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“De acuerdo a la leyenda, hace ya muchos años, tres Diosas bajaron a estas tierras, trayendo consigo el Poder, la Sabiduría y el Coraje que darían forma y vida a nuestro mundo. De su seno, brotaron seis razas que comenzaron a poblar sus territorios. Estas seis razas vivieron juntas durante siglos, coexistiendo entre ellas. Sin embargo, la paz en nuestro mundo llegó a su fin con la aparición de un poder supremo. Este poder daría la fuerza a quien lo poseyera de controlar a las seis razas y a todos los reinos existentes. Las guerras entre las razas para conseguir este poder se fueron alargando más y más, amenazando con destruirlo todo por completo.

Seis sabios, uno por cada raza dominante, tomaron este gran tesoro en sus manos, ocultándola del alcance de todos los mortales, llevándola hasta el Reino Sagrado. Después de esto, el líder de uno de los ejércitos se dedicó a traer de nuevo la paz a estas tierras, y  en un tiempo las guerras terminaron. Aún así, las seis razas ahora se encontraban divididas, cada una vivía en su propio territorio, sin tener contacto alguno con las otras.

Aún en  esta época, las cosas siguen igual. Sin embargo, ahora después de tanto tiempo, la Paz de nuestras tierras esta en riego de ser rota, y una guerra puede volver a suceder, aquí en nuestro mundo llamado… Hyrule…”
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LA LEYENDA DE
Z E L D A

CAPITULO 1:
EL COMIENZO DE UNA LEYENDA

La profunda y siniestra quietud de la noche se vio interrumpida de pronto por los veloces galopes de los caballos. Las figuras sigilosas se encuentran dibujando en la oscuridad el camino de la persecución. Aún parecían oírse los gritos de las personas y el sonido de las llamas consumiendo la gran residencia. Moviéndose a toda velocidad por las sombras, se encontraba un jinete que protegía su cuerpo con una capa tan oscura que parecía perderse en lo denso de la noche, mientras a lo lejos sus perseguidores seguían caminando por el camino de sus huellas. De pronto, la imagen del jinete se pierde entre los árboles del bosque, tratando de escapar de la vista de los caballeros que los siguen, quienes se detuvieron de golpe al no verlo por ningún lado.

- ¿A dónde se fue? – Preguntó uno de ellos, tratando de controlar a su corcel – Tiene que estar por aquí.

- No te preocupes – Le respondió otro, enfocando su vista en los profundo y oscuro del bosque frente a ellos – Si se adentró al Bosque Prohibido, no hay forma de que salga convida de ahí.

- Tienes razón; parece que nuestro trabajo aquí terminó.

Los perseguidores le dieron media vuelta a sus caballos y emprendieron la marcha en la dirección en la que venían, mientras a lo lejos se escuchaban los ruidos del bosque…

(10 años después)

Al este del reino, muy al este, existe un gran bosque, frondoso y abundante, que cubre todo el valle de montaña a montaña. Se dice que sus árboles son tan altos y su follaje tan abundante que prácticamente cubre la luz del sol. Este territorio es desconocido para muchos, en especial después del final de la última guerra. En lo más profundo de este sitio, se encuentra la escondida, misteriosa y prácticamente desconocida aldea de los Kokiris, una de las seis razas de este mundo. Todas las casas de este sitio parecen ser parte de los árboles, hechas con su madera, pero al mismo tiempo eran como una extensión del propio bosque. En todo el pueblo, no se ve alguna persona adulta; increíblemente en los caminos solo se ven pequeños niños, vestidos con trajes verdes todos ellos.

En un lugar del pueblo, ningún sitio especial o diferente al resto, se encuentra un pequeño árbol, con hojas verdes y un tronco fuerte; y sobre esté, hay una casa de madera, como las demás. Desde esta, se escucha un sonido, un sonido no muy común para esa hora del día.    La casa era pequeña, como casi todas las del pueblo. Los Kokiris eran seres que vivían libres en el bosque, por algo los llamaban “Los Niños del Bosques” o “Espíritus del Bosque”, ambos nombres eran iguales para referirse a ellos. Como ellos vivían en el bosque, tener una casa era solo un lugar donde dormir, así como lo hacía el dueño de ésta en particular. El pequeño Kokiri se encontraba recostado sobre una cama de madera, tapado de la cintura para abajo con una sabana blanca. Su cabello era rubio y largo hasta la mitad de su espalda, y se encontraba vestido con un traje verde como el de los demás de la aldea. El sonido que se escuchaba era el de sus ronquidos, los cuales mostraban las pocas intenciones del chico de despertarse.

Pero no todos los Kokiris se encontraban en las mismas situaciones; la verdad él era el único. Mientras él dormí, a algunos metros de ahí, justo en el centro del bosque, se encontraba un inmenso árbol, tan alto que sus hojas se asomaban por encima de todas las copas de los demás árboles. En su tronco, parecía estar gravada la forma de un rostro, un rostro que parecía radiar sabiduría y edad. Sentados alrededor de esté, se encontraban varios Kokiris que lo miraban con admiración. Esta expresión no era para menos, ya que estaban frente al Gran Árbol Deku, un ser que ha existido en este bosque desde antes de que cualquiera de las seis razas pisara sus suelos. Muchos decía que no había nada en este mundo que él no supiera.

- Escuchen Kokiris, ustedes los guardianes del bosque – Se escuchó que una voz profunda y llena de sabiduría decía, proveniente del árbol que rodeaban – Lejos de aquí, del otro lado de las montañas y del gran río, en aquellas tierras nunca vistas por ustedes, se encuentra un territorio que es controlado por otra de las seis razas; me refiero a aquella raza que es capaz de oír la voz de los Dioses. El reino en la que esta raza habita se llama “Hyrule”, el “Reino de la Luz”, donde el poder de Dios reside en la Tierra. En el centro de este reino, se encuentra una gran ciudad…

- ¿Qué es una ciudad Gran Árbol Deku? – Preguntó uno de los niños con curiosidad al escuchar una palabra desconocida para ellos. De pronto, el árbol pareció inclinarse un poco hacía él, mirándolo con sus grandes ojos.

- Una ciudad es como tu aldea pequeño Kokiri – Respondió – Pero una ciudad como a la que me refiero es de un tamaño mucho más grande. Esta ciudad en especial es la más grande este mundo. En su interior, esta llena de edificios y casas, y viven tantas personas en ella que muchos ni siquiera se conocen entre ellos. Y además, en la parte central de este sitio, prácticamente en el eje de Hyrule, se encuentra el gran Castillo Real, una enorme fortaleza de piedra que se alza sobre todo lo demás. Este castillo es el hogar de…

La historia que con tanto interés se encontraban escuchando se ve interrumpida de pronto, cuando todos escuchan un estruendoso grito que provenía desde el pueblo, desviando la atención de todos. Incluso el propio Árbol Deku desvía su mirada en esa dirección.

El sueño había desaparecido de la casa, y ahora era el momento de volver al mundo. El Kokiri que estaba dormido hace unos momentos, ya había despertado de pronto y se puso rápidamente de pie al darse cuenta de que era tarde. En cuanto sus ojos ya pudieron ver bien, lo primero que hizo fue acercarse al tronco del árbol, que parecía atravesar la habitación desde el suelo hasta el techo. En su talla, parecía tener varios grabados, que se encontraban a diferentes distancias unos de otros. Un rayo de luz que entraba por una de las ventanas de la casa se enfocaba en él, exactamente un poco más arriba de una de las marcas grabadas en él.

