, buscaban a sus familiares para departir con ellos aunque no faltaban las personas que aprovechaban para conseguir el autógrafo de sus jugadores favoritos. De igual manera, a medida que los jugadores se reunían con sus familias había quienes aprovechaban para tomarles una foto y solamente pedían que les dedicaran aquellos recuerdos, accediendo gustosamente a las peticiones.

 

Las reuniones familiares se llevaban a cabo en el interior del gimnasio donde miembros de los medios de comunicación, principalmente de la prensa, tomaban instantáneas de los momentos tan felices de los jugadores. Oliver, junto a sus padres y su hermano menor, disfrutaba cada instante de la reunión. El capitán japonés no cabía en sí de gozo por tener a su familia junto a él por lo cual no pudo evitar derramar lágrimas de felicidad. Al mismo tiempo, Steve recibía las felicitaciones de su madre y hermanos menores sin que el artillero nipón pudiera librarse de las bromas que los pequeños le hacían por su reacción con la modelo que le entregó sus reconocimientos, mientras que su madre lo observaba divertida al verlo así.

 

Tom, por su parte, se reunía con sus padres y el actual esposo de su madre además de su hermanastra, la cual lloraba de felicidad mientras lo abrazaba y recordando lo que tuvo que pasar el medio japonés desde que tuvo el accidente donde él la salvó hasta su participación en el mundial. Tal suceso no sólo estuvo a punto de acabar con su carrera de futbolista sino que también le hizo ver a sus seres queridos el temperamento, determinación y carácter que poseía, lo que hacía aumentar su admiración y orgullo por Tom.

 

Mientras tanto, en el lugar de la exhibición, Bruce, Jack, Raúl, Aoi y Al, entre otros, paseaban entre los locales de cada equipo y comentaban sobre lo que habían visto hasta los momentos.

 

-         Bueno, según veo, hay equipos con un gran historial deportivo en la Liga. No será una elección fácil. – observó Jack al revisar los folletos que consiguió durante el recorrido.

 

-         Y que lo digas. Creo que no habrá alguno que no haga grandes esfuerzos por llevarnos a sus filas. – agregó Bruce.

 

-         Yo creo que será fantástico el primer año como profesionales para todos nosotros. Imagínense, solamente el hecho de jugar en primera división es lo que hemos esperado por mucho tiempo, ¿no les parece? – intervino Aoi.

 

-         Sin duda, Aoi. Yo ya no veo la hora de hacer mi debut en la liga. – dijo Raúl Tenar muy entusiasmado. - No tengo idea con quien jugaré, pero (suspiro) espero hacerlo en grande. ¿Tú qué opinas, Al? – le preguntó el defensa a su portero.

-         Estoy totalmente de acuerdo con ustedes, amigos (bostezo). Aunque creo que no debemos esperar tanto para decidirnos. – resaltó el arquero al mismo tiempo que se rascaba la cabeza – Hay muy buenas opciones de acuerdo a lo que nos han enseñado durante el recorrido, por eso no debería ser tan difícil nuestra decisión (bostezo).

 

-         Hmmm, parece que no hubieses dormido bien. ¿Qué pasó? – preguntó Aoi. – Toda la mañana has estado igual. 

 

-         Tú lo has dicho. Lo que ocurrió fue que... – decía el portero, pero antes de finalizar la frase, Bruce lo interrumpió, parándose enfrente de su amigo.

 

-         No importa la razón, Al. Lo que debes hacer ahora es buscar la manera de quitarte ese sueño. Y sé de una que puede dar buenos resultados.

 

-         ¿Ah, sí? ¿Y cuál es? – preguntó. Como respuesta, Bruce apuntó hacia su costado derecho y cuando voltearon, se dieron cuenta que se detuvieron frente a un local en donde una bella edecán notó la presencia de los jugadores mientras colocaba unos balones sobre el mostrador, les sonrió y mientras sujetaba su cabello con ambas manos por detrás de su cabeza, le guiñó un ojo al semi-adormilado portero, sorprendiéndose este por el gesto.

 

-         ¡Muy gracioso, Bruce! – exclamó bastante ruborizado, con una mezcla de enojo y pena por la ocurrencia de su compañero y adelantándose a los demás. Sus amigos, por otro lado, apenas lograron contener la risa al ver su reacción.

 

-         Oye, ¿no crees que fue demasiado? Me refiero a que Al se puede desquitar contigo. – le comentó Jack, luego que siguieron caminando para alcanzar a su apenado amigo.

 

-         Despertó, ¿cierto? – fue la respuesta que le dio Bruce, a lo que Jack asintió divertido. Después continuaron visitando los otros locales.

 

Luego de recorrer todos los locales de la exhibición junto a sus familiares, éstos optaron por ir a la cafetería para comer un poco mientras los jugadores se reunieron cerca de la exhibición para verter sus opiniones sobre la información recabada. Sin embargo, la conclusión a la que llegaron fue que todo se resolvería durante el torneo.

 

-         Creo que es lo mejor, muchachos. Aún con toda esta información, no hemos podido definir de una vez por todas con qué equipo jugaremos. – dijo Rigo Winter.

 

-         Estoy de acuerdo. – secundó Víctor Denver – Creí que sería una decisión fácil, pero luego de escuchar tantas ofertas...

 

-         Y no es para menos. En lo personal, esperaba que para estos instantes ya habría decidido con quién jugaría, sin embargo es mejor prepararnos bien y esperar el inicio del torneo. – añadió Armand, estando sus amigos de acuerdo con él.

 

-         Ojalá que no tengan mayores problemas, porque también los restantes equipos querrán hacer un buen papel durante el torneo para que sus jugadores sean contratados por los mejores equipos del país. – observó Steve. – En cuanto a nosotros, – refiriéndose a los que jugarán en otros países – no faltarán quienes intenten impedirnos ser campeones.

 

-         Por lo menos, todos ustedes jugarán en la primera división. – intervino Akai, feliz por sus amigos pero un poco triste por sí mismo – En cambio yo debo continuar jugando en la segunda.

 

-         ¡Vamos, Akai! ¡No estés triste! Lo que debes hacer es luchar junto a tus compañeros del Sampdoria para que logren ascender en el menor tiempo posible. – intentó animarlo Aoi.

 

-         Cierto, amigo. Ya verás que en menos de lo esperado, jugarás en la primera división, al igual que Aoi y yo. No te desanimes. – continuó diciendo Steve. Los demás asintieron para hacerle ver a su amigo que lo apoyaban, consiguiendo que el “Urawa Red Stopper” sonriera y les agradeciera en silencio.

 

-         Esperamos no ser inoportunos, señores, pero, ¿nos conceden unos minutos? – se escuchó decir de pronto, sorprendiendo a todos los jugadores. Al ver que se trataba de sus compañeros de equipo, todos los seleccionados sonrieron y se levantaron para saludarlos. Entre ellos, destacaban Peter Seics y Kato del Furano, Henry Polis y Sam del Alemán y Tim Banks y Arthur del Newppy.

 

-         ¡Muchachos! – dijeron varios de ellos al unísono cuando los reconocieron. En esos momentos, el dilema que enfrentaban pasó a ocupar un segundo plano. Sus amigos estaban ahí para celebrar junto a ellos y no pensaban tocar el tema. Llevaban tanto tiempo sin verlos, sin saber nada de lo que habían hecho durante el tiempo que transcurrió desde la convocatoria a la selección hasta entonces, que reunirse nuevamente con el resto de sus amigos era motivo de una gran alegría.

