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Su rostro parecía opacado por el fulgor a sus espaldas. Aún así, sentía algo conocido, algo confiable, algo cálido. Su mano la hacía sentir tan segura como no se había sentido en mucho tiempo. Por un instante, sintió como si ambos estuvieran suspendidos en el aire, inmóviles. Aún así, sentía como una ligera brisa pasaba entre ellos.

- ¡¿Eres tú?! – Le preguntó sin quitarle sus ojos de encima. – ¡¿Eres tú a quien vi hace diez años?!

- ‘El día que te prometí llegó.’ – Le siguió diciendo sin soltarla. – ‘La fortaleza de tu corazón ha sido lo que te ha traído hasta este momento.’

- ¡¿Quién eres tú?!, ¡¿Qué sabes de mi destino?!

- ‘Esas son preguntas que tú responderás por tu cuenta tarde o temprano…Sakura, Ven y conoce tu destino…’

En ese momento, el destello se volvió más fuerte, tanto que los ojos de la joven fueron incapaces de ver. Y en un solo segundo, todo se volvió… blanco…

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A lo lejos se escuchaba el agua de la regadera cuando ésta caía sobre el suelo. La puerta del baño estaba cuidadosamente cerrada, y su interior estaba completamente cubierto por el blanco vapor surgido de la ducha caliente. Al mismo tiempo, una joven de cabello oscuro y largo, se movía de un lado a otro con mucha rapidez. La joven tenía el pelo recogido, y usaba una visera blanca en su cabeza; además, llevaba puesta una playera verde clara de mangas cortas, una falda blanca corta y debajo de éste unos shorts de tela del mismo color. Se movía revisando cada rincón, como buscando algo.

- ¡Aquí está! – Se dijo así misma después de agacharse debajo de una de las camas del cuarto. Rápidamente estiró su mano para sacar una larga raqueta de tenis negra con cuerdas verdes.

Una vez encontrado lo que buscaba, se alzó de nuevo para poder irse. Sin embargo, justo cuando se levantaba, escuchó un ligero timbre que venía de encima de la cama. Rápidamente dirigió su mirada hacía ella. Colocado sobre sus sabanas, había un objeto de color amarillo, de forma rectangular, con algunos botones que brillaban al ritmo del timbre que sonaba.

- ¡Oye Daidouji!, ¡Tú teléfono está sonando! – Gritó la joven al tiempo que se dirigía hacía la puerta de la habitación – ¡Voy a jugar Tenis!, ¡Nos vemos más tarde!

Para cuando ella salió del cuarto, el sonido del agua ya había cesado por completo. Pasaron unos escasos dos o tres segundos antes de que la puerta del baño se abriera, dejando pasar por ella gran parte del vapor. Entre toda la neblina, se distingue una figura blanca que camina hasta colocar sus pies desnudos en la alfombra de la habitación. Su piel era blanca, prácticamente se puede decir que era pálida. Su cabello era largo y oscuro, y sus ojos azules y grandes.

La joven se encontraba cubierta por una bata blanca y por una toalla en su pelo del mismo color. Del lado izquierdo, la bata parecía tener una insignia bordada, algo parecido a una rosa. Caminó hasta la cama, tomando el teléfono. Después de presionar un botón, lo dirigió a su oído.

- Hola. – Dijo con una voz dulce. – ¿Quién habla?

De pronto, sus ojos se abrieron de par en par al escuchar esa voz del otro lado de la línea. Su sorpresa fue tal que no pudo ni hablar al principio, pero luego toda su emoción se desmoronó de golpe.

- ¡Sakura! – Gritó entusiasmada. – ¡Qué sorpresa!, ¡¿Cómo has estado amiga?!

Después de unos momentos, la sonrisa amistosa de su rostro se borró momentáneamente, regresando a esa expresión de sorpresa que tenía al principio. Inconscientemente llevó una de sus manos a su boca como señal de sorpresa.

- ¡¿Qué dices?! – Preguntó por último con la voz entrecortada, pero luego su emoción volvió a surgir. – ¡¿Estas aquí en Hooshi?!

Capitulo 2: La Entrada

Parada en la banqueta de la ciudad, con su maleta a un lado y un mapa frente a su rostro, se puede distinguir una cabellera castaña que se asoma por encima del papel blanco del mapa. En su mirada se ve cierta preocupación o confusión. Detrás de ella, la gente de la ciudad se encontraba caminando de un lado a otro sin ponerle mucha atención.

- ¡Cielos! – Se decía así mima. – ¡Esta ciudad es realmente grande!

- ¿Qué tan difícil puede ser encontrar esa escuela? – Comentó el pequeño Kero, mientras asomaba su cabeza por la maleta.

- Mejor le llamo otra vez a Tomoyo para que me diga como llegar.

La joven acercó su mano al bolso que traía consigo, sacando de éste uno de esos teléfonos de color amarillo. Sin embargo, cuando se disponía a marcar los números, alguien que pasaba detrás de ella la empujó por accidente, haciendo que el aparato en sus manos se le fuera para el frente. El teléfono rodó hasta llegar a la mitad de la calle.

- ¡Rayos! – Se dijo en voz baja mientras caminaba hacía su aparato, dejando su maleta en la banqueta.

Algo distraída en sus actos, había olvidado fijarse en los carros de la calle. Kero, que la veía desde su posición, pudo ver como un vehículo se acercaba rápidamente hacía donde estaba su joven dueña.

- ¡Sakura! – Gritó el muñeco, tratando de advertirla.

La recién llegada se agachó para poder tomar su aparato. Sin embargo, en cuanto lo tuvo en la mano, escuchó el grito de su acompañante. Por instinto, alzó la mirada hacía su derecha, viendo como la parte de enfrente del vehículo estaba por precipitares en su contra.