- ¡Demonios!, ¡Se me hizo tarde! – Se dijo así mismo mientras se movía por todo la casa lo más rápido que podía.

El chico se puso rápidamente sus botas y se agachó hacía debajo de su cama, sacando de ahí un pequeño listón con el que se sujetó el pelo, haciéndose una cola de caballo. Luego se dirigió a la puerta, pero se detuvo de golpe al tiempo que colocaba una de sus manos sobre su cabeza.

- ¿Dónde esta mi gorro? – Se preguntó así mismo mientas se giraba de nuevo al interior de la casa. Ansioso, comenzó a moverse por todas partes, tratando de hallar lo que buscaba.

Mientras arriba se oían los pasos del chico, la figura de otra persona se hizo presente frente al árbol, mientras alzaba la mirada hacía la casa construida sobre esté. Era una joven Kokiri, con la apariencia de diez años que tenían todos los de su raza, de cabello verde y corto, vestida con el mismo estilo de traje que los demás, pero con unas medias oscuras en sus piernas y unas mangas largas en sus brazos. A su lado, se encontraba flotando una extraña esfera de luz que brillaba en un tono rosado.

- ¡Oye Link! – Le gritó de pronto desde su posición, pero no recibió ninguna respuesta – ¡¿Estas haya arriba?!

Desde el sitio en el que estaba parada lograba escuchar todo el ajetreo que tenía arriba. La joven puso una expresión de sorpresa al oír tanto escándalo.

- Ese chico se ha de haber quedado dormido otra vez – Dijo una voz proveniente de la esfera de luz que flotaba a su lado.

- Simphonia, ¿Porqué no vas a ver que le pasa? – Le pidió la joven Kokiri volteando a verla.

- Esta bien – Respondió, no muy animada al respecto.

La hada comenzó a elevarse hacía la casa, entrando por la puerta de enfrente de la misma, mientras su compañera la seguía con la vista. Cuando por fin la hada se alejó de su vista, la joven bajó la mirada, centrando su atención en un objeto verde que estaba al pie de la escalera que se  usaba para subir hasta la casa.

Siguiendo la petición que le había hecho, llegó hasta la residencia donde el Kokiri seguía poniendo boca abajo sus cosas, aún en busca de lo mismo. Comenzó a flotar sobre él, mientras lo miraba con detenimiento.

   - Oye chico, ¿Porqué tanto alboroto? – Le preguntó. En cuando el chico la escuchó, alzó la mirada hacía arriba, viéndola de reojo.

- ¿Qué haces aquí Simphonia? – Le respondió mientras desviaba de nuevo la vista hacía el piso de madera.

- ¿Se puede saber que perdiste ahora?, perderías tu cabeza si no fuera porque…

- ¡Deja de molestarme!, si quieres estar aquí ayúdame a encontrar mi gorro.

- De acuerdo, pero sólo porque lo pediste “bien”.

La hada comenzó a revolotear por el lugar, al tiempo que el Kokiri revolvía sus cosas. En eso, se escuchan los pasos de una persona sobre los escalones que llevan a la casa. Después de un rato, la figura de la Kokiri de pelo verde se hace presente en el sitio, sosteniendo en su mano derecha una prenda verde como su traje.

- Link, ¿Qué estas haciendo? – Le preguntó al verlo.

- No puede hablar ahora Saria – Respondió – Tengo que encontrar mi…

Cuando volteó su mirada hacía ella, se encontraba extendiendo su mano hacía él, donde sostenía el gorro verde que estaba buscando.

- ¿Esto es lo que buscas? – Le preguntó con una mirada inocente, al tiempo que él ponía una cara de decepción, Rápidamente tomó el gorro con su mano y colocó en su cabeza.

- ¡Gracias Saria!; ¡Te debo una! – Le gritó mientras corría hacía la puerta – ¡Pero ahora se me hace tarde para oír la historia!

- ¡Link! – Le gritó su amiga, tratando de detenerlo, pero fue tarde. Su voz fue interrumpida por un grito agudo que poco a poco se alejaba, seguido por un fuerte golpe - … Pero si la historia ya acabó.

Abajo, vemos a Link con su rostro estampado en el suelo. Cuando por fin se logró enderezar, su rostro estaba rojo por el golpe, al tiempo que sobaba su mejilla como señal de dolor.

- Se me olvidaba que vivo sobre un árbol – Se dijo así mismo mientras se ponía de pie. De inmediato recordó que se le estaba haciendo tarde y siguió corriendo.

Link era uno de los más jóvenes de la aldea; apenas había cumplido sus diez años. Era bien sabido por todos que cuando un Kokiri llega a esta edad, su crecimiento se “detiene”. Los Kokiris son espíritus que habitan en el bosque, por lo que ellos tienen una juventud eterna que los bendice y diferencia de las otras razas, pero esta trae consigo una grave consecuencia. Los Kokiris no pueden salir del bosque; ni siquiera tienen la vista adecuada para ver más haya de los árboles de esté, como si una pantalla de humo se los cubriera. El que pasaba si uno salía del bosque era un misterio. Unos dicen el Kokiri muere de inmediato; otros dicen que pierden su juventud eterna, y rápidamente envejecen hasta tener la apariencia de la edad que tienen. Nadie sabía con seguridad, y nadie se arriesgaba a averiguarlo.

Cada Kokiri era traía consigo una acompañante: una hada del bosque. Se dice que cada hada es diferente con cada Kokiri, y que de hecho son como un reflejo de la misma alma de quien la posee. Sin embargo, Link era diferente a los otros, ya que ninguna hada estaba a su lado.

Mientras él corría rápidamente hacía su destino, regresando de donde se encontraba el Gran Árbol Deku, se encontraban tres Kokiris que caminaban de regreso a la aldea. En medio de los otros dos, estaba uno que era el más pequeño en estatura, con el pelo rojo que se asomaba por debajo de su gorro. Los tres tenían una gran sonrisa en después de oír la historia de hoy. Como siempre, su querido Guardián los había cautivado con sus conocimientos.

- ¡Cielos! – Exclamó uno de ellos mientras miraba al cielo – ¿Creen que en realidad exista un lugar así afuera del bosque?

- Por supuesto que sí – Le respondió otro – Si el Gran Árbol Deku lo dice es porque es verdad, ¿No les gustaría ver todos esos sitios de los que el Árbol Deku nos ha hablado?

- ¡Claro que no! – Les gritó el Kokiri que caminaba en medio de ellos, deteniendo su marcha de inmediato y girándose hacía ellos. – Nosotros los Kokiris no poder salir de este bosque, ¿Acaso no lo recuerdan?

Su expresión no era exactamente de enojo, pero no reflejaba exactamente felicidad. Midos, el líder de la aldea Kokiri, era uno de los más jóvenes del bosque, junto con otros como Link o Saria. A pesar de su corta edad, se había convertido en el líder de su pueblo. Era algo inmaduro, como todos los niños en esa época, pero aún así trataba de hacer un buen trabajo.

