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Por
Wingzemon X
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2. Los Guerreros Llamados Hoshikis
[Lunes, 24 de diciembre de 2012]
[Ciudad de Crimson]
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eiki Caelum se encontraba sentado en su cuarto, específicamente en el umbral de la puerta corrediza que daba al patio. Estaba nevando mucho, y todo el suelo del patio, los árboles y techos, estaban cubiertos de blanco. Hacía un poco de fío, y por ello traía sobre sus hombros un abrigo negro y caliente para abrigarse un poco, y debajo de éste únicamente traía puesto su kimono de invierno. Su espalda estaba recargada en el marco de la puerta, mirando hacía afuera con una amplia sonrisa y una mirada tranquila. Toda la casa estaba singularmente silenciosa, al menos todo su alrededor próximo. Todo ese silencio, todos esos copos de nieve cayendo lentamente ante él, hacían que se sintiera mucha paz, mucha tranquilidad.
Con la suficiente libertad como para no anunciarse antes de abrir la puerta, una persona corrió con cuidado la puerta principal, llamando un poco la atención del chico, pero no lo suficiente como para desviar su vista de los copos de nieve.
- Feliz Navidad, hermano. – Pronunció con alegría la voz burlona de su hermano menor.
- Feliz Navidad Heiki. – Pronunció una voz femenina acompañando al otro, con igual entusiasmo en su tono.
En la entrada del cuarto se encontraban dos personas: un chico de cabello negro y corto, con lentes, y una chica de cabello negro y largo, completamente lacio. El chico era Kumo, su hermano menor, y la chica era Mikami, la novia de éste. Los dos se encontraban bien abrigados debido al abrazante frío. Kumo tenía un abrigo rojo oscuro de apariencia cálida, y Mikami un abrigo verde con una bufanda azul alrededor de su cuello.
- Ah, son ustedes, que sorpresa. – Comentó Heiki con un tono divertido, volteándolos a ver con una amplia sonrisa. – No esperaba verlos hoy. Creí que para estas horas estarían en un hotel, celebrando la noche buena teniendo sexo salvaje toda la noche.
- ¡Hermano! – Exclamó un poco sorprendido Kumo al oírlo decir tales palabras; en sus manos estaba cargando una caja envuelta en un papel de regalo verde y un listón rojo.
- Tranquilo Kumo. – Contestó divertido el hermano mayor, riendo un poco. – Eres bastante serio.
- ¿Serio? – Preguntó casi de la misma manera Mikami. – Si a ti te parece serio, no quiero saber como eres tú.
Los dos hermanos Caelum rieron al mismo tiempo como acostumbraban hacerlo con frecuencia. Ambos eran realmente parecidos, casi como si fueran gemelos que nacieron con dos años de diferencia. Kumo siempre ha visto a su hermano como su versión más “adulta”, y le agradaba mucho ver como podría ser en el futuro, pues para él, Heiki Caelum era el mejor hombre del mundo.
Después de unos segundos los dos dejaron de reír y se vieron mutuamente. Kumo caminó lentamente hacía él, extendiendo el regalo hacía su hermano.
- Venimos a entregarte tu regalo hermano.
- Aún no es Navidad tonto. – Comentó de forma burlona el mayor, tomando el regalo con su mano izquierda. – ¿No deberías de dármelo mañana?
- Sí, lo sé. – Kumo sonrió divertido, metiendo sus manos en sus bolsillos. – Pero estaremos toda la noche de hoy, y todo el día de mañana en un hotel, teniendo sexo salvaje y no tendremos tiempo para traértelo.
Heiki rió con mucha fuerza ante ese comentario, mientras el rostro de Mikami se ponía totalmente rojo de golpe.
- ¡¿Qué te pasa?! – Gritó algo molesta la joven, dándole un golpe a su novio en la cabeza.
- Tranquila, también era una broma. – Se disculpó de inmediato el muchacho de lentes, sobándose el área que le había golpeado.
- Igual el menor que el mayor.
Y de nuevo ambos rieron divertidos a la par. Heiki miró fijamente el regalo en sus manos, casi como si viera algo curioso, o incluso “gracioso”.
- Bueno, nos vamos hermano. – Se despidió con gentileza Kumo, tomando de la mano a su novia.
- ¿Y a dónde irán realmente? – Preguntó con tranquilidad Heiki, volteándolos a ver de reojo.
- Pasaremos las fiestas con varios amigos de la escuela. ¿Qué harás tú hermano?
- No sé. – Contestó con indiferencia, mirando de nuevo hacía el patio. – Todos se fueron a pasear por ahí, supongo que haré lo mismo.
- Puedes venir con nosotros si lo deseas. – Agregó Mikami.
- ¿Pasar noche buena con un montón de chicos dos años menores que yo? No gracias. Pero diviértanse.
- Igual tú hermano. Con tu permiso.
Los dos asintieron con sus cabezas a manera de despedida y se dispusieron a salir juntos de la habitación, cerrando detrás de ellos la puerta, regresándole a Heiki su tan anhelada soledad. Él a su vez se quedó viendo la nieve en todo el instante de su despedida y partida, sólo estando seguro que ya se habían ido cuando escuchó el sonido de la puerta correrse y cerrarse.
