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Hace mucho tiempo, más específicamente en un día caluroso de su noveno verano de vida, se encontraba sentada en una de las mesas del jardín, ubicadas cerca de la Parte Nueva. Estaba en aquel momento comiendo un delicioso helado de vainilla con jarabe de chocolate encima, en parte para combatir el calor, y en parte por el simple hecho de que le gustaba mucho. No hacía nada más en especial, sólo estar ahí sentada, comiendo, viendo hacia su querido Jardín Soleado, y disfrutando de sus vacaciones de verano como cualquier niña de tercero de primaria. Fue en ese momento en el que su hermano gemelo se le acercó y se sentó en la silla contraria a la de ella, y colocó rápidamente en el centro de la mesa varias páginas de papel blancas con símbolos escritos en ellas con tinta negra a mano. Supo de inmediato qué eran, y no se tenía tampoco que ser un experto en el tema para saberlo: eran partituras de música.
Kozue Kaoru parpadeó confundida al ver esto, sin entender que era lo que le pasaba a su hermano. Sin embargo, éste comenzó de inmediato a explicarle una idea que le había surgido el día anterior, y que ahora venía a compartírsela a ella a forma de propuesta. La niña de ojos grandes y azules, no estaba muy segura de haber escuchado bien lo que su hermano le estaba proponiendo.
- ¿Componer una melodía? – Preguntó no muy convencida, mientras tomaba un bocado de su helado con su cuchara y se lo metía a la boca. – ¿No crees que aún nos falta mucho para eso, Mikki?
- No, no lo creo. – Contestó firme el muchacho de cabellos cortos; se le veía gran decisión en los ojos. – Yo creo que ya estamos más que listos. No es tan difícil como parece, mira. – Mikki tomó una de las partituras que había traído y se le enseñó. – Estuve escribiendo estas ayer, pero algo les falta, y yo sé que si lo hacemos juntos podemos hacer una gran pieza. ¿Qué dices?
Kozue suspiró un poco y comenzó a jugar con su cuchara, viendo hacia el cielo. No estaba tan convencida como su hermano. Aún eran muy jóvenes, y aunque ya eran capaces de tocar una gran variedad de piezas, componer era otra cosa totalmente diferente. Además, sonaba a mucho trabajo para sus vacaciones de verano.
- No lo sé, Mikki. – Respondió. – ¿Y si nos sale mal?
- Eso no pasará si lo hacemos juntos. – Repitió el chico mientras sonreía ampliamente. – Tú eres mi brillo, y contigo soy capaz de hacer lo que sea.
Su brillo, así era como Mikki la llamaba. No estaba segura de cómo había surgido ese sobrenombre exactamente; tal vez algún comentario de su madre en alguna ocasión, no lo sabía. Pero por alguna razón, Mikki se lo tomaba muy enserio. Siempre decía que ella era lo que lo hacía brillar, que con ella podía hacer todo mejor, más rápido, más preciso. Era eso, o tal vez era su manera de siempre convencerla para hacer lo que él quisiera.
Kozue sonrió levemente, mirando fijamente su helado, notado como algo de chocolate se deslizaba lentamente por la parte que ella había quitado en su último bocado.
- Así que sigo siendo tu brillo. – Comentó en voz baja sin quitar sus ojos de su postre. – O al menos lo seré hasta que te consigas una novia, ¿no? Entonces ella será tu “brillo”.
Mikki parpadeó confundido sin entender esas palabras. Pocos niños de nueve años piensan en novias, muy diferente a las niñas que parecen siempre estar diez años adelante de los niños, en especial una tan adelantada y prodiga como ella.
- ¿A qué viene eso? – Preguntó sin entenderla.
- No, por nada. – Negó la joven de cabellos azules, y entonces tomó las partituras de su hermano, les dio una rápida revisada, y luego alzó de nuevo su rostro hacia él, sonriéndole ampliamente. – Está bien. Compongamos esta melodía juntos, hermanito...
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Capitulo 29: Nuesto Jardín Soleado
¿Por qué recordar ese momento ahora? En aquel entonces había accedido a eso sólo por complacer el capricho que le había entrado a Mikki. El Jardín Soleado nunca significó nada para ella, por lo menos no tanto como lo fue y es para él. Nunca se hubiera esperado crear una melodía que realmente le llegara a la gente, que gustara, ni siquiera esperaba hacer algo que sonara bien. Pero lo habían hecho; habían hecho una hermosa melodía teniendo nueve años de edad, y que si bien no era la más complicada del mundo, de hecho era relativamente sencilla, ni tampoco muy larga ni compleja, sí había sido una melodía “bonita” que de alguna manera, todo aquel que la escuchaba sentía una calidez en su pecho, la hacía recordar sus cosas más felices, y se dibujaba una sonrisa en sus labios. Todo aquel que la escuchaba, menos ella.
Kozue nunca había sentido lo mismo que los demás, jamás entendió que era lo que tenía de especial el Jardín Soleado. Era una melodía boba, sin la menor gracia, que cualquier idiota podría aprender y tocar sin problema, y la prueba más clara de ello era el hecho de que su hermano se la había enseñado a prácticamente cada persona en Othori que supiera tocar el piano, e incluso a algunos que no. Había sido compuesta por niños de nueve años, y aún así los adultos le aplaudían. No tenía partes rápidas, ni siquiera era muy larga, no se le podían hacer muchos arreglos, era simplemente una melodía para piano común y corriente, más corriente que común. ¿Por qué tanto escándalo? ¿Qué era lo que la hacía tan especial? No tenía el menor sentido.
Recordaba vívidamente la primera vez que la tocaron: fue en una reunión familiar, a la que incluso fueron los líderes del Clan al que le servían. Mikki estaba muy emocionado y contento de al fin mostrar su composición, pero ella se sentía realmente incomoda. Estaba segura que a nadie le iba a gustar de lo sencilla, y hasta cursi que era. Cuando mucho les aplaudirían con el mismo pensamiento en sus mentes: “muy lindo para ser niños de nueve años”. La vergüenza era demasiada, y no tenía nada que ver con los nervios; ya habían dado muchos recitales antes de ese, pero nunca uno en el que tocaran una melodía hecha por ellos. Pensó muchas veces en decirle a su hermano que desistieran de tocar el Jardín Soleado en esa ocasión, pero su rostro de alegría y emoción la hacían olvidar esa idea.
Tocaron el Jardín Soleado, su versión original a dueto, de una manera perfecta, ninguno cometió un sólo error. Y, en contra de cualquier pronóstico por parte de Kozue, la pieza terminó seguida de un fuerte estruendo de aplausos; incluso algunas personas se pusieron de pie en ese momento. Kozue estaba atónita, no podía creerlo. Veía sus rostros, y se veía claramente que no aplaudían sólo para hacerlos sentir bien: realmente les había gustado el Jardín Soleado. La gente se les acercó a felicitarlos durante toda esa noche, incluso la cabecilla actual de su clan superior los felicitó con entusiasmo. Las palabras de aliento los inundaron de ahí en adelante. Mikki se llenaba de orgullo, y Kozue sólo podía pensar: “¿Por qué?”.
Kozue se obsesionó con el Jardín Soleado luego de aquel día, y no porque le haya gustado como su hermano y los otros lo pensaron: quería entender qué tenía de especial. La tocaba una y otra vez, la grabó, la escuchó mil veces, intentó hacerle algunas variantes, llegó a componer también una versión a solo, esperando que el efecto fuera menor o que a la gente no le gustara, pero era lo mismo: a la gente le encantaba cualquiera de la versiones. Nada tenía sentido. ¿Era acaso cosa de magia? ¿Esa canción era algún tipo de hechizo que a ella no le afectaba? ¿O tal vez realmente había un brillo involucrado? Tal vez, lo que Mikki le había dicho durante todo ese tiempo era cierto, tal vez realmente había algo especial en lo que ambos hacían juntos, tal vez en verdad había un brillo, un brillo especial que provocaba que cuando hicieran algo juntos, simplemente fuera perfecto. Entonces, ¿qué tal si todo lo que había hecho en su vida hasta ese momento era lo mismo? La música, la esgrima, la magia, ¿qué tal si todos esos logros y premios que había obtenido los había obtenido sólo porque estaba con Mikki? ¿Qué tal si realmente no era una prodigio como todo el mundo decía? Tal vez, sin su hermano, no era nada. ¿Qué pasaría con ella cuando Mikki se consiguiera una novia o se fuera lejos? ¿No podría volver a hacer nada de eso? ¿Caería de ser una persona con un futuro prometedor a ser nada? ¿Ese era su destino?
Eso fue lo que el Jardín Soleado significo para ella: una especie de señal para indicarle que no era nada. Esos pensamientos inundaron la mente de Kozue en los años siguientes. Poco a poco toda su familia comenzó a notar como su actitud, su personalidad, su manera de tratar la gente y así misma cambiaron de golpe; Mikki fue el más consciente de ello. Frecuentemente Kozue prefería hacer las cosas ella sola, se presionaba de más, y se frustraba al no poder lograr algo. Se volvió malhumorada, sarcástica, parecía que siempre se estaba burlando de ti o provocarte para hacerte enojar; era casi como su forma de auto defenderse. Surgió una fuerte rivalidad entre ella y su hermano que Mikki nunca fue capaz de comprender. Su relación se fue fragmentando, hasta que al final, pasó de ser la chica dulce y amable que Mikki conocía, a ser quien era ahora.
Cuatro años después de haber tocado el Jardín Soleado por primera vez, ahí estaba ahora, sentada a oscuras en la sala del Conmemorativo Nemuro, frente al piano negro que ahí estaba, simplemente mirando las teclas blancas y negras de un lado a otro con la luz de la luna que entraba por las puertas del jardín. Ya estaba arreglada, bañada, con su traje limpio y planchado, e incluso su espada ropera la esperaba sobre el piano para ser tomada. Sin embargo, aún no se iba a su Duelo. Seguía pensando insistentemente en lo que acababa de ver unas horas atrás: Mikki tocando el Jardín Soleado original, junto con Kotori Monou, la Doncella de Blanco. Eso la había hecho explotar de rabia, hasta incluso estar cerca de matar a la castaña si Mikki no la hubiera detenido.
¿Qué le molestó realmente? ¿Qué esa tipa tocara su canción? ¿Celos de que su hermano la tocara con alguien más? Posiblemente el Jardín Soleado si se significaba algo para ella, o… lo que realmente le molestaba, era que el ver a Kotori y Mikki tocando de manera tan perfecta el Jardín Soleado, significaba que Mikki ya tenía otro brillo, un brillo que la podía remplazar… ¿Y ella?, ¿qué pasaría con ella? ¿Eso significaba que perdería para siempre su brillo? Ya no sabía si sentirse enojada o triste, y si iba con la mente en ese estado a un Duelo, no duraría ni cinco minutos. Necesitaba tranquilizarse, pero por más que lo intentaba su cabeza no se aclaraba.
Escuchó en ese momento que la puerta de la sala se abría, haciendo que se sobresaltara un poco asustada. Pensaba que era la única en casa, pues todos de seguro ya se habían ido, pero tal parecía que no era así. Pensó que tal vez se trataba de Mamiya, pero se equivocó.
- ¿Joven Kozue? – Pronuncio la reconocible Doncella de Negro, mirándola confundida desde la puerta. En su hombro, iba acompañada por el pequeño ser de color marrón llamado Ko-Ko. – ¿Qué hace aquí?
- Ah, Hokuto. – Pronunció aparentemente algo nerviosa, mientras con delicadeza cerraba la tapa de las teclas del piano. – Sólo… No, no hacía nada en especial.
- Ko… Estaba tocando el piano… Ko… - Comentó con energía el pequeño ser en el hombro de Hokuto.
- ¡Claro que no! – Exclamó con fuerza la peliazul, mirando a otro lado apenada. De hecho no había tocado ni una sola nota, aunque se había sentido tentada.
La chica de cabellos negros rió divertida y se le acercó con cuidado al piano, apoyándose en él con ambas manos y mirando fijamente a la maga de viento con cierta curiosidad.
- ¿No tenía un Duelo esta noche? – Comentó la Doncella de Negro. – La señorita Shiori y los otros se fueron hace más de una hora.
Kozue echó un vistazo rápido y discreto al reloj antiguo que Mikage tenía en la sala; eran un poco más de las ocho, y se suponía que el duelo era a las siete; todos deberían de seguro estar muy molestos para entonces. ¿Estaba lista para ir? No se encontraba del todo segura, pero no podía postergarlo por mucho más.
- ¿Y tú por qué no fuiste? – Preguntó luego de un rato sin quitar sus ojos del reloj.
- Me hubiera encantado ir. – Le contestó briosa, sonriendo ampliamente. – Hace tanto tiempo que no voy a ese sitio, que me pregunto si esa vieja arena seguirá de pie. Pero lamentablemente una Doncella sólo puede entrar al Bosque Prohibido si es para acompañar a su Príncipe a un Duelo. Como la señorita Shiori sólo iba de espectadora, me tuve que quedar.
Al decir el último comentario se encogió de hombros y negó con su cabeza hacia un lado y hacia el otro con desgano.
- Ko… resignación… Ko… - Exclamó Ko-Ko con rapidez, revoloteando alrededor de Hokuto.
La maga de Kyoto no conocía esa regla, pero en cierta forma sonaba un poco lógica. Qué extraña era la vida de las Prometidas de la Rosa, ¿toda su vida era controlada por reglas? ¿Reglas de quién exactamente? Kozue se le quedó viendo fijamente por un rato de pronto, como si la estuviera analizando. Hokuto al principio no le dio mucha importancia, pero luego pareció incomodarse un poco. Hokuto era la Doncella de Negro, así como esa otra chica era la Doncella de Blanco… ¿Qué tipo de relación existía entre ambas? ¿Qué eran realmente? ¿Eran humanas?, ¿seres mágicos? ¿o algo diferente?
- ¿Ocurre algo, Kozue-dono? – Le preguntó la chica de cabellos negros, sin entender porque la veía de esa forma.
- ¿Tocas el piano, Hokuto? – Fue lo primero que salió de los labios de Kozue.
Hokuto parpadeó confundida mientras se señalaba con su dedo índice.
- ¿Yo? ¡No!, no, claro que no. – Contestó apresurada, agitando sus manos frente a ella. – Definitivamente no es lo mío. Pero, ¿por qué lo pregunta?
¿Por qué lo preguntaba? No estaba segura, simplemente se le había ocurrido hacerlo. Posiblemente era porque acababa de ver a la Doncella de Blanco tocar el piano, y por ello se le había ocurrido. Había algo singular en Hokuto esa noche, o tal vez no específicamente esa noche, sino algo que no había visto antes. La miraba hacia arriba y hacia abajo con insistencia, desde su cabeza hasta la punta de los pies. Era raro lo que pasaba por su mente en ese momento. ¿Sería la oscuridad de la habitación?, ¿el hecho de que estuviera pensando tanto en aquel asunto tal vez? Fuera lo que fuera, la tenía ciertamente fascinada.
- Por nada. – Murmuró luego de un largo rato de no decir nada, sólo observarla. – Es extraño, pero no había notado que con tu cabello corto con ese peinado, la forma de tu cara, y tu complexión delgada... te pareces un poco a…
Kozue guardó silencio de golpe al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, y de inmediato rechazó dicha idea. Agitó su cabeza como señal de querer despabilarse de esas ideas, chocó sus manos contra sus mejillas y se puso de pie de un salto.
- No importa, olvida lo que dije. – Exclamó apresurada, tomando su espada de encima del piano y comenzando a colocársela, sujetando la cinta de cuero a su cinturón con fuerza. – Creo que ya es hora de irme. No puede haber duelo sin mí.