Todo fue tan rápido que no pudo ni moverse. Simplemente se dignó a cerrar sus ojos y bajar la mirada, como esperando que algo pasara. Para su suerte, ese milagro pasó. Se escuchó claramente el rechinado de las llantas contra el asfalto, al tiempo que detenían su marcha. La defensa del auto se detiene a tan sólo unos centímetros de la chica. Ella pudo sentir como el frío metal se posaba justo frente a ella.

Sakura abrió lentamente los ojos, siendo la matrícula del vehículo lo primero que ve; un rectángulo largo y blanco con unas letras en un tono rosa que deletreaban la palabra “Rose”. La joven se le quedó mirando unos segundos, sin reaccionar aún.

- ¿Te encuentras bien linda? – Escucha de pronto que una voz le dice al frente. Aún algo asustada, logra ponerse de nuevo de pie, centrando su mirada en el conductor, que la miraba con una expresión despreocupada. – Deberías de tener cuidado en la calle...

El auto era conducido por un chico de largo cabello rojizo que se escondía detrás de la tela blanca de su uniforme, que se encontraba además adornado por algunos botones y bandas en un tono dorado. Lo que más llamó la atención de la castaña, fueron sus grandes y brillantes ojos azules, y esa sonrisa que adornaba su blanco rostro.

- Sí... lo siento... – Logró responder, aún algo afectada por el susto.

- No te preocupes. – Le dijo el joven. Su voz hacía sentir muy extraña a Sakura. Era cálida y segura. – También fue mi culpa por no fijarme bien. – Luego de decir esto, abrió la puerta del conductor, bajando del carro sin perderla de vista en ningún momento. – Así que dime, ¿Qué hacía una chica como tú a la mitad de la calle?

- Bueno... – Sakura alzó el teléfono para mostrárselo – Es que estaba tratando de tomar mi teléfono porqué se me había ido.

- Qué tontita. – Le dijo con algo de burla, no pero con la intención de ofender. – ¿No te das cuenta que me hubieras causado una gran pena?

Mientras Sakura conversaba con el extraño, Kero se encontraba observándolos desde la maleta en la banqueta.

- “¿Y ese chico quién será?” – Se preguntaba el ser mágico.

En ese momento, Sakura pensó que sería buena idea preguntarle a ese chico sobre el lugar que buscaba en lugar de llamarle de nuevo a su amiga.

- ¿Ya te sientes bien? – Le preguntó amablemente el joven, recargándose en la carrocería de su vehículo.

- Sí, gracias. – Le contestó recobrando su aliento normal. – Disculpe, no sé si me pueda ayudar. – El chico no aparentaba tener más de uno o dos años más que ella, pero aún así no pudo evitar el tener que llamarlo de “usted”. – Vera, es que estoy buscando un lugar.

- Bueno, conozco muy bien esta ciudad. – Le contestó – ¿Qué estás buscando?

- Estoy buscando la “Academia Othori”, donde estudia una amiga, ¿No sabe dónde se encuentra?

Después de oír tal pregunta, el joven pelirrojo se le quedó viendo con una cara de extrañado. Sakura notó esto al instante, y también se quedó extrañada.

- ¿Estás hablando enserio? – Preguntó el joven sin perder la expresión.

- Sí... – Contestó ella sin entender muy bien la sorpresa del chico. – ¿Por qué?, ¿Pasa algo malo?

- No, no es nada – Le dijo, con una sonrisa de regreso en su rostro. – Es que me parece raro que alguien pregunte sobre donde se encuentra la Academia Othori.

Mientras le contestaba, el chico extendió su mano derecha, haciendo que su dedo apuntara por encima de su hombro izquierdo. Sakura alzó la mirada hacía donde le apuntaba. De pronto, por encima de todos los edificios de la ciudad, alzándose en todo su esplendor, vio una larga torre blanca, que parecía casi como un faro. La joven se le quedó viendo unos momentos, como hipnotizada. De pronto, la voz del joven la sacó de sus pensamientos.

- Es la Torre de la Rectoría. – Le mencionó. – Está justo en medio de toda la Academia Othori. Esa torre se puede ver desde cualquier punto de Hooshi. Además, mira a tu alrededor.

Sakura bajó la mirada, volteando hacía las banquetas. Estaba tan apresurada y concentrada en sus cosas que no había notado algo. Casi todos los jóvenes que caminaban estaban vestidos de la misma manera, con el mismo uniforme escolar. Los chicos vestían unos pantalones verdes claros, y un chaleco color negro. Las mujeres usaban una falda corta color verde claro, y un chaleco también negro.

- ¡Todos visten el mismo uniforme...! – Dijo sorprendida.

- Si vives en Hooshi es seguro que estudies en Othori. Por estas cosas no es muy difícil dar con la Academia. – Al mismo tiempo que le decía esto, el chico regresaba al interior de su vehículo, colocando sus manos sobre su volante. – Sube.

- ¿Qué?

- En estos momentos me dirijo para aquel sitio. Si quieres te puedo llevar.

- ¡Muchas Gracias! – Le contestó corriendo hacía la puerta del copiloto.

- No olvides tu maleta.

Al escuchar esto último, rápidamente giró su mirada hacía la banqueta, y algo apenada corrió hacía ella, tomando su maleta por la manija. Rápidamente corrió de regreso al auto y de inmediato este comenzó la marcha.

Una vez en camino, Sakura tenía su atención puesta en todos los alrededores que iban pasando. Desde que había llegado a la ciudad, le había parecido un sitio muy extraño. Todos los edificios parecían tener cierta antigüedad, a la vez belleza, desde sus molduras, puertas, altas ventanas, calles blancas, faros de luz, etc. Parecía como una antigua ciudad europea justo aquí en Japón.