 

Había jugadores de varios equipos provenientes de diversos lugares del país y, más que una coincidencia por encontrarse en aquellos momentos, estaban ahí para reunirse con aquel grupo de personas que conocían desde mucho tiempo atrás. El Newppy, Furano, Alemán, Superior, Halcones... todos estaban presentes por medio de sus representantes, fuesen o no seleccionados. Todos celebraban, todos reían.

 

Para jugadores como Andy, Armand, Víctor Hiroshi y Ralph aquellos momentos fueron muy especiales debido a que se llevaron grandes sorpresas, consistentes en ver a seres queridos para ellos. Andy no solamente se reunió con Mary, sino que volvió a ver a amigas como Miho y Yui del equipo de gimnasia; Armand, en una situación similar, volvía a estar con su hermana Pai, quien lo recibió con un abrazo tan fuerte que tardó unos segundos en recobrar el aliento, aparte de reunirse con Mafer, la cual llegó gracias a la ayuda de los miembros del Furano, provocando una gran alegría en su capitán por la sorpresa recibida.

 

Víctor Hiroshi recibía las felicitaciones de su prima Evelyn y de una parte de sus amigos de equipo de la universidad, al igual que Rigo, felicitado por la otra parte del equipo y momentos después por la prima de Víctor. Ralph tampoco se quedaba atrás puesto que al ver a su hermana Reiko, corrió a abrazarla, contento por verla luego de tantos meses. Esta le respondió de la misma forma, recibiendo entre sus brazos a su pequeño hermano y abrazándolo fuertemente, dejando escapar algunas lágrimas y feliz por reunirse con él. Solamente pudo verlo durante los partidos de la selección y los reportajes que pasaban por TV durante el tiempo que estuvieron separados, por lo que ese momento fue muy especial para ambos. Una vez que la joven se recuperó de tanta emotividad por su reencuentro con su hermano menor, pasó a saludar junto con sus compañeras del equipo de gimnasia del Superior al resto de jugadores, siendo Steve y Richard los primeros.

 

Momentos después, llegaron más personas que resultaron ser los familiares de los arqueros de la selección, aparte de las amistades de Benji en Alemania. Este recibió a sus padres y sus tres hermanos sin la misma efusividad de sus amigos con sus respectivos familiares pero siempre contento de verlos a pesar de la distancia que los separa. Ahinoa se presentó ante ellos junto con su hermano y los amigos de ambos. Viendo que Ahinoa y otras de las chicas que la acompañaban, destacando entre ellas las integrantes del equipo de gimnasia en Alemania, hablaban solamente maravillas de Benji, sus familiares comenzaron a verter comentarios que incomodaban al portero, intentando éste apaciguar los ánimos de la mejor forma posible sin mostrarse malagradecido por los elogios de Ahinoa, en especial cuando ella sacó a relucir la relación que existía entre ambos desde que se conocieron.

 

Richard se reunió con su familia y aunque inicialmente su padre deseó otra cosa para su hijo, no podía evitar estar igual de orgulloso de él que los demás padres de familia con sus hijos. Demostró que a pesar de no haberse dedicado a tiempo completo a la práctica de las artes marciales, hizo un muy buen uso de los conocimientos adquiridos desde que empezó a jugar fútbol. Su padre no tuvo más remedio que aceptarlo y decidió apoyar a su hijo en todo momento. Igualmente, sus amigos del Superior lo alababan por su participación durante el mundial, siendo determinante en la obtención del título.

 

La atención de Al fue atraída por cuatro chicas que se abrían paso entre la multitud y al reconocerlas, abrió los ojos de par en par visiblemente preocupado, pensando incluso en esconderse antes que llegaran hasta donde estaba. Los que estaban cerca de él lo notaron y antes de preguntarle lo que sucedía, las jóvenes se plantaron frente a él y sus amigos, que se sorprendieron no tanto por lo repentino de su presencia, sino por la belleza de las extrañas, que sonrieron ampliamente al encontrarse frente al portero. Ante las miradas de sorpresa, las presentó ante sus amigos y cuando dijo que se trataba de sus hermanas sus amigos las rodearon de inmediato, muy interesados en conocer a aquellas bellezas.

 

Después que se terminaron las presentaciones correspondientes, aparte de curar más de un corazón roto (el de Hallahan, entre otros), pasaron a hablar del torneo que se disputaría en las siguientes semanas.

 

-         Así que no han decidido con quien jugarán y esperarán hasta el torneo. – comentó Henry Polis, del Alemán.

 

-         Exacto. Y a pesar de eso, la decisión será difícil. No sólo para nosotros, sino para los observadores de los equipos de la liga. – contestó Andy.

-         Pensábamos que los equipos los contratarían de acuerdo a la ciudad de origen de cada uno de ustedes, muchachos. – dijo Kaoru.

 

-         Esa sería una posibilidad. – le hizo ver David - Sin embargo, hay equipos que se han interesado en contratarnos sin que éstos sean de nuestra misma ciudad.

 

-         Lo que significa que otra posibilidad sería jugar donde nos convenga hacerlo, en lugar de jugar con el equipo que queramos. – observó Paul, confundiendo a algunas de las chicas que no entendían mucho de fútbol.

 

-         ¿Acaso no es lo mismo? – preguntó una de ellas, recibiendo por respuesta la negativa de los más entendidos. Para ilustrarlas, Oliver les explicó.

 

-         Quiere decir que un jugador debe integrarse a un equipo donde pueda desarrollarse de mejor forma que en otro donde jugaría guiado solamente por simpatía.

 

-         Exactamente. – respondió Hikari Kamichi, la entrenadora del equipo femenino japonés de gimnasia – Eso también sucede en la gimnasia y se lo he dicho a muchas de las chicas que me ha tocado entrenar. Y tú también, ¿cierto, Liare? – le preguntó a una joven sentada a su lado.

 

-         Así es, Hikari. Aún cuando un atleta desee permanecer en una entidad deportiva a la que ha pertenecido por cierto tiempo, nunca debe descartar la posibilidad de buscar otras opciones que le ayudarán a desarrollarse más como deportista. Y como persona también. – enfatizó la aludida, quien entrenaba a un equipo de gimnasia en Alemania, ganándose las miradas de aprobación de todos los presentes, particularmente de las integrantes de dicho equipo que viajaron junto a Schneider y Ahinoa, más los amigos de estos.

 

-         Muy bien dicho, Liare. Es cierto que por ahora es un dilema para ustedes elegir, pero si son bien aconsejados, seguramente harán la elección correcta. – añadió Constanza, una de las discípulas de la entrenadora. La chica era parte del “séquito” de chicas que Benji le dijo a Richard que acompañarían a Ahinoa en la visita a Japón. El resultado fue que al verla a ella y a sus compañeras de equipo los ojos de mucha gente, no solamente de los jugadores, se posaran sobre ellas con sorpresa (de muchas chicas, sin mencionar algo de envidia) y admiración (de los hombres) por la presencia y elegancia de las alemanas. Y eso incluía a los restantes visitantes extranjeros. 