Más animada, al menos por afuera, y con su arma en posición, se dirigió hacia la puerta, seguida por las vistas tanto de la Doncella de Negro como de su ser mágico amigo.
- Buena suerte, Kozue-dono. – Exclamó Hokuto con alegría, alzando su puño izquierdo en señal de apoyo.
- Ko…. Péguele duro… Ko… - Agregó Ko-Ko, volando a espaldas de ella.
Kozue rió un poco al oírlos, pero no los volteó a ver. Se paró unos segundos en el marco de la puerta, mirando al frente de manera pensativa. Luego, sonrió levemente, más para sí misma que para ellos.
- Gracias… - Susurró en voz baja. – Mikki…
Hokuto le pareció escuchar claramente como pronunciaba el nombre de su hermano, justo antes de salir por completo de la sala y alejarse por el pasillo. Lo que Kozue había querido señalar unos segundos antes, era el parecido entre Hokuto, y su hermano gemelo, Mikki.
Y el tiempo pasó, muy lento para algunos, muy rápido para otros. Pasó más de una hora, una hora y media exactamente, y el esperado primer Duelo entre una Rosa Blanca y una Rosa Negra, el duelo entre Kinomoto Sakura y Kaoru Kozue… Aún no comenzaba. Y aún no comenzaba por el simple hecho de que uno de los dos duelistas no se había presentado todavía. El Príncipe de Blanco, vestida ya con su atuendo y su rosa, lista para la acción por así decirlo, se encontraba ya en esos momentos sentada en el suelo de la arena, viendo con aburrimiento hacia la puerta de la góndola, esperando a que su retadora se apareciera o al menos se confirmara que podía ganar pro ausencia o algo así. Un largo bostezo surgió de su boca mientras Kotori, de rodillas detrás de ella, parecía estarle peinando su cabello con singular alegría, aparentemente más para pasar el tiempo que otra cosa. Ella también ya vestía su vestido blanco y largo.
- Ya se tardó un poco, ¿no crees? – Comentó con aburrimiento la ojos verdes.
- Tal vez hay mucho tráfico a esta hora. – Contestó la Doncella de Blanco acompañada de una risita ligera.
El humor de los demás duelistas, todos ya reunidos en sus respectivos balcones de la Torre del campanario, no era mucho mejor que el de Sakura. Todos parecían igualmente impacientes, aburridos, y sobre todo molestos por la notoria tardanza de la Rosa Negra.
- Ya son las ocho y media. – Comentó Juri molesta, revisando su reloj de muñeca. – ¿No se supone que esto era a las siete?
- Lo lamento, Kozue no puede comportarse seria, ni siquiera para las cosas importantes. – Se disculpó Mikki con seriedad; siendo su hermana, la responsabilidad de disculparse tenía que recaer sobre él.
El ambiente en el balcón de las Rosas Blancas se sentía tenso. Sainoji estaba sentado hasta atrás, recargado en la pared con los brazos cruzados; no había dicho nada en un buen rato, por lo que era posible que se hubiera quedado dormido. Mikki estaba de pie frente a la barda del balcón, mirando fijamente hacia la Arena; había estado ahí desde que llegaron. Touga también estaba sentado en el piso, aparentemente cansado de estar esperando, con su cabeza apoyada en la barda y mirando al cielo, o al menos a lo que ahí dentro parecía ser el cielo; en esos momentos sólo pensaba en la buena idea que sería traerse unas sillas u una mesa para ese balcón. Li, por su parte, se encontraba apoyada en la pared con los brazos cruzados, mirando también a la Arena con insistencia; tampoco había dicho mucho en un buen rato.
Juri era aparentemente la más estresada, y se podría decir que estaba molesta. Se encontraba parada a lado de Mikki, mirando con insistencia en todas direcciones. Consideró varias veces el irse y no estar perdiendo el tiempo en ese lugar, pero en verdad tenía curiosidad de ver ese duelo. Luego de un rato el silencio pareció hartarse.
- Aprovechemos este tiempo muerto para ponernos al corriente. – Comentó con fuerza de pronto, llamando la atención de todos, incluyendo a Sainoji; tal vez incluso podría haberlo despertado. – ¿Cómo es que todos ya conocieron a la Última Rosa menos yo? ¿Cuándo lo conocieron?, ¿y qué fue ese comentario que hizo Mikage del chico Tsuwabuki?
Li guardó silencio y miró a otro lado, aparentemente con algo de vergüenza; no le era del todo un orgullo lo que había hecho que Touga y Sainoji hicieran.
- Bueno, yo la verdad lo conocí apenas esta mañana en el kiosco del piano. – Le contestó Mikki, quien al igual que ella desconocía lo que había ocurrido la noche anterior. – Pero no sé cuando Touga y Sainoji lo conocieron.
Tanto Mikki como Juri voltearon a ver a los dos chicos sentados esperando alguna respuesta de su parte. Pero Touga no dijo nada, ni siquiera reaccionó. Seguía ahí sentado en la misma posición sin moverse siquiera; le daba un poco de gracia la situación.
- Fuimos juntos a cenar anoche y a jugar póker, ¿no te lo dije? – Escucharon como Sainoji comentaba con indiferencia mientras se ponía de pie y se limpiaba su traje. Su respuesta no agradó a la Capitana del club de Esgrima.
- Muy gracioso. – Murmuró con molestia y luego se giró de golpe hacia Shaoran, clavándole su mirada dura y fría. – ¿Hablas de confianza y de que trabajemos como un equipo y nos ocultas cosas? Valiente líder.
Li se sobresaltó un poco al oírla decirle eso. Miró de reojo a otro lado sin saber cómo contestarle, pero justo antes de que pudiera pensar siquiera en algo, Juri caminó hacia el lado contrario del balcón, alejándose de todos y sentándose en el suelo y abrazando sus piernas contra sí, con un notorio enojo, tanto en su rostro como en sus propios actos.
El castaño suspiró un poco y volteó a ver de nuevo a la Arena. Ella tenía razón, debía de decirle a Juri y Mikki y lo que hizo, pero de seguro ellos no lo verían para nada con buenos ojos, en especial el Mago de Viento. Pero luego se preocuparía de eso; había cosas más importantes de las cuales pensar, y no precisamente ese duelo que aún no comenzaba.
- Oye, ¿te ocurre algo? – Escuchó como Touga le hablaba mientras también se paraba. – No tomes enserio a Juri; ya conoces su temperamento.
Juri volteó a verlo de reojo con molestia al oír ese comentario.
- No es eso. – Respondió Li en voz baja a su vez. – Me preocupa un poco el efecto que Mikage tuvo en Sakura hace un rato…
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Inconscientemente, la ojos verdes comenzó a retroceder, subiendo los escalones de espaldas, sin quitar sus ojos de Mikage, hasta llegar al final y luego retroceder rápidamente sin en el menor cuidado, prácticamente obligando a que Touga y los otros se apartaran de su camino, hasta que pegara su espalda a la puerta del Bosque Prohibido, casi aferrándose a ella mientras inhalaba y exhalaba con fuerza. Su rostro se encontraba totalmente pálido y lleno de miedo, con la mirada perdida al frente…
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- ¿Efecto? – Comentó divertido Sainoji, estirándose un poco. – Casi parecía que se iba a desmayar de la impresión.
El comentario de Sainoji era sin lugar a duda dicho como broma, pero pese a eso, no se alejaba mucho de la realidad. Esa fue la primera vez que Sakura veía a Mikage luego de lo ocurrido…
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- Sakura Haka Indou… ¡¡Ohm!!
Pronunciada la última parte de su conjuro, todo a su alrededor brilló de de color entre rojo y púrpura, y todos los cerezo a su alrededor, todos y cada uno de los pétalos, se convirtieron más que en puntos rojizos de pura energía, brillando con fuerza como estrellas. Esas energías se juntaron por completo en una enorme esfera que flotaba enfrente de ese enorme pentagrama, y ambas, la esfera y el pentagrama, se desintegraron de golpe, viéndose como de ellas surgían largas siluetas de energías que se alargaban al frente asemejando a serpientes o dragones, cientos de ellos, que volaban y rugían con fuerza, abriendo el suelo y el cielo a su paso, mientras todos y cada uno se dirigían en contra de Sakura.
- ¡¡Escudo!! – Gritó con todas sus fuerzas al tiempo que invocaba lo más rápidamente posible su carta protectora, la cual de inmediato creó su confiable escudo protector en forma de esfera alrededor de su ama, sólo medio segundo antes de que el primero de esos seres creados de energía rojiza chocara contra él.
El choque del primero fue demasiado fuerte, tanto que aunque estaba siendo protegida, Sakura creyó percibir como le sacaban un poco el aire por un impacto en el abdomen, y a su vez su escudo y ella misma eran empujados hacia atrás. Cada choque era igual. A pesar del escudo, Sakura sentía una parte del impacto contra su cuerpo, o eso pensó sentir ella en esos momentos, sin poder saber porqué, y era empujada más y más hacía atrás. Y el efecto fue mayor cuando el número de ataques contra su escudo fue creciendo y creciendo, al igual que la frecuencia de estos, pudiendo verse como la chica era empujada hacía atrás, a un lado y hacia él otro, pues esas criaturas comenzaban a intentar golpearla por todas partes, impactándose contra su magia, que destellaba con fuerza en cada punto que era tocado.
Sakura sintió algo, algo que nunca había sentido al usar esa carta. Era increíble, pero estaba pasando, y lo podía ver claramente, mientras era empujada hacía atrás: el escudo se estaba rompiendo. Y antes de que su mente pudiera siquiera procesar esto, sucedió… El escudo alrededor de Sakura se desmanteló en miles de pedazos ante sus ojos, volando en todas direcciones como miles de pedazos de cristal.
- “No puede ser…” – Pensó con simpleza la joven, quedándose totalmente paralizada, con sus ojos totalmente idos y su semblante similar al de un muerto.
Los dragones se le lanzaron encima como bestias hambrientas a su presa. La primera víctima fue la espada empuñada en las manos de la castaña, que recibió al primero de ellos de frente, como un intento de protección que terminó en fracaso, pues de inmediato la hoja se rompió en dos como un palillo, y el arma voló de la manos de una casi inconsciente de pie Sakura. Luego de ese, vino aquel que la golpeó primero en el abdomen, haciéndola sentir como si algo le atravesará todo el cuerpo y su carne se abría, soltando un chorro de sangre con fuerza. Otro más la golpeó en el brazo, en las piernas, en el rostro, y al final en todas las partes posibles de su cuerpo, cortándola, golpeándola, empujándola y lanzándola hacia atrás como un simple muñeco de trapo siendo lanzando de un lado a otro por niños, separándola del suelo sin ningún problema.
- ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! – Gritó con todas sus fuerzas la ojos verdes por todo el dolor que le inundaba el cuerpo el entero mientras era lanzada por los aires; eso era lo único que le quedaba por hacer.
El cuerpo de Sakura fue azotado con mucha fuerza contra el tronco del enorme árbol ubicado en el centro del claro, elevada casi a la mitad de éste. Su espalda estrellándose fue lo último que la joven pudo sentir de manera consciente, notándose como sus ojos ya escasos de alguna fuerza de abrían por completo, y como la sangre saltó de golpe de todas las heridas de su cuerpo tras estrellarse. Luego de eso, la joven comenzó a descender sin oponer la mayor resistencia, no sin antes dejar la marca roja de su espalda en el tronco. Cayó como una roca a los pies de ese enorme árbol, quedándose ahí tirada mientras todos los cerezos que se habían desprendido de los ataques descendían lentamente sobre ella, cubriéndola un poco.
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Shaoran no era capaz de imaginar siquiera lo horrible de pasar por una experiencia así. Ni siquiera él había pasado por algo como eso. Estar tan cerca de la muerte hasta prácticamente morir por un instante, y terminar con tu cuerpo en ese doloroso estado, era algo que de seguro la había afectado, y sin lugar a duda la imagen de Mikage simbolizaba para ella todo eso que le ocurrió. Al verlo, ¿recordaba todo lo que sintió y pensó? ¿Sería posible que cada vez que se encontrara con él pasara lo mismo?
- Algunas personas reaccionan así o peor cuando sienten el frío aliento de la muerte tan cerca de sus cuellos. – Agregó Juri también de pronto, aún no del todo calmada. – La chica está traumatizada por lo ocurrido, eso es obvio; pero ya se le pasara.
- Eso espero. – Comentó con Li con algo de pesar. – Si no, eso puede ser muy perjudicial.
Y no tenía que decir porqué. Si Mikage seguía teniendo ese efecto tan negativo en ella, no sería capaz de hacerle frente de nuevo, ni en la Arena, ni fuera de ella. Por lo tanto, un Duelo contra él en esos momentos sería realmente desastroso, y no sólo por el hecho de que muy probablemente Sakura perdería, sino que de seguro enfrentarse a Mikage de nuevo la afectaría gravemente emocionalmente hablando. Era demasiado riesgoso. ¿Qué podría hacer para evitar eso?
Eso sucedía en el balcón de las Rosas Blancas, mientras del otro lado, sus contrapartes pasaban el tiempo a su modo. Shiori desde hace un poco menos de una hora se había hartado de esperar; ahora se encontraba sentada sobre la barda del balcón, moviendo algo en su celular, muy probablemente jugando algún juego para pasar el rato. Akio también usaba su teléfono móvil, mas no para jugar sino para hablar por él, más específicamente para hablar con su prometida, Kanae. Obviamente no le decía donde estaba, o con quien, o para qué. Para ella, Akio le estaba hablando desde el Conmemorativo Nemuro, y escuchar de vez en cuando las voces de Shiori y Mikage parecía confirmarle que no le estaba mintiendo. Hablando de Mikage, éste era tal vez el más molesto, no sólo en ese balcón, sino en todo ese lugar en general. Estaba parado mirando con insistencia a la Arena, revisando su reloj para ver cuanto tiempo había pasado, y cada segundo parecía molestarse más; era obvio para todos que Kozue iba a recibir un fuerte regaño luego de eso.
Las otras dos Rosas Negras, que visitaban el Bosque Prohibido por primera vez, no parecían del todo aburridos o molestos. Eriol estaba parado con tranquilidad frente a la barda, mirando a la arena con una sonrisa gentil y despreocupada en el rostro. No había dicho o hecho algo en especial desde que llegaron; de hecho, casi parecía una estatua inmóvil. Tomoyo, por su parte, miraba todo casi con admiración. Le impresionaba lo alto que estaban, al igual que la arena, y sin embargo desde afuera nada de eso era visible. La propia forma o estructura de la Arena era interesante, ¿cómo era posible que se sostuviera?, y en especial a esa altura. Le impresionaba que el cielo estuviera azul ahí adentro, cuando en el exterior era de noche. Y, sobre todas las cosas, le impresionaba el hermoso e imponente castillo sobre ellos, de cabeza, con sus torres señalando a la Arena en lugar del cielo, brillando y alumbrando ese sitio como si se tratara del propio sol. La ojos azules miraba esa imagen con una amplia sonrisa de alegría en el rostro que no podía desvanecer por alguna razón.
- Es increíble. – Exclamaba de vez en cuando. – Aún no puedo creer que literalmente es un Castillo flotando en el cielo. Es tan hermoso… ¡Quisiera grabarlo!
- No te emociones tanto. – Comentó con fastidio Shiori sin separar sus ojos de su teléfono. – Para la tercera vez que lo veas, ya no será tan impresionante. De hecho, hasta se te olvida que está ahí.
- ¿Y nadie ha intentado subir hasta él? – Preguntó volteando a ver al Príncipe de Negro.