- ¡Qué ciudad más hermosa! – Mencionó Sakura, mientras miraba con cierta admiración.

- Es la primera vez que vienes a Hooshi, ¿verdad? – Le preguntó el chico pelirrojo sin quitar su atención del camino. La joven respondió con una afirmación de su cabeza. – Disculpa mi descortesía. Mi nombre es Kiryuu Touga del Tercer Grado de Secundaria*; ¿Tú como te llamas?

- Yo soy Kinomoto… Kinomoto Sakura. – Le contestó con una sonrisa amistosa.

- Sakura… – Se dijo así mismo el chico con algo de satisfacción. – ¡Qué bello nombre! – La joven no pudo evitar sonrojarse un poco al oír esas palabras. – Así que, ¿a qué vas a Othori?, ¿Vienes de visita?

- No, no exactamente… - La joven no contestó del todo la pregunta.

En ese momento, su expresión cambió a una más seria. Bajó un poco la mirada al mismo tiempo que alzaba su mano izquierda, hasta que sus ojos se encontraron con esa sortija blanca que ahora traía consigo. El sello en forma de rosa que tenía parecía brillar más con la luz del sol de esa ciudad. Touga, por su parte, al sentir la seriedad a su lado, volteó a verla de reojo. Lo primero que vio al voltear, fue la sortija que traía consigo. La miró por unos segundos, y luego dirigió de nuevo su mirada la frente, adornando de nuevo su rostro con una sonrisa.

- Ya veo, así que eres tú… - Mencionó en voz baja, pero no lo suficiente para que Sakura no lo escuchara.

- ¿Qué? – Le preguntó confundida, volteando a verlo.

- Mira, hemos llegado. – Le informó de inmediato, mirando hacía el frente.

Al oír estas palabras, Sakura desvió su atención hacía la parte delantera del auto. A lo lejos, más delante de la calle, Alzándose por encima de árboles y construcciones, se encontraba los grandes edificios de la Academia Othori. Sakura abrió sus ojos de par en par, al mismo tiempo que se acercaban, con una gran maravilla en su expresión. Todo el lugar se cubría poco a poco con el brillo de sus construcciones blancas y adornos dorados en ellas. La Academia parece situarse por encima de cualquier cosa en la ciudad, como un gran castillo ubicado en lo más alto de su reino, lleno de ríos, árboles y costas.

El auto marchó por una pequeña calle, rodeada de algunos árboles y al mismo tiempo de estudiantes que marchaban hacía la misma dirección. Sakura alzó su mirada con admiración. En el arco dorado de la puerta principal, se podía ver el sello de la rosa, el sello de academia, y justo detrás de esté, se ve la torre principal de la Escuela, aquella que ella ya había visto desde lo lejos pero que de cerca se veía tan prepotente y fuerte.

- ¡¿Ésta es la Academia?! – Preguntó sorprendida la joven castaña, al tiempo que se acercaban a la puerta. – ¡Qué grande es!

- Eso es porque tiene los grados de primaria, secundaria, preparatoria y universidad en el mismo campus. – Le comentó el conductor con algo de elocuencia al hablar. – Así como algunos, dormitorios para sus alumnos, aunque la mayoría se encuentran fuera del terreno de la escuela.

En cuanto el automóvil estuvo justo frente a la Entrada, Sakura sintió como si el tiempo se detuviera por un momento. Sintió casi como una presión sobre el pecho en cuanto pasaban por debajo del arco. La sensación duró sólo un instante, ya que en cuanto estuvieron adentro ésta desapareció. Era extraño, no había sentido esa sensación desde hace ya algo de tiempo.

Touga los dirigió hasta el gran estacionamiento que estaba en la parte de enfrente, dónde se encontraban varios vehículos estacionados. Sakura pensaba en lo que acababa de pasar, tratando de averiguar que había sido. Una vez colocado en uno de los lugares, Touga apagó el motor delicadamente. En cuanto el sonido del carro se esfumó, otro ruido tomó su lugar.

- ¡Superior Touga! – Escuchó de pronto la joven que varias voces gritaban a los lejos. Los gritos la hicieron reaccionar de golpe.

En un abrir y cerrar de ojos, vio como una multitud de alumnas vestidas con el uniforme de la Academia se reunía frente a la puerta de Touga, casi peleándose por estar más cerca. Sakura las miró totalmente confundida y hasta algo asustada.

- Buenos días. – Le contestó el joven, alzando su mano derecha. Luego, abrió lentamente la puerta, y las jóvenes se hicieron hacía atrás para dejarlo salir de su vehículo. El joven se puso de pie y rápidamente fue rodeado por completo. En ese momento, voltea a ver a su acompañante por encima de su hombro. – Discúlpame, tengo algunas cosas que hacer; ¿Podrás seguir tú sola?

- ¿He?... Sí, sí… - Contestó Sakura, agitando su mano. – Gracias por todo…

- No me agradezcas ahora. – Le dice por último girándose al frente y comenzando a caminar, seguido por toda la multitud. – Puede que algún día te pida que me pagues el favor.

Sakura lo miró con extrañes mientras se alejaba del vehículo. Al principio no lo había notado, pero justo ahora que se iba sentía una extraña presencia que rodeaba a ese misterioso joven. Cada vez le parecía más extraño este nuevo lugar.

Sakura salió del auto cargando su maleta con las dos manos. Luego caminó hacía la pequeña banqueta frente al estacionamiento, sentándose en ella con la maleta al frente. Miró unos momentos hacía los lados para asegurarse de que nadie la veía. Luego la abrió un poco acercando su rostro. Desde el interior, se asomó la pequeña cabeza redonda de Kero.

- ¿Ya llegamos? – Preguntó apresurado el guardián. – ¿Qué fueron todos esos gritos de hace un momento?