 

-         Han dicho una gran verdad. Lo que deben hacer es no apresurarse al decidir y también eviten desesperarse. Confiamos en que sabrán elegir. – intervino Benji.

 

-         Gracias por su apoyo. Supongo que ahora todos estamos con una carga menos pesada que antes, debido a sus consejos. – agradeció Armand a nombre de sus compañeros y amigos, dirigiéndose a Benji y a las jóvenes con una mezcla de alivio y gratitud en su rostro.

 

-         No importa cuantos consejos reciban. Si no están tranquilos ahora, no se podrá esperar gran cosa de ustedes en el torneo. – se escuchó decir de pronto, haciendo que la expresión de Armand cambiara a una de sorpresa ya que logró identificar a quién pertenecía la voz.

 

Todos los presentes voltearon a ver en la dirección de la voz. Una vez más en menos de diez segundos, la expresión de Armand cambió a una de desagrado, al igual que el resto del Furano. Pai no pudo evitar sentirse igual que su hermano, puesto que él le contó la experiencia que tuvieron en el pasado con esa persona. Por su parte, los extranjeros se quedaron expectantes viendo a la persona que habló con un tono que desafiaría a cualquiera.

 

-         Ishida. – dijo secamente el capitán del Furano. Luego Peter Seics, su pareja en el ataque añadió – Y Michael Eagles. – en mención al jugador que se encontraba a la izquierda de Ishida, ambos de brazos cruzados, observando burlonamente a los jugadores del Furano. Con ellos estaban los jugadores del Minamiuwa, rivales del equipo de Hokkaido en el torneo de secundarias donde el Newppy y el Superior fueron campeones.

 

También estaban presentes jugadores de otros equipos muy conocidos por los japoneses, pero estos quedaron relegados a un momentáneo segundo plano por la ruda e imprevista presentación que hiciesen aquellos jóvenes. Aparte del plantel del Furano, los jugadores del Newppy (que no fueron seleccionados) observaban con cara de pocos amigos a los intrusos. Esto llamó la atención de Oliver y Tom sin que tuvieran una idea del porqué de la reacción de sus amigos. Cuando se dio cuenta de tal detalle, Steve les preguntó: - Oliver, Tom, ¿qué sucede?

 

-         Es que Arthur y los demás muchachos se ven bastante molestos. – dijo Oliver. Y Tom agregó – Tal parece que hay algo entre ellos y los jugadores del Minamiuwa.

 

-         Sí, se ven realmente contrariados. – comentó Hyuga al ver al resto del plantel del Newppy - ¿Alguna idea del porqué?

 

-         No, pero les preguntaremos ahora mismo. – respondió Oliver. – Ojalá que no sea nada serio.

 

La situación comenzaba a ponerse más y más tensa a cada minuto que pasaba y los visitantes de otros países lo percibían en el aire. No tenían idea de quiénes eran los intrusos, pero confiaban en que las cosas no pasaran a mayores.

 

-         Creo que esto se pondrá muy interesante, ¿verdad? – preguntó Nieves, la novia del arquero Gino Fernández, sin apartar la vista de aquellos desconocidos (para ellas).

 

-         Así parece. – contestó su compatriota Anna, quien junto a Nieves jugaba con Ahinoa en el mismo equipo de fútbol. – Según veo, tendremos la oportunidad de ver qué tan buenos jugadores hay en Japón, aparte de los que ya conocemos.

 

-         Opino igual, chicas. – terció Gabrielle, la guardameta sueca del mismo equipo. – En lo que a mí concierne, tengo mucha curiosidad por ver el desarrollo de éste torneo. – dijo la jugadora. Sus amigas asintieron con la cabeza, estando de acuerdo con ella.

 

La tensión fue interrumpida cuando el capitán del Minamiuwa habló de nuevo sin cambiar en absoluto su expresión, avanzando hacia el grupo de personas.

 

-         Es increíble que a pesar de haber destacado en el Mundial, aún no sepas a qué equipo unirte, Callahan. Te creía más capaz, pero según me doy cuenta no es así. – dijo, casi provocando al talentoso jugador del norte de Japón. Pero Armand era de los que sabía responder como era debido a tales comentarios, por lo que no pensaba quedarse callado.

 

-         No me sorprende que te expreses de tal forma, Ishida. Tú no sabes lo que significa que tantos equipos se interesen por ti puesto que no has demostrado gran cosa en los torneos anteriores en los que ustedes han competido. Y por tal razón, no fuiste elegido para formar parte de la selección nacional.

 

-         Solamente tuviste suerte. – continuó diciendo Michael Eagles, saliendo en defensa de su capitán que, a pesar de no necesitar ayuda, tampoco se opuso a que su compañero interviniera. – Todos sabemos que nuestro capitán es mucho mejor jugador que tú. Quién sabe lo que el entrenador habrá visto en ti, pero seguramente no fue nada nuevo a lo que mostraste la primera vez que nos enfrentamos.

 

-         No confundas la suerte con la capacidad, Eagles. Eso es justo lo que el entrenador vio en Armand y lo que tu capitán no mostró a la hora de ser escogido por el director técnico de la selección. Ustedes están molestos porque ninguno de ustedes fue elegido para integrar el equipo nacional. – respondió Peter, ante las palabras del delantero. A medida que hablaban, crecía la posibilidad de una inminente pelea entre jugadores de ambos equipos, razón por la que las restantes personas retrocedían para no ser alcanzados en la riña, si llegaba a ocurrir. Mientras tanto, Oliver y Tom hablaban con Tim y Arthur, quienes les contaron porqué se molestaron ante la presencia de Ishida y compañía. El motivo: el Newppy los enfrentó en dos ocasiones, ganando un partido y empatando el otro.

 

-         ¿De modo que es por eso que están molestos? – preguntó incrédulo Oliver. – Deberían estar felices por ello.

 

-         Sí, pero sucede que ellos nos lastimaron mucho y nos provocaron al final de cada partido. – comentó Tim Banks, con un dejo de amargura en sus palabras.

 

-         De todos modos no le den más importancia de la debida, amigos. Aún estando incompletos, los resultados que ustedes obtuvieron son de gran valor y mérito al vencer a un equipo que no presentó bajas en ambos encuentros. Siéntanse felices por eso. – intervino Tom.

 

-         Lo sabemos, Tom. ¡Créannos cuando les decimos que lo sabemos! – le suplicó Arthur, con una mezcla de desesperación y rabia, nada común en él. – Pero no tienen idea de cuánto nos molestaron esos... sujetos... al enfrentarlos y...

 

-         Vaya, vaya. Miren quiénes están aquí. – interrumpió un tercer jugador del Minamiuwa – Los despojos del Newppy hablan con las estrellas mundialistas. ¿No saben que están muy ocupados para que ustedes los molesten con sus niñerías? – decía mientras continuaba hablando despectivamente de los miembros menos talentosos del Newppy.

 

-         ¡Ya basta de tonterías! – exclamó bastante molesto Oliver al encarar a aquél jugador, con lo que llamó la atención de las demás personas, en especial de Armand e Ishida que interrumpieron su discusión para concentrarse en el capitán japonés y sus amigos.

 

-         ¡Debería darles vergüenza su comportamiento tan infantil! – siguió diciendo Oliver, refiriéndose a los jugadores del Minamiuwa – Si vinieron a provocar, es mejor que se marchen antes que ocurra algo que a nadie le convendrá. Y si van a quedarse, entonces respeten a todos los que estamos aquí reunidos. ¿Quedó claro?

