El receso seguía aún su curso normal. Faltaban varios minutos para que la campana volviera a sonar, por lo que se percibe una gran tranquilidad entre los alumnos. Erishia Hamagushi del Salón 1 del Primer año se encontraba leyendo a la sombra de uno de los árboles del jardín, un árbol alto, verde y frondoso. La joven parece muy tranquila e indiferente ante lo que ocurría en el resto de la escuela, completamente concentrada en lo que leía.

De pronto, su tranquilidad se vio interrumpida por una figura frente a ella, la cual le cubrió la luz del sol con la silueta de su sombra. Al momento de levantar la mirada, distinguió la figura de un joven de cabello negro corto, que la miraba con sus grandes ojos oscuros.

- ¿Se le ofrece algo Zeta-sama? – Le preguntó la joven cerrando su libro, aparentemente reconociendo al muchacho.

- No me digas así. – Le contestó el chico al escuchar la forma en que lo llamó. – Te llamas… Erishia, ¿verdad? Oye, no conozco a nadie por aquí, por eso necesito tu ayuda.

- ¿Está teniendo problemas en su primer día?

- No es exactamente eso… - Zeta dudó un poco sobre la manera en la que tenía que explicar su situación. – Verás, se suponía que tenía que entregar algo que me dio mi maestro, pero en el camino surgió un problema…

- ¡¿Perdió la Reidama?! – Exclamó sorprendida la chica de ojos azules.

Zeta se sobresaltó al escucharla decir eso. Erishia se puso rápidamente de pie y comenzó a caminar en dirección hacía uno de los edificios de la escuela sin dar explicación. Sakagami, aún confundido, la comenzó a seguir de cerca.

- Oye, ¿A dónde vas? – Le preguntó el chico mientras la seguía. – ¿Cómo sabes de la Reidama?

- ¿Cómo sé? – Contestó ella mirándolo por encima de su hombro. – ¿Qué acaso no le han dicho nada?

- ¿Decirme qué?

- No importa, en estos momentos lo más importante es encontrarla de nuevo. No sabe lo peligroso que puede ser ese objeto en las manos equivocadas.

- Tranquilízate, ¿qué podría pasar?

 

Corriendo por las calles de la ciudad, podemos ver a un perro de color café persiguiendo a un pequeño gato de color blanco. El felino corre desesperado tratando de escapar de su perseguidor, hasta que inconscientemente queda atrapado en un callejón sin salida. A darse la vuelta ve como el canino se le acerca lentamente con sus ojos bien puestos en él. De pronto, el perseguidor se abalanzó hacía su presa, con su hocico listo para atacar.

En ese momento, justo cuando parecía que sería su final, el pequeño gato es salvado por una extraña figura que se abalanzó en contra del perro, golpeándolo con fuerza y haciéndolo chocar contra una pared.

Tanto el gato como el perro alzaron la mirada para ver de qué se trataba. A pesar de todo, ambos animales parecieron sorprenderse al verlo. Aparentemente se trataba de un gato de color negro, extrañamente parado en sus dos patas traseras y vestido con un extraño traje comprendido por un Keikogi de color rojo y una Hakama negra en sus piernas. El misterioso ser miraba al perro detenidamente con sus grandes ojos dorados, y con una sonrisa en el rostro.

- ¿Así que te atreves a aprovecharte de los débiles? – Preguntó de pronto el ser negro, a lo que el canino respondió poniéndose de pie rápidamente para enseñar sus largos colmillos blancos al extraño que lo acababa de golpear. – Bien, si así lo quieres perrito, vamos a ver de qué estás hecho.

El perro se le abalanzó rápidamente en su contra con su garra al frente. De pronto, el gato negro dio un largo salto hacía arriba haciendo que su atacante chocara contra el piso. Para cuanto el animal de color negro cayó de regreso a la tierra, su atacante ya estaba de pie.

- ¿Acaso es todo lo que tienes? – Le dijo con un tono de burla haciéndolo enojar aún más.

Una vez más, el perro comenzó a correr para acercarse a donde estaba su nueva presa. De pronto, el gato negro alzó su garra derecha al frente. Como si hubiera chocado contra una pared invisible, el animal se detuvo y fue lanzado hacía atrás. Algo aturdido por el golpe, el canino se alejó corriendo, aparentemente ahuyentado.

Mientras tanto, el pequeño gato blanco miraba todo con gran sorpresa. Una vez que su perseguidor se marchó, su salvador se giró hacía él con una sonrisa en el rostro.

- No me agradezcas amigo, después de todo tenemos que ayudarnos entre nosotros. – Le dijo con una sonrisa tranquila. – Si me disculpas amigo, tengo algo que hacer…

Después de despedirse, el extraño ser negro dio rápidamente un largo salto hacía arriba para poder elevarse, colocándose en el tejado de una casa cercana y luego alejarse saltando.

Z E T A

Capitulo 3:
Un deseo Cumplido

Faltaba poco para que el receso se acabara en la Preparatoria Kasamatsu. Mientras todos los alumnos se encontraban afuera en el patio, Zeta y Erishia habían ido a la biblioteca, la cual estaba prácticamente desierta. Ambos se encontraban en un área alejada del lugar, casi escondida. La joven de cabello morado se encontraba buscando un libro en el estante, mientras Zeta la miraba sin comprender que hacían ahí.

- Oye, ¿qué rayos hacemos aquí? – Le preguntó Zeta con desgano. – Cuando te pedí ayuda creí que me ayudarías, no que me harías perder el tiempo. Debería de estar buscando a aquel gato.