- Lo sé – Le dijo el Kokiri que lo acompañaba, tratando de calmarlo – Pero Hermano Midos, ¿No te gustaría hacerlo?

El Kokiri se quedó callado unos segundos, como si estuviera pensando sobre la pregunta de sus compañeros. De pronto, sus pensamientos son interrumpidos cuando nota que algo se acercaba rápidamente por el camino que estaban pasando. Mientras se acercaba, pudo notar de quien se trataba. En efecto, era Link, que seguía corriendo apurado, aún sin saber que ya era tarde.

- ¡Ya casi llegó! – Se decía así mismo mientras corría. De pronto, algo se interpone en su camino, haciendo que se tropiece drásticamente, impulsándose sin remedio al frente y por último, cayó de nuevo con el rostro.

Lo que lo había tumbado era el pie de Midos, que al verlo no pudo evitar el hacerlo. Después de tumbarlo precipitadamente, él y otros caminaron hasta ponerse de pie frente al caído Link. Al alzar la mirada de nuevo al frente, los tres lo estaban viendo fijamente con una sonrisa maliciosa en el rostro.

- ¡Midos! – Dijo Link al verlo.

- ¡Pero miren a quien tenemos aquí! – Comenzó a decir el líder Kokiri, con algo de burla en su habla – ¡¿A dónde crees que ibas?!

- Iba con el Árbol Deku, ¿A dónde más? – Le respondió de un amanera seria mientras se ponía de pie y se limpiaba su traje.

- Ha, no me hagas reír – En eso, de la espalda de Midos, surgió una hada que brillaba con un todo de luz dorado, que voló hasta colocarse sobre su hombro izquierdo – Una media persona como tú no debe siquiera estar frente al Gran Árbol Deku, mucho menos escuchar sus palabras.

- ¡Deja de decirme media persona! – Le dijo el Kokiri con algo de agresividad en su voz, misma que pareció agradarle al provocador.

- Eso es lo que eres. Yo y Konel somos una sola persona. Él es mi otra mitad, entre los dos formamos a un mismo ser. Tú por otra parte, ninguna sola hada te ha elegido para ser tu compañera: no eres más que una media persona.

Link pareció enojado ante los comentarios que le hacían. No era la primera vez que lo hace, de hecho era costumbre de Midos y de sus amigos el molestarlo por el hecho de que no tenía una hada. Tratando de no reflejar interés en sus palabras, decidió ignorarlo.

- Lo que digas Midos – Link trató de sacarle la vuelta y seguir con su camino, pero los otros dos se pusieron frente a él, impidiéndole el paso.

- De ninguna manera vas a pasar – Le volvió a decir – De todas maneras no tiene caso, la historia ya acabó, y como siempre te quedaste dormido. Era de esperarse de una media persona como tú, nunca hacen las cosas bien. Talvez por eso ninguna hada te ha elegido, porque eres un verdadero tonto.

- ¡¿Te puedes callar?! – Link se giró furioso hacía Midos, tomándolo de sus ropas y acercándolo a él – ¡Ya me harte de tus comentarios!

- ¡¿Y que vas a hacer al respecto?!, ¡¡Media Persona!!

Ambos se encontraban viendo fijamente el uno al otro, con sus ojos totalmente llenos de rabia, misma que estaba reflejando las ganas que tenían de golpear al otro. Sin embargo, antes de que la pelea comenzara, esta fue interrumpida. De la tierra que estaba debajo de ellos, comenzó a surgir una extraña figura que se abría paso entre el verde pasto del bosque, obligando a que se separaran. Entre ambos había aparecido una ser alto, con su cuerpo cubierto por unas hojas en tonos naranjas, amarillos y rojos. Su rostro parecía estar cubierto por una negra sombra, por lo que lo único que se veían eran un par de ojos brillantes y una boca alargada que parecía de madera. Los cuatros Kokiris se asustaron mucho al momento de verlo, y este miedo aumentó cuando fueron rodeados por otros cuatro seres de la misma forma, solo que más pequeños.

- ¡Dalque! – Expresó Midos muerto del miedo mientras estaba sentado en el suelo.

El primero que ellos que apareció volteó a verlos fijamente, con sus grandes ojos que parecían fuego ardiendo, pero ni siquiera la luz de estas llamas podía opacar la oscuridad que rodeaba su rostro.

- ¡¿Cómo osan pelear en el territorio del Gran Árbol Deku?! – les dijo con una voz firme y profunda – ¡En especial tú Midos!, ¿Crees que esta es la conducta adecuada del líder de los Guardianes del Bosque?

- No es mi culpa – Replicó Midos poniéndose de pie – Link comenzó.

- ¡¿Qué?!, eso no es cierto…

- ¡Silencio los dos! – En cuanto escucharon de nuevo sus voz, ambos Kokiris guardaron silencio – No me importa quien haya comenzado, si quieren arreglar esto, háganlo donde no perturben al Gran Árbol, ¿No se dan cuenta de que en estos momentos él necesita descansar?

Este último comentario pareció extrañar demasiado a Link. Aunque el ser frente a ellos trataba de permanecer firme, notó cierta preocupación en su voz. Dalque era una persona muy extraña y misteriosa, tanto como la raza a la que pertenecía: los Dekus. Durante años los Dekus han protegido el Bosque y al Gran Árbol Deku. Se dice que surgieron del propio Árbol Deku, como si fueran sus hijos. Dalque era el más grande y fuerte de ellos.

- ¿Qué quieres decir con eso Dalque? – le preguntó Link sin comprender lo que quería decir.

- Últimamente ha habido algo muy extraño en el Gran Árbol Deku. Se esta comenzando a sentir débil con más frecuencia y a menudo se queda dormido.

- ¿Esta enfermo?

- No seas tonto – Le respondió el líder Kokiri con ironía – Los árboles no se enferman, y mucho menos el Gran Árbol Deku.

- Cómo sea, no es algo que deba de preocuparles. Retírense, ¡Ahora!

Algo asustados por el grito del Deku, los cuatro duendes salieron corriendo a toda velocidad de regreso al pueblo. Dalque, por su parte, se quedaba de pie en el camino, viéndolo alejarse a lo lejos.

- ‘Dalque…’ – Escuchó de pronto que una voz le hablaba en su cabeza. El ser del bosque rápidamente desvió su mirada hacía el hogar del Guardián.

- ¡Gran Árbol Deku! – Dijo algo sorprendido al oírlo.

El lugar que rodeaba al gran guardián del territorio del bosque se encontraba ahora totalmente solo, ya que todos los Kokiris que lo oían se habían retirado. Sólo quedaba la inmensa figura del Árbol, clavando su penetrante mirada al frente. Aún desde su posición, era capaz de hacerle llegar sus palabras al Deku.

- No deberías de ser tan duro con ellos – Prosiguió – Recuerda que los Kokiris son los espíritus de este bosque, y Midos es su líder. Aunque algunos de ellos han vivido muchos años, no se puede negar que siempre poseerán el corazón de un niño.

- Yo solamente no quiero que los perturben en estos momentos señor – Le respondió – Incluso con contar la historia de este día, he notado como su energía se ha debilitado. Lo siento, pero lo quiera o no, impediré que los Kokiris entren a verlo, por lo menos hasta que su energía este mejor.