 

-         Vamos, Oliver. No te enojes, solamente bromeaba con el enano. No es para tanto. – dijo el jugador a manera de excusa, lo que le valió una gran cantidad de miradas de reproche de los presentes.

 

-         Si esa es la forma en que bromean, más vale que se abstengan de proferir algún insulto. Cuesta trabajo creer que ustedes pretendan convertirse en profesionales faltándole el respeto a los demás. Por tal razón, no es extraño que no pudiesen superar el corte para jugar en la selección. – añadió Tom, logrando callar a aquel jugador.

 

-         Está bien, se nos pasó la mano un poco. Sin embargo, eso no significa que lo que dijimos al principio no sea la verdad. – dijo Ishida a manera de disculpa para justificar su comportamiento y el de sus amigos. Tales palabras únicamente consiguieron que Steve exclamara enardecido:

 

-         ¡Esa ha sido la peor imitación de excusa que he escuchado! ¡Si ustedes pretenden conseguir algo que valga la pena resaltar en este torneo, no lo conseguirán lloriqueando y diciendo esa sarta de estupideces para llamar la atención! Lo único que hacen es dar lástima. Mejor deberían entrenarse para intentar superar el nivel de juego tan lastimero y patético que han mostrado desde la primera vez que se presentaron en un torneo.

 

Al decir aquello, Ishida e Eagles lo voltearon a ver con expresiones de furia en sus rostros, mientras los demás apenas lograban contenerse. Steve permanecía inmutable ante sus miradas, permaneciendo de brazos cruzados mientras los veía fijamente al igual que ellos al interrumpir la reunión con sus familiares y amigos. Richard, Ralph, John Michael y los jugadores del Superior, además del equipo de gimnasia, se acercaron a Steve para apoyarlo en caso que intentaran algo contra él. De pronto, otra voz se escuchó ante el silencio causado por el airado reclamo de Steve hacia los jugadores, el cual tuvo el mismo efecto que produce un trueno durante una tormenta.

 

-         ¿Y PORQUE NO LES ENSEÑAS A HACERLO, HYUGA?

 

La voz que escucharon hizo que se sobresaltaran todos puesto que nadie esperaba una nueva interrupción. Una nueva discusión estaba por iniciar y creyeron que Hyuga no se contendría tan fácil como Armand, pero cambiaron de parecer al ver el rostro de Steve que denotaba una sorpresa inusitada. Los jugadores del Superior y Reiko junto a Mikki del equipo de gimnasia fueron los más sorprendidos por aquella voz, la que no habían escuchado en mucho tiempo. Los que los acompañaban se sorprendieron todavía más al ver que incluso comenzaron a sudar por tal motivo. No se requería ser un adivino para darse cuenta que algo no andaba nada bien.

 

-         Y bien, ¿qué sucede, Hyuga? ¿Acaso te quedaste mudo? Di algo para que sepamos que no es así. – volvió a decir la voz, escuchándose cada vez más cerca a medida que las palabras eran mencionadas.

 

-         Esa voz... – balbuceó Steve.

 

-         No... puede ser. – murmuró Richard en voz baja.

 

-         ¿A-Acaso es...? – tartamudeó Ralph, mientras su hermana ponía sus manos en sus hombros, temblorosa.

 

-         Se trata de... – decía lentamente John Michael.

 

Si al escuchar la voz quedaron de una pieza, entonces ver a quien pertenecía la voz casi hace que todos se fueran de espaldas puesto que no tardaron en reconocerlo. Era el mismo joven que el día anterior manifestó en solitario su deseo de confrontar al goleador japonés al término de la ceremonia. El momento había llegado y sonrió al ver que la reacción producida en los miembros del Superior era justo lo que esperaba. Se hacía acompañar por cuatro jugadores más, uno de ellos de grandes dimensiones, impresionando a las visitas.

 

-         Parece que los dejó mudos, capitán. – dijo uno de los jugadores que estaba a la derecha del muchacho.

 

-         ¿Usted cree que hayan quedado así por el gusto de verlo, capitán? – dijo otro a su izquierda.

 

-         No lo sé, amigos. Espero que sí o me sentiré muy triste. – fue el comentario lleno de sarcasmo que hizo mientras observaba fijamente a Steve, sonriendo con desprecio. Oliver y el resto de los seleccionados no podían dar crédito a lo que veían: Steve Hyuga, el poderoso goleador conocido por su fuerte temperamento dentro y fuera de la cancha lucía como si acabara de ver un fantasma, sin pasar por alto a sus amigos del Superior.

 

-         Eres tú... – comenzó a decir Steve, siendo interrumpido por el desconocido.

 

-         Sí, Hyuga. Soy yo. – responde el joven, cambiando el tono de su voz a uno más fuerte y peligroso – Masato Hinomoto, tu ex - compañero de equipo hace tres años en el Superior.

 

Todos quedaron con una mezcla de asombro e intriga por tales acontecimientos. Los del Superior estaban petrificados, mientras que los representantes de los restantes equipos tenían curiosidad por saber quién era ese joven que veía a Steve como si fuera su enemigo, a pesar que éste demostraba estar sumamente impresionado por su aparición tan repentina e impactante. Los extranjeros, por otro lado, comenzaban a preguntarse la razón de porqué Steve quedó en tal estado al ver a quien hasta hace unos breves instantes era desconocido por todos ellos, incluso cuando algunos lo habían visto durante la ceremonia, sin darle importancia entonces. El “Tigre” difícilmente se mostraba impresionado por algo o alguien, pero en esos precisos momentos lo observaban totalmente intimidado.

 

-         Esta... es una enorme sorpresa, Masato. – decía con lentitud a medida se reponía de la sorpresa - ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

 

-         ¿Acaso te importa? – le contestó sin cambiar su postura  – Lo que realmente importa es que he vuelto para competir en este torneo. Y ganarlo.

 

-         Es bueno saberlo. ¿Y con quién jugarás? – le preguntó de nuevo Steve. Un par de segundos después, se dio cuenta que fue una pregunta totalmente innecesaria al ver el chaleco que usaba, aparte de provocar otra respuesta ofensiva.

 

-         ¿Estás ciego o qué, Hyuga? – dijo frunciendo el ceño - ¡Con el Holandés, por supuesto! – respondió exaltado y señalando el emblema distintivo de la institución. Antes que Steve pudiera disculparse, Richard intervino.

 

-         Cálmate, Masato. No hay necesidad para que te enfades. – dijo, tratando de apaciguar sus ánimos mientras se colocaba a la par de Steve para apoyarlo y colocaba sus manos frente a Masato. – Steve no quería...

 

-         ¡No me importa lo que quería o no hacer! – lo interrumpió Masato – Además, nadie te preguntó tu opinión, Richard. ¡No te entrometas!

 

A Richard no le agradó que se dirigiera a él de tal forma, en especial al escuchar cómo dijo su nombre al reclamarle por su intervención. Antes que pudiera decir otra palabra, Steve intentó separarlos, recibiendo un manotazo de Masato para quitar su mano. Los jugadores del Superior iban a acercarse hacia ellos, pero Reiko se les adelantó.

 

-         ¡Ya basta, Masato! ¡No vayas a causar una pelea! – exclamó.