Una amplia sonrisa surgió en sus labios lentamente. De la nada, comenzó a reír, al principio despacio, pero cada segundo con más fuerza, hasta convertir esa risa en enormes y resonantes carcajadas agudas, mientras recarga su frente en su mano derecha.
- ¿Acaso dije “diviértanse”? – Rió con más fuerza, recargando su cabeza hacía atrás. – ¿Pasar Navidad con amigos de la escuela? ¿Ir a un hotel para tener una noche agradable y tranquila? ¿Cantar villancicos, comer, reír, bailar…? Qué estupidez… Son cosas tan perfectas y hermosas que la gente piensa que son eternas, y a las cosas que son eternas no se les pone importancia, y hasta se olvidan. Pero cuando la cruda realidad de que nada es eterno los golpea, entonces lloran, extrañan aquello que creyeron definitivo, y añoran por tenerlo de vuelta. Esa es la patética realidad de los seres humanos…
Aún con expresión divertida, miró de nuevo hacía el patio. La nieve había aumentado su volumen, y el viento soplaba con más fuerza. Ese cuadro tan tranquilo y pacífico que se veía hace uno escasos segundos, se había esfumado.
- ¿Nos pasará eso a nosotros? – Susurró para sí mismo ya más tranquilo. – No lo sé la verdad, nadie puede predecir nuestro futuro… Pero aún así, hermanito, disfrútalo, disfrútalo cuanto puedas… Porqué será la última Navidad feliz y pacífica que tendremos. Después de Año Nuevo, esta ciudad ya no será más lo que era antes… Ya ha comenzado mi pobre hermano, y tú ni siquiera te das cuenta… La Gran Guerra de los Hoshikis…
Y entonces el viento helado se incrementó de golpe, arrastrando nieve y hielo y creando una cortina blanca delante de sus ojos, desapareciendo de su vista todo más haya de ese umbral.
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[Lunes, 07 de enero del 2013]
[Ciudad de Crimson]
Entró por la puerta principal sin problema, caminando tranquilamente con sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón, y mirando hacía el frente con su misma mirada lasciva que lo distinguía. Después de dar sólo unos cuantos pasos, se detuvo y alzó su vista, admirando todos los edificios de la escuela delante de él.
- Hola Academia Crimson, ¿Cómo estás? – Murmuró divertido, acomodándose con una mano unos de sus largos mechones que caían hacía el frente sobre su rostro. – ¿Igual de aburrida y tonta que antes de las vacaciones? Pobrecita…. No te preocupes, te volverás muy divertida…
Alzó su mano derecha mientras decía eso, colocándola delante de su rostro con su puño cerrado. Alzó únicamente su dedo índice, extendiéndolo hacía arriba. Se vio entonces como la punta de su dedo comenzaba a brillar ligeramente con un fulgor rojizo.
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La campana sonó a la hora exacta, marcándole a todos de la manera más clara y sin duda que el primer día de clases de la Academia Crimson había terminado. En el salón B-I, uno de los cuatro salones del primer grado, los alumnos se emocionaron considerablemente al oír la campana, comenzando a pararse y a guardar sus cosas de inmediato. Al maestro no opuso resistencia, y dio por terminada la clase, pues ya no podría volver a recuperar su atención.
- ¿Ya fue la última clase? – Comentó confundida Shido Kawatta, mirando a su alrededor como todos se preparaban para irse.
- Lo dices como si el tiempo se hubiera ido rápido Shido, pero mira ya son las 3 de la tarde. – Le contestó la voz amistosa de Virgilio sentado a su lado, mientras apuntaba hacía el reloj colgado al frente del salón.
- Sí, lo sé, pero sentí que fue un día bastante tranquilo.
- Eso fue porque apenas fue el primer día, no te preocupes tanto. Ya verás que no siempre será así.
- Parece que Naomi tenía razón después de todo.
- ¿Quién es Naomi? – Preguntó con curiosidad Virgilio, inclinando su cabeza hacía un lado. Para este momento, Shido ya había guardado todo en su maletín, y por lo tanto continuaron su platica mientras caminaban hacía afuera del salón.
- Es mi compañera de cuarto. – Contestó la joven. – Ella no quiso venir este día, le dio pereza levantarse y decía con insistencia que el primer día no había nada que hacer, y que no me preocupara tanto, y en efecto fue un día muy tranquilo.
- Pues tranquilo o no, a mí no me hubiera gustado perderme mi primer día de escuela. – Agregó con un tono feliz Virgilio, sonriendo mientras miraba hacía el frente.
- Yo tampoco, porque en verdad quería ver esta escuela, sus salones, sus alumnos, su ambiente… Me moría por ser una alumna de Crimson.
Shido se detuvo de pronto, mirando al frente con una amplia sonrisa, admirando los patios, los edificios, los árboles, los alumnos… Toda la Academia era realmente hermosa, desde su arquitectura hasta su ambiente y su sistema educativo. El aire a su alrededor estaba cubierto con cierta esencia de elegancia, con algo mágico que no podía explicar, casi como un castillo de un cuento de hadas. Shido se había casi “enamorado” de esa escuela desde que la vio fotografías e información de ella en Internet luego de enterarse de la beca que le ofrecieron a su padre, y lo estuvo aún más cuando fue de visita el diciembre pasado y la conoció a fondo.
- ¿Y tú porque no te querías perder tu primer día? – Preguntó luego de un rato, mirando a Virgilio que se había parado también a su lado.