- ¿Y cómo piensas que hagamos eso? – Le contestó ella volteándola a ver de reojo. – ¿Saltando muy alto o qué?
Tomoyo pareció extrañarse de esa respuesta y volteó a ver a todos confundida.
- ¿Ustedes no pueden volar? – Preguntó en voz baja con un poco de pena.
Shiori simplemente rodó los ojos como señal de molestia y volvió a su juego. Akio seguía concentrado en su llamada, y al parecer Mikage si la había escuchado, pero prefirió no dar respuesta.
- La magia de vuelo no es una magia que cualquiera domine. – Escuchó la ojos azules que Eriol le respondía de pronto.
- Pero Sakura puede hacerlo. – Comentó ella a su vez, girándose hacia el chico inglés.
Eriol rió ligeramente. Supuso que se refería al hecho de que Sakura era capaz de usar la Carta Vuelo para hacer tal acto. Sin embargo, no era lo mismo.
- Las Cartas Clow están hechas para realizar conjuros de cualquier tipo, de manera sencilla y rápida sin importar su complejidad; es ahí donde radica su poder. – Le explicó. – Así que de cierta forma, eso sería como una excepción. Además, recuerda que un principio esa carta no hacía volar directamente a Sakura, sino a su báculo.
Eso era cierto, al principio las alas le salían al báculo de Sakura, no a ella. De cierta forma, eso no era lo mismo que volar uno mismo, aunque luego ella fue capaz de hacer que la Carta Vuelo le diera las alas a ella. No entendía bien la diferencia, pero al parecer las Cartas Sakura eran más poderosas de lo que parecían a simple vista.
- Aunque pudiéramos volar a él, no creo que lo alcanzaríamos. – Comentó Mikage de la nada con seriedad. – Ni siquiera pienso que esté ahí realmente.
Tomoyo se giró rápidamente hacia él, extrañada de oírlo decir eso. ¿A qué se refería con que no creía que estuviera ahí? Si era obvio para todos que había un Castillo de cabeza flotando sobre ellos, todos podían verlo. O acaso, ¿no era real…?
- ¿Piensa que es una ilusión? – Le preguntó extrañada.
Ni Mikage, ni nadie más en ese balcón contestó a su pregunta. ¿Acaso todos pensaban que era una simple ilusión? Hechiceros de grandes poderes mágicos, capaces de hacer cosas que ella sólo puede imaginarse, ¿y ven eso como una ilusión? Ella no sentía que fuera así. Tomoyo volteaba a ver hacia ese Castillo, y realmente lo sentía tan cerca, casi le parecía que podía estirar su mano y tocar una de sus torres, o que saltando lo suficientemente alto, podría llegar a él. ¿Cómo podían decir que era una Ilusión?
Un sonido hizo que regresara su atención a la Arena; era el sonido de algo mecánico moviéndose y cada vez se hacía más notorio.
- Parece que al fin llegó. – Murmuró Shiori, guardando su teléfono.
El sonido que escuchaban era el de la góndola que servía como ascensor, acercándose cada vez más a la Arena; tenía que ser Kozue. Rápidamente todos se pusieron de pie, se acercaron a la barda y miraron atentos a la Arena. Akio se despidió rápidamente de Kanae y colgó, parándose a lado del resto para mirar mejor el duelo; luego de hora y media de espera, esperaban que al menos fuera un Duelo interesante.
Sakura también se puso de pie, se arregló su traje rápidamente y se paró con firmeza, viendo fijamente a las puertas. Ella también sabía muy buen que ese sonido significaba que su oponente estaba subiendo. La Góndola llegó al final, y la atención de todos se centró en ella.
- ¡Disculpen la tardanza! – Se escuchó que exclamaba con fuerza la reconocible voz de la retrasada Rosa Negra, al tiempo que las puertas de la Góndola se abrían y ésta salía con pasos alegres. – Pero ya llegó a quien esperaban con tantas ansias, querido público.
La joven de cabellos azules, vistiendo su traje de saco azul oscuro largo, pantalones blancos y, por supuesto, su espada ropera bien envainada en su cintura, más específicamente colgando de su costado izquierdo, acababa de dar unos pasos fuera de la Góndola, cuando se volteó de repente, intentando ver a lo lejos hacia la Torre del Campanario, comenzando a tirar besos al aire al puro estilo de una estrella de cine, y guiñándole el ojo a cualquiera que la estuviera viendo en esos momentos.
Todos quedaron en completo silencio ante tal entrada por parte de la Maga de Viento, sobre todo el Príncipe de Blanco que la miraba desde el centro de la Arena con una expresión incrédula en los ojos; La Doncella de Blanco, sólo reía con educación detrás de ella.
- Kozue… - Murmuró Mikki en voz baja con ligero enojo, chocando su mano contra su frente; aparentemente parecía un poco avergonzada. – ¿Por qué no puede mantener la compostura en ninguna situación?
- No te lo tomes tan apecho, Mikki. – Comentó divertida Juri, cruzándose de brazos.
Del lado de las Rosas Negras, la reacción no era mucho mejor; Mikage, miraba prácticamente con molestia hacia la Arena. Un largo suspiro de resignación surgió de sus labios luego de que Kozue terminara, al tiempo que se frotaba un poco los ojos
- ¿Esa chica nunca se toma nada enserio? – Murmuró en voz baja con notoria seriedad. – ¿Pidió ser la primera sólo para llegar tarde?
- Le pides demasiado, Mikage. – Agregó divertida Shiori, sentándose en la barda del balcón de un salto. – Lo importante es que ya llegó.
En cierta forma eso era cierto; debía él ya haber predicho que haría algo como eso, conociendo de antemano su personalidad tan “explosiva”. Como fuera, algo más importante para él en esos momentos, era analizar que reacciones tendrían las dos Rosas Negras más nuevas al ver este Duelo. Eriol se mantenía calmado, igual como había estado desde que llegaron a ese sitio, aunque el líder del Círculo de la Rosa Negra pudo notar como constantemente miraba hacia el Castillo. Tomoyo no se veía tan calmada como Eriol, pero tampoco se podía decir que estuviera sorprendida. En realidad, lo que Mikage no era capaz de ver a simple vista era que su mente en esos momentos estaba en el hecho de que vería de nuevo a su amiga pelear, y posiblemente lastimarse ante ella, y aunque en esta ocasión no la veía alejada a través de un espejo, igualmente no podría hacer nada para ayudarla.
Una vez que terminó de jugar, por así decirlo, Kozue giró su mirada hacia Sakura, clavándole ambos ojos directo en los de ella, y sonriéndole con una marcada y notoria malicia en el rostro.
- Entonces Principito. – Murmuró divertida la joven de cabello azuloso, colocando su mano derecha sobre la empuñadura de su arma y sacándola de un sólo movimiento rápido con facilidad. – ¿Quieres comenzar?
En un parpadeo, ya se encontraba en posición de combate, con su pie derecho al frente, el izquierdo atrás, y su mano derecha al frente con la punta de su arma señalando hacia su oponente. Sakura permaneció inmóvil, admirando con algo de seriedad su posición, muy similar a la que había visto en Mikki. Si su estilo de combate era similar al de él como le había dicho Shaoran, entonces ya sabía al menos que esperar, o eso esperaba.
- ¿Señorita Sakura? – Escuchó que Kotori exclamaba a su lado, llamando su atención y sacándola de su cabeza.
La ojos verdes viró su cabeza hacia ella y sus miradas se encontraron; era el momento de comenzar.
- Sí. – Exclamó volteando a ver de nuevo a Kozue y asintiendo con su cabeza. – Kotori…
Una sonrisa surgió en los labios de la Prometida de la Rosa al oírla. Esa única invocación a su nombre era más que suficiente para saber lo que tenía que hacer. Dio unos pasos cuidados al frente para pararse frente a su ama.
- Pongan mucho atención a lo que sigue. – Comentó Mikage en ese momento a los dos Duelistas. Tomoyo volteó verle poco confundidos al escucharlo, pero luego volvió su mirada a la Arena, centrándose especialmente en Kotori. ¿Qué deseaba que vieran?
- Rosa del Noble Castillo… - Murmuró la chica de cabellos castaños y largos, teniendo sus manos sobre su pecho. Un brillo fuerte surgió de entre sus dedos, convirtiéndose en una esfera de luz que se mantuvo suspendida frente a ella. – Poder de Dios que duermes en mí… ¡Atiende a mi llamado y muéstrate ante tu maestro!
La luz se incrementó de golpe. Parecía como si todo alrededor de la arena se hubiera oscurecido, y la única fuente de luz era esa brillante esfera en el pecho de la Doncella de Blanco, que radiaba en todas direcciones como un pequeño sol.
- ¿Qué es…? – Exclamó Tomoyo atónita al ver tal escena, mas la impresión no la dejó terminar su pregunta.
Algo surgió de esa esfera, como si saliera del propio pecho de la Doncella de Blanco. Sakura colocó su mano sobre ella, jalándola hacia afuera y con ello desenvainado su arma: La Espada Sagrada del Príncipe de Blanco.
- ¡¡Dame el Poder para Revolucionar al Mundo!! – Gritó con fuerza la castaña, alzando la reluciente espada hacia el cielo, la cual parecía reaccionar ante sus palabras.
Las campanas resonaron en ese mismo instante desde la Torre, marcando así el inicio oficial del Duelo. La presencia de esa espada, el resonar de las campanas, todo el ambiente a su alrededor había realmente cambiado en ese instante. ¿Qué era lo que había ocurrido?
- ¿Realmente sacó una espada de su pecho? – Susurró en voz baja la ojos azules, aún mirado fijamente hacia la Arena; pese a todo, parecía mantener la calma.
Eso había sido parte de lo que Mikage les había explicado aquella tarde en la Conmemorativo Nemuro, y también la propia Sakura se lo había contado en alguna ocasión; pero no se comparaba en nada a verlo directamente, era algo realmente impactante; esa espada se veía increíble a su vez. Sus reacciones eran más visibles para Mikage, que la observaba desde atrás. Sin embargo, quien más le interesaba era Hirakizawa.
Eriol estaba parado derecho justo delante de Mikage, con su atención totalmente puesta al frente, sus manos cruzadas detrás de su espalda recta, y sus hombros relajados. Era realmente una persona difícil de leer.
- ¿A ti qué te parece, Hirakizawa-kun? – Comentó Mikage, mirándolo fijamente. Él, por su parte, se mantuvo callado por unos instantes, sin voltear a verlo siquiera.
- Es una escena que no se ve todos los días. – Fue su sencilla respuesta, sin apartar su atención del duelo que estaba por comenzar.
Una vez que cada duelista tuvo su arma, Kotori pasó a hacerse a un lado, parándose a un extremo de la Arena para ver el combate de manera segura. Sakura y Kozue se encontraban una frente a la otra, cada una a un extremo del símbolo rojizo pintado en el suelo. El Príncipe de Blanco tomaba su espada con ambas manos y la sostenía frente a ella, mirando de manera profunda a la chica de Kyoto, preparándose para cualquier cosa que intentara inesperadamente. Kozue simplemente sonreía despreocupada.
- En garde… - Pronunció de pronto, seguido de una pequeña risa, y entonces se le lanzó al frente con rapidez, jalando su brazo hacia atrás y luego extendiendo una estocada directo al frente.
Sakura reaccionó. Desvió su ataque hacia un lado, y con ese choque de las hojas comenzó su primer Duelo contra una Rosa Negra. Ese sólo fue el primer roce, pero luego vino otro y otro. La joven de cabellos cortos le lanzó más y más estocadas de su espada ropera al tiempo que avanzaba y la obligaba a retroceder, siempre cuidando como pisaba. No era que Kozue estuviera realmente intentando tocarla; parecía más bien que se encontraba jugando con ella. Sin embargo, era notorio que los movimientos de Sakura no eran como los de antes: sabía bien como defenderse y recuperar de nuevo su defensa para el siguiente ataque.
- No está mal. – Comentó Kozue, y entonces dio un paso más largo hacia ella, quedando ambas a unos cuantos centímetros de distancia y juntando sus armas, que era lo único que las separaba.
Mientras sus espadas forcejaban la una contra la otra, a muy corta distancia de sus pechos, los ojos azules y verdes de las dos Duelistas se miraban fijamente, como si estuvieran igualmente peleando con sus miradas. Se mantuvieron en esa misma posición por largo rato, sin decir nada, y no hacer nada más que intentar empujarse entre ellas. De pronto, Kozue sonrió ampliamente de una manera muy extraña que confundió un poco a Sakura. Era una sonrisa que casi parecía darle a entender que tenía algo en mente. Un segundo después de que esa idea pasara por su mente, la Rosa Negra cerró sus ojos rápidamente, y acto seguido… le sacó la lengua a su oponente con el clásico sonido de burla que le acompaña a ese acto.
Kinomoto parpadeó confundida al ver esto, y ese instante fue el que Kozue utilizó para empujarla con su arma, obligándola a retroceder. Una vez que el espacio entre ellas era el adecuado, volvió a jalar su codo hacia atrás y entonces lanzó una nueva estocada, ahora si directo a la rosa blanca en el pecho de la Card Captor. Por suerte, era muy pronto para que ese duelo terminara. Sakura giró su cuerpo rápidamente hacia un lado, literalmente sacándole la vuelta a la Rosa Negra, ayudada en parte por el impulsó al frente que ésta había dado con su estocada. Justo cuando Kozue pudo darse cuenta de lo que acababa de pasar, Sakura ya había concluido su movimiento, posándose justo detrás de ella, sujetando su espada de tal manera que la punta de la hoja casi le rozaba la espalda.
- Buen movimiento. – Comentó la peliazul, volteándola a ver sobre su hombro izquierdo. – Creo que te subestime.
Sakura no decía nada; se había mantenido en silencio prácticamente desde que el Duelo comenzó. Se mantenía calmada, callada, mirándola fijamente con seriedad, casi con dureza. No soltaba su espada en ningún instante, y sus manos casi parecían pegadas al mango.
- ¿Por qué tan seria? – Comentó estando quieta y con la Espada Sagrada señalando a su columna. – No has dicho ni pio en todo este rato.
La ojos verdes se sorprendió un poco al oírla; ella no lo había notado hasta ese momento.
- Supongo que no tengo mucho que decir. – Comentó entrecortadamente sin perder su posición. – “Shaoran dijo que no me dejara distraer y que me mantuviera concentrada… Debo de enfocarme…”
El Duelo apenas llevaba unos cuantos minutos, y aún no pasaba nada interesante. Hasta donde se veía, el combate se encontraba parejo. Pero los espectadores aún no veían lo mejor de Kozue Kaoru.
- Oye Kinomoto, ¿te cuento algo interesante para quitarte esa cara de pocos amigos? – Preguntó divertida de pronto.
- ¿Algo interesante? – Contestó extrañada. – ¿De qué…?
En ese instante, apenas había parpadeado cuando la Rosa Negra prácticamente se esfumó frente a ella por arte de magia. Pero no había sido magia, o al menos no magia para desaparecer. Sakura no tardó en notar que su oponente se había elevado en el aire, al parecer por un largo salto, impulsada por una ráfaga de viento, y se encontraba girando sobre sí misma a más de tres metros de ella. Como si volara, impulso su cuerpo hacia el frente, y descendió rápidamente, ahora cayendo ella detrás de Sakura, pero ésta reaccionó dándose media vuelta desde antes incluso de que pusiera sus pies en el suelo.
Daba igual si estaba de frente o espadas; Kozue se le lanzó igual encima, volviéndola a atacar, pero ahora con mayor rapidez y fuerza, que presionaba a Sakura a reaccionar de igual manera.