 

-         No vine a pelearme con nadie, Reiko Sawada. Ninguno de estos dos idiotas vale la pena el gasto de energía en una pelea, – dijo refiriéndose a Steve y Richard, que terminaron de recuperarse de la repentina presencia de su ex – compañero por semejante insulto, pasando a mostrar la agresividad característica de ambos – y mucho menos el resto de jugadores del Superior. Sólo por eso tus novios salvarían sus inútiles pellejos, de lo contrario... – terminó diciendo con una sonrisa burlona dibujándose en su rostro cuando vio que la hermana de Ralph se ruborizó al insinuar que tenía algo con el portero y delantero del equipo capitalino.

 

El insulto no solo hizo enardecer a Steve, Richard y sus amigos, sino que también consiguió que los que no participaban en la discusión abrieran más sus ojos, asombrados. Pensaban que Masato tenía muchas agallas para hablarles así a dos personas conocidas por tener muy poca tolerancia a ser tratados con desprecio dentro y fuera de un terreno de juego, y menos aún si eran insultados por cualquier motivo que fuese. Unos se inclinaron por admirar su atrevimiento, el asombro de otros iba en aumento puesto que no creyeron que en Japón hubiese una persona que pudiera enfrentar al goleador oriental y responderle con las mismas armas que él empleaba contra sus rivales. Otros simplemente se mantenían al margen.

 

-         Solo existe un jugador entre todos los que integran este equipito de segunda al que vale la pena resaltar. – continuó, dejando en paz a Steve y Richard por unos instantes – Y ése es Ralph.

 

Cuando mencionó al hermano menor de Reiko, todas las miradas recayeron sobre el pequeño y habilidoso jugador, que no pudo evitar sorprenderse por aquel comentario. Tampoco por el hecho de ser saludado por su amigo, ya que Ralph fue el único jugador con el cual estableció amistad cuando jugó con el equipo de la prestigiada institución educativa. La expresión de Masato cambió radicalmente cuando se paró frente a Ralph. A un par de metros de distancia, Reiko se limitaba a observar la escena expectante.

 

-         ¿Cómo has estado, Ralph? – le preguntó al mismo tiempo que tendía su mano derecha para saludarlo  y una sonrisa aparecía en su rostro – Ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?

 

-         E-este... sí, a-así es. Yo estoy muy bien, gracias por preguntar, Masato. – tartamudeaba Ralph al estrechar la mano de Masato. El joven jugador pudo sentir que su saludo era muy diferente al de otras veces cuando ambos formaban parte del plantel del Superior. Había más firmeza y energía en su saludo, sin pasar por alto que físicamente experimentó un giro de 180 grados, todo lo contrario del Masato Hinomoto de años atrás. Esa fue otra razón por la que se impresionaron tanto al verlo de nuevo. Luego preguntó - ¿Cómo has estado?

 

-         Muy bien, como puedes ver. Me alegra verte de nuevo, pequeño amigo.

 

-         Igualmente. Por cierto, veo que conoces a Borgini, - observó Ralph, dirigiendo su vista hacia el inmenso portero del Holandés. Los extranjeros no pudieron ocultar su asombro por el tamaño de Borgini, así como tampoco creyeron que jugara en la posición de portero, siendo confirmado por los seleccionados japoneses a los que les preguntaron la veracidad de tal dato. Acto seguido, Ralph le dirigió una mirada a los otros jugadores que llegaron junto a Masato y preguntó – pero, ¿quiénes son tus compañeros?

 

-         Son Hideoki Mifune y Daigo Tamuda, ambos son delanteros, al igual que yo. – contestó, señalando a cada uno al mencionar su respectivo nombre, causando una inesperada reacción de los jugadores de otras escuadras.

 

-         El “Trío del Terror”. – dijo de pronto un jugador del Anglosajón, llamando la atención de todos. Los Koriotto se interesaron de inmediato y viéndose uno al otro, dirigieron sus miradas hacia su amigo y le preguntaron a coro - ¿Los conoces?

 

-         Efectivamente, muchachos. He escuchado hablar acerca de ellos. Mientras la selección jugaba en las eliminatorias, varios equipos de todo Japón aprovechamos para concertar partidos de preparación con el objetivo de mantenernos activos y ellos tres anotaron una gran cantidad de goles en cada partido disputado. – dijo.

 

Los jugadores del Superior, Newppy y del resto de equipos ahí reunidos comenzaron a intercambiar miradas ante los acontecimientos que poco a poco se suscitaban creando un mayor interés por el torneo que disputarían en las semanas por venir. Los alemanes, franceses, italianos, holandeses y visitantes de otras latitudes del mundo sonreían cada vez que la sorpresa de los japoneses crecía al enterarse de la información recibida. Si la participación de los seleccionados en sus equipos haría del torneo un espectáculo digno de presenciar, la inclusión de nuevos integrantes en las filas de los contrarios le agregaría más emoción y un ingrediente especial a cada encuentro por disputarse.

 

-         Veo que tenemos muy buena fama. – dijo Hideoki, sonriendo con aires de superioridad – Cierto. Pero, ¿quién eres tú? Creímos que nadie nos conocía. – secundó Daigo.

 

-         Mi nombre es Norio Minorawa, centrocampista del Anglosajón. Y si piensan que ustedes serán los campeones de este torneo, están muy equivocados, porque nosotros lo ganaremos. – contestó, para luego voltear hacia su equipo y lanzar una arenga -  ¿Verdad, muchachos?

 

-         ¡Síííí! – fue la respuesta que obtuvo del equipo, produciendo sonrisas en los Koriotto que se sintieron muy orgullosos y también de algunos extranjeros.

 

-         “Bueno, según veo, valió la pena haber venido.” – pensó Schneider.

 

-         “Todo parece indicar que este será un torneo muy interesante.” – fue el pensamiento de Gino Hernández.

 

-         Creo que nuestra estancia se prolongará más de lo previsto. – decía para sí el holandés Bryan Cruyfford.

 

-         Sin duda alguna, este torneo será algo pocas veces visto. – le comentó Pierre a su amigo Napoleón, limitándose éste a asentir con la cabeza.

 

La atmósfera había cambiado de una amena a otra en donde los mundialistas japoneses comenzaban a hacerse preguntas. Sabían por experiencia que con el surgimiento de nuevos jugadores significarían grandes dolores de cabeza, por no conocer nada de ellos salvo lo que se decía de ellos. Oliver dirigió una mirada hacia Tom y recordando la charla que tuvieron el día anterior, le dijo a su amigo:

 

-         Parece que no te equivocaste en lo que dijiste ayer, Tom. Los observadores de talentos no son los únicos que se verán en dificultades.

 

-         Nosotros también. – dijo asintiendo y cruzándose de brazos con una expresión un tanto seria – La competencia que tendremos será muy dura en cada partido que disputemos. No podemos confiarnos o lo terminaremos pagando caro. – analizó.

 

-         Es verdad. Me gustaría poder jugar nuevamente con ustedes en este torneo antes de marcharme de regreso a Brasil, pero temo que no depende de mí. – dijo Oliver, con un poco de nostalgia por recordar cuando jugaba con sus amigos antes de viajar al país de la “canarinha”. Viendo hacia donde estaba Steve, pudo notar que la mirada de furia que tenía breves instantes atrás la cambió por otra de menosprecio.