- Kero, ¿no sentiste algo extraño hace poco? – Le preguntó la joven con seriedad. Kero se quedó algo extrañado ante la pregunta que le hacía.

- ¿Algo extraño?, ¿qué quieres decir?

- No estoy segura… Pero en cuanto entramos a este lugar, sentí una extraña sensación. No era exactamente igual, pero era parecida a la sensación que me causaba la presencia de una Carta o el poder Mago Clow…

- ¿Qué dices? – Preguntó algo asombrado. – ¿Un Presencia Mágica?

- No estoy segura. – En ese momento, Sakura alzó su mirada hacía el cielo; éste se encontraba totalmente azul. – Pero creo que algo raro ocurre en este lugar…

                                     

La campana del elevador sonó con un tono despacio en cuanto llegó al piso requerido. Las puertas se abrieron de par en par, revelando a su pasajera. La joven comenzó a adentrarse lentamente en la oficina. Era una habitación realmente amplia, con alfombra y tapiz rojos, con varios libreros repletos de volúmenes, y en la pared del fondo una amplia ventana cubierta con unas cortinas del mismo color que las paredes y el suelo. Frente a las cortinas, estaba un gran escritorio de madera, con una silla reclinable y una computadora de color blanco.

La recién llegado contempló por un momento todos los alrededores de la habitación. El lugar estaba realmente silencioso, tal y como había estado el viaje en el elevador. A simple vista parecía que no había ni una sola alma además de la suya en ese lugar.

- Hola. – Dijo en voz alta la joven, volteando hacía todos lados en busca de alguna respuesta. – ¿Hay alguien aquí?

Los llamados de la joven parecieron no ser oídos, ya que todo se volvió a quedar callado en cuanto ella dejó de hablar. Sin ponerle mucha importancia a este detalle, siguió inspeccionando el lugar de lado a lado. Sobre los libreros y lo muebles con cajones había varias cosas, como pequeños portarretratos, figuras de porcelana frágiles ante la vista de cualquiera, algunas otras figurillas de acero, y hasta una que otra planta.

De pronto, algo en especial del cuarto llamó la curiosidad de la joven de cabello castaño. Sobre un librero que estaba contra la pared del lado derecho, se encontraba un cuadro, un cuadro relativamente grande, como esos que ella había visto en la televisión colgados sobre una chimenea, pero ahí no había ninguna. El cuadro era pintado a mano según parecía, y en él tenía la imagen de tres personas.

En realidad la pintura se veía más nueva de lo que realmente era. Las tres personas usaban atuendos antiguos al estilo occidental, lo cual le pareció muy curioso. Miró con la vista a cada uno de ellos. El primero, el que se encontraba más hacía la izquierda del cuadro era un hombre joven pero alto, de cabello rubio muy claro, casi blanco, de ojos grandes y verdes y piel blanca. Vestía un saco de color gris oscuro, y no se le veía la parte de cintura para abajo. El chico tenía una larga sonrisa despreocupada, y una mirada en sus ojos a la vez penetrante, como si lo estuviera viendo cara a cara.

La joven bajó un poco la vista. A la derecha del chico, sentada hacía delante de los otros dos en una elegante silla de tapiz rojizo, estaba una mujer, también de aspecto joven. Tenía el cabello negro y largo, sujeto con un extraño peinado. Sus ojos estaban entre abierto, y por ellos se asomaban dos grandes perlas de extraño color rojizo, también con una mirada algo penetrante. Tenía la piel blanca, pero muy blanca. Hasta ese día las personas más “pálidas” que Sakura conocía eran su amiga Tomoyo y su madre, que la conocía más que nada por medio de fotos. Pero ahora que veía a esa mujer, parecía casi ser un fantasma. Vestía un atuendo de extraño color negro con algunos detalles blancos. La joven estaba sentada con sus manos sobre sus rodillas, mirando hacía el frente con una posee algo elegante.

Sakura movió lentamente su mirada hacía un lado, para contemplar al tercer y último personaje. La joven centró su atención en el rostro del tercero. Pareció contemplarlo por unos instantes con una gran expresión de confusión. De pronto, sus ojos se abrieron de par en par, cambiando de confusión a gran asombro. La tercera persona era un hombre, también joven y sólo un poco más bajo que el otro. Tenía el cabello negro, aparentemente agarrado con una pequeña cola que se mostraba por encima de su hombro izquierdo. Tenía piel blanca, y sonreía con una expresión tranquila y con sus ojos aparentemente cerrados; frente a estos traía un par de anteojos transparentes. Vestía casi igual que el primero, sólo que en lugar de gris era un saco negro, y sobre éste traía algo similar a una capa o algo así, del mismo color que el saco.

Sakura se le quedó viendo totalmente paralizada. No podía creer lo que estaba viendo. Ella ya había visto a ese hombre antes, estaba casi segura.

- “¿Qué es esto?” – Pensó Sakura sin poder reaccionar aún. De pronto, pareció recuperar algo de energía y rápidamente se agachó hacía su maleta, sacando con su mano al pequeño guardián que ahí aguardaba. – ¡Kero!

- ¡¿Qué sucede?! – Preguntó algo confundido y exaltado mientras Sakura lo sostenía cerca de ella.

- ¡Mira este cuadro! – Le dijo mientras se ponía de pie y lo colocaba frente a su pecho.

El guardián se quedó unos segundos mirando al frente, con sus pequeños ojos puestos en la pintura frente a él. De pronto, se notó como el rostro del pequeño poco a poco se mutaba, hasta estar con sus ojos totalmente abiertos, al igual que su boca. La impresión había sido la misma.

- ¡No puede ser! – Se dijo así mismo, sin quitar los ojos de esa tercera persona que también había impresionado a su ama. – ¡¿Clow?!

- ¿Hola? – Oyeron de pronto que una voz les decía a sus espaldas.

