C A S O 001.
"SHIGURE AOKI"

La densa niebla se eleva por encima del suelo. Los pies de una persona se perderían con facilidad por debajo de ese espeso vapor blanco. La ciudad se encuentra en un profundo silencio, distintivo de las noches de este sitio. Envuelta entre las sombras de un pequeño callejón, la figura de alguien se encontraba de pie, con su espalda recargada en la pared de uno de los edificios. Su rostro era cubierto por el sombrero largo que traía consigo, así como la oscuridad de la noche.

De pronto, el sonido de unos zapatos chocando contra la acera rompe el silencio que reinaba hasta entonces. En el callejón, la persona alza un poco su mirada. Entre toda la niebla, una silueta oscura se acerca hasta tomar forma. Poco a poco se distingue su figura. Era una joven de cabello castaño, oscuro y largo, vestida con un uniforme de color azul. Parece estar regresando de clases, aunque ya es muy tarde. Camina por la calle con tranquilidad, teniendo su mirada fija al frente.

Los pasos de la joven son detenidos de golpe. Una persona se había puesto de pie frente a ella.

- Hola hermosa – Le dijo el extraño con cierta malicia en su tono.

Era un hombre delgado y alto, de cabello oscuro y corto, vestido con lo que parecía ser un uniforme de colegio de color azul marino. Llevaba la parte de arriba abierta, mostrando una camiseta blanca que traía por debajo. La joven pareció nerviosa ante esta presencia e inconscientemente dio un par de pasos hacía atrás. Sin embargo, se detuvo de nuevo al sentir la presencia de otra persona a sus espaldas.

Detrás de ella había aparecido otro joven, estatura mediana, algo robusto, con cabello castaño oscuro, vestido con el mismo uniforme que el otro.

- No me digas que piensas irte ahora – Le dijo el otro con algo de burla en sus palabras.

La joven volteó a verlo por encima de su hombro. Luego volvió su vista de nuevo al frente, quedándose de pie entre ambos.

- Eso es linda – Le dijo el primero de ellos mientras se le acercaba – ¿Porqué no eres una buena niña y nos acompañas un rato?

Antes de seguir su marcha, el extraño escuchó unos pasos detrás de él. Rápidamente se dio la media vuelta para ver que era. No lograba ver nada delante de él debido a la niebla que se alzaba. Los tres voltearon a la misma dirección, algo desconcertados. Lo único que escuchaban eran unos pasos lentos acercándose hacía el sitio en el que estaban parados.

Al igual que antes, la silueta de una persona se hizo visible poco a poco, al tiempo que el sonido se hacía más fuerte. La persona dejó de caminar cuando ya estuvo frente a ellos. Parecía ser una joven. Llevaba puesto un traje de falta negra hasta sus rodillas y un saco de color rojo abierto que le cubría por completo sus brazos. La chaqueta tenía un cuello alto de color blanco, al igual que tenía un adorno del mismo material en los extremos de las mangas. Sus manos estaban cubiertas por un par de guantes blancos, con un signo en ellos que por la niebla no se veía muy bien. Llevaba además de todo un sombrero largo de color rojo y cinta negra, que lo tenía inclinado hacía el frente de tal manera que le cubría el rostro, a excepción de su barbilla y boca.

El primero de los dos jóvenes se le quedó viendo fijamente con algo de extrañes. Sin embargo, en poco tiempo, una sonrisa maliciosa volvió a surgir en su rostro.

- ¿Se te ofrece algo niña? – Le preguntó – Estamos algo ocupados, al menos de que estés interesada en acompañarnos.

- Quítate… - Escuchó de pronto que la recién llegada le contestó sin voltear a verlo. El chico se quedó algo extrañado.

- ¿Qué dijiste?

- Quítate de mi camino – Le volvió a decir, esta vez alzando la mirada. Entre toda la sombra que creaba la tela del sombrero, logró ver unos ojos en un tono rojizo que lo miraban fijamente – Me estorbas.

El chico pareció no estar muy contento por tales palabras. Su sonrisa cambió a un semblante de enojo.