- Supongo que también por lo mismo que tú. – Comentó él sonriendo. – Aunque también, gracias a que vine este día, pude hacer mi primera amiga en este sitio.
- ¿Hablas de mí? – Preguntó Shido, señalándose.
- ¡Sí! ¿De quién más? – Contestó riendo un poco.
Ambos rieron con fuerza, reanudando de nuevo su marcha, bajando las escaleras.
- Pues entonces yo hice mi primer amigo hombre. – Dijo Shido. – Y sí, hablo de ti. Pero bueno, cuéntame más de ti Virgilio. ¿Eres de aquí de Crimson o eres de afuera?
- Bueno, técnicamente soy de fuera, pero ya llevo viviendo en esta ciudad más de un año.
- ¿Enserio? ¿Y vives en los dormitorios también?
- No, vivo en un departamento.
Esa afirmación sorprendió mucho a la chica, quien se paró de golpe, mirándolo fijamente con los ojos totalmente abiertos.
- ¡¿Ah?! ¡¿Vives en un departamento para ti solo?! ¡Qué genial! – Exclamó Shido con una combinación entre sorpresa y emoción.
- ¡No!, ¡Claro que no! – Contestó de inmediato Virgilio, agitando sus manos delante de él. – No para mí solo, apenas tengo 15 años. No vivo con mi familia, pero lo comparto con un amigo de mis padres que está estudiando la Universidad aquí; además, solo no podría pagarlo.
- Ah, tiene más sentido. – Añadió mientras se calmaba. Después sonrió ampliamente con cierto toque de ternura, y volvió a caminar, casi dando pequeños saltitos. – Pero aún así suena genial. Me gustaría saber como es vivir en un departamento.
- No creo que sea muy diferente a vivir en los dormitorios.
- Créeme, no sabes lo que estas diciendo. No me malinterpretes, Crimson me encanta, y sus dormitorios también. Es un sitio muy bonito y cómodo, y todas me tratan muy bien. Sin embargo, a pesar de que comparto mi cuarto sólo con Naomi, a veces siento como si fuera una cárcel, donde tengo que usar las regaderas con otras veinte o treinta chicas, el mismo comedor, la misma comida, y hay tantas reglas. No tengo televisión en mi cuarto, sólo la del vestíbulo, ni puedo colgar posters en las paredes o tener música. En un departamento tienes más libertades, y puedes hacer lo que tú quieras, ¿no?
Virgilio se quedó pensando un poco en todo lo que le acababa de decir, antes de dar una respuesta.
- No lo había visto así. Pero aún así no podemos hacer lo que sea. También hay algunas reglas, pero al menos podemos comer y bañarnos cuando queramos, y tenemos televisión.
- ¡Con eso sería feliz! – Agregó con entusiasmo Shido, alzando su brazo con fuerza.
Él la miró un poco confundido ante sus reacciones. En este punto era obvio que Shido no era lo que todo el mundo llamaría “normal”. Como ya se había señalado anteriormente, Shido es descrita como una chica muy enérgica, alegre, positiva, brillante en los estudios, pero lamentablemente despistada y distraída con todo lo demás. Casi siempre, o al menos la mayoría del tiempo, se le veía sonriendo y muy animada, pero era de un carácter algo débil al enfrentarse a problemas o situaciones difíciles de superar. Era realmente un caso difícil de estudiar, pero se ganaba con frecuencia el corazón de la gente a su alrededor, y con eso se las arreglaba para sobrevivir.
Virgilio parecía ser una de esas personas, ya que cada acción o acto extraño y enérgico que ella hacia de pronto y sin aviso, lo sorprendía los primeros segundos, pero luego lo hacía sentirse muy alegre. Shido estaba singularmente muy cómoda al hablar con un chico que acababa de conocer ese mismo día; era un golpe de suerte el haberse encontrado con una persona tan fácil de tratar.
- ¡Mira Virgilio! – Exclamó de la nada, parándose de nuevo y señalando hacía un lado. – Es ese chico superior.
Confundido y sin entender en ese momento de que hablaba, Virgilio se giró hacía donde ella apuntaba. Caminando por otro camino, paralelo al que ellos iban pero algo alejado, iba el mismo chico de cabello blanco y largo que habían visto esa mañana.
- ¡Es Aoi Sousi! – Exclamó el muchacho sorprendido.
- Dijiste que lo querías conocer, ¿no?
- Sí, creo que dije eso, pero…
- ¡Ven! – Interrumpió de inmediato, tomándolo de la mano. – ¡Vamos a saludarlo!
- ¡¿Qué?! – Expresó atónito el chico rubio. – ¡¿Así como así?! ¡No podemos! Eso sería demasiado raro…
- ¡Pues seamos raros! – Le contestó con fuerza, alzando de nuevo su puño con fuerza, y luego jalándolo rápidamente hacía donde Aoi avanzaba.
- Nadie dice eso con tanta alegría… - Le dijo no con mucha energía, mientras se lo llevaba jalando.
Aoi caminaba con su maletín debajo de su brazo derecho y sus manos en los bolsillos de su pantalón. La estrella del club de Kendo era una persona bastante seria, callada, concentrado siempre en lo suyo, sin ponerle mucha atención al resto. No tenía ningún grupo de amigos específico, aunque algo cercano era el equipo de Kendo, del cual era el líder y cabeza. Sin embargo, ellos eran sólo las personas con las que entrenaba y viajaba cuando era algún torneo, no amigos con los que conversara, pasara la tarde o saliera a divertirse. De hecho, muchos decían que de seguro nunca se divertía, haciendo alusión a su modo tan específico de ser.
