“En el interior de este Universo, existen dos mundos. Uno de ellos es aquel en el que la gente normal pasa toda su vida con tranquilidad… y el otro es el mundo que todos quieren ignorar, el oculto entre las sombras de nuestra existencia… Yo habito siempre en este otro mundo, el mundo que nadie desea conocer, pero al final todos llegan a él…”

C A S O 000
“PRÓLOGO”

Una densa niebla se elevaba por encima del suelo; los pies de una persona se perderían con facilidad por debajo de ese espeso vapor blanquizco. La ciudad se encontraba en un profundo y lúgubre silencio, distintivo de las noches de este sitio. Envuelta entre las sombras de un pequeño callejón, la figura de una persona se encontraba de pie, con su espalda recargada con cuidado en la pared de uno de los edificios. Parecía estar aguardando algo, a pesar de que el sol ya se había ocultado hace poco más de una hora. Su rostro era cubierto por el sombrero amplio de tela roja que traía consigo, así como por la oscuridad de la propia noche. De pronto, el sonido de unos zapatos chocando contra la acera rompe el silencio que reinaba hasta entonces. En el callejón, la misma persona alzó un poco su mirada.

Entre toda la niebla, una silueta oscura pareció acercarse hasta comenzar a tomar forma. Poco a poco se distinguió su figura; era una joven de cabello castaño, oscuro y largo, vestida con un uniforme de color azul. Parecía estar regresando de clases, aunque ya es muy tarde para ello. Caminaba por la calle con tranquilidad, teniendo sus ojos de un singular tono ámbar fijos en el frente.

En ese momento, los pasos de la joven son detenidos de golpe. Una persona se había puesto de pie en su camino.

- Hola hermosa. – Le dijo el extraño con cierta malicia en su tono.

Era un chico delgado y alto, de cabello oscuro y corto, vestido con lo que parecía ser un uniforme de colegio de color azul marino. Llevaba la parte de arriba abierta, mostrando una camiseta blanca que traía por debajo. La joven pareció ponerse nerviosa ante esta presencia e inconscientemente dio un par de pasos hacía atrás. Sin embargo, se detuvo de nuevo al sentir a otra persona a sus espaldas. Detrás de ella había aparecido otro joven, de estatura mediana, algo robusto, con cabello castaño oscuro, vestido con el mismo uniforme que el otro.

- No me digas que piensas irte ahora. – Comentó el otro con algo de burla en sus palabras.

La joven volteó a verlo por encima de su hombro. Luego volvió su vista de nuevo al frente, quedándose de pie entre ambos.

- Eso es linda. – Le dijo el primero de ellos mientras se le acercaba lentamente. – ¿Porqué no eres una buena niña y nos acompañas un rato?

Antes de seguir su marcha, el extraño comenzó a escuchar unos pasos detrás de él. Nervioso, rápidamente se dio la media vuelta para ver de quién se trataba. No lograba ver nada con claridad debido a la niebla que se alzaba. Los tres voltearon a la misma dirección, algo desconcertados. Lo único que escuchaban eran esos pasos lentos, acercándose hacía el sitio en el que estaban parados.

Al igual que antes, la silueta de una persona se comenzó a hacer visible poco a poco, al tiempo que el sonido de sus pasos se hacía más fuerte. La persona dejó de caminar cuando ya estuvo frente a ellos. Se logró distinguir que se trataba de alguien de estatura baja, vistiendo un largo saco de color rojo, además de un sombrero largo del mismo color que la chaqueta, con una cinta negra en el. El sombrero se encontraba inclinado hacía el frente de tal manera que prácticamente le cubría el rostro, a excepción de su barbilla y boca.

El primero de los dos chicos, que estaba más cerca que el resto se le quedó viendo fijamente con algo de extrañes. Después de un rato, se dio cuenta de que vestía una falda blanca por encima de sus rodillas, y unas medias negras que le cubrían las piernas. Ya que la pudo ver con más calma, se dio cuenta de que era otra chica. En poco tiempo una sonrisa maliciosa volvió a surgir en su rostro.

- ¿Se te ofrece algo niña? – Le preguntó. – Estamos algo ocupados por el momento, al menos de que estés interesada en acompañarnos.

- Quítate… - Escuchó de pronto que la recién llegada le contestó sin voltear a verlo. El chico se quedó algo extrañado.

- ¿Qué dijiste?

- Quítate de mi camino. – Le volvió a decir, esta vez alzando la mirada. Entre toda la sombra que creaba la tela del sombrero, logró percibir unos ojos en un tono rojizo que lo miraban fijamente. – Me estorbas.