 

-         ¿Y ustedes realmente creen que tienen lo necesario para conseguirlo? ¡No me hagan reír! Para eso necesitan de un milagro y de mucho talento, el cual dudo que tengan, partida de ilusos. – dijo viendo de pies a cabeza a los nuevos jugadores que se habían presentado frente a los mundialistas y demás personas. - ¡El Superior será quien gane el torneo, sin importar los esfuerzos que ustedes principiantes hagan por evitarlo! 

 

-         Hablas como si fueras a jugar en el torneo, Hyuga. – dijo Masato.

 

-         ¿Por qué lo dices? – preguntó Steve.

 

-         Porque, si ya lo olvidaste, vas a ir a jugar a Italia. Y siendo muy honesto, dudo que acepten a un jugador que busca hacer su capricho cada vez que se le antoja. Aparte que no les agradará que su nuevo jugador llegue lesionado.

 

-         ¡Explícate! – le exigió furioso Steve.

 

-         Es obvio. – contestó calmadamente - Primero tienes que solicitar un permiso para jugar en el torneo. No creas que en Italia harás lo que se te dé la gana, como lo has hecho aquí en Japón. Si acaso te lo dan, existe la posibilidad que se enfrenten a nosotros, - dijo señalándose con el pulgar – con lo que te garantizo que no la vas a pasar nada bien. ¡Tenlo por seguro! – finalizó diciendo con una voz muy seria y fría, mientras Steve lo quedaba viendo desafiante.

 

Borgini y sus amigos observaban la acción a la distancia sin intervenir, puesto que confiaban que su capitán se las arreglaría sin problemas. Marui, jugador que junto a Borgini enfrentó al Newppy en el torneo de escuelas primarias y que anotó el único gol del Holandés en aquel partido, no estaba de acuerdo con que provocaran a sus posibles rivales en vista que lo consideraba un recurso innecesario, pero debido a la cantidad de veces que su equipo fue menospreciado en otros torneos, no se oponía a que sus amigos actuaran de tal forma, siempre y cuando no finalizara todo en una pelea.

 

-         Ojalá que ésta vez hagamos un mejor trabajo que en años anteriores. – decía mientras sus amigos escuchaban sin quitar la vista de su capitán y Steve – Me sentiría mal por nosotros... y por Masato.

 

-         No te preocupes, Marui. Ya verás que en este torneo nos coronaremos campeones. Hemos trabajado muy duro para eso y nadie nos impedirá celebrar. No importa que los demás equipos tengan a sus seleccionados y a nuevos jugadores. También nosotros lo hemos hecho. Ganaremos, espera y verás. – dijo Borgini a manera de ánimo poniendo una mano sobre el hombro de su amigo.

 

Los enfrentamientos verbales entre jugadores de uno y otro equipo eran cada vez de mayor intensidad a medida que intercambiaban opiniones. Por otro lado, Oliver y Tom olvidaron el asunto cuando escucharon la voz de Patty exclamar airadamente:

 

-         ¡Ya basta, Kanda! ¿Acaso no escuchaste? ¡Dije NO!

 

-         ¡Vamos, Patty! Es un momento, nada más. No tomará mucho tiempo. – respondió la persona que la seguía a solo unos pasos. Oliver pudo identificar a Koji Kanda, antiguo pretendiente de Patty, que le insistía a ella acerca de algo, sin importar que ella se negara una y otra vez.

 

-         ¿Qué ocurre? – le preguntó al acercarse Patty a Oliver.

 

-         Kanda tiene un obsequio que entregarme, por nuestro matrimonio, y quiere que lo acompañe a recogerlo. Pero ya le dije que no quiero ir y él insiste en lo mismo. – contestó molesta. Oliver volteó a ver a Kanda, esperando una explicación de éste.

 

-         Le pedí a Patty que me acompañara porque mi padre quiere felicitarla al entregarle el regalo, por su boda. Es todo. – explicó Kanda.

 

-         Gracias por el gesto, Kanda. Pero me temo que será más tarde. Por los momentos no es posible ya que tenemos visitas y debemos atenderlas. Sin embargo, agradécele a tu padre por el obsequio, por favor. – le dijo Oliver, intentando no ser descortés con el boxeador.

 

-         Está bien. Le diré a mi padre que están muy ocupados. – dijo con una mueca de desagrado, pero comprendiendo que no debía insistir más.

 

Mientras se retiraba, Kanda escuchó como dos jugadores del Azuma, equipo de Guillermo, comentaban entre risas lo que para ellos fue una humillación de parte de Oliver hacia Kanda. Este sabía que Oliver no era una persona malintencionada y que nunca se comportaría así con nadie, por lo cual no estaba molesto por las palabras de la estrella nipona, sino por los comentarios de burla de los jugadores. Caminó hacia ambos, quienes lo vieron acercarse hasta donde estaban sentados sonriendo con malicia, y sin darles tiempo de nada, con un movimiento rápido les arrebató el balón que tenía el más cercano a él.

 

-         ¡Oye! ¿Qué rayos te pasa? ¡Danos ahora mismo ese balón! – le exigió el ofendido, mientras ambos se ponían de pie.

 

-         Hasta que se disculpen. – fue la respuesta de Kanda.

 

-         ¿Qué es lo que sucede? – preguntó Guillermo, al enterarse que fueron sus compañeros de equipo los que le reclamaban al pugilista.

 

-         Sucede que tus estúpidos amigos aquí presentes tuvieron la brillante idea de burlarse por la charla que tuve con Oliver y Patty. El que yo haya cometido un error no les da ningún derecho a éste par de fracasados de hablar como lo hicieron. – le dijo a Guillermo, que vio a sus amigos y negó con la cabeza a modo de reproche por la actitud de ambos.

 

-         Bueno, está bien. Ya devuélveles el balón. – le dijo Hallahan a Kanda, pero este mantenía su postura a la espera de la disculpa.

 

-         ¿Escuchaste? – le dijo el otro jugador - ¡Entréganos el balón!

 

-         ¿Lo quieren? – dijo tomando el esférico con su mano derecha – Entonces, ¡vayan  por el! – exclamó lanzando el balón con fuerza lejos de donde estaban.

 

El balón salió impulsado de la mano de Kanda con tanta fuerza que surcó los aires a una gran velocidad. Sin embargo, el proyectil iba dirigido hacia donde una persona adulta caminaba sin notar que en unos instantes sería alcanzado por el balón ya que estaba distraído leyendo unos papeles. Solamente el grito de Tom, que vio lo que estaba a punto de suceder, lo alertó.

 

-         ¡Señor director! – exclamó el jugador al identificarlo - ¡Cuidado!

 

Girando la cabeza hacia el lugar donde escuchó la voz de Tom, el aludido no pudo hacer nada excepto buscar rápidamente con la mirada a su alrededor la razón del porqué de la advertencia, logrando verla con el rabillo del ojo cuando estaba a solo unos centímetros de él, habiendo perdido unos segundos valiosos para esquivarlo por el tiempo que se demoró en ubicar de dónde venía el peligro. Los que observaban la escena quedaron inmóviles, con una sensación de impotencia por no poder ayudarlo y sólo esperaban asistirlo después de recibir el impacto.

 

-         ¡NO! – se escuchó decir de pronto.