No iba a la salida, sino en dirección al dojo, en donde se hacían las prácticas de Kendo, aunque el primer día no iba a haber práctica así que no tenía motivo para ir a ese sitio. Para llegar a ese sitio, iba a pasar por detrás del edificio de primero. Sin embargo, justo cuando giró en una de las esquinas del edificio, se detuvo de golpe al ver a una persona que estaba parada más adelante en el camino.
Heiki Caelum, vestido con su mismo uniforme azul, aunque con el saco abierto, estaba recargado en un árbol, volteándolo a ver con expresión maliciosa; lo había estado esperando.
- Hola Aoi. – Saludó Heiki con falsa amabilidad. – ¿Cómo estuvo el primer día de clases?
Aoi no contestó nada, sólo se le quedó viendo fijamente por largo rato, sin mutar su expresión seria ni siquiera un poco. De la nada, comenzó a caminar de nuevo, casi como ignorándolo.
- Qué carácter. – Agregó siguiéndolo con la vista. – Sólo quería preguntar tu opinión… ¿Fue tal y como lo predijimos Aoi?
Al oír esa pregunta de nuevo se detuvo, quedándose prácticamente delante de Heiki, aunque se quedó mirando al frente sin voltear a verlo.
Shido y Virgilio se le aproximaron. Estaban por alcanzarlo cuando él dio la vuelta en la esquina y se detuvo tan abruptamente. Eso sorprendió un poco a Shido, que también se detuvo algo dudosa. Se quedaron algo alejados, y al parecer Aoi no los había notado. Miraron desde lejos como él reanudaba su camino, y escucharon la voz de esa otra persona que les hablaba.
- ¿Hay alguien más ahí? – Preguntó con un susurro la castaña, acercándose con cuidado a la esquina, asomándose un poco para ver.
Ambos, ocultos, miraron a ambos chicos de cuarto ahí parados, y escucharon con curiosidad de que hablaban, aunque Virgilio se notaba algo nervioso.
- ¿De que hablas? – Murmuró con tranquilidad Aoi.
- ¿No sabes de que hablo ahora? – Comentó divertido Heiki, acomodándose su cabello. – Ambos predijimos que cuando el nuevo ciclo escolar llegara, un gran número de alumnos de fuera llegarían a la ciudad, no sólo en esta Academia, sino en todas las de la ciudad. De igual manera, al comenzar este año, nuevas personas han emigrado a Crimson. Trabajadores trasladados, nuevas familias, gente huyendo de algo o de alguien. El número de personas que han arribado a la ciudad en este inicio de año, es muy grande… ¿Cuántos de estos crees que sean… Hoshikis?
Aoi endureció su mirada, y se giró con cuidado hacía él, mirándolo fijamente con algo de fastidio en sus ojos. Por su parte, Shido y Virgilio, aún alejados pero escuchando todo, no parecían comprender de qué hablaban
- ¿Qué dijeron?, ¿Qué sean qué? – Preguntó confundido el muchacho rubio.
- ¿Conoces a ese otro chico? – Le susurró despacio Shido.
- No, no lo creo. Pero conozco más a la gente por sus nombres que por sus caras.
- Da un poco de miedo…
Ambos guardaron silencio de nuevo al sentir movimiento. Heiki se separó del árbol en el que estaba recargado y se dispuso a caminar hacía un lado con total normalidad.
- ¿Nos vamos? – Murmuró con un tono provocativo, pasando a lado del chico albino.
Aoi lo miró de reojo con indiferencia, viendo como se seguía alejando. Heiki se adelantó unos cuantos metros antes de que decidiera seguirla, caminando igual con tranquilidad detrás de él.
Ya cuando estaban lejos, Shido y Virgilio salieron de su escondite, intentando verlos antes de que se perdieran de su vista.
- ¿A dónde irán? – Preguntó curiosa la muchacha de amarillo. De pronto, se dispuso a caminar hacia el frente con algo de rapidez.
- ¡Oye! – Exclamó rápidamente Virgilio, tomándola del brazo y deteniéndola. – ¡¿A dónde vas?!
- Dijiste que querías conocerlo. Vamos a seguirlo, y cuando esté solo, nos acercamos.
- ¡¿Vamos a seguir a una persona?! ¡Eso es ilegal!
- No lo es. – Contestó Shido algo confundida, inclinando su cabeza hacía un lado.
- Bueno, no exactamente ilegal… ¡Pero no podemos seguirlos!
- ¡Vamos!, ¿No tienes espíritu de aventura?
Shido se soltó de su agarre con delicadeza y lo volteó a ver con una amplia sonrisa que hacía adornar su rostro con un toque ligero de inocencia y ternura. Esto provocó de inmediato a un ligero sonrojo surgiera en las mejillas del muchacho, obligándolo a ver a voltearse a otro lado con algo de vergüenza.
- Creo… que no… - Respondió Virgilio casi como un susurró sin virar a ella.
- Aguafiestas. – Le contestó con algo de enojo. – Bueno, no hay problema, yo lo conoceré por ti y luego te lo presento.