- Dalque, siempre eres la preocupación y la conciencia del bosque. Te agradezco esta preocupación. Sin embargo, al igual que tú tomas tu trabajo muy seriamente, yo como el Guardián de toda esta región del Bosque, debo de velar por el bienestar de los Kokiris, los Dekus y de todas las criaturas a mi cuidado.

- ¡Señor…!

La calidez y seguridad que se veía en su voz llenaba el interior del Deku con una extraña sensación. Había dedicado su vida al Árbol Deku desde el comienzo, y seguiría haciéndolo hasta el día de su muerte. La sabiduría y actitud de este ser siempre había sido un motivo de orgullo de admiración para todos en el bosque, y él no era la excepción.

- Dalque – Lo llamó de nuevo, sacándolo de sus pensamientos – Desearía que dejarás de ocuparte tanto de mí y preocuparte más por tu persona. Si en alguna ocasión yo ya no estuviera en este bosque, tú tendrás que ser su nuevo guardián.

- ¡¿Qué esta diciendo señor?! – Le gritó, algo trastornado por sus palabras – ¡¿Por qué dice esas cosas?!, usted es el guardián de este bosque, ni yo ni nadie podría tomar su lugar, nunca podríamos.

- Admiro esa lealtad de tu parte. Pero es necesario que veas las cosas con claridad. En este mundo, nada, ni los Kokiris, los animales, ni los árboles como yo somos inmortales. Para todo hay un tiempo, y eso no es algo que nosotros decidamos. Eso es voluntad de los Dioses. Dalque, además de convertirte en el guardián del bosque si en alguna ocasión me pasara algo, quería pedirte otra cosa, un favor personal.

- ¿Un favor?, ¿De que se trata?

- Este favor es referente al chico Kokiri que no tiene un hada. Me refiero a aquel chico de nombre “Link”.

- ¿Link…?

 

El bosque esta silencioso, callado y pacífico. Ninguna criatura que lo habita parece estar ahí en ese instante. Sin embargo, su presencia es una gran excepción a esto. Los árboles altos y frondosos lo rodean, y lo único que lo ilumina es la escasa luz que pasa por entre ellos. Su figura se mueve sobre el lomo de un cabello castaño, con su montadura adornada de dorado. Su cuerpo era cubierto con una larga capucha de un tono azul oscuro, de donde sobresalían un par de manos cubiertas con unos guantes cafés, con las que sostenía las riendas del caballo. Al mismo tiempo, sobrevolando a su lado, se encontraba una brillante esfera de color blanco, que lo seguía a su pisar.

De pronto, el caballo detiene su marcha a la orden de su jinete. Aquel ser luminoso que lo seguía se detuvo al mismo tiempo, flotando sobre su hombro izquierdo. Por entre la oscuridad de su capucha, él clavaba su mirada al frente. Lejos de ahí, por entre los troncos que se elevaban como pilares, distingue como una figura oscura se mueve de un lado a otro, como tratando de alejarse o esconderse. Pero aún así, él lo distingue de inmediato.

- Lo que me temía – Se dijo así mismo, con un tono serio – Han llegado estos seres antes que nosotros. Y ahora saben que estamos aquí.

El extraño encapuchado se quedó unos segundos callado, como meditando un poco sobre algo. De pronto, volteó su mirada hacía el ser brillante a su lado.

- Navi – Le dijo – Dime en que dirección esta esa aldea. Debemos de estar ahí antes del anochecer.

 

Un cierto aire de silencio rondaba en la aldea antes del atardecer. En las calles de ésta aún se veían varios Kokiris, ocupados en sus diferentes labores. Algunos se dedicaban a la pesca en el pequeño riachuelo cercano, otros a vender diferentes objetos, recolectar alimentos, crear objetos en madera, etc. Sin embargo, a diferencia del resto, Link no se encuentra ocupado con su labor diaria. Al contrario, se encontraba simplemente sentado en el pequeño balcón de su casa, recargado en la pared de afuera de su casa, mientras ve sobre él todas las hojas verdes que le cubren el cielo.

El kokiri mira hacía arriba con cierta nostalgia o tristeza en su rostro. En su mente aún se encuentran presentes los comentarios de Midos, comentarios que siempre recibía de su parte y que tenía que aguantar. Esa expresión, “Media Persona”, con el tiempo se había hecho una verdadera molestia para él. El hecho de que nunca hubiera sido elegido por un hada para ser su compañero, siempre lo había hecho ver diferente a los demás. En el fondo siempre se ha sentido fuera del lugar viviendo en ese bosque; talvez si tuviera una hada.

- ¿En que tanto piensas Link? – Escuchó de pronto que alguien le preguntaba desde las escaleras que llevaban a su casa. En unos cuantos instantes, la cabellera verde de su amiga se hizo presente frente a él.

- ¡Saria! – Dijo algo extrañado al verla. A su lado, como siempre, se encontraba su leal hada Simphonia.

- Estás muy pensativo, y tú no eres así ¿Acaso todavía estás enojado por lo que te dijo Midos?

- ¡¿Cómo supiste de eso?! – Preguntó sorprendido.

- Ya sabes, las personas hablan… también las hadas… - La kokiri camino hacía a él, sentándose a su lado – Midos no es una persona mala, pero a veces es algo desconsiderado, y un poco inseguro.

- ¿Inseguro?

- Sí. Aunque es el líder de esta aldea, siempre siente que la gente esta en su contra. Él desea lo mejor para nosotros, pero le cuesta trabajo confiar en las personas, e incluso en si mismo. Por eso acostumbra burlarse de ti, aprovechando tu situación. Pero no te pongas triste por esto. Yo sé muy bien que tarde o temprano una hada volara hacía ti para ser tu compañera.

- ¿Tú crees?

- Cualquier hada debería sentirse afortunada de ser tu compañera.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de la joven, una sonrisa que de alguna manera siempre lo había puesto feliz. Era verdad lo que él sentía. Saria era una de las pocas personas que siempre habían estado con él, apoyándolo y animándolo. Ella y el Árbol Deku habían sido por mucho sus únicos verdaderos amigos. No importaba tanto si obtenía una hada o no; él sabía que ella siempre estaría con él.

Mientras Link pensaba en estas cosas, Saria llevó su mano derecha hacía su espalda, directo a la bolsa que llevaba por detrás. De ésta sacó un objeto de madera, con algunos hoyos en ella.

- Link, para que te animes, te voy a tocar una melodía en mi ocarina – Una vez dicho esto, pegó su boca al orificio del instrumento, y casi por magia, una hermosa melodía comenzó a salir de ella.

La canción de Saria podía ser escuchada en toda la aldea, y se escuchaba con más fuerza. Siempre que la tocaba en su instrumento, se sentía como el aire del bosque se llenaba de energía. Los Kokiris no podían evitar que esa melodía llegara hasta sus oídos, dándoles una extraña sensación en el pecho. Inconscientemente todos desvían su mirada hacía la fuente del sonido, enfocando muy en alto sus grandes orejas y ojos.

- ¡Saria esta tocando otra vez! – Dijo un Kokiri, volteando en dirección a donde estaba la casa de Link.