 

Una sombra apareció y de una patada el balón salió nuevamente impulsado, ésta vez hacia arriba, luego de haber quedado a una distancia menor que cuando el director de la universidad vio el balón. Cuando descendió, el responsable de aquella acción saltó y recepcionó el balón con elegancia amortiguándolo con el pecho, después con el muslo de su pierna izquierda y para finalizar la maniobra lo bajó al suelo con su pie derecho.

 

-         Estuvo cerca. – suspiró profundo Tom al igual que Kanda y varios de los presentes luego de presenciar la oportuna intervención del desconocido que consiguió evitar un lamentable accidente.

 

-         Gracias, muchacho. Te debo una. – le agradeció el director al joven que lo auxilió, quedando éste de espaldas a los testigos de la acción, los que aplaudieron la depurada técnica del desconocido.

 

-         Por nada, señor director. – dijo el joven cortésmente aceptando el agradecimiento. Luego se dio la vuelta para dirigir su mirada hacia el lugar del que salió disparado el balón y preguntó en voz alta - ¿A quién le pertenece éste balón?

 

Las managers del Newppy, Eva y Evelyn, abrieron sus ojos de par en par cuando lograron ver al desconocido más de cerca. Este y el director de la universidad estaban a una menor distancia, con lo que era más fácil identificarlo. No solamente las dos chicas, sino también los jugadores del Newppy y Patty se quedaron sin palabras cuando el joven quedó a pocos metros del enorme grupo de personas.

 

-         ¡No puede ser! – exclamaron las tres managers del Newppy.

 

-         ¡Pero si es...! – dijeron Arthur y Tim.

 

-         ¡Eres... tú! – balbuceó sorprendido Oliver, lo cual llamó la atención de Tom.

 

-         ¡Es increíble! – mencionaron los jugadores del Newppy, dispersos en varios pequeños grupos. Los que los rodeaban pudieron notar que reflejaban en sus rostros la misma expresión de sorpresa que Steve tenía cuando Masato se presentó frente a él y los jugadores del Superior, incluida una parte de los visitantes puesto que lograron reconocer al joven casi de inmediato. Otros no entendían lo que sucedía pero sabían que la explicación no tardaría mucho en conocerse, tal y como había sucedido desde minutos atrás.

 

-         Bueno, no demuestren tanta efusividad, ¿quieren? Ahora, si es mi presencia lo que les incomoda, díganlo y me marcharé de inmediato. – bromeó el joven con una mezcla de seriedad y sarcasmo en sus frases.

 

-         Oliver, ¿tú lo conoces? – le preguntó Tom a su amigo, que aún permanecía estático sin apartar la vista ni un segundo del recién llegado. Oliver, sin embargo, no respondía. Sus amigos también estaban en las mismas condiciones y no conseguían articular palabra alguna por la sorpresa, con lo cual sus familiares y amigos buscaban sacarlos del trance.

 

-         ¿Al? ¡Responde, di algo! – exclamó la que parecía ser la mayor de las hermanas del portero, mientras lo sacudía levemente para hacerlo reaccionar, sin resultados. Benji y Richard, que estaban cerca de ellos, intercambiaban miradas después de ver la expresión de su amigo y las de los restantes seleccionados del Newppy. El asombro era notorio.

 

-         Después de todo este tiempo... regresó. – decía lentamente Bruce, llamando la atención de Rika Ozawa, Pierre y Napoleón que alcanzaron a escuchar las palabras del defensa. La curiosidad se apoderó de los tres y se acercaron para obtener alguna información, pero desistieron al verlo temblar, con lo que dejarían el interrogatorio para después.

 

-         Bueno, chicos. No se queden mirando y saluden. – dijo el director de la universidad en un intento por sacar del trance a los jugadores del Newppy - ¿O es que ya olvidaron a su antiguo compañero?

 

-         Gusto en verlos de nuevo, amigos. – respondió el joven haciendo una reverencia – Esperamos no interrumpirlos.

 

-         No, en absoluto. – dijo Andy cortésmente – Solamente charlábamos acerca del torneo. -  Cuando se aprestaba a preguntarle la identidad a aquel joven, Ishida se le adelantó.  

 

-         ¿Y quién eres tú? – fue la pregunta que el capitán del Minamiuwa hizo sin el menor tacto ni demostrando respeto hacia el desconocido.

 

-         Soy un ex alumno del colegio Newppy – contestó pasando por alto la actitud del jugador – y por eso conozco a los jugadores del equipo. Mi nombre es Marvin Tanaka.

 

Finalmente se había revelado la identidad del joven que los extranjeros y las chicas conocieron durante la pelea que tuvieron horas antes de asistir a la ceremonia. Los jugadores del Newppy, por otro lado, no le quitaban la vista de encima y los recuerdos que tenían de él afloraron en sus mentes con gran rapidez. Incluso las managers del equipo tenían recuerdos muy vívidos del jugador cuando formaba parte del plantel en la secundaria. Eran imágenes mentales de unos cuatro años atrás pero lo recordaban como si hubiese sido el día anterior que salió del colegio para buscar otro destino. Hasta podían recordar la razón de su salida del equipo, en especial los jugadores, que convivieron muchas experiencias mientras departió con todos ellos. Justamente iban a recordar esos últimos momentos cuando su antiguo compañero los interrumpió.

 

-         Espero que este silencio no signifique que me olvidaron, muchachos. Porque yo no los he olvidado a ustedes. – dijo amablemente a medida que ubicaba a cada uno de sus ex – compañeros de equipo. A diferencia de Masato, Marvin no demostraba rencor en sus palabras como tampoco en su mirada.

 

-         Eh... no. No te olvidamos, Marvin. Es solo que nos sorprende verte nuevamente luego de tanto tiempo. – comenzó a decir Oliver una vez repuesto de la sorpresa. - ¿Dónde estuviste todos estos años?

 

-         Viajando y conociendo nuevos lugares. También aproveché para jugar fútbol con otros equipos. – contestó, para luego añadir – Regresé hace unos meses junto con mi padre.

 

-         Ya veo. Es agradable volver a verte y saber que estás bien.

 

-         Gracias. Y sé que a ustedes también les ha ido de maravilla. – mencionó refiriéndose al resto de los compañeros de Oliver – Felicitaciones a todos por el título alcanzado, muchachos. ¡Hicieron un trabajo sensacional!

 

-         ¡Muchas gracias! – corearon a una sola voz los seleccionados japoneses.

 

-         De manera que fuiste compañero de Oliver. – dijo Schneider, haciendo que Marvin girara su cabeza hacia donde escuchó la voz del “Káiser” - ¿Piensas jugar con el Newppy, ahora que regresaste? – como respuesta, Marvin negó con la cabeza.

 

-         Me temo que no. Aunque me hicieron la propuesta, pero ya tengo equipo.

 

-         ¿Y cuál es? – preguntó Masato, que se vio interesado en averiguar más sobre aquel jugador, al igual que los extranjeros y las chicas que ya lo conocían.

 

-         ¡Es un equipo de tercera categoría, formado por perdedores! – se escuchó decir. Cuatro muchachos se abrieron paso entre la multitud, pasando al frente y causando que las miradas de todos se posaran en ellos por la rudeza con que se presentaron. Con voz burlona, el que parecía ser el capitán, dijo - ¡Ese equipo, si puede llamarse así, pretende  clasificar al torneo a pesar de haber fracasado en años anteriores! – Luego, volviéndose hacia Marvin, le dijeron - Es mejor que les digas a tus amigos que dejen de perder el tiempo, Tanaka. No tienen ninguna posibilidad de llegar tan lejos.