Dicho eso y sin agregar más, salió corriendo con fuerza para alcanzarlos antes de que se le perdieran.
- ¡Oye! ¡Espera!, ¡No! – Le gritó con fuerza intentando detenerla, pero ella no le hizo caso. – ¡Shido!
Y se fue corriendo sin detenerse.
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Un nuevo edificio de oficinas para la compañía de Teléfonos se encontraba en plena construcción a unas cinco cuadras de la Academia. No era nada espectacular o llamativo como las grandes oficinas del Área Metropolitana. Iba a ser un edificio de cuatro pisos, albergaría más que nada cajeros para el pago de recibos, recepcionistas, oficinas administrativas dedicadas a esa área, etc. Para ese momento no se llevaba terminado mucho, sólo la estructura principal, los cimientos, columnas, vigas, los castillos del primer piso y estaba cimbrado para comenzar a colar el suelo. Todo el resto del terreno iba a ser estacionamiento, y era un poco más amplio de lo necesario considerando para lo que iba a ser la construcción.
Heiki había guiado a Aoi hacía ese sitio, sin que ninguno supiera que eran seguidos por detrás por la pequeña Shido Kawatta. El sitio estaba vacío; tal vez los trabajadores se habían ido a comer o tal vez ese día no trabajaban. Heiki caminó hacía la entrada de la barda provisional que habían colocado alrededor del terreno, abriéndola de una patada con facilidad.
- “¿Qué hacen?” – Se preguntó algo asustada Shido al ver lo que hacía, escondida detrás de un póster de luz. – “Eso sí es ilegal…”
Los dos entraron al terreno sin decir nada, hasta que se encontraban a la mitad de lo que sería en un futuro el estacionamiento frontal de las nuevas oficinas. Ahí, Heiki se detuvo y se giró lentamente hacía Aoi, con sus manos en sus bolsillos y una sonrisa llena de malicia en el rostro.
- ¿A qué me has traído a este sitio? – Preguntó de inmediato Aoi, mirándolo con frialdad.
- ¿Traerte?, nNo recuerdo haber puesto una correa en tu cuello y haberte obligado a venir. Eres muy arriesgado Aoi Sousi. Viniste aquí conmigo, sin la compañía siquiera de ese chico que tú y el viejo Zettai han tomado a su cuidado, sin saber siquiera si en este sitio tal vez seriamos recibidos por algunos de mis hombres… ¿No le tienes miedo a las emboscadas? – Aoi no se mutaba ante sus palabras, ni tampoco decía nada. Sólo se le quedaba viendo fijamente con completa seriedad. – Ah, chico rudo y frío, qué miedo. ¿A qué te he traído aquí…?
La conversación parecía ponerse algo acalorada desde el punto de de vista de Shido, que se asomaba con cuidado por la puerta abierta de la barda. Desde hace rato se había dado cuenta de que algo no estaba bien, desde que notó que ambos caminaban sin decirse ni una sola palabra.
- Esto parece que va a ser una pelea. – Susurró en voz baja para sí misma. – Shido, que tonta eres, tal vez Virgilio tenía razón. Mejor me voy aquí antes de que me meta en problemas…
Asintiendo para si misma con decisión, se dispuso a retirarse discretamente antes de que la sorprendieran. Caminaba agachada y con cuidado, intentando no hacer ruido, y se hubiera retirado si no fuera porque al último momento escuchó la voz de Heiki claramente, casi como si se encontrar susurrándole al oído.
- Te he traído… Para matarte… - Contestó de pronto el muchacho de cabello negro, y eso hizo que Shido se detuviera de golpe, quedándose congelada al oír tales palabras.
- ¿Qué dijo…? – Susurró muy despacio, girándose lentamente de nuevo hacía la puerta.
Heiki alzó su mano derecha lentamente hacía Aoi, señalándolo con su dedo índice directo a su frente, sonriéndole ampliamente con una expresión que casi rozaba en locura.
- Bang… - Murmuró muy despacio, un instante antes de que la punta de su dedo índice se cubriera de un resplandor rojizo muy fuerte, y luego de éste surgiera un rayo del mismo color que se lanzó cono una lanza directo al chico albino.
Aoi se movió con gran agilidad hacía su izquierda, esquivando sin problema ese rayo de energía, que terminó por chocar contra la barda, creando un impacto que terminó por derribar gran parte de ésta, justo a las espaldas de Shido, que se cubrió con sus manos ante los pedazos de madera que salieron volando por ello.
Los ojos de la chica de uniforme amarillo estaban perdidos y fijos en el suelo, mientras se mantenía agachada, cubriéndose su cabeza con sus brazos.
- “Eso… fue…” – Pensaba totalmente congelada.
- Qué rápido. – Murmuró divertido Heiki, siguiendo con su vista a Aoi. – Pero eso sólo fue para empezar… ¡¡¡jajaja!!! – De pronto, comenzó a reír con fuerza, mientras se le lanzaba encima con mucha fuerza.
Heiki alzó su mano izquierda, abriendo por completo su mano. Las puntas de sus cinco dedos comenzaron a brillar al mismo tiempo con esa misma energía de hace unos momentos. Aoi notó eso de inmediato, y de nuevo se movió hacía el lado para esquivarlo, casi al mismo tiempo que su atacante alzaba su mano por completo hacía él, y ahora cinco de los mismos rayos de antes surgían de sus dedos, hacía el frente, cortando el aire y luego chocando contra una de las grúas que estaban estacionadas en la construcción, golpeándola y haciéndola explotar con fuerza en una pequeña estela de fuego.