- Dicen que cuando Saria toca su ocarina, siempre es acompañada por las voces del bosque – Comentó una Kokiri a otra.

- Pues yo no sé, pero parece como si las flores brotaran con su canción, ¿no lo crees?

Por su parte, Link, sentado justo a lado de la causante de tanto movimiento en la aldea, se encuentra observándola con una enorme sonrisa de felicidad en el rostro. Al igual que todos, le gustaba mucho oírla tocar su ocarina. De pronto, se pone de pie, toma a la hada de su compañera por la hadas y la comienza a mover por todas partes.

- ¡¿Qué crees que estas haciendo?! – Le gritó intranquila el hada.

- ¡Vamos Simphonia! – Le dijo – ¡Bailemos!

- ¡No!, ¡Suéltame chiquillo!

Saria semiabrió su ojo izquierdo, para ver como Link y Simphonia bailaban a su lado. Ella también disfrutaba de su melodía, pero le agradaba aún más ver como la gente le gustaba oírla. Pero, un kokiri no esta tan feliz, al contrario de los demás. Observando desde tierra, con su espalda recargada en un árbol, esta Midos, viendo como Link baila al ritmo de la música tocada por Saria.

- “¡Ese tonto!” – Piensa al verlo – “¡¿Quién se ha creído para estar tan cerca de Saria?!” – Disgustado, Midos se aleja del sitio.

Mientras tanto, aún estando a una larga distancia de la aldea, había otro tipo de ser que escuchaba con detenimiento esa melodía. Rodeado por el resto de la vegetación del bosque, como si ésta le abriera paso, esta el gran Guardián de la región: El Gran Árbol Deku. Lentamente, el árbol alza su mirada, directo a donde esta la aldea.

- Saria esta tocando su ocarina… - Se dice así mismo al oírla.

- Qué seres tan molestos son estos duendes, ¿no lo crees? – Una extraña voz resonó en los pensamientos del Guardián.

En cuanto el Árbol Deku oyó, la expresión de madera en su tronco cambió a una de sorpresa, espanto y miedo. Esa extraña voz parecía provenir de un lugar cercano a él, o incluso prácticamente de él mismo.

- Siempre rondando por este sitio, tocando sus instrumentos, y haciendo lo que se les venga en gana, ¿No has deseado en alguna ocasión en desaparecerlos?, ¿Nunca has querido que te dejen completamente solo?

- No… - Contestó algo nervioso – De ninguna manera, los Kokiris son parte del bosque…

Cubierto por una densa oscuridad, escondido de todo, se vislumbra el brillo rojizo y penetrante de una gran esfera, o más bien un enorme ojo. En él, se reflejaba claramente toda la aldea Kokiri, como si la estuviera observando.

- A mí no me puedes mentir. Yo puedo saber lo que hay en el fondo de los corazones, incluso en uno de madera como el tuyo. No importa de raza o tipo de persona seas, inclusive los Dioses tienen algo de ambición en su corazón. Los Kokiris son una de esas seis razas que trajeron a este mundo la destrucción por años. Muchos de tu tipo sufrieron por culpa de  una guerra que ustedes no pelearon, ¿Acaso no te da coraje?

- Ya deja esto… - Le decía entrecortado – No sabes lo que estas haciendo, tú también eres una criatura del bosque…

- Al contrario mi Gran Árbol Deku… Sé muy bien lo que estoy haciendo. No me trate como un enemigo. Es más, para vea que no soy tan malo, te cumpliré ese deseo que tiene, el de deshacerse de esos seres tan molestos para ti y para tu bosque.

Las ramas de la copa del Árbol Deku comenzaron a moverse de un lado a otro, como si estuvieran siendo agitadas por el viento. De pronto, mientras el cielo y el bosque se teñían de rojo por el atardecer, varias siluetas oscuras comenzaron a bajar por el tronco del Árbol, llegando hasta tierra firme…

 

La noche cayó sobre el Bosque Kokiri. La Aldea y sus alrededores están ahora más tranquila que antes. Cada Kokiri tiene su propia casa en la aldea, y en estos momentos todos estaban dentro de éstas. Algunos ya dormían, otros deban vueltas en su cama, y los demás simplemente hacían alguna cosa para no dormirse aún. Link puede que se encuentre en el segundo grupo, aunque no esta dando vueltas.

El kokiri sin hada esta recostado en su cama, con su cuerpo cubierto con una sabana del pecho hacía abajo. Tiene sus dos manos detrás de su cabeza, en las que la tiene recostada. Sus ojos están abiertos en la oscuridad de su hogar, tratando de enfocar en ella el techo encima de él. Aún pensaba en muchas cosas; en Midos, en Saria, en el Árbol Deku, y en el hada que no tiene. La melodía de su amiga lo había animado un poco, más no del todo.

 Le había comentado a Saria sobre su sentimiento de alejamiento con los demás. Esto lo hacía sentir fuera del lugar, como si no perteneciera a ese bosque. Saria trato de animarlo un poco…

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- Link – Fue lo que le dijo – El Gran Árbol Deku nos dijo una vez que todos estamos en lugar en que estamos por algunas razón. Nos dijo que Farore tiene un propósito para todos. En otras palabras, tú estas en este bosque porque debes de estar aquí. El Árbol Deku nos habla mucho del mundo exterior, de las otras personas que viven en sus mundo, reinos, hoy nos habló de una gran ciudad.

- ¿Qué es una ciudad…?

- No estoy muy segura, pero sonó como algo realmente interesante… A mí algún día me gustaría ver que hay afuera de este bosque. Conocer otras personas además de los Kokiris y las otras criaturas del bosque. Incluso me gustaría saber como es el cielo del otro lado de los árboles. Pero no podremos, ya que somos Kokiris, el pueblo del bosque. Nuestro destino fue marcado hace mucho…

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- “¿Destino?” – Pensaba Link, recostado en su cama – “¿Qué es el destino?, ¿Qué significa que este marcado?, ¿Acaso y también tengo uno de esos?... ¿Cual es mi destino…?”

En este momento, un fuerte ruido afuera hizo que Link se olvidara por unos instantes de sus pensamientos. Rápidamente se sentó en su cama, desviando su vista hacía la puerta. Por el umbral de ésta, logró distinguir como una larga columna de humo se alzaba hacía el cielo.

- ¡¿Qué esta pasando?!

Afuera se escuchaban algunos gritos por parte de los aldeanos, al igual que algunos pasos apresurados, como de personas que trataban de huir. Además de esto, el ruido de la madera quemándose era algo muy aterrador para ellos. Algunas chozas estaban en llamas consumiéndose poco a poco. Moviéndose entre las llamas, se encontraban los culpables de dicho caos. Eran varias criaturas, de piel oscura, con dos patos, cuerpos deformes y un enorme ojo rojo en el centro.

Uno de ellos dio unos pasos al frente. Su ojo comenzó a brillar en un tono fulminante, y de la nada surgió una flama de fuego que quemó por completo la hierba frente a los Kokiris, quienes retrocedieron ante esta amenaza. Los extraños seres estaban a punto de atacarlos de nuevos, cuando varias figuras surgieron del suelo, colocándose entre los Kokiris y ellos.

- ¡Son los Dekus! – Dijeron felices los Kokiris. En el centro de ellos, se encontraba Dalque, mirando fijamente a los atacantes.