Los dos se exaltaron o más bien se asustaron al oírla, respondiendo con un fuerte grito, sobre todo de la joven. Rápidamente Sakura se dio la media vuelta mientras respiraba con algo de dificultad ante la situación. Frente a ella estaba la causante de su último susto.

- Perdón si te asusté. – Le dijo la misma voz, asomándose por encima de una pila de libros y papeles que traía consigo.

La persona caminó hacía el escritorio, colocando las cosas sobre éste y luego se giró hacía la confundida Sakura. Para su sorpresa, era una joven de cabellos rubios y largos hasta la mita de su espalda, ojos grandes de color verde, vestida con el mismo uniforme escolar que usaban el resto de las estudiantes de esa academia.

- Me encontraba ordenando algunas cosas. – Agregó la extraña, volteando a verla con una sonrisa en el rostro. A simple vista se veía que era algunos años mayor que ella; puede que se trate de una estudiante de preparatoria.

- No se preocupe. – Le contestó la joven recobrando un poco la calma, y apretando con fuerza sus manos.

- Bonito muñeco. – Mencionó ella girándose hacía la pila de cosas que traía.

Al oírla decir eso, Sakura se acordó de Kero. Al voltear a verlo se dio cuenta de que por la impresión lo había apretado entre sus manos hasta casi ahogarlo.

- Lo siento… - Dijo la joven en voz baja al tiempo que soltaba al guardián. Después de recobrar un poco la calma, se volvió hacía la joven rubia. – Estoy buscando al director...

- ¿Al director? – Preguntó ella volteando a verla por encima de su hombro. – No se encuentra por el momento, pero tal vez yo pueda ayudarte. – La joven le dio la vuelta al escritorio y luego se sentó en la silla detrás de él. Sakura por simple reflejo caminó hacía el frente y se sentó en una de las sillas del frente. – Soy Kanae Othori.

- ¡¿Othori?! – Preguntó sorprendida la joven.

- Sí, así es. – La extraña volteó su mirada hacía su izquierda, mirando el cuadro sobre el librero que solamente unos segundos antes Sakura estaba observando con tanta extrañes. – Mi antepasado fue uno de los principales fundadores de la Academia, hace más de un siglo creo. Fue la primera Academia en Japón con un sistema al estilo occidental, y desde entonces ha estado creciendo.

La joven castaña volteó a ver el cuadro de nuevo. Una vez más su atención se centraba en esa persona tan familiar para ella.

- “¿Ese hombre será el Mago Clow?”

- ¿Te sucede algo? – Le preguntó Kanae al notar una mirada extraña en la joven.

- No, no es nada. – Contestó apresurada.

Sakura sacó de entre sus cosas las dos cartas que había recibido. Tomó aquella que le decía que había sido aceptada y se la entregó a la estudiante, la cual la vio detenidamente por algún tiempo.

- Las clases comenzaron hace más de un mes. – Le dijo por fin sin quitar sus ojos del papel en sus manos.

- Lo sé, pero recibí esta carta hace unos días apenas.

- ¿Enserio?, Eso es muy extraño. – Kanae se veía algo confundida al respecto. Colocó su mano en su barbilla y se quedó pensando por unos instantes. – ¿Habrá sido un error de la administración? Déjame revisar la base de datos.

La joven se giró hacía la computadora en el escritorio y comenzó a teclear en ella rápidamente, mientras se veía como la pantalla cambiaba de diferentes formas. Sakura se quedó unos momentos esperando una respuesta. En sus manos traía a su acompañante, que se quedaba inmóvil para no llamar la atención.

- Las cartas de aceptación se enviaron antes de que acabara el semestre anterior. – Comentaba la joven mientras continuaba ocupada en la máquina. – No sé que pudo haber pasado. – Después de un rato dejó de teclear y centró su atención en el monitor. – Aquí estás, te encuentras registrada en la lista de alumnos.

Kanae se quedó contemplando unos momentos la lista frente a ella con algo de duda en su mirada. Sakura sintió de inmediato que algo raro pasaba.

- ¿Sucede algo?

- No, no pasa nada. – Le contestó ella recobrando la normalidad. – Todo tu expediente está bien, solamente falta de asignarte un dormitorio. Pero fuera de ello todo está en orden. Es extraño. Normalmente si no hay respuesta por parte del aceptado es dado de baja, pero al parecer sigues en lista. Eres una persona con suerte. Si aún deseas integrarte a las clases puedes empezar pero hasta mañana. Por lo pronto si no tienes donde quedarte me puedo encargar de conseguirte alojamiento.

- Gracias, se lo agradecería mucho.

- Muy bien. – Le joven se puso de pie y caminó hacía una puerta que estaba al lado de la puerta del elevador. – Espera aquí, te traeré algunas cosas.

La joven entró en la puerta dejando a Sakura y a Kero solos una vez más. La joven sin pensarlos dos veces dirigió su atención de regreso a la pintura. Aún tenía su mente metida en ese asunto.

- Kero, ¿Ese hombre de ahí es el Mago Clow? – Preguntó por fin la joven para tratar de librarse de dudas. – Se ve algo más joven que cuando lo conocí en el pasado, pero se parece mucho.

- No tengo ninguna duda. – Le contestó el guardián con seriedad. – Ese chico en el retrato es el Mago Clow.

- ¿Por qué no me dijiste que él fue uno de los fundadores de esta Academia?

- Yo no sabía nada de esto.

- ¿Qué?

Kerberos se quedó callado y bajó su mirada como pensando en algo. Kero parecía estar aún más confundido de lo que estaba su ama.