Aoi quedó de pie luego de esquivarlo, cayendo algo lejos y de inmediato alzando su mirada hacía arriba. El largo brazo mecánico de la grúa descendía después de la explosión directo hacía él; sin embargo, él no se vio muy preocupado. Sus ojos comenzaron a brillar de azul. De pronto, como por arte de magia, todo el viento a su alrededor comenzó a girar con fuerza en tonto a él, como si se formara de la nada un tornado. Aoi alzó sus dos manos hacía arriba y todo el viento se dirigió de golpe hacía el enorme brazo mecánico, empujándolo como si fuera un pilar de acero, lazándolo hacía atrás, cayendo a espaldas del chico de cabellos blancos como roca, levantando una cortina de polvo.
El viento siguió girando con fuerza a su alrededor a su propia voluntad, concentrándose más que nada en sus manos, arrastrando todo el polvo que se había levantado.
- Huy, que poderoso. – Comentó divertido Heiki, riendo con fuerza.
De nuevo alzó su mano derecha, pero también la izquierda, señalándolo al mismo tiempo con ambos dedos índices, colocando sus manos como si fueran pistolas. Sus ojos brillaron ligeramente rojo y un segundo después de cada dedo surgió un rayo de energía directo hacía Aoi. Él bajó sus manos con fuerza hacía el suelo y se vio como una fuerte ráfaga de viento lo alzaba hacía el aire como si fuera una pluma. Los rayos de Heiki chocaron contra el brazo mecánico de la grúa, partiéndolo como si fuera simple mantequilla.
Aoi giró sobre sí mismo luego se elevarse, cayendo sobre una de las vigas de la construcción.
- Eres muy considerado Caelum, al menos hiciste que viniéramos a un lugar donde no había gente. Pero es pleno día, y haremos tanto ruido que esto estará lleno de personas en un minuto.
- ¡Entonces tengo que terminar esto rápido!, ¡¿No crees?! – Le contestó Heiki con fuerza, disparándole otro rayo de golpe.
Aoi saltó de una viga a otra, esquivando todos los rayos de energía que le lanzaba, mismos que terminaban por disiparse en el aire, o por partir o atravesar las vigas de acero. Al llegar al centro del edificio, Aoi se dejó caer, amortiguando un poco la caída con el viento, cayendo en el suelo cimbrado y oculto entre las vigas verticales.
De pronto, sus sentidos se agudizaron: todo estaba en completo silencio. Miró a un lado luego al otro; no había rastro de Heiki, y todo a su alrededor parecía un laberinto de pilares rojizos.
- ¡Aquí estoy! – Escuchó que pronunciaba con fuerza de golpe su oponente, saliendo de entre los pilares a sus espaldas, moviéndose con velocidad contra él.
El sólo escuchar el primer sonido de su voz fue suficiente para los agudos reflejos del albino reaccionaran, girándose en un parpadeo, y jalado su brazo derecho, todo en un sólo movimiento. El mover su brazo de un lado a otro con esa rapidez creó una ráfaga de viento tan fuerte y delgada que prácticamente se trataba de una cuchilla de viento que volaba con fuerza de manera horizontal contra Heiki. Éste dio un salto y luego una marometa en el aire, esquivando la cuchilla que pasó debajo de su espalda, cortando una parte de su saco que había quedado colgando. La cuchilla siguió su camino, cortando sin problema una de las vigas verticales y luego desvaneciéndose.
Mientras Heiki seguía suspendido en el aire tras su salto, extendió su dedo índice derecho hacía Aoi, disparándole otro rayo de energía directo a su cabeza. Igual que antes Aoi fue capaz de esquivarlo moviéndose hacia un lado y extendiendo su mano hacía él al mismo tiempo, lazándole otra ráfaga de viento. Ambos comenzaron a atacarse el uno al otro a larga distancia consecutivamente. Aoi controlando el viento, Heiki usando rayos de energía que surgían de sus dedos…
Shido apenas y podía creer lo que estaba viendo. Sus pies se habían moviendo por sí solos hacía la construcción, pasando entre todo el polvo y humo que habían dejado atrás antes de adentrarse entre la estructura de metal. Era casi como una pelea de una película, un cuento, algo que no podía ser real. ¿Por qué estaba ella ahí? ¿Por qué los siguió en primer lugar? ¿Y por qué no se iba? Ella sabía la razón… Ese momento, ese encuentro, no podía ser real… Parecía el destino…
- “No puede ser” – Se decía así misma en su mente. –“Esos dos chicos…”
El humo provocado por la explosión de la grúa llegó a su rostro, provocándola cerrarlos ojos y retroceder, tosiendo con fuerza mientras se cubría su rostro. No estaba muy consciente del lugar tan peligroso en el que se había metido.
Una viga de metal cayó a unos escasos metros al frente de ella, resonando con fuerza en sus oídos. Eso pareció sacarla un poco de sus pensamientos, y por ello pudo escuchar con facilidad como los pies de una persona se posaban entre la viga casi rodeada de fuego. La joven castaña se quedó atónita, alzando lentamente su mirada hasta encontrarse con la espalda azul del saco de su uniforme, y su cabellera negra que se mecía un poco hacía un lado. Lo miró fijamente por unos segundos antes de que él se diera cuenta de su presencia y la volteara a ver por encima de su hombro un poco sorprendido.