- Nuestra familia es sólo una de las tal vez cientos de clanes de hechiceros que existen en Japón. – Comenzaba a decirle al tiempo que la atacaba. – Ni siquiera somos el único clan de Magos de Aire que existe. ¿Pero sabes que nos hace diferentes al resto de ellos?
La espada de Kozue y la de Sakura chocaron, uniéndose sólo en un punto entre sus filos. En ese momento, Kozue comenzó a girar su muñeca con rapidez, girando al mismo tiempo su espada y provocando que también la Espada Sagrada lo hiciera. En las manos del Príncipe de Blanco, ese movimiento la hizo perder el control, y con una gran maestría en esgrima, fue desarmada por su oponente, ya que su acción la hizo soltar la espada, provocando que ésta volara por el aire hasta caer en el suelo, a varios metros a su derecha. Sakura siguió con la vista la ruta parabólica que su arma recorrió hasta caer resonando en el piso. Lo próximo que supo luego de ello, es que la punta de la Espada Ropera de Kozue se posaba amenazantemente frente a su cuello; lo único que necesitaba era mover un poco su muñeca para apuñalarla.
Sakura miró inmóvil la hoja brillante ante ella, intentando mantener la serenidad. La chica peliazul la miraba fijamente divertida, y entonces comenzó a mover un poco su hoja hacia un lado y hacia el otro, como si jugara.
- Cuando Japón abrió por fin sus puertas a los extranjeros, y comenzaron a infiltrarse costumbres, inventos, y diferentes cosas de la cultura occidental, la mayoría de esos clanes de magos intentaron apegarse y continuar con sus costumbres antiguas y viejas… ¡Incluso al presente!
Los ojos de la joven se abrieron por completo y rápidamente jaló su brazo hacia atrás, dirigiendo de nuevo una estocada directa a su pecho. Para esquivarla, Sakura, prácticamente tuvo que arrojarse así misma hacia su derecha, tirarse al suelo y rodar con notable agilidad hacia donde su espada había caído, tomándola rápidamente, en el momento justo para bloquear un ataque más de su retadora cuando aún ni siquiera se levantaba. Kozue le arrojó un par de ataques consecutivos, mismos que ella bloqueó con precisión, para luego impulsarse hacia un lado para salir de su alcance y tener la oportunidad de poder pararse de nuevo y recuperar su posición.
Kozue giró su mirada lentamente hacia la castaña, riendo divertida mientras movía su arma hacia un lado y hacia el otro sin el menor aparente cuidado. La verdad parecía que estaba divirtiéndose con todo eso, como si todo fuera sólo un juego.
- Incluso nuestro Clan Superior, al que le hemos servido por casi quinientos años, sigue siendo un clan de hechiceros viejos llenos de ceremonias y procedimientos antiguos. – Agregó al tiempo que recuperaba su posición, por lo que Sakura hizo lo mismo. De nuevo se le lanzó sin el menor cuidado, comenzando a lanzarle estocada tras estocada sin la menor espera. – Pero nosotros los Kaoru somos diferentes. Nuestros antepasados fueron de los pocos que recibieron con los brazos abiertos a la cultura Occidental, tanto que diría que se fanatizaron.
Los movimientos de Kozue incrementaron su velocidad de golpe. Ahora eran más difíciles de bloquear para Sakura y la hacía retroceder con mayor velocidad sin poder evitarlo.
- ¡¿Será por eso que Mikki y yo nacimos como prodigios en todo?! – Exclamó con fuerza sin detenerse ni un sólo segundo en su ataque; su expresión casi parecía la de una psicópata. – ¡Cuando otros chicos de los clanes amigos practicaban kendo, Mikki y yo éramos maestros en esgrima! ¡Cuando otros intentaban apenas sacar su primera melodía en el Shamisen, nosotros ya interpretábamos la Rapsodia Española de Franz Liszt!
El último ataque de Kozue iba acompañado de algo de magia de viento, que al momento de chocar contra la Espada Sagrada, creó una fuerte ráfaga que literalmente sacó volando a Kinomoto por el aire, hasta hacerla estrellarse contra la barda. Kozue respiraba con agitación y sonreía ampliamente.
- Y Mikki incluso ya hacia sus propias composiciones. – Comentó riendo divertida.
- ¿Por qué le dice todo eso? – Murmuró con molestia el chico de cabello azuloso desde el balcón, mirando y escuchando todo aquello con notorio enfado.
- Sólo está jugando con ella. – Contestó Touga, mirando todo a través de sus binoculares. – Me preguntó si realmente está interesada en ganar este Duelo o sólo se está divirtiendo.
- Eso poco importa. – Agregó Juri, quitándole de pronto los espejuelos al chico pelirrojo para poder ver mejor también. – Los movimientos de Kinomoto han mejorado bastante, al menos desde mi Duelo. ¿Qué tanto le enseñaste?
Al hacer esa pregunta, bajó los binoculares y volteó a ver a Li, que estaba recargado contra la pared, mirando hacia la Arena con los brazos cruzados.
- No malinterpretes Arisugawa, no se puede hacer mucho en unas cuantas horas en un par de días. – Contestó el castaño. – Esto que estamos viendo ya lo tenía desde antes de que yo la ayudara. Ha mejorado mucho en este corto tiempo por su cuenta.
Era difícil creer que de un Duelo a otro fuera mejorando tanto, pero era algo que ya había ocurrido antes para aquellos que conocían a Sakura; era una persona fuera de lo común.
- “Sakura se ve increíble…” – Pensaba para sí misma Tomoyo. Aunque ahora estaba en el suelo, había demostrado gran habilidad en todo el duelo.
- Kinomoto se ha vuelto más fuerte. – Escuchó que Eriol le comentaba a su lado. – Pero se ve que aún no se acostumbra a pelear de esta forma, ¿verdad?
- No lo sé. – Contestó en voz baja la ojos azules.
Kozue giraba su espada con rapidez con una mano, mientras miraba a Sakura que aún seguía en el suelo. Ni siquiera hacía el intento de pararse, simplemente la miraba fijamente, sin soltar su arma ni un instante. Sabía, o al menos presentía, que si hacía cualquier movimiento en falso ella la atacaría sin consideración. Necesitaba encontrar el momento justo.
- Pero incluso en lo no extranjero, también éramos hábiles. – Continuó diciendo la peliazul. – Cuando otros compañeros de nuestra familia intentaban hacer hechizos de nivel intermedio… Nosotros ya éramos Hechiceros Viento de alto nivel.
Como si sus palabras fueran un conjuro por sí solas, Sakura sintió una pequeña brisa soplar a su alrededor. Rápidamente se levantó como pudo, apoyando su mano izquierda en la barda; todo su cuerpo le decía que era lo que seguía.
- Dioses del Viento… - Susurró la joven de Kyoto y esa pequeña brisa incrementó a una fuerte ventisca que comenzó a girar alrededor de ella.
- “Es el mismo hechizo de Mikki.” – Pensó la castaña al notar esto.
- ¡Denme su poder, y hagan que su furia sople por las cuatro direcciones!
Al mismo tiempo que gritaba la última parte de su conjuro, jaló con fuerza su brazo hacia atrás, y su arma y brazo se cubrió por un torbellino de viento que giraba con violencia. Luego, impulsó con todas sus fuerzas su espada al frente, y ese torbellino se extendió rápidamente, dirigiéndose como bala hacia El Príncipe de Blanco. De tan sólo ver esto, supo que si no lo esquivaba posiblemente terminaría hecha pedazos. Rápidamente se lanzó hacia un lado, rodando por el suelo con agilidad para salir del alcance de dicho ataque. El torbellino de viento chocó contra la barda, creando un agujero en ésta sin el menor cuidado. Los pedazos de piedra arrancados se desplomaron como si nada hacia el suelo, cayendo a los pies del soporte de la arena. Efectivamente Sakura tenía razón: de no haberse quitado, ¿qué le hubiera pasado a ella?
- ¡Deja de ser tan escurridiza! – Le gritó con fuerza la peliazul y volvió a hacer el mismo movimiento, jalando ahora su espada hacia donde ella había quedado. Ahora lo que creaba con tan sólo agitar su arma, eran cuchillas de viento que Sakura no era capaz de ver con sus ojos.
Por simple reflejo y con la gran agilidad que la distinguía, se puso de pie rápidamente y comenzó a moverse rápidamente, corriendo alrededor de la Arena lo más rápido que podía. Lo único que era capaz de escuchar mientras hacía esto, era el sonido de dichas cuchillas chocando contra la barda o suelo de la arena, casi creando una pequeña explosión que alzaba una cortina de humo con cada golpe y dejaba su marca en el territorio de duelos. Sakura era muy rápida, y se movía de un lado a otro con el propósito de confundirla, y funcionaba; Kozue no era capaz de predecir a donde se movería.
Algo del viento y polvo que Kozue alzaba llegaba hasta Kotori, quien intentaba cubrirse la cara para impedir que éste le entrara a los ojos. Hasta ese momento el combate se había librado prácticamente en el extremo de la Arena opuesto al de ella, pero aún así era un espectador de primera fila para ese duelo, más que aquellos que lo miraban desde la Torre del Campanario. ¿Qué era lo que notaban sus ojos? Cómo era costumbre, Sakura parecía resistirse a tomar la ofensiva, y se concentraba en defenderse, bloquear y esquivar. Aunque sus movimientos eran más precisos, mejores, y más rápidos, su manera de actuar seguía siendo la misma. Pese a todo los Duelos que había pasado, y aunque fuera mejor con la espada, seguía siendo la misma, la misma Sakura Kinomoto que hace ya mucho tiempo se había presentado en esa Arena prácticamente engañada. ¿Cuándo tomaría la iniciativa? Si no lo hacía rápido, Kozue no le tendría más piedad.
Después de literalmente huir de cada uno de los ataques de Kozue, Sakura había quedado parada al extremo contrario de su oponente, estando ambas separadas por varios metros de distancia. La respiración de las dos se había vuelto agitada, y se miraban fijamente desde lo lejos.
- ¿Qué sucede? – Le dijo con fuerza la Peliazul desde lejos para que la oyera. – ¿Ya te cansaste de correr?
- ¿Ya te cansaste tú de arrojarme aire? – Contestó ella al mismo tiempo entre respiro y respiro.
- Touche. – Exclamó burlona la Rosa Negra. – Esto ha sido divertido, ¿pero has notado que no me has realmente atacado ni una sola vez en todo este duelo?
Sakura se sobresaltó un poco al oír eso, pero siguió guardando silencio.
- No entiendo como piensas deshojar mi rosa si no lanzar siquiera una pequeña estocada. ¿Así venciste a Mikki?
- Yo sólo… - Casi por reflejo había reaccionado para defenderse, pero luego calló. ¿Tenía que darle explicaciones? – Yo sólo, intento ver el momento adecuado para no… Bueno…
- ¿Para no lastimarme? – Interrumpió rápidamente la Maga de Viento, e inmediatamente después comenzó a reír un poco. – ¿Estás buscando la forma de no lastimarme? ¿Es eso? No puede ser, ¿te preocupa lastimar a tu oponente? Qué tierna eres pedacito de azúcar.
Todas sus palabras iban acompañados de un marcado tono de burla, un tono que apenaba y ya en esos momentos enojaba a la ojos verdes. Era realmente una persona desesperante, incluso más que Nanami, y eso ya era decir mucho. ¿Cómo una chica como ella podía ser la hermana gemela de un chico tan amable como Mikki? Eran realmente opuestos en su forma de ser, por más, parecidos que fueran en el exterior.
- Ahora entiendo un poco, creo. – Siguió hablando sin importarle mucho si molestaba o no a su receptora. – Eres una bonita boba de corazón de oro y sonrisa angelical, al igual que ella. – Al hacer el último comentario, señaló con su pulgar hacia dónde se encontraba Kotori, la cual pareció extrañarse de ello. – ¿Es eso lo que Mikki ve en la chicas?, ¿es por eso que está tan interesado en las dos?
Sakura se sobresaltó sorprendida y a la vez confundida al escuchar esas palabras, abriendo sus ojos por completo.
- ¿Eh? – Exclamó en voz baja sin entender lo que acababa de escuchar. – ¿A qué te refieres con eso?
Al mismo tiempo, en el balcón de la Torre del Campanario reservado para las Rosas Blancas, el rostro del joven de cabellos azules se ruborizaba por completo hasta quedar rojo como un tomate.
- ¡Kozue! – Gritó con fuerza, apoyándose contra la barda frente a él. – ¡¿Qué tontería estás diciendo?!
La atención de sus tres acompañantes se centró en él, en especial por esa reacción tan singular. Juri parecía la más confundida, después de Mikki claro, pues esas palabras pronunciadas por Kozue la habían tomado por sorpresa. Li, por su lado, se encontraba aún recargado contra la pared, mirando de reojo con notoria molestia al chico de Kyoto. ¿Le molestaba tal insinuación?
- ¿Me perdí de algo? – Preguntó la joven de rulos, volteando a ver a Mikki y luego a Touga.
- Más de lo que crees, Juri. – Contestó divertido el pelirrojo. – ¿Qué piensas Li? ¿Esto es algún tipo de guerra psicológica?
Shaoran guardó silencio unos momentos, y luego volvió su mirada de nuevo a la Arena.
- No sé si llamarlo así. – Contestó con seriedad. – Tal vez toda esa actitud que Kaoru ha tomado es sólo para distraer a Sakura y confundirla.
- No le den tanto crédito. – Interrumpió de pronto Mikki de golpe.
De nuevo el mago de viento fue el centro de atención de sus compañeros. Él tenía sus manos apoyadas en la barda, mirando fijamente hacia la arena con seriedad. Su semblante se tornaba molesto, hasta cierto punto parecía enojado.
- Yo la conozco, Kozue sólo está jugando, no más. – Agregó. – No tiene la capacidad de tomar nada enserio, mucho menos de tener la frialdad de tener un plan. Solamente se divierte… Siempre ha sido así.
Los cuatro guardaron silencio, extrañados al verlo reaccionar así; nunca lo habían visto con una expresión en la cara como esa. Li notó incluso como apretó un poco sus manos sobre la barda, cerrando sus puños como señal de molestia.
Muy diferente a su gemelo, Kozue reía divertida, casi con cierto cinismo al ver la cara de sorpresa en Sakura. En verdad, le parecía que se veía demasiado tonta con esa cara, y eso le provocaba mucha gracia.
- ¿Entonces no te has dado cuenta? – Murmuró con una amplia sonrisa en la cara, mientras jugaba moviendo su arma de un lado a otro frente a ella. – Ya veo, eres ese tipo de chica distraída. Enserio que Mikki nunca cambia…
La sonrisa de su rostro se esfumó poco a poco mientras pronunciaba esas últimas palabras. La expresión divertida y astuta en el rostro de Kozue se disipó como el fuego, dejando sólo cenizas en su lugar. Sus ojos se entrecerraron y sus labios se quedaron serios e inmóviles, cubriendo su semblante de una marcada frialdad. Lentamente volteó hacia un lado, no mirando a Sakura, ni a Kotori, sino mirando más allá, mirando hacia la Torre del Campanario. Ella no podía verlo desde ese lugar, pero sabía muy bien que él estaba ahí, mirándola y escuchándola…
- No importa cuántos cumpleaños pasen, sigues siendo el mismo, Mikki. – Exclamó con un poco de fuerza, pero a su vez con seriedad. Éste pareció sorprenderse al oírla. – Te falta madurar, te falta conocer y sentir los corazones de la gente que te rodea, no ver en ellos lo que tú quieras ver. ¿Es que acaso no puedes darte cuenta de que idiotas como estas dos no pueden entenderte? – Mientras hacia esa pregunta, alzó su Espada Ropera, señalando a Sakura y luego a Kotori con ella. – Estas chicas nunca entenderán tu Brillo, hermanito. Jamás entenderán el secreto detrás de… Nuestro Jardín Soleado.