- ¡¿Cómo osan seres despreciables causar este caos en el territorio del Bosque?! – Les gritó enojado el Deku.

Ellos no respondieron, ni hicieron algún sonido. Sin aviso alguno, todos se lanzaron al frente, y una vez en el aire atacaron de nuevo con sus llamaradas. Los Dekus, por su parte, se movieron en diferentes direcciones, tratando de esquivarlos.

- ¡Tengan cuidad con sus llamas! – Les gritó Dalque.

Al mismo tiempo que unos comenzaban a pelear, otros se pusieron frente a los aldeanos, tratando de guiarlos fuera de peligro. Entre la multitud, iban Saria y Simphonia, que se veían preocupadas, no por este problema, sino por otra cosa.

- ¡¿Dónde esta Link?! – Preguntó preocupada la Kokiri.

- Olvídate de él – Le contestó Midos, que estaba a su lado – Es su culpa por ser una media persona. Si se queda dormido es por que no tiene un hada que le advierta cuando hay peligros en el bosque. Debe de saber salvarse él solo.

- ¡¿Cómo puedes decir esas cosas Midos?! – Le gritó enojada, cosa que sorprendió al Kokiri – ¡¿Qué importa que Link no tenga una hada?!, ¡Él es nuestro amigo!, ¡Y también es un Kokiri como tú yo!, ¡Y los Kokiris siempre debemos de cuidarnos entre nosotros!, ¡Deberías saberlo si eres el líder de  nuestro pueblo!

El coraje en las palabras de la Kokiri extrañó en gran medida al líder Kokiri, que sin poder evitarlo dio un par de pasos hacía atrás. Sin embargo, esto lo hizo sentir un poco culpable. Saria se giró en dirección a la aldea, dispuesta a ir por Link, cuando una mano sobre su hombro la detuvo.

- ¡Espera Saria! – Le dijo Midos – Tú ve con los otros, yo iré por la media persona…

- ¡Midos…!

- ¡Vamos Konel! – Gritó al tiempo que comenzaba a correr y su leal hada de luz dorada iba volando detrás de él.

Al mismo tiempo, Link bajaba despavorido las escaleras de su hogar. Lo primero que vio al alzar la mirada al frente, son las casas de sus compañeros, consumiéndose por el fuego. El Kokiri se quedó de pie, asustado, mientras las llamas claramente se reflejaban en sus ojos.

- ¡No puede ser...! – Se dijo así mismo. De pronto, su sorpresa se esfumó de su cabeza, siendo remplazada por un susto.

Frente a él, surgió un enorme y redondo ojo rojo, en el cual lo observaba una penetrante pupila color verde. Link retrocedió del susto, cayendo sentado en el pasto. La razón de esto había sido uno de los seres que los atacaban, uno que luego se convirtió en tres y después en cinco con la llegada de más. El Kokiri, aún sin ponerse de pie, retrocedió hacía atrás sin poder creer aún lo que estaba frente a él. De pronto, el ojo de unos ellos comenzó a brillar con fuerza, como pasaba cada vez que iban a lanzar su flama.

- ¡Oigan ustedes! – Escucharon de pronto que alguien les gritaba desde atrás, haciendo que los cinco se voltearan. Parado detrás de ellos, estaba Midos, sosteniendo en sus manos una pequeña espada de filo de metal.

- ¡Midos! – Dijo sorprendido Link al verlo. No podía creer que había ido hasta ahí para salvarlo.

- ¡¿Porqué no dejan en paz a esa media personas que no sirve para nada y mejor se enfrentan a mí y a mi Espada Kokiri?! – Estos comentarios tan presuntuosos por parte del líder Kokiri esfumaron cualquier idea que haya entrado en la cabeza de Link antes de eso.

Sin pensarlo siquiera, Midos se lanzó al frente, directo hacía uno de ellos mientras tomaba su espada con fuerza. Rápidamente chocó su arma contra la piel de la criatura. La hoja comenzó a vibrar al impacto, sin hacerle ninguna clase de daño a su objetivo.

- ¡¿Qué rayos?! – Se preguntó sorprendido al ver esto.

- Parece que su piel es demasiado dura para tu espada – Dijo su hada, mencionando lo obvio.

El ojo del ser brilló, y una fuerte flama se abalanzó contra Midos. El Kokiri se agachó rápidamente, evitando de esta manera que el fuego lo dañara, pero aún así su gorro no salió tan bien librado de esto.

- ¡¡Mi gorro!! – Gritó espantado a ver su prenda hecha cenizas.

Los cinco se le acercaron, al mismo tiempo que se preparaban para atacar de nuevo. Midos, muerto del miedo, no pudo ni moverse. Sin embargo, antes de que cualquiera pudiera quemarlo, hubo alguien que le pagó con el mismo favor. Link saltó sobre la cabeza de una de las criaturas negras, golpeándolo con sus puños.

- ¡Dejen a Midos en paz cabeza de arañas! – Les gritó, continuando agarrado de la cabeza de ese ser. Midos aprovechó esta oportunidad para escabullirse entre ellos y pararse en el sitio en donde Link estaba antes parado.

Los otros cuatro desviaron de inmediato su mirada hacía aquel que tenía a Link en su cabeza. Por su parte, éste se movía de un lado a otro, tratando de quitárselo de encima, pero Link se aferraba con fuerza. De pronto, vio de reojo como los ojos de los otros, aún brillantes, apuntaban hacía él. En un segundo cerró lo ojos, creyendo que en esta ocasión sí sería su victima.

Cuatro flamas se lanzaron por el aire, directo hacía la criatura con el Kokiri. Éstas chocaron con fuerza contra este ser, rodeándolo por completo en llamas. Entre el fuego sólo se veía la silueta negra del ser. Midos vio con turbación estas llamas, aparentemente viendo como Link se consumía.

- ¡No puede ser… ¡ - Se dijo así mismo incrédulo. Entonces, una larga silueta surgió de entre todo el fuego, elevándose de un salto en el aire. El extraño descendió hasta estar justo frente a Midos y su hada, que lo vieron con claridad desde esta percepción. – ¡Dalque!

Se trataba de aquel Deku de nombre Dalque. Había salido de entre las llamas, cargando en sus brazos a Link. El Kokiri ya no traía su gorro puesto, y miraba a su salvador con sus ojos realmente abiertos por la sorpresa.

- ¡Dalque!... ¡Pero…! – En ese momento, Link notó que algunas partes del cuerpo del Deku, como sus brazos, había sido alcanzadas por las llamas. – ¡Dalque!, ¡Estas quemado!

- ¡El fuego es prácticamente letal para los Dekus! – Mencionó Midos al verlo también.

- Eso no importa – Les respondió el Deku, mientras soltaba a Link. Una vez libre, éste se paró frente a Dalque, que cayó de rodillas al suelo debido a sus quemaduras – No moriré por uno seres tan débiles como éstos. El Gran Árbol Deku me dio una orden y yo la cumpliré pase… lo que pase…

- ¿Una orden?, ¿De que hablas?

- El Gran Árbol Deku me pidió que protegiera a todos los Kokiris, pero en especial a ti… pequeño Link.

- ¡¿A mí?!

- ¡¿Por qué a él?!