- ¿Y tú qué haces aquí? – Le preguntó casi en voz baja Heiki, reconociendo primeramente su uniforme amarillo; era una alumna de primero.
- Yo… yo sólo… -Balbuceó nerviosa la joven mientras daba unos pasos hacía atrás, hasta que uno de esos pasos la hizo caer hacía atrás de sentón.
Heiki se giró con cuidado hacía ella y se bajó de la viga de un salto, todo sin quitarle los ojos de encima; su expresión de sorpresa cambió poco a poco a una larga y sonrisa maliciosa.
- Mira nada más. Lo siento linda, pero esta era una función privada… - Pronunció mientras se le acercaba con pasos lentos. – Y además no trabajo bien con público…
Shido vio congelada como Heiki alzaba su dedo índice hacía ella, apuntando directo a su pecho. Sus ojos se abrieron por completo al ver como la punta de su dedo comenzaba a brillar.
Sin embargo, el mayor de los Caelum fue empujado desde atrás de golpe por una ráfaga creada por Aoi, que lo empujó con fuerza en el aire, haciéndolo volar y chocar de espaldas contra los restos de la grúa.
- ¡¡Ah!! – Exclamó con dolor al sentir ese golpe y luego cae al suelo como roca.
Aoi dio un largo salto, pasando por encima de la viga y quedando de pie delante de Shido. Ésta alzó su vista, admirándolo por completo. Era algo, fuerte, de una expresión y presencia dominante, y unos ojos azules muy firmes y penetrantes; en verdad era una persona fuera de lo normal, pero era obvio que ambos oponentes lo eran.
- ¿Quién eres?, ¿por qué estás aquí? – Le preguntó aparentemente con algo de enojo en su voz. Shido se sobresaltó al oírlo…
- Y… yo… soy Shido Kawatta… Yo… sólo…
- ¡¡Eso fue muy cobarde Sousi!! – Gritó con fuerza Caelum, llamando la atención de Aoi.
Heiki estaba parándose; parecía que se había lastimado la cabeza por el golpe. Aún así, no se le veía para nada debilitado, y de hecho los volteó a ver, sonriendo ampliamente con malicia.
- Si así quieres jugar…
De pronto, el joven de cabello negro alzó sus dos manos hacía el frente, y las puntas de sus diez dedos comenzaron a brillar al mismo tiempo. Aoi se sorprendió mucho al ver esto, y en especial el segundo después en el que diez rayos de energía fueron lanzados en su contra de golpe; iban tan pegados que parecía que se trataba de uno solo.
Shido alzó su mirada, notando como los rayos pasaban al mismo tiempo a un par de metros encima de ella, pudiendo ver sus colores con total claridad. Aoi se agachó rápidamente con un movimiento muy rápido, apenas esquivando los rayos que pasaron a unos cuantos milímetros de su cabeza; incluso fue capaz de sentir su calor. Sin embargo, él no era el objetivo… El rayo de energía chocó contra una viga localizada justo sobre Aoi, haciendo que ésta se desmoronará hacía él sin que se diera cuenta, pero Shido si lo vio desde su posición.
- ¡¡Cuidado!! – Exclamó son rapidez la joven de cabellos castaños, parándose de inmediato y corriendo hacía él.
Aoi reaccionó a su grito y volteó hacia arriba, mirando como la viga ya estaba a una corta distancia de él. Era muy tarde, tal vez no podría usar el suficiente viento lo suficientemente rápido para detenerla, o moverse hacía un lado para esquivarlo, y mientras pensaba en esas cosas el tiempo en el que debía reaccionar se reducía. Sin embargo, antes de pudiera hacer alguna de las dos opciones, algo sucedió.
- ¡¡AAAAAAAAAAAAAH!! – Escuchó que gritaba la voz de Shido, la cual se había parado justo frente a él.
Shido extendió su mano derecha de golpe hacía arriba, y ésta de la nada comenzó a cubrirse de un resplandor dorado, mismo que en un parpadeo pareció concentrarse y convertirse en una esfera de luz amarilla, que salió volando con fuerza desde la palma de su mano, directo a la viga, golpeándola con tanta fuerza que ésta fue empujada ligeramente hacia atrás, cayendo a varios metros de donde iba a caer.
Aoi y Heiki miraron todo eso complemente sorprendidos y en silencio, mirando como esa esfera creada por esa chica golpeaba la viga y la alejaba del chico de cabellos blancos, todo en un instante.
- Una esfera de energía… -Susurró en voz baja Aoi, mirando fijamente la viga en el suelo. – No puede ser…
Lentamente desvió su mirada hacia Shido, que parecía haberse quedado paralizada en esa posición, con su brazo alzado hacía arriba y la mirada puesta en ese mismo lugar. Su respiración era muy agitada, y su cuerpo se veía tensado.
- Tú… - Pronunció de pronto Heiki, caminando lentamente hacía donde estaba.
Shido reaccionó a su voz y lentamente volteó a verlo, justo cuando ya estaba a unos pocos pasos de ella. Shido reaccionó y se alejó un poco temerosa, mirando casi con miedo como un camino de sangre recorría el rostro de Heiki desde la frente, pasando por su ojo izquierdo hasta su mejilla.