El silencio se apoderó de todo el Bosque, tanto en la Arena como en los balcones de la Torre. Las Rosas Blancas miraban de reojo a Mikki, confundidos por oír esas palabras. Sin embargo, el más pasmado por todo eso era el propio Mikki, el cual se quedó como piedra al oírla. Esa actitud, ese tono de voz, esa manera de comportarse, esa no era la actitud típica de Kozue, al menos no de la Kozue que él conoció en esos últimos años. ¿Estaba molesta? ¿Pero por qué? Y entonces, repasando en su mente todas las palabras que acababa de decir, pareció concentrarse precisamente en las últimas: “Nuestro Jardín Soleado”. ¿En verdad había dicho eso? ¿En verdad había dicho de esa forma tan abierta que el Jardín Soleado era suyo?
Kozue se quedó viendo fijamente hacia la Torre en silencio por un muy largo rato. Prácticamente se podría decir que esperaba una respuesta por parte de Mikki, pero era obvio para todos que eso no pasaría. El hechizo en el Bosque no era recíproco: las personas en los balcones podían escuchar a los Duelistas, pero estos no a ellos. Y aunque fuera posible, ¿qué le diría Mikki exactamente? ¿Qué respuesta podría tener a esas palabras? La mirada de Kozue se endureció más.
- En especial… - Lentamente bajó sus ojos, clavándolos como navajas directo en la Doncella de Blanco, la cual se sobresaltó un poco ante esto. – En especial… - Los ojos de Kozue se abrieron de golpe, pintándose un marcado semblante de maldad en ellos, combinado con un profundo odio. – ¡¡Ésta cara de babosa!!
Sin el menor aviso y sin motivo aparente, se lanzó como fiera salvaje hacia donde se encontraba la joven de cabellos largos, jalando su espada hacia atrás y luego al frente, con la pura intención de que su arma apuntara directo como flecha al cuello de su meta. Ésta a su vez, no parecía comprender qué estaba pasando, y permaneció congelada en ese sitio, mirando incrédula como la Rosa Negra se le acercaba de esa forma. Era obvio para todos lo que estaba intentando hacer…
- ¡Kotori! – Gritó con fuerza Sakura al ver tal escena.
- ¡Kozue! – Exclamó sobresaltándose Mikki, atónito de ver esto.
Él no era el único que reaccionaba así por tal escena. Li, Touga y Juri, al igual que las Rosas Negras en el otro balcón, todos estaban pasmados, con sus ojos abiertos como platos sin poder creerlo. ¿Estaba atacando a la Doncella de Blanca? ¿Qué estaba haciendo? Todo fue tan rápido, que de seguro ella terminaría por atravesarle el cuello a Kotori antes de que cualquiera de ellos reaccionara e intentará ir hacia allá.
- ¡Dime Doncella de Blanco! – Exclamó con fuerza la peliazul estando ya a corta distancia, parándose de golpe frente a ella, colocando su rostro prácticamente frente al de ella, jalando su brazo hacia atrás. Kotori seguía estupefacta, paralizada en su lugar. – ¡¿Puedes morir princesita?!, ¡¡Tú no mereces tocar mi Jardín Soleado!!
En ese mismo instante comenzó a impulsar su arma hacia el frente, con la punta de su hoja en línea recta hacia su cuello. Todo ocurrió en cámara lenta en ese instante. Kotori estaba de pie a un extremo de la arena, completamente quieta, con sus manos cruzadas sobre su pecho, y su expresión llena de confusión y miedo. Kozue parecía haber jalado algo de viento con su movimiento, pues la larga falda del vestido de Doncella de Blanco parecía haberse agitado en cuanto se le acercó. La maga de viento estaba parada frente a ella, con el cuerpo un poco agachado, con sus rodillas flexionadas y su pie uno delante del otro, y con su arma aproximándose más y más a su piel. Cada segundo parecía un minuto, y cada centímetro un metro. El filo se aproximó, hasta incluso llegar a rozarle su piel…
- ¡¡Espada Sagrada!! – Se escuchó que gritaba con fuerza la voz del Príncipe de Blanco, y un instante después un fuerte destello dorado se le acercó como relámpago contra Kozue, la cual ni siquiera se pudo dar cuenta de lo que había ocurrido. Sólo pudo percibir una profunda sensación caliente en su costado derecho, y un golpe con más fuerza que si la hubieran atropellado, e inmediatamente después su cuerpo salió volando como muñeco de trapo, siendo arrastrada al mismo tiempo por la misma energía dorada.
- ¡¡Aaaaaaaaah!! – Gritó con fuerza la Maga de Viento, mientras volaba por el aire, hasta que tanto ella como la energía que la empujaban chocaban contra el suelo y la barda, creando una fuerte explosión y alzando una densa nube de polvo.
Sakura había reaccionado por sí sola. Desde su posición, logró realizar una vez más ese hechizo con su espada, y alejar a Kozue de Kotori con ese ataque. La Hechicera se encontraba parada en el mismo lugar, respirando con profundidad y sujetando su espada con ambas manos hacia abajo. Rápidamente se acercó corriendo hacia donde se encontraba Kotori, sin soltar su arma, parándose frente a ella de manera protectora.
- ¿Estás bien, Kotori? – Le preguntó con preocupación, y aún agitada, volteándola a ver por encima de su hombro.
- Sí, señorita Sakura… - Le contestó la Doncella, aparentemente aún afectada por el asombro. La ojos verdes pudo notar cómo se sujetaba su cuello un poco. La punta de la espada llegó a tocarla, y al ser Kozue empujada de esa forma, sí llegó a cortarla un poco en esa área, aunque había sido más un simple roce.
La mirada de Sakura se endureció al notar esto, y de inmediato volteó a ver con enojo hacia donde se encontraba la Rosa Negra.
Los espectadores en la Torre aún no salían del asombro. Lo que acababa de pasar no tenía sentido ni precedente, ni siquiera para sus compañeros de las Rosas Negras. ¿Qué motivo podría haber tenido para intentar algo como eso? Tomoyo sin embargo no se encontraba muy sorprendida por el hecho de que esa chica se le hubiera lanzado así a Kotori. Su mayor interés era en ese ataque que había hecho Sakura, sin usar ninguna Carta Clow, simplemente usando esa espada. Y, encima de todo, como se colocaba frente a Kotori de esa forma tan protectora, como en varias ocasiones se había puesto frente a ella…
- ¿Qué demonios estaba intentando hacer? – Preguntó Mikage aparentemente molesto.
- Esa chica siempre ha sido un poco impulsiva. – Comentó Akio, no en un tono burlón como de costumbre, pues se le notaba algo más serio en esa ocasión.
- Impulsiva no es la palabra que tengo en mente. – Agregó el chico de cabellos rosados, volteándolo a ver por encima de su hombro. – Si eso era una broma, fue de muy mal gusto.
- ¿Tanto te preocupa qué le pueda pasar a la Doncella de Blanco? – Escuchó como Shiori le preguntaba divertida; al parecer ella no se encontraba tan sorprendida como los otros.
- Te agradé o no, la Doncella de Blanco es una pieza clave en los Duelos de la Rosa. – Contestó. – Sin ella, no sabemos qué clase de represarías podría caer sobre nosotros, especialmente si no sabemos el alcance del Fin del Mundo.
Shiori sólo rió un poco y desvió de nuevo su atención a la arena; la nube de polvo casi se disipaba.
- No creo que Kozue haya querido matarla. – Agregó el Príncipe de Negro. – En mi opinión, deseaba ver de que era capaz ella o el Príncipe de Blanco en una situación así, casi como tú lo hiciste, Mikage. – La Rosa Negra no reaccionó ante el comentario. – Y la verdad me sorprendió que de no atacarla, esa chica pasara así como así a realizar ese ataque tan directo, y aún más que ya sepa utilizar de esa forma la Espada Sagrada.
- ¿Qué fue eso? – Preguntó de pronto la voz de Eriol, llamando la atención de la chica de cabellos marrones. El inglés se encontraba parado mirando hacia la arena, con una expresión ligeramente seria en los ojos. – Ese ataque mágico que hizo Sakura, ¿qué fue?
- No te equivoques, no lo hizo ella exactamente. – Le contestó Shiori con tranquilidad. – Ese ataque lo hizo la espada. – Ese comentario pareció sorprender un poco a Tomoyo, aunque Eriol continuaba sin mutarse, pero la sonrisa de su rostro ya era inexistente desde hace un par de minutos. – Lo crean o no, la Espada Sagrada tiene vida y magia propia. Eso algo que sólo se puede entender si la has tenido en la mano. Te encantaría usar una, ¿verdad chico?
La pregunta iba directamente a Eriol, pero éste únicamente le contestó con una sonrisa ligera.
- ¿No es contra las reglas agredir a la Doncella de Blanco? – Preguntó Tomoyo en ese momento, volteando a ver a Mikage y los otros; tal vez intentaba cambiar el tema.
- No que nosotros sepamos. – Contestó Akio. – Pero las campanas no han sonado, por lo que eso debe significar que no.
- También debe significar que la rosa de Kaoru no se deshojó en ese ataque. – Agregó Mikage al mismo tiempo.
En efecto, el resonar de las campanas siempre marcaba el inicio y término de un duelo. Si no habían sonado luego de esas acciones, eso significaba que el Duelo aún debía continuar.
La silueta de Kozue surgió luego de un rato, tambaleándose de un lado a otro un poco, mientras agitaba su mano delante de su rostro y tocia ligeramente. Se le veía bien, al menos estaba entera, sólo con su ropa un poco sucia y rasgada de ciertos sitios, y también despeinada.
- Oye, pudiste haberme matado con eso, ¿sabes? – Comentó la Rosa Negra, aparentemente no muy feliz por el golpe. – Eres una salvaje.
- ¿Por qué atacaste a Kotori? – Contestó Sakura con fuerza, dando un paso hacia ella. – ¡Tu oponente soy yo!
El Príncipe de Blanco tomó su espada con fuerza, colocándolo frente a ella y separando los pies, lista para volver a defenderse de cualquier ataque. Kozue volteó a verla con algo de seriedad en su rostro.
- ¿Por qué la ataque? – Preguntó con gravedad, mientras caminaba hacia ellas lentamente, y entonces volteó su atención de nuevo hacia Kotori. – Ella sabe muy bien porque lo hice. ¿Crees que puedes tomar el lugar de los seres queridos de otros?
Kotori pareció sorprenderse al escuchar esa pregunta. Su rostro entristeció ligeramente en ese momento, y desvió su mirada hacia otro lado. La ojos verdes volteó a verla confundida por encima de su hombro, extrañándose al notar la reacción que esas palabras había tenido en ella. ¿A qué se refería Kozue con tomar el lugar de los seres queridos de otros? Fuera lo que fuera, la prioridad de la hechicera en ese momento era otra.
- Retrocede Kotori. – Le dijo con rapidez, dando un par de pasos al frente de nuevo.
La Doncella asintió con su cabeza y obedeció a la indicación de su ama, alejándose con pasos lentos hacia el extremo contrario, manteniéndose al margen del inminente combate.
- No te hagas la valiente ahora conmigo, que ya me canse de jugar. – Pronunció la peliazul con un notorio tono de molestia en la voz. Se paró de golpe, separando los pies a la altura de los hombros, y colocando su mano izquierda frente a su pecho, alzando sólo su dedo índice y medio hacia arriba. – Hokufuu, Nanpuu, Nishikaze, Toufuu…
Un golpe de viento pareció formarse justo en el cuerpo de la maga, volando en todas direcciones, llegando a tocar también a Sakura. Un aura azulosa comenzó a aparecer alrededor de ella, girando lentamente, como si el propio viento fuera azul.
- ¿Qué es eso? – Murmuró confundida la ojos verdes; comenzaba a sentir una fuerte presencia mágica en ella que crecía poco a poco.
- Oh no. – Exclamó sorprendido Mikki desde el balcón. – Ese hechizo…
Lo reconoció de inmediato. ¿Cómo no reconocerlo?, ambos siempre lo practicaron juntos, pero ella fue la primera en dominarlo. Ese conjuro, era realmente peligroso, y él lo sabía.
- Invoco a los cuatro vientos sagrados que soplan en la orilla del mundo… - Continuó recitando la Rosa Negra al tiempo que cerraba lentamente sus ojos. El aura y la presencia mágica aumentaron de golpe. – Acudan a mi llamado y obedezcan todos mis deseos… Aoi no Shippuu…
En ese momento alzó su mano frente a su rostro y pareció tomar aire y luego soplar con fuerza en ella. Su aliento pareció convertirse en ventisca al pasar por su mano, combinándose por el viento que la rodeaba, formando en ese instante un fuerte tornado azuloso que se dirigió como proyectil hacia Sakura. La ojos verdes miró sorprendida esto. Rápidamente comenzó a moverse hacia un lado para esquivarlo. El tornado siguió derecho, rozando el suelo y partiéndolo a su paso, hasta chocar contra la barda.
Pero el ataque no iba a terminar con eso. Kozue movió su mano rápidamente hacia un lado y el tornado, casi como si tomara vida propia, dio un giro, elevándose por encima de la Arena para luego dirigirse en línea recta hacia abajo, más específicamente hacia donde Sakura estaba. Ésta volvió a reaccionar, lanzándose hacia un lado. El tornado azul golpeó contra el suelo, desquebrajándolo y aparentemente disipándose. Sin embargo, a otro movimiento de las manos de Kozue, el viento se convirtió ahora en varios tornados más pequeños, y dirigiéndose como flechas contra su objetivo.
- “Es muy rápido.” – Pensó Sakura al ver esto, pero no perdió la calma. Rápidamente comenzó a moverse hacia un lado y hacia el otro con gran agilidad, esquivando ataque tras ataque. – “Parece un hechizo similar a la Carta Viento. Si dejó que me atrape…”
Sakura no necesitaba ser una experta en magia para adivinar de qué era capaz ese conjuro. Con sólo ver lo que le hacía a la Arena al chocar contra ella, y con la experiencia que tenía usando la Carta Viento, tenía suficiente. Si tan sólo tuviera las Cartas Sakura consigo, tal vez podría hacer algo para disipar ese conjuro. Sin embargo, en ese momento sólo contaba con la Espada Sagrada. De seguro ésta debía de tener algún tipo de poder especial que le ayudara exactamente a eso, un poder que lamentosamente aún no descubría al parecer. Sin eso, sólo le quedaba correr.
Sus notorias habilidades atléticas le dieron una ventaja. Gracias a eso, era capaz de correr con rapidez, esquivar y reaccionar. Los Torbellinos la seguían como animales hambrientos, chocando contra el suelo, contra la barda, causando desastres a sus espaldas.
- ¡¿Qué ocurre Príncipe de Blanco?! – Le gritaba Kozue mientras movía sus manos con rapidez, indicándole a su conjuro hacia donde moverse. – ¡¿No eres capaz de hacer nada?! ¡No me sorprende que casi murieras contra Mikage-senpai!