- No recuerdo haber oído hablar de una Academia llamada Othori hasta ahora, y jamás recuerdo que el Mago Clow la haya mencionado. A pesar de eso, el primer recuerdo que tengo de Clow se ve justo como en este cuadro, así que no creo que todo esto haya ocurrido antes de que Yue y yo fuéramos creados, y aún así no tenía motivos para esconderlo.

- ¿Lo habrás olvidado acaso? – Mencionó Sakura alzando la mirada.

La antigua Card Captor recordó en ese momento que no era la primera vez que ocurría algo como eso. Ya hace algo de tiempo Yue y Kerberos habían olvidado cosas de su pasado sin que ellos se hubieran dado cuenta, como el lugar en que se encontraba la casa del Mago Clow o detalles más de su vida con él. En ese momento Sakura pensó que había sido causa de Eriol, pero en estos momentos estaba teniendo sus dudas. ¿Podría ser éste otro detalle de la antigua vida de Kero que el Mago Clow no quería que recordara?

- Pero esas otras dos personas... – Kero volvió a alzar su mirada hacía el cuadro. Sin embargo, en esta ocasión centró su atención en las otras dos personas que ahí se encontraban, en esa joven y en el otro hombre. – yo... creo que...

De pronto, antes de que Kero pudiera pensar o decir algo más, otra cosa en la habitación llama la atención de ambos. Es una canción que sonaba algo baja pero que ellos pudieran oír bien. Sakura algo confundida comenzó a voltear a todos lado tratando de buscar el origen de esa música. De pronto, su atención se centra en el causante de su impresión: sobre uno de los muebles, rodeado a los lados por un par de figurillas, se encontraba un pequeño radio, largo de color dorado, con una apariencia algo antigua. Al frente tenía con números rojos la hora del día que era. De pronto, la canción ceso y en su lugar quedaron las voces de unas personas.

- ‘¿Qué será?, ¿Qué será?, ¿Qué será lo que pasará?’ – Escuchó de pronto que las voces de dos jóvenes decían al mismo tiempo.

- ¿Qué? – Preguntaron extrañados ambos, clavando su mirada en la radio.

- ‘Para todos nuestros readioescuhas, en estos momentos están sintonizando la Radio Sombra de nuestra Academia, aquí con sus amigas A-Ko y B-Ko.’

- ‘Hola a todos.’

- ‘Y dime, ¿Has escuchado la nueva nueva que se cuenta en el jardín?’

- ‘¿Si he escuchado la nueva nueva que se cuenta en el jardín?’

- ‘Sí, si has escuchado la nueva nueva que se cuenta en el jardín.’

- ‘Creo que no he escuchado la nueva nueva que se cuenta en el jardín.’

- ‘¡Ah!, Pues parece que una nueva Rosa Blanca acaba de florecer en el lugar.’

- ‘¡¿Es verdad?!, ¡¿Es verdad?!’

Las dos parecían conversar entre ellas al mismo tiempo que informaban a quienes los escucharan. Sakura no entendía muy bien que pasaba, pero aún así se quedó escuchando.

- ‘Y la hermosa Rosa Blanca está confundida por el aroma de las rosas.’

- ‘¿Una rosa confundida con el aroma de las rosas?’

- ‘¡Qué insólito!, ¿No?’

- ‘Tendremos que tener a esta rosa confundida como invitada algún día.’

- ‘¿Qué será?, ¿Qué será?, ¿Qué será lo que pasará?’

En ese momento, las cortinas rojas del cuarto fueron movidas hacía adelante por una fuerte ráfaga de aire que entró por ella, moviendo a su vez varios papeles y libros que se encontraban sobre el escritorio. Sakura se cubrió un poco de los papeles que volaban. El viento se detuvo tan rápido como empezó. La joven bajó lentamente sus brazos, centrando su mirada hacía el frente.

- ¡¿Qué rayos fue eso?! – Preguntó extrañado Kero, pero su ama parecía no escucharlo.

Sakura tenía su atención puesta en la ventana, ya que debido al viento que acababa de entrar las cortinas se había corrido como por arte de magia. Sakura comenzó a caminar hacía ella lentamente, hasta estar justo delante de la ventana. Del otro lado, a lo lejos en el campus, se veía una forma algo singular. Parecía una especie de cúpula formada por las verdes copas de varios árboles, que a su vez estaban rodeados por una barda blanca. Era como un pedazo del bosque que rodea a la Academia rodeado por todos los edificios del lugar. Desde la oficina del director ese sitio se veía en línea recta.

La joven se le quedó contemplando por unos momentos sin saber muy bien que era lo que miraba. Aún así, había algo en ese extraño lugar que parecía llamarla…

- Ya estoy aquí. – Dijo de pronto Kanae entrando de nuevo a la Oficina con algunas cosas en la mano. Sakura volteó a verla por encima de su hombro. La joven miró casi asustada todos los papeles tirados en el suelo. – ¿Qué pasó aquí?

- Entro algo de viento por la ventana. – Contestó Sakura algo nerviosa.

- ¿Viento?, no puede ser. – Kanae colocó las cosas sobre el escritorio y se agachó para comenzar a rejuntar. Sin embargo, antes de empezar, alzó su vista y se dio cuenta de que Sakura estaba frente a la ventana. – ¿Estás viendo el bosque?

- ¿Un bosque?

- Así le decimos. – Comentó mientras empezaba a juntar todo. – Aunque bueno más bien es una fracción del bosque que existía en este lugar antes de que la Academia se construyera. Cuando la Academia se comenzó, los fundadores especificaron que esa parte en especial no se debería de tocar para nada, y ha perdurado así hasta ahora. Suena algo romántico ir hasta haya, pero nunca he estado en ese sitio, pues está prohibido para los alumnos.