- Óyeme, ¿Quién te estás creyendo mocosa? – Le gritó con algo de enfado.

Las palabras de reclamo del joven se vieron interrumpidas al escuchar detrás de él un estruendoso grito. Al escucharlo, se quedó unos momentos sin hacer nada. Luego, se volteó rápidamente hacía atrás. La chica seguía de pie volteando hacía él. Su pelo parecía caer sobre su rostro, cubriendo su mirada.

Sin embargo, la sangre del chico se congeló cuando algo de la niebla se hizo a un lado, dejando el campo libre para que pudiera ver a su compañero. El brazo derecho de la joven parecía estar extendido hacía atrás. Sin embargo, este parecía estar alargado hasta donde se encontraba el otro chico. Su mano estaba deforme, no parecía una mano humana, con dedos largos como garras. Esta mano estaba rodeando casi por completo la cabeza del chico, quién aparentemente trataba con todas sus fuerzas de zafarse de ella.

- ¡¿Qué rayos?! – Preguntó el chico, totalmente atontado y sin entender lo que veía.

Los labios de la joven dibujaron una pequeña sonrisa. De pronto, pareció jalar con fuerza su brazo hacía si. El chico se petrificó al ver como la mano arrancaba con gran facilidad la cabeza de su amigo, trayéndola al frente junto con ella. El cuerpo sin vida y decapitado de su amigo cayó al suelo, el tiempo que el otro retrocedió hacía atrás, con su rostro cubierto por el horror al ver tal escena. La joven del sombrero rojo permaneció tranquila.

La mano o garra de la extraña comenzó a cambiar extrañamente de forma, hasta cubrir por completo la cabeza del chico. La cabeza pareció volverse pedazos. La mano regresó a su forma, y lo único que quedaba de ella era un rastro de sangre que cubría un poco de la palma.

Los ojos del hombre estaban totalmente abiertos, y sus pupilas completamente dilatadas. Dio unos pasos hacía atrás sin quitarle los ojos de encima a la criatura frente a él. Luego, con gran rapidez se dio media vuelta y salió corriendo, pasando a un lado de la otra chica. Casi al mismo tiempo, la criatura extendió su brazo izquierdo, alargándolo hacía el frente. La joven de rojo se hizo a un lado, dejando el espacio libre para que ese brazo pasara.

La garra de la criatura se extendió hasta sujetar la cabeza del chico que corría tratando de escapar. Su figura ya se había perdido entre la niebla; sólo se veía el largo brazo, perdiéndose en el vapor blanco, mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de desesperación. De pronto, los gritos cesaron. Después de unos segundos, el brazo comenzó a regresar a su sitio. La garra pasó a lado de la joven de rojo; igual que en la otra ocasión, se encontraba manchada por sangre. La garra llegó hasta su dueña, tomando de nuevo la forma de una mano humana. La criatura alzó su mirada, una mirada casi perversa. Al mismo tiempo, la otra la miraba con cierta seriedad en su expresión. La criatura acercó su mano izquierda a su rostro, comenzando a lamer la sangre que había en ella.

- Una criatura que se alimenta de cabezas humanas. – Se dijo de pronto la joven mientras alzaba su mano derecha. – No creí que estuviera hablando literalmente.

La chica alzó su mano derecha hasta colocarla a la altura de su rostro. En este momento ya se pude ver con claridad el signo de su guante. Es una estrella de cinco picos, compuesta de cinco líneas rojas. Luego, acercó su otra mano al guante derecho, como si lo estuviera acomodando.

En este momento, la criatura frente a ella jaló su mano derecha hacía atrás y luego la impulsó con fuerza hacía delante. Su mano se extendió hacía el frente una vez más, ahora hacía la chica, quién se quedó de pie sin moverse. La criatura la miró con cierta confianza. De pronto, entre la blanca niebla, logró distinguir unos extraños brillos, dos brillos dorados provenientes de  unos ojos colocados detrás de la joven que ahora era su presa. Sin poderse dar cuenta siquiera, una figura negra pareció impulsarse desde atrás de la chica, directo hacía ella. Sintió como algo pasaba por su brazo, cortándolo.