Sakura pareció sobresaltarse al oírla decir eso. En ese momento, sin ninguna razón aparente, detuvo su avance de golpe. Se giró rápidamente hacia atrás, viendo como esos torbellinos azulosos, alrededor de unos siete, se le acercaban rápidamente en su contra, como animales salvajes… Como Dragones Hambrientos. No lo había notado, pero eran casi parecidos, parecidos a esas cosas que Mikage le había lanzado, esos seres hechos de cerezos, esas criaturas que la masacraron hasta casi matarla. En ese momento, ante los ojos de Sakura, esos ya no eran torbellinos de viento azul… Se habían convertido en esos dragones de resplandor rojizo que había visto en aquella ocasión. El cuerpo de Sakura se paralizó y su voz se quebró. Para ella, se encontraba de nuevo en ese parque, rodeada de esos cerezos, con esas criaturas acercándosele, y sin poder hacer absolutamente nada.
- ¡¿Qué ocurre?! – Exclamó sorprendido Shaoran desde el balcón al ver esto. – ¡No puede ser!
- ¡¿El comentario de esa chica provocó eso?! – Agregó Juri del mismo modo.
- La tiene… - Exclamó en voz baja Shiori, sonriendo con satisfacción al hacer esto. – Anda Kozue, ¡acábala!
- Sakura… - Fue lo único que surgió de los labios de Tomoyo al ver tal escena. Ella también la había relacionado de inmediato a aquel momento, en el que igual tuvo que ver todo de lejos, sin poder hacer nada.
Sin embargo, el rostro de Kozue no reflejó felicidad al ver esto. Por el contrario, pareció ponerse más serio, hasta que incluso se veía algo sorprendida igual que el resto al ver como Sakura se quedaba petrificada, como esperando que su conjuro la acabara como lela. De la nada, Kozue, movió sus brazos hacia los lados, y luego juntó de golpe sus manos de nuevo frente a su pecho. Los siete torbellinos se fueron hacia los lados, unos a la derecha, otros a la izquierda, prácticamente sacándole la vuelta a su supuesto objetivo frente a los ojos de todos los incrédulos espectadores.
Sakura pareció reaccionar en ese momento, aunque un poco tarde. Luego de esto, los torbellinos se volvieron a unir, creando ahora sólo cuatro de ellos, y dirigiéndose cada uno a una de las extremidades, tomándola como cadenas de sus brazos y piernas, aprisionándola.
- Te tengo. – Susurró Kozue en voz baja con una enorme sonrisa de felicidad al ver a su objetivo atrapado.
- No puedo… - Sakura intentaba liberarse, pero en verdad el viento alrededor de sus extremidades parecían cadenas de acero.
Su acción pareció sorprender al resto de los Duelistas. ¿Por qué no la había atacado directamente? O aún mejor, ¿por qué no había intentado atacar directamente a su rosa blanca? Hubiera ganado el duelo sin problema en ese mismo momento de haberlo hecho. ¿Qué era lo que estaba pensando?
- ¡¿Qué demonios está haciendo?! – Exclamó molesto Mikage al ver esto. – Ya la tenía, ¡¿Por qué no deshojó su rosa?!
- Evidentemente se quiere divertir un poco más. – Comentó divertido Akio, cruzándose de brazos.
- ¡Les advertí que no hicieran eso! – Le gritó con fuerza a Akio, aunque esas palabras iban dirigidas para todos los presentes. – Se los dije muy claro a todos: tengan cuidado al momento de enfrentarla, no la subestimen y no pierdan el tiempo jugando. Deben de acabarla rápido y sin rodeos.
Todos voltearon a verlo confundido al oír como vociferaba todo eso con un muy evidente enojo en su voz. Incluso Tomoyo volteó a verlo, aunque no había sido parte de la conversación a la que hacía referencia.
- ¿De qué estás hablando, Mikage? – Comentó confundida el actual Príncipe de Negro. – ¿No me digas que en verdad crees que esa chica puede ganar? En especial ahora, mírala, Kozue la tiene en su poder. ¿Qué crees que pueda hacer?
Mikage guardó silencio y desvió su mirada a la Arena. Evidentemente todas sus posibilidades estaban en su contra, pero él sabía muy bien que eso podría cambiar en cualquier momento si Kozue no hacía algo rápido. Sakura Kinomoto era realmente impredecible, y él lo había visto por sus propios ojos.
- Estuvo cerca. – Murmuró Shaoran ligeramente aliviado. – La Rosa de Sakura sigue intacta.
- Hubiera sido mejor que la hubiera deshojado de una vez. – Escucharon todos que Mikki comentaba atónito.
Li y los otros centraron su atención en el muchacho de cabellos azules, notando como éste tenía una mirada de espanto en sus ojos mientras veía hacia la Arena.
- De haberlo hecho, el duelo hubiera terminado y ya. – Agregó sin salir de su asombro. – Pero ahora… Si Sakura no es capaz de liberarse, ella podría…
Mikki guardó silencio en ese momento; no se atrevía a decirlo, pero sus compañeros del Consejo Estudiantil parecieron comprender en ese momento lo que intentaba expresar. Ahora, Sakura estaba totalmente a la merced de Kozue.
- Ahora estás en mi poder, Principito. – Exclamó divertida la Rosa Negra mientras daba unos pasos hacia ella. En ese momento, comenzó a alzar su mano izquierda lentamente frente a ella. Al hacer esto, el cuerpo de Sakura comenzó a elevarse en el aire también, con sus brazos y piernas extendidas hacia los lados.
Un amplio gesto de maldad surgió en sus labios al verla en ese estado. Sakura la miraba desde arriba, aún intentando liberarse, pero por más que lo intentaba le era completamente imposible. Rápidamente, Kozue cerró su puño, y como reaccionando a este acto, el viento pareció apretar las extremidades de Sakura como correas.
- ¡Ah! – Exclamó con dolor la ojos verdes, al sentir como el viento la apretaba, le rasgaba las mangas blancas de sus brazos y las mallas negras de sus piernas, al tiempo que pequeñas heridas parecían abrirse en su piel. – ¡¡Aaaaaaaah!!
Tomoyo se sobresaltó al ver esta escena, y no pudo evitar desviar su mirada hacia otro lado, en especial al escuchar ese grito de dolor proveniente de su mejor amiga. A diferencia de ella, el resto de las Rosas Negras no parecían del todo afectadas, a excepción de Mikage que seguía más que molesto por la actitud de su Duelista.
- Parece que lo que quería era jugar con ella un poco más, típico de Kozue. – Comentó divertida Shiori. – Como sea, esa chica está acabada.
- No del todo. – Escucharon que Hirakizawa decía de pronto, llamando su atención.
Eriol, a diferencia de Tomoyo, miraba hacia la Arena con una amplia sonrisa despreocupada. Aunque no era muy diferente a como había estado en todo lo que llevaba el Duelo, sí les llamaba la atención el hecho que ni siquiera la situación actual de Sakura lo hiciera mutarse.
- El propósito es deshojar la rosa del contrincante, ¿verdad? – Agregó inmediatamente, y entonces señaló hacia la Arena con su dedo índice. – Miren.
El resto de las Rosas Negras, incluida Tomoyo, viraron su vista hacia dónde Eriol señalaba. No había nada especial o diferente. Sakura seguía elevada en el aire, con ese viento girando con fuerza alrededor de sus brazos y piernas. ¿Qué quería que vieran exactamente? Fue hasta que recordaron el comentario que acababa de hacer que todos comprendieron; ninguno lo había notado: Sakura, pese a todo, seguía teniendo la Espada Sagrada sujeta en su mano derecha, y no sólo eso, la sujetaba hacia abajo, de tal forma que hacía que la hoja se colocara frente a su pecho de manera protectora, es decir, frente a su rosa blanca. Esto los sorprendió realmente.
- ¿Está protegiendo aún su rosa con su espada? – Comentó un poco incrédulo el Príncipe de Negro. – Eso es ser obstinada.
- Yo diría que eso es ser un verdadero Duelista. – Agregó Akio ligeramente divertido. – Creo que Mikage tiene razón, esa chica es más de lo que aparenta.
- Yo siempre tengo razón. – Agregó a su vez la Rosa Negra de traje azul en un tono no muy alegre.
Shiori no hizo ningún comentario. Sólo volvió a ver a cada uno, frunció su ceño con cierta molestia y se dirigió de nuevo a la Arena. Por alguna razón la hacían enojar un poco con lo que decían. ¿Cómo podían seguir insistiendo en que esa chica ganarìa el duelo pese a la situación en la que se encontraba? ¿Qué veían que ella no?
Kozue se paró frente a Sakura, mirándola de arriba debajo de manera divertida. Luego, comenzó a caminar a su alrededor con pasos lentos, mientras jugaba con su espada y de vez en cuando acercando peligrosamente su filo a Sakura de forma amenazante.
- Mikage-senpai dijo que eras impredecible, y que en situaciones de mucho estrés eras capaz de sacar enormes poderes. – Comentaba mientras la rodeaba. Sakura, por su parte, intentaba seguirla con la vista como podía. – Por eso, los duelos contra ti era mejor terminarlos rápido y no darte ninguna oportunidad. Pero eso no sería divertido, ¿o sí? De hecho, quiero que me muestres esos grandes poderes, ahora que ni siquiera eres capaz de moverte.
La ojos verdes no entendía de que estaba hablando. ¿Enserio aquel individuo les había advertido eso? Quitando el hecho de que su sola mención le causaba aún en esos momentos algo de ansiedad, le parecía raro que él hubiera dicho algo como eso, en especial considerando que la había llamado una “maga ineficiente” y “con habilidades mediocres”. ¿Había realmente notado algo en especial en su “experimento”?
Kozue se paró de nuevo frente a ella de un salto, casi como queriendo asustarla, pero Sakura la volteó a ver de manera firme y dura. Seguía con sus brazos y piernas aprisionadas, y seguía sujetando la hoja de su arma frente a su rosa como un escudo, pero intentaba no reflejar ningún tipo de miedo.
- No pareces muy divertida, mi estimado Príncipe de Blanco. – Balbuceó a tono de burla la Maga de Viento, inclinando su cabeza hacia un lado. – Muy mal, porqué… ¡Yo estoy de fiesta!
De pronto, la joven de cabellos azules dio un largo salto hacia atrás para tomar distancia, y jaló con fuerza su brazo derecho al frente con todo y su espalda, creando una ráfaga de viento que se dirigió hacia Sakura. Pero no era sólo una ráfaga de viento, era más como una cuchilla, que terminó haciéndole una cortada en diagonal en su torso, rasgándole la ropa e hiriéndola ligeramente. Aunque era más una herida superficial, sí le causaba un fuerte dolor quemante. Por suerte, su espada había protegido su rosa, la cual no sufrió ni un daño.
- Así que por eso sostenías tu espada así. – Señaló Kozue al darse cuenta de que su ataque no había alcanzado su rosa. – Me parece bien, ¡Así puedo seguir haciendo esto!
Kozue comenzó a mover su espada hacia un lado y hacia el otro con rapidez y violencia, y con cada movimiento una cuchilla de viento se creaba y volaba hacia Sakura, rasgándole su atuendo de Príncipe e hiriéndola en diferentes partes del cuerpo, sin que ésta pudiera mover un dedo siquiera; sólo soltar pequeños gemidos de dolor y retorcerse levemente. Aún así, no soltaba su espada para nada.
- ¡¿Te duele?! – Exclamaba con malicia la maga de viento. – ¡Pues no me detendré hasta que las campanas anuncien mi victoria o me ruegues que me detenga!
Y tenía pensado cumplir con su palabra, pues siguió y siguió atacándola sin detenerse ni un sólo momento, hiriéndole en su torso, en sus costados, en sus piernas y brazos, en su rostro. Su atuendo se había vuelto tiras en un parpadeo, y algo de sangre llegaba a escurrir por su cuerpo y caer al suelo de la arena en pequeñas gotas. La imagen era demasiado para algunos de los espectadoras, incluyendo a Kotori, y sobre todo para Tomoyo.
- Tu hermana está un poco loca. – Comentó Sainoji al ver todo lo que hacía. – Ni siquiera yo me pondría a hacer eso. ¿Por qué no deshoja su rosa y ya?
- Yo creo que intenta probar algo. – Contestó Juri con cierta seriedad. – La pregunta es qué, o, a quién.
Dicho eso, volteó a ver a Mikki de reojo, que tenía su atención totalmente fija en esa escena. Se sentía aturdido, pasmado, impotente, incluso un poco enfermo. Sentía que de alguna manera eso era su culpa, sentía que la persona a la qué deseaba probarle algo, como decía Juri, era a él, aunque no tenía idea de qué exactamente. No entendía lo que Kozue buscaba, pero de alguna forma estaba castigando a Sakura por su culpa. Intentaba entender que era, intentaba con todas sus fuerzas entender que era lo que ocurría, qué era lo que quería que viera, pero no le era posible. Kozue se había vuelto una completa extraña para él.
Sakura tenía sus ojos cerrados con fuerza e intentaba no pronunciar sonido alguno por el dolor que le recorría el cuerpo, mucho menos gritar. Le era difícil concentrarse y pensar en una manera de salir de esa situación. Aunque en realidad, ¿qué podría hacer realmente?
- “Tengo que hacer algo, debe de haber algo que pueda hacer.” – Pensaba con desesperación la castaña, mientras el viento de Kozue seguía atacándola una y otra vez. La fuerza de su mano la abandonaba poco a poco, y temía que en cualquier momento fuera incapaz de seguir sosteniendo su espada, y entonces su rosa quedaría descubierta. – “Espada Sagrada, por favor… Ayúdame… Kamui…”
En ese momento, una lágrima se formó en su ojo derecho, y comenzó a resbalarse por su mejilla. ¿Era una lágrima producto del dolor?, ¿una lágrima de desesperación tal vez?, ¿de miedo?, ¿tristeza? Quién sabe. Una vez que llegó al final de su rostro, esa pequeña gota cayó en línea recta hasta tocar con delicadeza la hoja de su arma, desprendiéndose en varios pequeños puntos de luz. La joya de la Espada Sagrada resplandeció de golpe en ese momento, creando una fuerte luz verdosa.
Kozue detuvo su ataque en ese mismo instante, mirando confundida tal fenómeno, y no era la única. Los demás duelistas se quedaron mudos al ver esto, inclusive la Doncella de Blanco tenía sus ojos totalmente abiertos como señal de asombro. El propio Príncipe de Blanco no parecía comprender lo que pasaba. Ese brillo provenía directo de la Espada Sagrada, ¿pero qué lo causaba?, ¿había hecho o dicho algo en especial para hacerla reaccionar así?
- ¿Qué es esto? – Exclamó sorprendida Kozue, quedándose de pie en su lugar. – ¿Qué estás tratando de hacer?
¿Qué estaba tratando de hacer? Era una buena pregunta, pues realmente no estaba haciendo nada… ¿o sí? Una vez más, sintió esa extraña sensación: el latido de un corazón, un latido que provenía del arma en sus manos, casi como si fuera un ser vivo.
- “Ya veo.” – Pensó la castaña, mirando fijamente su espada. – “Creo que comienzo a entender cómo funciona esta Espada…”
Una fuerte decisión se reflejó en sus ojos de pronto. Sujetó la Espada Sagrada con firmeza y el brillo verdoso de su gema se volvió dorado, y éste cubrió por completo toda su arma. Aplicó fuerza con su brazo derecho, intentando jalarlo hacia abajo, aunque la cadena de viento seguía sujetándola. Pero, frente a los ojos de una atónita Kozue, el torbellino de su brazo derecho pareció esfumarse de un movimiento rápido, disipándose por completo. Luego, teniendo su brazo derecho libre, lo jaló hacía un lado y luego hacia el otro en un movimiento rápido que creó por sí sólo un viento dorado que la cubrió por completo en una esfera que poco a poco fue desapareciendo el resto del viento mágico de la Rosa Negra, liberando su cuerpo de nuevo.