La castaña se iba a poner a ayudarla a levantar las cosas. Sin embargo, antes de hacerlo, volvió su atención de nuevo al “Bosque” que estaba frente a ella. Aún sentía algo muy extraño al verlo…

 

Casi al mismo tiempo, las puertas de otro elevador se abren de par en par en cuanto éste llega a su destino. Del otro lado de las que casi parecen rejas, se ve el arco de una puerta alta, que tiene en la cima un hermoso vitral con la forma de una rosa, por donde pasan algunos de los rayos de la mañana. La puerta lleva hasta un amplio balcón que se encuentra del otro lado de la Torre de la Rectoría, dándole la espalda a la puerta principal de la Academia. En medio del balcón, se encuentra una mesa de centro de color blanco, con cinco sillas alrededor, de las cuales sólo dos estaban ocupadas por dos personas.

Uno era una joven, de unos 15 años de edad, delgada, de cabello en un singular tono naranja claro, de largo hasta la altura de sus hombros, de ojos grandes y verdes; vestía un saco blanco de mangas largas y cuellos alto, y unos pantalones anaranjados, diferente al uniforme habitual de la escuela. El otro era un chico más joven, delgado con cabello azuloso y corto, de ojos del mismo color; traía casi el mismo traje que la joven, sólo que con pantalones azules.

Ambos se encontraban sentados a lados opuestos de la mesa, dándose la espalda el uno al otro. El joven traía en sus rodillas un cuaderno de apuntes en el que escribía algunas cosas con la mano derecha y en la mano izquierda sostenía un cronometro. Los dos parecían esperar algo o a alguien.

- ¿No es muy temprano para reunirse? – Preguntó la joven de cabello anaranjado, rompiendo esta manera el silencio entre los dos. En ese momento, se ve como el chico toma su cronometro y lo detiene aplastando uno de los botones.

- Se dice que se trata de algo importante. – Contestó el joven peliazul sin dejar de escribir en su cuaderno. – En la escuela, ya se comenzaron a surcar los rumores…

- ¿Rumores? – Preguntó la joven, inclinando un poco la cabeza hacía su derecha.

En ese momento, vemos como algo cae justo en el centro de la mesa en un abrir y cerrar de ojos, aunque a los dos jóvenes nos le llama para nada la atención. Era un sobre, de color blanco, sellado de la misma manera que la carta que le había llegado a Sakura en aquella ocasión; de hecho, era prácticamente igual.

- Rumores surcados por el viento. – Se escuchó de pronto que una voz les decía desde el umbral.

Poco a poco se escuchó como unos pasos se acercaban al balcón, saliendo de las sombras para ser alumbrado por la luz. Frente a ellos, surgió la figura de Touga Kiryuu, el chico que acababa de ayudar a Sakura. Ahora se veía que él también vestía como el resto, sólo que con pantalones blancos. El joven caminó hasta colocarse frente a la mesa; los otros permanecieron en su misma posición.

- ¿Dónde está Sainoji? – Le preguntó la joven, volteando a verlo de reojo.

- Parece que aún sigue dormido. – Contestó el pelirrojo con algo de burla.

- Perderá el primer periodo. – Agregó el chico de azul.

Touga se dio media vuelta y se recargó delicadamente en la mesa. Al mismo tiempo, metía su mano en el bolsillo de su chaqueta, sacando de aquí un teléfono celular de color negro. Tomó el celular y lo colocó sobre la carta. Luego, alzó su mirada un poco. Desde su posición, podía ver con claridad el vitral en forma de rosa. Parecía brillar con la luz del sol.

- Acabo de ver a la persona que esperábamos. – Les comentó el chico sin desviar la mirada.

- ¿Te refieres a la nueva Rosa Blanca? – Le preguntó el joven de cabello corto con tranquilidad.

- ¿Estás seguro? – Agregó la joven de la misma manera. – ¿Él ya lo sabe?

- Yo creo que sí. – Contestó Touga mirándola por unos momentos y luego regresando su atención al mismo lugar. – Pero lo que preocupa es que “Ellos” ya lo sepan.

- ¿Y cómo es ella?

- Es muy singular. Me parece la clase de persona que creería en los cuentos de hadas…

- Los cuentos de hadas pueden hacerse realidad. – Comentó el chico, siguiendo aún con su trabajo.

- Sobre todo… si las hadas son en realidad insectos… - Agregó por último la joven de naranja, y después de eso los tres se quedaron el silencio…

- Qué profundo…

 

El ascensor vuelve a sonar al mismo tiempo que la rosa sobre ella brilla como un foco. En esta ocasión ocurre porque había llegado hasta la planta baja. Las puertas se abren y la figura de la joven castaña aparece de nuevo del otro lado. Después de estar en la oficina del director, Sakura había vuelto a lo que parecía ser el recibidor de la Torre de la Rectoría. Era un lugar amplio y que seguía la forma de la torre, con varios caminos y escaleras a los lados, y unos pisos arriba tenía varios vitrales de colores por donde entraba la luz del sol. Los alumnos y alumnas caminaban de un lugar a otro hacia sus respectivos destinos.

Sin embargo, lo más llamativo de ese sitio se encontraba en el centro. Era una fuente de agua, grande y de forma circular, en cuyo piso tenía dibujada la figura de una rosa, que era como el símbolo de la escuela. Con el agua sobre ella, le daba un hermoso efecto a la rosa. Sakura caminó con la cabeza baja hacía la fuente. Sobre el borde colocó las cosas que Kanae le acababa de dar y a lado en el suelo recargó su maleta. Como tratando de descansar, se sentó en el borde a lado de las cosas y bajó la mirada hacía el agua. Aunque parecía muy cristalina, Sakura era capaz de ver su reflejo en ella, algo enturbiado por el agua que seguía cayendo.

- Qué escuela más extraña. – Se decía así misma, mientras contemplaba su reflejo.