El brazo de la criatura cayó al suelo, brotando de él un líquido oscuro. La silueta se posó en cuatro patas justo frente al ser en forma de mujer. Su figura era como la de un animal, similar a un lobo, con un par de ojos dorados fulminantes. En la frente de la nueva criatura hay una especie de gema roja con la misma estrella de cinco picos en ella. El lobo la miró fijamente, haciéndola retroceder un poco hacía atrás.

- Que criatura tan impaciente – Mencionó la joven con cierto sarcasmo en su expresión – Descuida, ya vamos a terminar con esto…

En ese momento, separó sus manos alzándolas hacía los lados. En cada una de ellas estaba sosteniendo dos pedazos de papel largos con letras rojas impresas en ellas. Luego, extendió con fuerza su mano derecha al frente y la izquierda hacía atrás. Los papeles de su mano derecha salieron volando, pasando uno a la derecha del rostro de la criatura y el otro por la izquierda. Los cuatro se perdieron entre la niebla por unos segundos, hasta que un resplandor rojizo se vio a lo lejos en las cuatro direcciones en que los objetos habían volado.

- No te preocupes, sólo es algo pequeño para asegurarme de que no vayas a tratar de escapar. – Le volvió a decir la joven con el mismo tono.

A la criatura no le pareció importar lo que la joven le decía. Sin decir nada, se lanzó hacía el frente, abalanzando el brazo que le quedaba hacía su objetivo. El ser en forma de lobo a su vez se hizo a un lado, dándole el paso libre a la garra. La joven por su parte se quedó de pie sin moverse hasta que la extremidad estuvo justo frente a ella. Con un movimiento rápido, se agachó un poco hacía su derecha de tal manera que la garra pasó por el encima de su hombro izquierdo. Luego, alzó la mano de tal manera que pudiera sujetar con ella el antebrazo de la criatura.

Mientras sujetaba con fuerza el brazo, la estrella de su guante comenzó a brillar, despidiendo un resplandor rojizo. De pronto, se vio como varios rayos comenzaban a cubrir el brazo, como si se tratara de electricidad. La criatura comenzó a gritar, aparentemente por el dolor que comenzaba a sentir. Después de unos segundos, la joven soltó el brazo, que rápidamente regresó hacía su dueño. Se encontraba cubierto por algunas manchas negras, como si fueran quemaduras.

- Kairu – Dijo la chica, clavando su mirada al frente.

En ese momento, mientras el objetivo tenía sus ojos en la figura de la joven, a sus espaldas el resplandor de los ojos del lobo se volvió a ver. Sin que se pudiera dar cuenta, el ser se tiró hacía su espalda, atacándola con su dos garras. El ataque hizo que la criatura fuera impulsada hacía el frente, trayendo atrás las marcas de cada una de las garras del ser.

Cuando esto pasó, la joven comenzó a acercarse rápidamente. Cuando la criatura menos lo pensó, ya se encontraba frente a ella. Se quedó casi paralizada al verla frente a sus ojos. En eso, pudo ver como ella le sonreía como si se estuviera burlando y luego alzaba su mano derecha hacía el frente, apretando su rostro con ella.

- Por suerte a mí no me gustan las cabezas. – Dijo mientras sonreía. Después, la estrella de su mano comenzó a brillar y una vez más los mismos rayos rojos aparecieron, cubriendo por completo su cuerpo.

Los gritos de la criatura se escuchaban con gran intensidad por entre todo la niebla. Después de unos momentos, su figura comenzaba a disolverse poco a poco, hasta que en la mano de la joven no quedó más que cenizas. El uniforme de colegiala que traía puesto cayó completamente vacío al suelo, trayendo encima las cenizas de su antigua poseedora.

La misteriosa joven del sombrero se quedó unos instantes viendo el uniforme a sus pies. Luego, acercó ambas manos y las comenzó a mover para limpiarse el polvo que había en sus guantes.

- Misión cumplida. – Dijo satisfecha al tiempo que se daba la vuelta y comenzaba a caminar, alejándose del sitio por entre la blanca niebla…

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CASO 0001. “SHIGURE AOKI”
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