- ¡¿Cómo?! – Profirió la maga de viento, dando un paso hacia atrás sorprendida. – ¿Disipó mi conjuro?, ¡¿pero cómo?!
El viento que rodeo a Sakura hizo también que descendiera delicadamente hasta colocar sus pies a salvo en el piso, y luego disiparse hacia todas direcciones. Sakura tenía una expresión ligeramente seria, pero en el fondo parecía algo aturdida por todo lo que acababa de pasar. Miró con cuidado sus ropas, las cuales habían sido hechas pedazos gracias a Kozue. Normalmente ese no era problema, pues Kotori hacía aparecer ese traje cuando entraban a la Arena, y desaparecía al salir, y al próximo Duelo estaba como nuevo, justo igual que esa Arena en la que peleaban.
Volteó en ese momento su atención de nuevo a su arma. ¿Podría ayudarla en eso también? En cuanto ese pensamiento cruzó por su mente, su espada volvió a brillar, y eso pareció una afirmación para ella. Sakura cerró sus ojos, alzó su espada hasta colocarla sobre su pecho. Todo su cuerpo, aunque más específicamente sus ropas, comenzaron a brillar como oro. Luego de unos segundos, bajó de golpe su espada de nuevo y el brillo se esfumó: su atuendo de Príncipe de Blanco había vuelto a la normalidad, totalmente intacto y limpio. Por supuesto, sus heridas continuaban ahí, pero su uniforme se había reconstruido por arte de “magia”.
- “Ahora lo entiendo.” – Meditaba el Príncipe de Blanco, mirando con cuidado sus ropas. – “La Espada Sagrada reacciona a mis deseos y transforma estos en magia, así es como funciona. No es tan diferente a mi báculo o a las Cartas Sakura como lo había pensado…”
Todos los presentes, sin excepción, se quedaron estupefactos ante esto. La sorpresa de algunos se debía a que no entendían lo que acababan de vea, mientras que la sorpresa de otros se debía a todos lo contrario: por sí entender aunque sea en parte lo que había ocurrido. Mikage era uno de ellos.
- Eso era lo que me temía. – Murmuró Mikage, intentando recuperar su compostura, aunque no era algo sencillo. – Esa chica ya está aprendiendo a usar la Espada Sagrada.
Shiori y Akio no respondieron nada a su comentario. El actual Príncipe de Negro era el más incrédulo de ese balcón. ¿Cómo era posible que pudiera usar la Espada Sagrada para hacer algo como eso? Ni siquiera ella conocía esos poderes, y eso que ella era el Príncipe de Negro, ella poseía la Espada Sagrada que guardaba la Doncella de Negro. ¿Cómo había hecho eso? La mirada de Shiori pareció cubrirse de furia en ese momento, o… ¿acaso eran celos?
- Sakura sorprendió a todos una vez más. – Comentó Eriol en voz baja, aunque su comentario obviamente dirigido a Tomoyo, la cual asintió con su cabeza de manera afirmativa.
- Sakura siempre sabe qué hacer en estas situaciones. – Murmuró mientras sonreía ampliamente con felicidad. – Sabía que lo lograría, ella siempre lo logra…
- ¡Cállense ustedes! – Les gritó con fuerza Shiori, aparentemente furiosa. – ¡No festejen antes de tiempo! ¡Esa tonta aún no ha ganado!
Shiori se veía realmente enojada, pero poco importaba lo que dijera, todos en esos momentos sentían que el duelo ya estaba por terminar.
- ¿Así que aún tenías trucos bajo la manga? – Comentó Kozue aún pasmada; algo de sudor frío resbalaba por su frente.
- Eso parece, aunque ni siquiera yo lo sabía. – Contestó divertida la ojos verdes y dio un paso hacia ella. Kozue, por mero reflejo, retrocedió rápidamente, alzando su espalda hacia ella de manera defensiva. ¿Qué ocurría? ¿Acaso ella también sentía que ese duelo ya iba a terminar y no a su favor?
Sakura se quedó de pie en su lugar, mirándola fijamente en silencio por algunos segundos.
- No sé que tengas contra Kotori o contra mí exactamente – Le dijo de pronto. – Y tampoco sé que haya pasado entre ustedes en el pasado, pero no debes de expresarte de esa forma de Mikki como lo hiciste hace un momento: él es tu hermano.
Kozue se sobresaltó al escucharla decir eso, y Mikki a su vez desde el balcón reaccionó igual. Ninguno de los dos esperaba que fuera a decir eso. Acababa de ser atacada de forma violenta, prácticamente se podía decir que la estaba torturando y humillando, y lo primero que decía luego de eso no era algún tipo de ataque, algún tipo de insulto, algo para protestarle lo que le acababa de hacer. En lugar de eso, hacía un comentario sobre Kozue y Mikki, más específicamente sobre lo que ésta había dicho de él unos momentos atrás. ¿Por qué?
Sakura prosiguió, sin que ninguno de los gemelos saliera de su asombro.
- Como dije, la verdad no sé qué pasó hace años, ni sé qué es lo que tú pienses o sientas pues la verdad apenas y acabo de conocerte. Pero si hay algo que sí sé, es que Mikki te sigue queriendo, y mucho.
- ¡Sakura! – Exclamó apenado el chico de cabellos azules, al parecer un poco cohibido por esas palabras.
Kozue también llegó a sorprenderse un poco al escucharla, aunque no le había dicho gran cosa, ¿o sí? Mikki, ¿la quería?, ¿la seguía queriendo luego de todo eso? Por un lado era lógico, era su hermano, era su deber quererla, no era nada especial. Pero, ¿por qué oírlo de los labios de esa chica hacía el aire se le fuera?
- Lo sé muy bien, porque yo pude sentirlo claramente en aquella ocasión…
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- No es la gran cosa. La compuse junto con mi hermana cuando los dos éramos niños.
- ¿Tienes una hermana? – Preguntó Sakura.
- Sí, gemela de hecho, aunque ella es mayor que yo por un par de minutos creo. Ambos tocábamos juntos el piano desde niños en el jardín de nuestra casa. De hecho, por eso la titulamos “El Jardín Soleado”, ya que fue en ese jardín donde la hicimos. – Una sonrisa adornó de pronto el rostro de Mikki al recordar de nuevo aquellos días. – Cuando la tocábamos, yo me sentía brillar… Esta canción últimamente se está haciendo algo famosa, y ya varias personas, sobre todo en esta escuela, la han comenzando a tocar. Pero no había encontrado a otra persona que pudiera transmitirme ese mismo sentimiento que lograba mi hermana…
- Como te dije esta mañana, yo tengo una hermana… su nombre es “Kozue”. Desde el día de nuestro nacimiento, Kozue y yo siempre estuvimos juntos. Todo era perfecto si lo hacíamos juntos. Nuestros juegos, nuestras interpretaciones en el piano… todo. Como te dije, mi hermana es unos minutos mayor que yo. Yo siempre pensé que ese tiempo no podría significar que ella fuera más madura o algo parecido… Pero parecía que estaba equivocado. A los diez años, Kozue recibió una carta, una extraña carta con un perfume singular, con un mensaje que no entendimos ninguno… excepto ella. No sé que pasó en realidad, pero dos años después Kozue discutió con mi abuela por culpa de esa misma carta. Mi hermana se fue de la casa y de Kyoto, y vino a esta Academia… Cuando mi hermana se fue… lo perdí todo. Cuando estaba con ella, teníamos un brillo especial… Un brillo que podía afrontar cualquier problema, a cualquier rival. Pero cuando se fue… lo perdí por completo…
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- El que tú te fueras realmente lo afectó. – Continuó. – Él realmente te quiere, él lo único que ha deseado todo este tiempo es volver a tocar el Jardín Soleado contigo, y por eso ha buscado desesperadamente a alguien como Kotori que pudiera tocarla como tú. Pero nadie puede remplazar a su querida hermana gemela, ni siquiera Kotori…
- Cállate… - Interrumpió de golpe la maga de viento. Su mirada se había endurecido, y conforme proseguían las palabras de Sakura, su rostro reflejaba más y más enojo, más y más rabia, como si cada oración que surgía de sus labios fuera una provocación en su contra. – Cállate… ¡Cállate!, ¡¡Cállate!!
Kozue jaló de golpe su brazo izquierdo hacia el frente, extendiéndola por completo contra Sakura. De su mano, surgió una fuerte ráfaga de viento, tan fuerte como para arrancar un árbol de sus raíces, y además de todo cargado con la propia magia de la Rosa Negra, y se dirigía directo hacia el Príncipe de Blanco.
- ¡¡Espada Sagrada!! – Gritó con fuerza la ojos verdes, moviendo su arma de un lado a otro con rapidez, literalmente cortando el viento con su filo. El sólo contacto de la hoja contra la ráfaga creada por Kozue, pareció disiparla hacia todas direcciones como una brisa ligera.
- ¿Lo repelió de nuevo? – Exclamó Touga sorprendido por todos sus compañeros.
Apenas y Sakura había realizado su movimiento cuando de la nada Kozue ya se le había lanzado encima como lobo salvaje. La castaña apenas y pudo reaccionar a tiempo, bloqueando una estocada de su espada Ropera que iba dirigida directa a su rostro; evidente ese ataque no tenía la intención de deshojar su rosa. El Príncipe de Blanco comenzó a retroceder con rapidez, bloqueando cada una de las violentas estocadas que Kozue le arrojaba una detrás de otra.
- ¡¿Tú qué sabes?! – Le gritaba la maga de Kyoto sin detenerse; se veía sumida en su cólera. – ¡Ese tonto!, ¡ese inmaduro!, ¡¡ese bobo!! Sólo le interesa recuperar su estúpido brillo… ¡Y ni siquiera se da cuenta de que ese Brillo no tenía nada que ver conmigo o con su maldito piano!
Las armas de ambas se juntaron y comenzaron a empujarse mutuamente entre ellas. Sakura plantó sus pies en el suelo con firmeza para evitar que la moviera, al tiempo que sostenía su arma con ambas manos. Kozue aplicaba toda su fuerza, mirándola fijamente a los ojos con rabia.
- ¡A él no le interesa otra cosa! ¡Sólo soy lo que lo hace brillar! ¡Y cuando encuentre a otra tonta como ustedes que lo haga brillar yo no seré nada!, ¡¡Nada!!
- ¡No es así! – Exclamó con fuerza el Príncipe de Blanco de Golpe. – No importa que alguno de ustedes tenga un novio o novia, haga su vida, se case o incluso si viven lejos, ¡ustedes son hermanos! Mikki podrá tener miles de amigos, novias, tener una esposa, hijos, pero ninguna persona, nadie en este universo podría tomar el lugar de su hermana, ¡ese es un papel que sólo tú puedes desempeñar!
Kozue se sobresaltó al escucharla decir eso, y el propio Mikki a su vez pareció pasmarse también. ¿Nadie en ese mundo podía tomar su lugar? Sí, eso era cierto. No importaba cuantas personas se cruzaran en su camino a lo largo de los años. Las amistades terminaban, los noviazgos rompían, incluso los matrimonios se separaban. Pero, sin importar que pasara, uno no podía dejar de ser el hermano de alguien, no podía abandonar ese papel aunque lo quisieras. No importaba que pasara, no importaba si Mikki se consiguiera una novia, dos, tres… Ella era su hermana, ninguna otra chica en el mundo podía tener ese papel… Nadie más.
Sakura sonrió ligeramente al ver que sus palabras parecían haberle llegado a su oponente. Sus armas seguían totalmente pegadas.
- Y yo sé muy bien que entre hermanos existe un lazo muy fuerte que no se puede romper…
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- Tienes que ser más fuerte Sakura… - Le contestó su hermano, volteándose rápidamente hacía ella. Ahora que me voy, es necesario que te vuelvas más fuerte hermana. Debes de aprender a proteger a los que quieres y a ti misma. Ya no estaré aquí para protegerte de todo. Pero cunca estarás sola Sakura. Incluso si no estoy contigo, siempre te protegeré, ¿entiendes?, y también mi padre. Pero tarde o temprano vas a tener que hacer las cosas por tu cuenta. ¿Recuerdas que en una ocasión te dije que por alguna razón yo podía ver cosas que los demás no podían? Pues no necesito dicho don para ver en tu interior Sakura. Yo más que nadie sé de la gran fuerza que hay en tu corazón… eres la persona más fuerte que conozco hermana, y tienes que aprender a usar esa fuerza… nunca permitas que alguien trate de dañar dicha fuerza, ¿entiendes hermana…?
- Hermano… - Dijo de pronto Sakura. Su hermana lo estaba mirando fijamente con una pequeña sonrisa en sus labios. – Quiero que sepas que, a pesar de que estés molesto por el hecho de que viniera para acá y no te diga bien las razones... me hace muy feliz verte después de tanto tiempo. Es sólo que desde que tengo menoría, tú siempre habías estado ahí en la casa conmigo, y el no tenerte… Lo creas o no te he extrañado mucho. Aún recuerdo vívidamente lo que dijiste esa ocasión antes de irte, y esas palabras han sido una de mis tantas inspiraciones desde que llegue a este sitio, en especial ahora que he decidido que es lo que deseo…
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- Y ese lazo debe de ser más fuerte en ustedes. No sólo comparten la misma sangre y el mismo apellido. Comparten el mismo cumpleaños, la misma apariencia, las mismas habilidades. Ustedes, son casi uno… Lo que hace brillar a uno, hace brillar al otro.
- ¡¡Cállate!! – Gritó a todo pulmón de golpe; de nuevo sus palabras la habían hecho enojar, pero era obvio el porqué: todo lo que decía era cierto.
De nuevo empujó su arma con fuerza al frente, tomándola por sorpresa y haciéndola retroceder varios pasos. Kozue reanudó su ataque, pero ahora con muchísima más fiereza y rapidez que antes. Sin embargo, sus movimientos ya no tenían ningún orden o sentido; simplemente se encontraba tirando ataques al azar.
- ¡¡Tú no sabes nada!! – Le gritaba con tanta desesperación que prácticamente las lágrimas se le salían de los ojos. – ¡¡No me conoces!!, ¡¡No actúes como si me conocieras!! ¡¡No lo conoces a él!!, ¡¡Nadie lo conoce como yo!! Nadie… Nadie… ¡¡Conoce el Brillo de Mikki!!, ¡¡Nadie lo entiende como yo!!, ¡¡Nadie entiende nuestro Jardín Soleado!!
La rabia realmente la había cegado. ¿A quién estaba atacando realmente? Ya ni siquiera intentaba tocarla con su espada, simplemente lanzaba golpe tras golpe sin ningún cuidado, incluso chocaba su hoja contra la de ella repetidamente sin necesidad de que Sakura tuviera que intentar bloquear. Estaba fuera de sí.
Sakura supo que ese era el momento. Rápidamente se movió hacia un lado, sacándole la vuelta al duelista y pasando rápidamente por su costado izquierdo, dirigiendo su hoja hacia su rosa al mismo tiempo. Ambas se cruzaron, pues Kozue seguía avanzando al frente, y Sakura se había lanzando al lado contrario. El filo de su arma alcanzó la rosa de pétalos negros, haciendo que estos se dispersaran uno por uno, siguiendo el camino de su espada.
Este acto pareció ser lo único capaz de hacer reaccionar a Kozue, pero lamentablemente para ella cuando ya era demasiado tarde; su rosa había sido deshojada. Dio unos cuantos pasos más al frente con torpeza por el mismo impulso que llevaba. Una vez que se detuvo, volteó con cuidado hacia atrás, sólo para ver cómo había dejado detrás de sí un rastro de pétalos negros, como pequeñas gotas de sangre. La maga de viento se quedó atónita, mirando fijamente esa inverosímil imagen, volviendo a la realidad únicamente hasta que las campanas comenzaron a sonar para anunciar su derrota.