El chico pareció no estar muy contento por las palabras y el tono de esa persona. Su sonrisa cambió de golpe a un semblante de enojo.

- Óyeme, ¿Quién te estás creyendo mocosa? – Le gritó con algo de enfado.

Las palabras de reclamo del joven se vieron interrumpidas al escuchar detrás de él un estruendoso grito. Al escucharlo, se quedó unos momentos sin hacer nada, para luego voltear rápidamente hacía sus espaldas. La chica seguía de pie volteando en su dirección. Su cabello parecía caer sobre su rostro, cubriendo por completo su mirada.

Sin embargo, la sangre del chico se congeló cuando algo de la niebla se hizo a un lado, dejando el campo libre para que pudiera ver a su compañero. El brazo derecho de la joven parecía estar extendido hacía atrás. Sin embargo, éste parecía estar alargado hasta donde se encontraba el otro chico. Su mano estaba deforme, no parecía una mano humana, con dedos largos como garras. Esta mano estaba rodeando casi por completo la cabeza del chico, quién aparentemente trataba con todas sus fuerzas de zafarse de ella, pero le era imposible.

- ¡¿Qué rayos?! – Preguntó el chico, totalmente atontado y sin entender lo que veía.

Los labios de la joven dibujaron una pequeña sonrisa. De pronto, se vio como jalaba con fuerza su brazo hacía si. El chico se petrificó al ver como la mano arrancaba con gran facilidad la cabeza de su compañero, trayéndola al frente junto con ella. El cuerpo sin vida y decapitado de su amigo cayó al suelo, el tiempo que el otro retrocedió hacía atrás, con su rostro cubierto por el horror de tal escena. La joven del sombrero rojo permaneció tranquila.

La extraña joven de uniforme azul alzó su mirada. Sus ojos ya no eran como antes. Ahora eran grandes y amarillos, como los ojos de algún animal. Su piel había cambiado a un tono pálido, al igual que su cabello. Su mano o garra  comenzó a cambiar extrañamente de forma, hasta cubrir por completo la cabeza del chico. La cabeza pareció volverse pedazos en ella. Después de un rato, la acercó a su rostro, y abriendo su boca lo más que podía, comenzó a devorar lo que su garra guardaba.

Los ojos del chico estaban totalmente abiertos, y sus pupilas completamente dilatadas. No podía creer la horripilante escena que estaba viendo en esos momentos. Comenzó a sentir nauseas además de miedo. Dio unos pasos hacía atrás sin quitarle la mirada de encima a la criatura frente a él y luego, rápidamente se dio media vuelta y salió corriendo, pasando a un lado de la otra chica.

- ¿Qué pasa lindo? – Comenzó a decir la extraña criatura de cabellos blanco, alzando su mirada hacía el frente. Su rostro estaba cubierto por la sangre de su victima. – ¿Qué no querías divertirte conmigo?

La criatura extendió su brazo izquierdo hacía el frente y éste se alargó sin problema. La joven de rojo se hizo a un lado, dejando el espacio libre para que ese brazo pasara. La garra de la criatura se extendió hasta sujetar la cabeza del chico que corría tratando de escapar. Su figura ya se había perdido entre la niebla; sólo se veía el largo brazo perdiéndose en el vapor blanco, mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de desesperación. De pronto, los gritos cesaron. Después de unos segundos, el brazo comenzó a regresar a su sitio. La garra pasó a lado de la joven de rojo; igual que en la otra ocasión, rodeaba por completo el objeto que había obtenido. Llegó hasta su dueña, quién miró sonriente su presa. Ambas garras comenzaron a moverse, hasta que por arte de magia volvieron a su estado normal. En sus palmas sólo había quedado un rastro de sangre de lo que había arrancado con ellas.

La criatura alzó su mirada, una mirada casi perversa. Al mismo tiempo, la otra persona presente la observaba con cierta seriedad. La criatura acercó su mano izquierda a su rostro, comenzando a lamer la sangre que había en ella.

- No acostumbro comer chicas. – Mencionó con un tono sarcástico. – Pero tú te ves apetecible.

De pronto, algo comenzó a cambiar en alrededor. La niebla blanca que las rodeaba, poco a poco pareció cambiar de tonalidad. De ser la niebla blanca y común, comenzó a convertirse en una niebla de color oscuro, entre gris y negro que obstaculizaba aún más la visión. Sin embargo, esto no pareció preocupar a la extraña, que ya estaba siendo rodeada por completo por esa niebla.

- Una criatura que se alimenta de cabezas humanas. – Se dijo la joven así misma mientras comenzaba a alzar su mano derecha. – No creí que estuviera hablando literalmente.