- No estoy seguro. Pero el Árbol Deku tiene cierta esperanza en ti. Él quiere que te proteja mientras vivas en el Bosque Kokiri… y lo haré aunque tenga que hacerlo con mi vida…

De pronto, la otra figura envuelta en las llamas caminó hacía ellos. El ser que había sido atacado por lo otros, surgió sin ninguna marca o daño por parte de las llamas de sus compañeros. Por ser criaturas de fuego, al parecer sus pieles son resistentes a estas temperaturas.

Dalque se puso como pudo de pie, volteándose hacía los cinco atacantes, interponiéndose entre ellos y los dos Kokiris.

- ¡Váyanse de aquí! – Les ordenó – Yo me encargaré de estas cosas…

- ¡De ninguna manera! – Le contestó – ¡Estas herido!, ¡No podrás contra ellos tú solo!

- ¡Silencio!, Ya les dije que se fuerana, así que háganlo – Dalque se lanzó al frente, en contra de los cinco seres. Link quiso alcanzarlo, pero el la mano de Midos lo detuvo.

- ¡No seas tonto!, ¿Qué puedes hacer tú para ayudarlo? – Le dijo mientras lo detenía.

- ¡No puedo dejar que lo maten! – Le contestó, tratando de zafarse. –  ¡Suéltame Midos!

Dalque lanzó su puño derecho contra uno de ellos. Sin embargo, su piel dura fue una poderosa armadura que detuvo con facilidad su golpe. Esto y las quemaduras de su brazo le causaron al Deku un gran dolor. Otro de los seres dio un largo salto, cayendo justo en Dalque, empujándolo a atrás con sus patas. El Deku salió volando hasta chocar con uno de árboles del bosque.

Link y Midos miraban esto desde su posición, sin poder hacer algo. De pronto, notaron que dos de las criaturas se les estaban acercando, mientras los otros tres se acercaban a Dalque. Las arañas los miraban con una expresión fulminante en su único ojo, al tiempo que éste una vez más se tenía en un resplandor de fulgor.

- ¡Link! – Gritó Midos, haciéndose para atrás. Por la impresión, ambos Kokiris retrocedieron, pero no lo suficiente.

- ¡No! – gritó Dalque al ver como los chicos estaban en peligro.

Ambos arrojaron sus flamas al mismo tiempo, directo hacía Link y Midos, quienes se quedaron inmóviles ante esta amenaza. Al mismo tiempo, Dalque, tomando algo de la fuerza que le quedaba, se puso de pie y dio un salto hacía arriba, de tal manera que cayó entre los Kokiris y las llamas que los amenazaban.

- ¡Dalque! – Gritó Link, momentos antes de que ambas llamaradas chocaran en la espalda del Deku.

Los gritos de la criatura de madera se oyeron en todo el bosque, al tiempo que el ataque lo empujaba hacía el frente. Por el impulso, empujó a Link y a Midos junto con él. Aún así, logró proteger a ambos con su propio cuerpo como escudo.

Los tres cayeron al suelo después de dicho momento. Dalque cayó frente a ellos, con su espalda completamente quemada. Link quedó justo a lado de Dalque, y Midos atrás. La espada que el líder Kokiri traía, había caído, encajándose en la tierra junto a Link y Dalque.

- ¡Dalque!, ¡No! – Gritó Link, casi soltándose en lágrimas.

El Deku parecía estar inconsciente. Ese fulgor que tanto brillaba en sus ojos estaba desaparecido. Su espalda estaba completamente oscura, con algunos resplandores anaranjados por las quemaduras. Link lo miró con tristeza en su rostro, pero al mismo tiempo con algo de culpa en su conciencia. En ese momento, alzó mirada al frente, clavándola en los seres que se acercaban a ellos. Poco a poco los cinco fueron aumentando, ya que cada vez más de estos seres se acercaban al sitio.

Midos, que se estaba algo mareado por el golpe, notó algo extraño en su compañero. Link tenía una mirada de enojo y furia en sus ojos, al mismo tiempo que apretaba con fuerza su puño. Frente a ellos, surgió un enorme ejército de estas criaturas, que marchaban juntas en su dirección. Sin quitarles las miradas de encima, el Kokiri dirigió su mano derecha directo a la espada que Midos había dejado caer a su lado. De un tirón la sacó del suelo y la acercó a él.

- Midos y Dalque se arriesgaron mucho para poder salvarme – Decía mientras se paraba – No voy a dejaré que los lastimen por mi culpa.

Link colocó la espada hacía el frente, tomando la empuñadura con ambas manos. Todos los seres negros lo miraron indiferentes, mientras se preparaban para atacar de nuevo. Él los vio con gran seguridad en sus ojos, antes de soltarse hacía el frente, siendo acompañado por un fuerte grito de batalla.

- ¡Espera! – Le gritó Midos para detenerlo, pero esta vez no lo logró.

Se lanzó sin pensarlo, listo para atacar a uno de ellos, el que estaba más cercano a él y a Dalque. El ojo de este ser estaba brillando con mucha fuerza, a simple vista listo para lanzar su llama. Link golpeó al ser directo en su cabeza, teniendo el mismo resultado que Midos. La espada rebotó en su piel, empujándolo de esta manera hacía atrás.

- “¡Demonios!” – Pensó al ver el ojo de su oponente, prácticamente frente a su rostro. La llamarada se soltó con fuerza en su contra, cubriéndolo por completo.

- ¡¡Link!! – Gritó Midos con exaltación en su tono al ver como su amigo era cubierto por llamas.

De pronto, aparentemente sin que Midos o el propio Link lo vieran, una figura se lanzó de entre los árboles a gran velocidad, prácticamente atravesando las llamas hasta estar en medio de ellas. En unos segundos, el fuego cambió drásticamente. Por arte de magia, sí, magia, las flamas comenzaron a girar en torno al objetivo que habían alcanzado. Como si fueran un remolino, comenzaron a elevarse, hasta desaparecer en el aire.

Las flamas se esfumaron, dejando en su lugar dos figuras. Una de ellas era Link, que estaba sentado en la hierba, con la mirada levantada hacía el otro. En su cara y ropas se veían algunas manchas negras por el ataque. Frente a él, estaba una figura alta, con cuya espalda y cabeza estaba cubierta por una larga capucha de color azul oscuro. Su brazo derecho estaba extendido hacía arriba, con dos de sus dedos apuntando al cielo. Link se preguntaba quién era él, y si además él lo había salvado.

- Eso fue muy valiente – Escuchó de pronto que le decía una voz grave y decidida – Admiró tú coraje chico.

El extraño lo volteó a ver por encima de su hombro, mostrando de esta manera unos ojos azules debajo de esa capucha que traía consigo. Link se sintió hasta intimidado por esa presencia. Sin previo aviso, tres de las criaturas se lanzaron al frente, directo a él. Link trató de advertirle, pero incluso antes de pudiera terminar una palabra, él ya se había movido.

Con su mano izquierda, hizo a un lado su capa, mostrando se esta manera la empuñadura de la espada que portaba en su costado. Rápidamente dirigió su mano a su arma, sacándola de un solo tiro. En cuestión de segundos, lanzó el filo de su arma al frente en repetidas ocasiones, clavando la punta en el ojo de una de ellas, y luego en el de las otras dos. En cuanto esa parte de su cuerpo fue tocada, los tres cayeron al suelo, siendo consumidos al instante por una extraña llama de color morado.