- Terminó. – Señaló Shaoran en voz baja mientras las campanas seguían sonando.
- ¿Soy el único que notó algo extraño en todo esto? – Comentó Sainoji rascándose la cabeza.
- Definitivamente fue un Duelo ligeramente fuera de lo común. – Agregó Touga al mismo tiempo.
Juri viró su atención de la Arena hacia Mikki, sólo para darse cuenta de que éste se veía pasmado, mirando a la Arena en silencio. El Duelo ya había terminado, pero él no parecía reaccionar. La verdad era que todo lo que Sakura acababa de decir, no le había llegado sólo a Kozue, también a él, y tal vez incluso más. Mikki, por medio de las palabras de Sakura, y todo lo que Kozue vociferó a lo largo del Duelo, sobre todo al final, le habían hecho darse cuenta de algunas cosas que posiblemente había pasado por alto, por todos esos años.
- Mikki. ¿Estás bien? – Escuchó como la voz de la capitana del club de esgrima lo llamaba. El chico siguió sin reaccionar por algunos segundos, guardando silencio, y no apartando sus ojos de la Arena, aunque más específicamente de su hermana.
- Sí… Por supuesto… - Susurró en voz baja, aunque no se veía del todo bien.
Las Rosas Negras eran una mezcla de sentimientos en ese momento. Shiori se veía realmente impactada. Akio igual estaba sorprendido, pero no tanto como su compañera. Aunque, extrañamente al mismo tiempo, pareció un poco divertido por todo lo ocurrido. Mikage era una combinación entre enojo, más directamente contra Kozue, y admiración por el Duelo que había visto, que en su punto de vista había sido relativamente interesante. Eriol era un enigma; era prácticamente imposible predecir qué era lo que pasaba por su mente. Aparentemente se veía tranquilo, y una amplia sonrisa adornaba su rostro. ¿Estaba feliz?, ¿se había sorprendido por todo lo que había ocurrido o de alguna forma ya lo veía venir? Hirakizawa era realmente un enigma para cualquiera que lo viera.
Por último, Tomoyo se veía aliviada y a la vez muy contenta con el final de Duelo. Había tenido algunos momentos en los que llegó a pensar que Sakura no sólo perdería, sino que saldría gravemente herida, pero de nuevo le demostró a ella, y a todos los presentes, que no había nada que pudiera detenerla. El haber sido testigo de cómo su querida amiga Sakura peleaba de esa forma, le había parecido más emocionante que el ver ese bosque, esa arena, e incluso el castillo en el cielo.
- Eso… No es justo. – Murmuró Shiori, aún algo aturdida por la conmoción. – Kozue debió de haber ganado, ¡Kozue dominó todo el duelo! Ella tuvo muchísimas oportunidades de deshojar su rosa…
- Pero no lo hizo, y eso es lo que cuenta. – Le contestó Akio, riendo un poco. – Te agradé o no admitirlo, esa chica superó a Kozue por el simple hecho de que ella poseía una mejor claridad mental. Kozue intentó aplicarle algo de juego psicológico a su rival, pero al final ella le regresó su juego.
Takatsuki enmudeció. En efecto ella también se había dado cuenta de que Kozue no se encontraba del todo estable. Había algo que la estaba molestando desde el primer momento en que puso un pie en esa Arena, y de seguro por eso perdió. De seguro ahí radico que perdiera.
- No tenía por qué haber sido así. – Agregó de pronto Mikage con notoria molestia. – Eso pasa por no tomar enserio las cosas. Desde un inicio sólo estuvo jugando con ella, y yo se lo advertí desde un inicio. – El líder del Círculo de la Rosa Negra se dio media vuelta, caminando a la puerta para retirarse de ese lugar. – Que al menos les sirva de ejemplo.
Akio y Shiori lo siguieron luego de eso, y los tres entraron a la Torre para luego comenzar a bajar las escaleras. Eriol y Tomoyo se quedaron un poco más en ese lugar; parecían esperar a que la propia Sakura se fuera de la Arena para ellos también irse.
- ¿A ti qué te pareció, Daidouji? – Le preguntó el joven de anteojos, volteándola a ver.
- Es difícil explicarlo. – Le contestó ella, volteándolo a ver también con una sonrisa. – Este tipo de cosas no son tan comunes para mí como deben de serlo para ustedes. Pero me gustó poder ver a Sakura en acción otra vez, yo sabía que ganaría. ¡Ojala hubiera traído mi cámara!
La última frase la había pronunciado con un marcado entusiasmo y exaltación, con su sonrisa extendiéndose de oreja a oreja, y un brillo adornando sus ojos. Eriol simplemente sonrió ligeramente ante su respuesta.
- No tienes porque ocultar el hecho de que estuviste preocupada por Sakura todo el Duelo. – Murmuró el inglés de pronto, sorprendiendo un poco a la ojos azules. – No fuiste muy capaz de disimularlo, y no tienes porque avergonzarte. Eso no significa que desconfíes de sus habilidades, simplemente aunque tú sepas que ganará, es imposible no preocuparte por alguien que realmente quieres.
Tomoyo se quedó en silencio al escucharlo. La verdad, no había sido necesario tener magia para notar su preocupación, pues como él dijo no había sido capaz de disimularla del todo. Ella estaba segura de las habilidades de Sakura, estaba segura que ganaría, pero aún así se había preocupado, y había llegado a pensar que tal vez no confiaba tanto en su amiga como pensó. Pero, tal vez Eriol tenía razón; no siempre es posible fingir confianza cuando alguien que realmente quieres está en peligro.
El Príncipe de Blanco respiraba con agitación, dándole la espalda a su oponente, apoyándose en su espada mientras intentaba recuperar el aliento. Se sentía feliz de haber terminado, y en especial, poder haber usado de una mejor manera la Espada Sagrada. Todo había salido bien después de todo.
- Felicidades. – Escuchó que Kozue le decía a sus espaldas, obligándola a darse la media vuelta.
La maga de viento estaba parada a un par de metros de ella, mirándola fijamente con dureza. Ya se veía más calmada que antes, pero aún no por completo. Agitó un poco su espada hacia un lado, y luego la guardó de un movimiento lento en su vaina.
- Usaste mi propio juego en mi contra. – Continuó. – No sé como lo lograste, pero déjame advertirte algo. – La expresión de Kozue se endureció de golpe, incluso tomando un marcado tono de seriedad. – No sé qué tan fuertes sean las nuevas Rosas, pero sí te puedo asegurar, que con esa actitud de no querer atacar y preocuparte por lastimar a tu oponente, y con las habilidades que demostraste en el combate, será imposible que derrotes a Himemiya-senpai o a Shiori-chan.
Sakura se inquietó al oírla decir eso. Himemiya tenía que ser aquel chico de piel morena que acababa de ver esa misma noche, y Shiori era el actual Príncipe de Negro. ¿Era enserio lo que decía? Kozue continuó, pues aún no terminaba. Pero en esta ocasión, el tono de su voz se agravó.
- Y, principalmente, no podrás ni acercarte siquiera a la rosa de Mikage-senpai…
Esas palabras fueron como dagas para Sakura. Antes de ese momento, antes de escuchar cómo le decía esas palabras, no había pasado con claridad esa idea por su cabeza: iba a tener un duelo con esa persona, y eso no era capaz de evitarlo. Si él la retaba, iba a tener que aceptar… Pero, acaso, ¿sería capaz de hacerle frente de nuevo? Y aunque pudiera hacerlo, ¿podría ganarle? Sus heridas volvieron a dolerle, pero no eran las que Kozue le acababa de realizar, sino las ya cicatrizadas de su combate contra Mikage Souji…
- Estuviste a punto de morir aquel día, ¿o no? – Murmuró por último la chica de cabello azul, riendo ligeramente antes de comenzar a caminar a la góndola. – ¿Crees que cometerá el mismo error dos veces? Será mejor que lo tengas en mente.
Dejando ese pensamiento para la mente de Sakura, Kozue pasó a retirarse de la Arena. El Príncipe de Blanco, sin embargo, se había quedado paralizado en su lugar, con los ojos totalmente abiertos. Hace un momento estaba feliz por haber terminado de manera exitosa su primer Duelo contra una Rosa Negra. Ahora, sólo podía pensar en el hecho de que, efectivamente, apenas era el primero…
Con el Duelo terminado, ya no había nada más que hacer en la escuela. Unos minutos después de haber sonado las campanas, ya todos habían dejado el Bosque Prohibido y se dirigían por su cuenta a sus respectivos hogares; ya era hora de dormir. Los miembros del Consejo Estudiantil obviamente se irían juntos; los cinco vivían en la misma casa después de todo. Por lo tanto dirigían hacia el estacionamiento donde Touga tenía su auto. Mikki no había mejorado en nada en su estado; se encontraba caminando casi como zombi a lado de sus demás compañeros.
- Esa chica se está volviendo demasiado fuerte. – Señaló Touga mientras avanzaban por el camino que llevaba de la Torre de la Recetoría al estacionamiento. – Es posible que aprenda a usar a la perfección la Espada Sagrada dentro de poco, y si eso pasa…
- No saques conclusiones apresuradas. – Interrumpió de inmediato Sainoji. – Todos sabemos que este triunfo tuvo una gran parte de suerte, igual que todos los anteriores. Si la hermana de Kaoru la hubiera acabado cuando tuvo la oportunidad, ahora tendríamos otro Príncipe de Blanco. No demostró nada, sólo su inutilidad para pelear que al parecer no ha cambiado pese a tantos duelos.
- ¿Enserio lo crees? – Preguntó Li, deteniéndose y girándose hacia el chico de cabellos verdosos. – Ninguno conoce el alcance de los Poderes de Sakura, ni yo… Ni ella misma.
- Si ese es el caso, tal vez todos queramos asistir a los siguientes Duelos para averiguarlo, ¿no es así? – Comentó Juri con cierta despreocupación. De nuevo, pudo notar lo anonadado que continuaba su compañero, Mikki Kaoru. – Oye Mikki, ¿seguro que estás bien?
La capitana colocó con cuidado su mano sobre su hombro, para llamar su atención. Mikki volteó a verla pero parecía que no la estuviera viendo a ella, sino simplemente al vacío.
- Ah, sí. – Murmuró en voz baja. Todos los otros reanudaron su marcha, pero Mikki se quedó en su lugar. – Yo… Váyanse sin mí, los alcanzo luego.
Las demás Rosas Blancas voltearon a verlo confundidos por su afirmación.
- ¿Te regresaras solo a casa? – Preguntó el Touga.
- Me sé cuidar solo, no te preocupes. – Contestó el mago de viento y entonces se dio media vuelta, entrando de nuevo hacia la escuela.
- ¿Pero qué harás en la escuela a esta hora? – Agregó Sainoji mientras lo veía alejarse, pero Mikki no contestó.
El chico de cabellos azules se dirigió a los salones de la secundaria, caminando por los pasillos del primer piso hasta llegar al jardín interior, en donde se encontraba aquel kiosco con el piano blanco. Los salones, y todo el edificio en sí, se encontraban a oscuras, y por lo tanto, ese jardín también lo estaba. Pero, pese a las sombras, el piano y el propio kiosco aparecían brillar ligeramente al reflejar en ellos la luz de la luna y las estrellas.
Mikki caminó con pasos lentos hacia el kiosco, subiendo por sus escalones con cuidado. Una vez arriba, comenzó a caminar alrededor del piano, pasando sus dedos por su cubierta. Muchas cosas pasaban por su mente en esos momentos. Esa misma mañana acababa de estar en ese mismo lugar, pero ahora todo era completamente diferente. Se sentó luego de un rato en el asiento y abrió la tapa de las teclas. No tocó nada, sólo pasó sus dedos hacia un lado y hacia el otro, acariciando el marfil blanco.
- Es un bonito piano, ¿no? – Escuchó de pronto que alguien pronunciaba.
Mikki se sobresaltó, girándose hacia un lado, en donde la persona que le habló estaba parada en el pie de las escaleras. Era ni más ni menos que su hermana Kozue, apareciendo de la nada como si la hubiera invocado con el pensamiento, con su ropa desalineada, su espada en su costado, y su cabello algo despeinado por todo el ejercicio que acababa de tener. Pero, tal vez lo más importante era la expresión de su rostro. Ya no se veía enojada, ni furiosa, ni siquiera tenía esa mirada maliciosa que tanto la distinguía últimamente. Su expresión, sólo se podía ser descrita como el rostro de un perro herido.
- Kozue… - Murmuró en voz baja el joven, mirándola extrañado.
La hechicera de viento tomó su arma, retirándola de su cintura con todo y su funda. Acto seguido, comenzó a subir las escaleras, parándose a lado del piano y mirando éste fijamente mientras colocaba su arma enfundada sobre la tapa.
- Nunca te lo dije, pero este kiosco me recuerda un poco al que teníamos en nuestro Jardín, ¿lo recuerdas? – Comentó Kozue en voz baja, a lo que su hermano contestó asintiendo con su cabeza.
- En nuestro Jardín Soleado. – Agregó Mikki inmediatamente después, sin quitarle la mirada de encima.
Kozue asintió con su cabeza y entonces volteó a ver a su hermano. Ambos se miraron fijamente el uno al otro sin decir nada, sólo mirarse. De pronto, una pequeña sonrisa surgió en los labios de Kozue, misma que sorprendió un poco a Mikki, pero ese solo gesto le dijo más de mil palabras. Mikki le regresó su sonrisa y todo el aire en torno a ellos se calmó en un abrir y cerrar de ojos.
El joven de Kyoto se giró de nuevo a las teclas, y una vez más colocó sus dedos sobre éstas, con la diferencia de que en esta ocasión su comenzó a tocar. Con tan sólo escuchar la primera tonada, Kozue fue capaz de identificar que era lo que comenzaba a tocar. Era obvio, ella había compuesto esa melodía después de todo: El Jardín Soleado. Y no el Jardín Soleado para solo, sino el original: la versión a dueto. Sin esperar algún otro tipo de invitación, Kozue caminó hacia el asiento, sentándose a lado de su hermano, el lugar en el que debía estar. Justo cuando era su turno, la joven imitó a su hermano, comenzando a tocar luego de casi un año, el acompañamiento que ella mismo compuso. Ambas partes encajaron a la perfección una con la otra, formando de esa forma una única y hermosa pieza. Después de tanto tiempo, los gemelos Kaoru se vieron transportados de regreso a aquel kiosco, en aquel jardín entre la parte vieja y la parte nueva de su casa. Después de tanto tiempo, una vez más tocaban el piano juntos, dándole vida al verdadero Jardín Soleado, en ese recital a oscuras que sólo ellos pudieron escuchar…
FIN DEL CAPITULO 29
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Sakura: Tsuwabuki Mitsuru regresa a Othori, pero ya no es el mismo. ¿Qué fue lo que le pasó? ¿Qué significa esa mirada? ¡¿Qué?! ¡¿Cómo es que…?!
Mikage: Esto no es normal… ¿Qué eres tú?
Mitsuru: ¿Yo? ¡Soy sólo un niño!
Sakura: Mi próximo Duelo será contra él. Pero hay algo muy extraño en esto. ¿Qué es lo que significa ese cambio? ¿Quién es Tsuwabuki Mitsuru realmente? No se pierdan el próximo capítulo de “La Rosa Blanca”… ¡El Mundo yo voy a Cambiar!
= Capitulo 30: Cosas de Niños =
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Card Captor Sakura © CLAMP, Editorial Kodansha, Estudio Madhouse.
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