La chica alzó su mano derecha hasta colocarla a la altura de su rostro. En este momento se pudo apreciar con claridad que su mano era cubierta con un guante blanco, con un signo en él. Era una estrella de cinco picos, compuesta de cinco líneas rojas. Los ojos del ser frente a ella parecieron reflejar sorpresa al ver ese signo, como si lo hubiera reconocido de alguna parte. En este momento, la criatura jaló su mano derecha hacía atrás y luego la impulsó con fuerza hacía delante. Su mano se extendió una vez más hacía el frente, ahora en dirección a la chica. Ésta a su vez se quedó de pie sin moverse. La criatura la miró con cierta confianza, aunque seguía con algo de la admiración de hace unos momentos. De pronto, entre la oscura niebla, logró distinguir unos extraños brillos, dos brillos dorados provenientes de atrás de la joven; a simple vista parecían tener la forma de un par de ojos.

Sin poderse dar cuenta siquiera, una figura negra pareció impulsarse desde atrás de su objetivo, directo hacía ella. Sintió como algo pasaba por su brazo, cortándolo con facilidad. La parte cortada del brazo de la criatura cayó al suelo, brotando de él un líquido oscuro. La silueta se posó en cuatro patas justo frente al ser en forma de mujer. Su figura era similar la de un animal, como un lobo de pelaje negro, con un par de ojos dorados fulminantes. La nueva criatura la miró fijamente, haciéndola retroceder un poco.

- Que criatura tan impaciente. – Mencionó la joven de rojo con cierto sarcasmo en su expresión. – Descuida, ya vamos a terminar con esto…

En ese momento, la marca en su mano derecha comenzó a resplandecer. Su mano completa comenzó a cubrirse por una extraña aura rojiza. Por su parte, a la criatura no le pareció importar lo que la joven hacía. Sin decir nada, se lanzó hacía el frente, abalanzando el brazo que le quedaba. El ser en forma de lobo a su vez se hizo a un lado, dándole el paso libre a la garra. La joven por su parte se quedó de pie sin moverse hasta que la extremidad estuvo justo frente a ella. Con un movimiento rápido, se agachó un poco hacía su derecha de tal manera que la garra pasó por el encima de su hombro izquierdo. Luego, alzó su mano derecha de tal manera que ésta sujetara el antebrazo de la criatura. Justo cuando la tomó, se vio como varios rayos de color rojos comenzaban a cubrir el brazo entero, como si se tratara de electricidad. El ser comenzó a gritar, aparentemente por el dolor que comenzaba a sentir por esta acción.

Después de unos segundos, la joven soltó el brazo, que rápidamente comenzó a regresar hacía su dueño. Se encontraba cubierto por algunas manchas negras como quemaduras. Cuando esto pasó, ahora la joven fue la que comenzó a acercarse rápidamente. Cuando la criatura menos lo pensó, la extraña ya se encontraba frente a ella. Se quedó casi paralizada al verla ante a sus ojos. En eso, pudo ver como le sonreía, como si se estuviera burlando. Alzó su mano izquierda, la cual también estaba cubierta por ese extraño resplandor rojizo. La extendió hacía el frente, apretando el rostro de la criatura con ella.

- Por suerte a mí no me gustan las cabezas. – Le dijo mientras sonreía. Después, la estrella de su mano comenzó a brillar y una vez más los mismos rayos rojos aparecieron, cubriendo por completo su cuerpo.

Los gritos de la criatura se escuchaban con gran intensidad. Después de unos momentos, al mismo tiempo que la niebla oscura desaparecía, su figura comenzaba a disolverse poco a poco, hasta que en la mano en la joven no quedó más que cenizas. El uniforme de colegiala que traía puesto cayó completamente vacío al suelo, trayendo encima las cenizas de su antigua poseedora, y algunos rastros de sangre.

La misteriosa joven del sombrero se quedó unos instantes viendo el uniforme a sus pies. Luego, acercó ambas manos y las comenzó a mover para limpiarse el polvo que había en sus guantes. El ser en forma de lobo se encontraba detrás de ella. Una vez terminado todo, comenzó a caminar en su dirección.

- “¿Ya hemos terminado?” – Se escuchó que una voz proveniente del ser preguntaba en su mente.

- Así es. – Contestó satisfecha al tiempo que se daba la vuelta. – Vayamos a casa.

La joven se acomodo su sombrero y su chaqueta. Luego, comenzó a caminar en la misma dirección en la que venía, alejándose del sitio entre la blanca niebla…

FIN – 000. PRÓLOGO

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