 

Tanto los jugadores y sus amistades observaron a Marvin sin tener alguna idea de cómo reaccionaría ante las ofensas. Era obvio que esos jóvenes lo conocían muy bien y buscaban provocarlo o intimidarlo de cualquier forma posible, con el único propósito de divertirse a sus expensas. Y se sentirían aún mejor si lo humillaban frente a todas aquellas personas que aguardaban expectantes su respuesta.

 

-         No lo creo, Ernesto. – respondió muy tranquilo con una sonrisa en sus labios.

 

-         ¡¿Qué has dicho?! – preguntó enardecido el aludido cuando vio que no tuvo el efecto deseado por él y sus acompañantes, que también se veían sumamente enfadados. - ¡¿Cómo te atreves a hablarnos así?!

 

-         Lo digo porque este año nos hemos preparado mejor y estamos muy seguros de poder clasificar al torneo. Es cierto que en otras ocasiones no nos fue bien, pero la historia puede cambiar. Y quién sabe, talvez lleguemos muy lejos en el campeonato. – añadió con modestia rascándose la cabeza.

 

-         No es como los otros. – susurró Mary en el oído de Andy, comparando a Marvin con los nuevos jugadores que se habían dado a conocer luego de finalizada la ceremonia. – El no parece demostrar soberbia en ningún momento, ¿verdad? – le preguntó a Andy, afirmando éste con la cabeza.

 

-         Parece que tiene muy buen control de sí mismo. – observó Rika.

-         Así es. Todo atleta que sabe controlar sus emociones obtiene excelentes resultados, sin importar la disciplina que practique. – dijo Pierre.

 

-         ¡Estás soñando! – dijo otro de los jugadores desconocidos, que portaban una chaqueta distintiva al equipo para el que jugaban, con la imagen de un tigre como emblema sobre el costado izquierdo al frente de la chaqueta. – Ustedes no son más que unos fracasados que sueñan despiertos. No importa cuanto entrenen, el resultado siempre será el mismo. – terminó diciendo el jugador que llevaba abierta su chaqueta, tal y como sus amigos pero con la diferencia que la camisa que tenía puesta era diferente a la de los otros jugadores, por lo cual los presentes dedujeron que jugaba de portero.

 

-         Calma, no hay necesidad de exaltarse. Mejor esperemos hasta el torneo. Ahí sabremos quién tenía la razón. – dijo Marvin intentando apaciguar los ánimos de los cuatro jóvenes que lo enfrentaban. – Por cierto, muchachos, tengo unos obsequios para todos ustedes. – dijo volviendo su atención hacia los seleccionados.

 

Los jugadores no pudieron evitar sentir curiosidad por averiguar en qué consistían los obsequios que iban a recibir, por lo que algunos se encogieron de hombros y se dispusieron a recibir los mismos de manos de Marvin y el director que le ayudaría a distribuirlos.

 

-         A propósito, Marvin, - le preguntó Tom – ¿tú sabes quiénes son ellos y para qué equipo juegan?

 

-         Efectivamente. Ernesto es el capitán del Tigres y sus amigos son Roberto, Saúl y Rogelio; éste último juega de arquero, los demás son delanteros. – contestó Marvin, identificando a los jugadores que se ganaron la antipatía de quienes se reunieron con los campeones mundiales para celebrar.

 

Si bien era cierto que Masato y sus compañeros del Holandés, aparte de los nuevos jugadores que se dieron a conocer minutos antes, fueron rudos con algunos de los seleccionados, los cuatro representantes del Tigres llegaron al extremo de estar a punto de ocasionar una riña sin que la presencia de la autoridad máxima de la universidad los intimidara. Dicha actitud fue reprochada en silencio tanto por los homenajeados como por el público que se acercó a ellos para disfrutar de un buen rato. Todos los sentimientos negativos desaparecieron cuando cada jugador de la selección recibió uno de los obsequios que les fueron entregados por Marvin.

 

-         Esto es... ¡grandioso! – dijo impresionado Benji, quien fue el primero en recibir su regalo.

 

-         ¡Es cierto! ¡Son magníficos! – exclamó Armand.

 

El obsequio consistía en un póster a todo color en el cual aparecía la imagen de cuerpo entero de cada jugador portando el uniforme de la selección en el centro del mismo y con el nombre de cada uno en letras grandes y la posición que ocupaban. También se podían admirar otras imágenes: una en donde el jugador aparecía con la camisa del equipo para el que jugaba, en otra aparecía enfrentando a un rival durante los partidos de eliminatoria al mundial, y tantas otras imágenes que resaltaban en aquel magnífico trabajo de serigrafía, impreso en papel de excelente calidad, haciendo que los colores se vieran más brillantes. Eran verdaderas obras de arte que dejaron boquiabiertos de la impresión a todos por la belleza de los mismos. Incluso los nuevos jugadores no tuvieron más remedio que admirar el excelente trabajo que representaban los posters.

 

-         Bueno, eso es todo. El director les hará entrega de otro obsequio. Yo ya debo irme.

 

-         ¿Tan pronto? – preguntó Patty - ¿Porqué no te quedas un poco más? Vamos a reunirnos con nuestros amigos para celebrar.

 

-         Me encantaría, pero tengo cosas que hacer. – dijo viendo su reloj – No tardarán en pasar por mí.

 

-         Lástima. – dijo Oliver estrechando su mano con la de Marvin – Nos habría gustado que pudieses acompañarnos.

 

-         A mí también. Talvez en otra ocasión. – dijo a medida que se retiraba, pero se detuvo al recordar algo y volteó a ver a la pareja – ¡Oh, vaya! ¡Casi lo olvido! Me enteré que ustedes dos ataron el nudo. ¡Felicitaciones!

 

-         Gracias, Marvin. – dijeron al mismo tiempo con una reverencia – Eres muy amable. – dijo Patty, sonrojada ligeramente.

 

-         Por nada. Despídanme de los demás, por favor. – les pidió para luego retirarse.

 

Marvin estaba a punto de cruzar el portón de la universidad cuando escuchó la voz de Oliver llamándolo a la distancia.

 

-         ¡Oye, Marvin! ¡Espera!

 

-         ¿Qué sucede, Oliver? – preguntó al detenerse súbitamente y luego volverse.

 

-         ¡No nos dijiste en qué equipo juegas! – preguntó el capitán japonés, atrayendo el interés del resto.

 

-         ¡En el Cometas! – respondió sonriendo y en voz alta, logrando que todos escucharan claramente el nombre de su equipo.

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Bien, he aquí el tercer capítulo. Este resultó ser más largo que los primeros dos, pero espero que no menos interesante. Por fin se conocen las identidades de los personajes misteriosos y con ello... bueno, basta con decir que ya pueden comenzar a imaginarse lo que les espera no solamente a Oliver y a Steve, sino también a sus amigos. En cuanto a los extranjeros, ya veremos.

 

Si tienen comentarios y/o sugerencias que hacer, por favor no duden en enviarlos / as. No importa que sea solo para enviar saludos. GRACIAS.

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