- ¿Cómo hiciste eso? – Le preguntó con seriedad, mirándola fijamente. – ¿Eres acaso también una Hoshiki?
Shido lo vio fijamente confundida y a la vez sorprendida, escuchando con mucha atención esa pregunta, y en especial la última palabra…
- ¿Ho… shiki…?
Aoi saltó de pronto desde atrás de Shido, impulsado por el viento. Se elevó por encima de ella y cayó entre ambos, lanzando un golpe rápido contra Heiki. Éste a su vez se hizo hacía atrás, esquivando su golpe y luego alzando su dedo para dispararle de nuevo. Sin embargo, antes de que pudiera apuntar, Aoi lo toma de la muñeca con su mano izquierda y la hace a un lado. Luego, jala con fuerza su mano hacia el abdomen de Heiki, creando una ráfaga que lo golpeó directo en la boca del estomago.
- ¡¡¡AH!!! – Gritó con fuerza ante ese golpe, y luego fue lanzado de nuevo con fuerza, siendo arrojando contra varias cajas de mosaicos apiladas a un lado de la construcción.
- ¡Rápido! – Aoi le extendió su mano a Shido, mirándola con seriedad. – ¡No tenemos tiempo!
Algo confundida aún, tomó con duda la mano del superior, y de inmediato este la tomó con fuerza y comenzó a correr hacía la salida de la construcción, jalándola por detrás. Estando cerca de la barda se impulsó usando su viento, elevando a ambos en el aire, cayendo en la calle y luego volviéndose a elevar hacia el tejado del edificio enfrente de la construcción. Luego de eso siguiendo moviéndose sin pronunciar palabra alguna, simplemente alejándose lo más rápido posible.
Casi al mismo tiempo que ellos saltaban al edificio de enfrente, Heiki se levantaba como podía, limpiándose pedazos de mosaico del cuerpo. Miró rápidamente hacía un lado y hacía el otro buscándolos, pero ya no se encontraban en un ningún sitio.
- ¿Escaparon? – Murmuró en voz baja parándose con firmeza, al mismo tiempo que escuchaba como las sirenas de los bomberos y policías se acercaban por la calle. – Ya era hora… Que lenta reacción tienen las autoridades de esta ciudad…
Sin perder el tiempo corrió hacía la construcción, esquivando las llamas y los pilares para salir por la parte de atrás del terreno. Para cuando los bomberos llegaron y comenzaron a combatir el fuego que se había propagado un poco, los tres ya se encontraban muy lejos del sitio.
Al día siguiente aparecería el los periódicos la noticia, posiblemente en alguna página un poco oculta. No diría mucho. Se determinaría que la causa del fuego había sido una fuga en la línea de gas que se había instalado la semana pasada. Sin embargo, los daños a la estructura de metal nunca serían explicados…
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Heiki caminaba un poco agotado a varias calles de donde había sido el combate; nadie lo había visto ni siquiera cerca del lugar, por lo que eso, sumado a algunas otras cosas que habían pasado, hacía parecer al día de hoy como su día de suerte. Lo único que lo hubiera hecho perfecto era haber podido acabar con Aoi y no haberse golpeado la cabeza de esa manera. Pero a cambio, había encontrado algo muy bueno por accidente…
- Amo Heiki… - Escuchó una voz grave que pronunciaba a su lado. Heiki miró de reojo hacía ese lado.
- Kouma, ¿qué haces aquí?
De las sombras de un callejón a su lado, surgió la figura de un chico un poco más alto que él, de cabellos castaños, cortos y despeinados, ojos cafés, vestido con un traje negro, de saco negro de cuello alto y largo de la parte inferior.
- Luna me pidió que lo siguiera y lo protegiera si lo consideraba necesario señor. – Le contestó con seriedad, haciendo una pequeña reverencia con su cabeza.
- ¿Enserio? Luna siempre se preocupa demás. – Rió un poco mientras se recargaba con tranquilidad contra la pared. – Pues gracias por tu ayuda por cierto… - Mientras decía esto, se tocó con cuidado la frente, notando como sus yemas estaban manchadas de su propia sangre. – Con un poco de ayuda esto no hubiera pasado…
- En ese momento no lo consideré necesario en ese momento. ¿Le hubiera gustado que interviniera?
- No, claro que no, me estaba divirtiendo como no tienes idea. No hay nada como una buena pelea para empezar el año de escuela, y en verdad que Aoi se ha fortalecido. Es una lastima que fuéramos interrumpidos de esa manera…
Kouma guardó silencio, recordando como habían sido “interrumpidos”, pues él había estado viendo todo a escondidas.
- Esa chica…
- Sí lo sé. – Dijo rápidamente Heiki, interrumpiéndolo. – La pelea no fue todo un desperdició… He detectado a una Hoshiki más, una chica de primero de mi misma escuela, creadora de energía como yo.
Ambos guardaron silencio, mientras recordaban lo que había ocurrido. Esa chica había creado una esfera de energía pequeña, y aún así fue capaz de empujar una viga así de grande con facilidad. Era sin duda… Una guerrera Hoshiki. Una sonrisa maliciosa se dibujó lentamente en el rostro del chico de cabellos negros.
- ¿Cuántos más estarán ya en este sitio…?
FIN DEL CAPITULO 2
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