Desde que llegó, todo en ese lugar le parecía raro, totalmente diferente a lo que ella conocía. Prácticamente parecía como si hubiera llegado a “Otro Mundo”. Sumida en sus pensamientos, no despegó su mirada del agua ni un sólo momento. Viéndose en la fuente, se daba cuenta por primera vez en mucho tiempo de lo mucho que había cambiado físicamente, y no sólo por el largo de su cabello o cositas como esa. Aunque ahora se veía más grande, por dentro seguía siendo casi la misma persona.

En ese instante, algo hizo que Sakura recobrara su atención hacía el mundo exterior y no al de su cabeza. Era eso otra vez, eso que la seguía desde hace días: el olor a rosas. Lo sintió una vez más cerca de ella, tan cerca como en aquella ocasión. Rápidamente la joven alzó su mirada hacía el frente. El agua de la fuente salía de la columna principal y caía en forma de cascada. A través del agua que caía, Sakura nota una silueta, que se veía algo borrosa, pero de inmediato identificó que era una persona.

Sakura se quedó totalmente callada, teniendo su mirada puesta al frente. Sentada del otro lado de la fuente, se encontraba otra persona que ella no había visto cuando se sentó. Era una joven, vestía con el mismo uniforme de chaqueta negra y falda verde que traían todas las alumnas. Tenía cabello castaño claro, largo hasta su cintura; piel blanca y unos ojos grandes y castaños claros. La joven tenía en su mano derecha lo que parecía ser una rosa de pétalos blancos, misma que sostenía cerca de su pecho. Al igual que ella, se encontraba sentada, viendo su reflejo en el agua.

Extrañada, Sakura miraba la sonrisa que ella tenía en su rostro, una sonrisa despreocupada, tranquila y clara, así como una mirada calmada pero profunda. Ella no sabía porque se le quedaba viendo, pero había algo en ella que simplemente le llamaba demasiado la atención; ¿vendrá de ella el aroma a rosas? Mientras Sakura pensaba sin quitarle los ojos de encima, en un momento la extraña alzó su mirada hacía ella. La chica de Tomoeda sintió con fuerza esa mirada en ella, tanto que sintió como sus cabellos se levantaban.

La extraña se le quedó viendo fijamente sin cambiar su expresión. Por unos segundos ambas se vieron la una a la otra, sin decir ni una sola palabra. Aunque Sakura hubiera querido decir algo, no tenía la voz en ese momento para decirlo. De pronto, vio como la joven bajaba su mano, hasta colocar en el agua la rosa de pétalos blancos.

La rosa fue arrastrada por la corriente, y casi como magia, se fue acercando poco a poco hacía la joven de ojos verdes. Sakura desvió su atención en ese momento hacía la rosa, siguiéndola con la vista hasta que ésta se encontraba justo frente a ella. Algo tímida, acercó su mano izquierda, en donde traía su sortija, tomándola y sacándola del agua. Sakura alzó la rosa, acercándola a su rostro. Las pequeñas gotas de agua en los pétalos la hacían brillar con una gran hermosura.

- “¡¿Una Rosa Blanca?!” – Pensó algo extrañada mientras veía la flor.

Después de unos segundos de parecer estar hipnotizada por esa rosa, Sakura reaccionó, alzando la mirada de nuevo al frente. La joven ya se había puesto de pie desde hace rato, y se veía como se alejaba poco apoco.

- ¡Oye!, ¡Espera! – Le gritó Sakura mientras trataba de darle la vuelta a la fuente para alcanzarla.

En ese momento recordó que una vez más había olvidado su maleta. Sin perder tiempo se giró de nuevo hacía el sitió en donde estaba sentada y corrió hacía su equipaje, tomándolo de la manija. Sin embargo, cuando se volvió a voltear al frente para seguirla, la joven ya había desaparecido por completo de su vista, aparentemente mezclada entre toda la multitud de estudiantes.

Sakura se quedó unos momentos de pie, muy pensativa mirando en la misma dirección. Después de un rato miró de nuevo la rosa que tenía en sus manos. Varias de las gotas de agua ya se habían caído debido a sus movimientos tan bruscos.

        - Me pregunto quién era. – Se dijo así misma sin quitar la atención de la flor.

 FIN DEL CAPITULO 2

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Sakura: No entiendo nada, ¿Quiénes son estos sujetos?, ¿Porqué él trata tan mal a su novia?... ¿Cómo?, ¿Un duelo en la Arena del Bosque?

Sainoji: Si tanto te interesa el bien de la Prometida de la Rosa, demuéstralo en un Duelo.

Kotori: Yo le poseeré a aquel que sea el campeón de los Duelos del Sello de la Rosa.

Sakura: ¡¿Cómo fue que me metí en esto?!

Sainoji: ¡Ya no hay vuelta atrás!, ¡O pierdes o mueres!

Sakura: No se pierdan el próximo capitulo de “La Rosa Blanca”… ¡El Mundo yo voy a Cambiar!

= Capitulo 3: La Doncella =

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*En la serie original Touga esta en 11º Grado (2º Año de Preparatoria), pero en esta historia Touga, Sainoji y Jury están en 9º Grado (3º Año de Secundaria). Recuerden que en el caso de esta serie esto sería como un UA. Las edades de los personajes de Utena variarán a los que tienen en la serie original. En otras palabras, la mayoría será algo más joven que en la serie, con la excepción de Mikki y Nanami que seguirán estando en 7º (1º Año de Secundaria) y otros más. Las especificaciones de los grados se harán a lo largo de los capítulos.


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Card Captor Sakura © CLAMP, Editorial Kodansha, Estudio Madhouse.
X/1999 © CLAMP, Editorial Kadokawa Shoten, Estudio Madhouse
Shoujo Kakumei Utena © Chiho Saito & Be-PaPas, Editorial Shogakukan, Estudio J.C. Staff