Los dos Kokiris que observaron esto ni siquiera pudieron creerlo. Se había movido tan rápido que no lo había visto siquiera. En el movimiento, la capucha dejo de cubrir su cabeza mostrando de esta manera su cabello y su rostro. Era una persona de cabellera azulosa, larga y agarrada con una larga cola de cabello. Su piel era blanca, sus ojos penetrantes y también azules, y sus orejas eran largas, más que la de los Kokiris.

- ¡Esas son…! – Escucharon de pronto la voz de Dalque. Midos volteó a verlo de inmediato, y vio como el Deku, aún tirado en el suelo, miraba con gran asombro al esa persona frente a ellos – ¡Esas son… las orejas que oyen la voz de los Dioses…!

- ¡¿Qué?!, ¡¿La voz de los Dioses?! – Preguntó exaltado Midos al oírlo – ¡¿Entonces ese sujeto es uno… es un…?!

- ¡Un Hylian…! – Se dijo así mismo Link, sin quitarle los ojos de encima.

Indiferentes ante la destrucción de tres de ellos, el resto de los seres marchaban hacia el extraño peliazul.

- Navi – Dijo de pronto mientras caminaba al frente. En ese momento, una esfera de luz surgió justo a su lado, idéntica a las hadas de los Kokiris, cubierta con un resplandor blanco. – Qué todos se queden atrás.

- Si maestro Karon – Le respondió la hada.

- “¿Tiene una hada?” – Pensó Link – “¿Porqué tiene una hada si es un Hylian?”

Sin esperar a que ellos vinieran, él se lanzó hacía el frente, extendido su espada hacía atrás, al tiempo que su capa se ondeaba con el impulso. Rápidamente se abrió paso entre los extraños seres, algunos simplemente empujándolos con su arma, mientras que a otros los atacaba directo en su ojo, desapareciéndolos en el instante. En un instante, un enorme número de ellos comenzó a soltar sus flamas. Él comenzó a moverse de un lado a otro, esquivando por completo estos ataques, al mismo tiempo que se acercaba la fuente de las llamas para destruirla.

Los espectadores miraban todo estupefacto, sin poder moverse siquiera. Nunca habían visto en toda su vida a un ser moverse de esa manera. El encapuchado se abrió paso hasta colocarse en el centro de las criaturas, que lo comenzaron a rodear en un enorme círculo. Él, por su parte, los miraba con frialdad, sin preocupación al respecto.

- Como lo pensé – Se dijo así mismo – Son arañas de fuego. Su piel es como una gran armadura que las protege y resisten las grandes temperaturas. Aunque hayan sido modificadas con una clase de magia, no pueden evitar la presencia de su único punto que no es protegido por su fuerte coraza: su ojo.

Todas se lanzaron hacía de él al mismo tiempo, dispuestas a atacarlo. Pareciera que lo tenían por fin atrapado, pero no era así. Sin moverse de su lugar. Alzó su espada al frente, junto con su mano izquierda. Sin razón a simple vista, comenzó a girar lentamente sobre su pierna derecha. Sus giros cada vez fueron más rápidos, hasta que su cuerpo se convirtió en un inmenso remolino de viento.

Las ráfagas de aire que creaba adoptaron una tremenda fuerza, comenzando a empujar a sus atacantes hacía atrás, alejándolo de él. Todas las arañas, guiadas por el viento, comenzaron a girar alrededor del centro, que era aquel espadachín.

- ¡¡Viento Sagrado!! – Gritó el extraño sin dejar de girar – ¡¡Convierte en Espadas de Justicia!!

El decir esto, parte del viento pareció solidificarse, creando  unas extrañas cuchillas puntiagudas que se quedaron suspendidas en el aire, son ser afectados por la ráfaga. Sin nada que las empujara, las cuchillas comenzaron a volar por todas partes, directo a las arañas atrapadas en el remolino. Con una precisión muy extraña, las cuchillas se iban clavando una tras otra directo en los ojos rojos de los seres, destruyéndolos por completo.

Sólo fue cuestión de seguro antes de que el viento dejara de soplar, a la par de que el espadachín también dejaba de dar vueltas. Para cuando estuvo quieto una vez más. Quedó con su cabeza directo hacía Link y los otros; sus ojos estaban cerrados. Los cuerpos de las arañas comenzaron a caer uno después de otro, convirtiéndose en llamas antes de tocar el suelo siquiera. En un momento, el cuerpo de aquel salvador, se cubrió por las llamas púrpura que consumían a sus enemigos.

Los tres, Midos, Dalque y Link se dignaban únicamente a quedarse parados, totalmente inmóviles y sin decir ninguna palabra. No podían creer lo que acababan de ver.

- ¡Acabó con todos…! – Alcanzó a decir entre cortado el líder Kokiri, con sus ojos bien abierto ante el asombro.

- ¡¿Quién… es… ese sujeto?! – Dijo Link, estando en la misma situación que su compañero.

Sea quien sea, colocó de nuevo su pierna izquierda a lado de la derecha, parándose de nuevo firmemente. Luego, alzó su rostro al frente, enfocando sus fulminantes ojos azules en los sorprendido Kokiris…

FIN DEL CAPITULO 1

 

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NOTAS: Estás creo serán las únicas notas que pondré en la historia, sólo para aclarar algunos datos. Primero que nada, un saludo para todos, y cómo ven sigo en eso de los Fanfics. Esta vez me incursiono por primera en algo que no es al anime, y se trata ni nada menos que mi saga de juegos favorita de la Nintendo; me refiero a los juegos de ZELDA.

Bien, sobre eso de que me incursiono por primera en algo que no es un anime, pues no es realmente cierto. Bien, la historia pertenece a un videojuego, pero luego luego se ha de notar la gran influencia del anime en esta historia, con tan sólo leer el capitulo 1. Esta creo yo sería como una adaptación de la historia del juego a una serie, que más bien sería una novela.

Y por supuesto que me base en los juegos de Zelda para esta historia. Los juegos que más influencia tendrán serán el Ocarina of Time  y el Majora’s Mask, así como algunas cositas sacadas de los mangas correspondientes. Sin embargo, aunque hay mucho de los juegos, le he introducido muchas cosas completamente sacadas de mi mente (Creo que eso ya se notó). El propósito de esto fue el de hacer una historia más de acción, más cómica, más como un anime en otras palabras. Además de cambiar algunas cosas, etc. Sé que en la red hay muchos Fanfics de Zelda basados en sus diferentes juegos. Sin embargo, yo creo que la diferencia entre esta historia y las demás es que ésta va a tener más datos originales míos que cualquier otra, que la despegarán un poco del juego original.

Espero que esta historia sea de su agrado, ya que creo que será un buen trabajo y daré todo de mí para que así fuera. Trataré de que ésta agrade tanto a los fanáticos del Anime como a los fanáticos de los videojuegos. Sin más que decir, me despido y esperen el capitulo 2 dentro de poco.

Atte.
Wing Beelezemon – Wingzemon X
”The last power of this Revolution…”
azor_cometa@hotmail.com

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