- No se apresuré. – Le contestó ella mientras seguía buscando. – Primero debo de encontrar algo que la maestra Kitami guarda por aquí. Luego iremos a ver al señor Genjo.

- ¿Genjo? – Preguntó confundido el chico al escuchar ese nombre.

Si no recordaba mal, la maestra Kitami era aquella mujer con la que se había encontrado cuando venía hacía la escuela. Esa mujer al parecer también era un Reibuke, eso le había sido muy claro; incluso fue capaz de realizar su misma técnica, el “Kutan Yaiba”… Sin embargo, Zeta no sabía quién era esa otra persona, y su nombre no le era familiar.

De entre todos los libros, Erishia tomó uno que tenía una pasta de color rojo. Lo miró por uno segundos para luego colocar el libro sobre su mano izquierda, y poniendo la otra sobre la pasta. De pronto, su mano comenzó a radiar una luz blanca que poco a poco cubrió al libro. Zeta observaba esto con una gran expresión de sorpresa.

- ¡Eso es…! – Exclamó con algo de exaltación.

Después de unos segundos la luz se disipó y el libro permanecía aparentemente igual. Erishia lo abrió rápidamente. En su interior se encontraba un extraño objeto circular de color negro con una flecha roja en él.

- ¡¿Tú también…?! – Zeta pareció querer preguntarle algo, pero antes de completar sus palabras se fijó en el objeto en el libro. – ¿Qué es eso?

- Esto es una “Brújula Espiritual”. – Le contestó mientras la tomaba en sus manos. – Es un objeto que sirve para buscar personas u objetos con poder espiritual en una cierta área. La Reidama está hecha de varias almas, por lo que radia una gran cantidad de este tipo de energía.

- No te entiendo muy bien, pero creo que estás diciéndome que esa cosa nos va a ayudar a encontrar lo que buscamos, ¿no?

- Así es. Pero tendremos que hacerlo más tarde.

En ese momento, desde su posición fueron capaces de escuchar como la campana volvía a sonar, marcando así el final del receso. Zeta pareció no agradarle del todo oírla.

- La campana ya sonó. Será mejor que nos vayamos. – Agregó por ultimo la joven de cabello morado mientras caminaba hacia la salida.

- ¡¿Qué?! – Exclamó el chico con algo de enojo. – ¡No puedes hacerme esto!, ¡Me hiciste perder todo el receso aquí y ahora me sales con eso! No puedo permitir que el maestro se enteré que la perdí. Después de todo lo que le dije sobre ser responsable y esas cosas.

- Tranquilo Zeta-sama. Primero que nada tenemos que informar al Señor Genjo de ello. Además, si el gato está muerto no se moverá de donde esté.

Sin decir nada más, Erishia aceleró el paso para salir de la biblioteca. Después de unos segundos de quedarse parado, Zeta hizo lo mismo con algo resignación.

- ¿Y quién rayos es ese “Genjo”? – Se preguntó así misma en voz baja, como esperando que la respuesta le llegara de esa manera.

 

Ya con la clase comenzada, el maestro se encontraba colocando algunas ecuaciones de matemáticas en el pizarrón con el propósito de que los alumnos comenzaran a resolverlas. Sin embargo, mientras el profesor daba la espalda al grupo, algunos aprovechaban para hablar entre ellos en voz baja. Yoko, la amiga de Hikaru que se sienta detrás de ella, estira su cabeza hacía adelante para hablarle a ésta.

- ¿Hablaste con Yusuke? – Le preguntó casi en susurros.

- No exactamente. – Contestó la castaña. – Se encontraba con un amigo y no hablamos mucho.

- ¿Qué piensas hacer entonces Hikaru?, ¿no se lo vas a decir antes de que vaya?

- ¿Decirle qué?

- No te hagas la tonta conmigo señorita, por supuesto decirle que te gusta. – La expresión tan directa de su compañera hizo que la joven Hanamiya se sonrojara ligeramente.

- No sé si deba...

- ¡Recuerda que se irá a los Estados Unidos por más de dos semanas!, ¿qué harás si conoce a otra chica haya?

Las palabras de Yoko tenían algo de sentido para Hikaru. Yusuke le había gustado desde que estaban en la secundaria, y ahora ambos habían tocado en el mismo salón. Nunca se lo había dicho, y no estaba muy segura de decírselo. Sin embargo, en esos momentos tenía su mente más enfocada en lo que le había pasado a su hermano, que en ella y Yusuke. Él nunca había sido del tipo de chicos busca pleitos como para involucrarse con gente como Tsui Hino. En verdad la preocupaba un poco.

En ese momento, inconscientemente, puso su mirada en el asiento de enfrente, el cual para su sorpresa, estaba vacío.

- “¿Dónde está el chico nuevo?” – Pensó Hikaru. – “¿Es su primer día y ya está faltando a las clases?”

 

Zeta y Erishia caminaban por el patio de la escuela mientras ella sostenía en su mano la brújula, la cual se suponía los guiaría a lo que buscaban. La campana ya había sonado hace algo de tiempo, pero Erishia parecía caminar con tranquilidad. Zeta se dio cuenta de que no se dirigían a los salones, lo cual lo extrañó un poco. De pronto, la joven frente a él se detiene de golpe al sentir una extraña energía en la brújula. En ese instante levanta su mano para ver la flecha del objeto.

- ¿Qué sucede? – Le preguntó el chico de negro al ver que se paraba.

- ¡La Brújula detectó algo! – Le respondió ella sin quitar sus ojos del objeto en su mano.

- ¿Qué cosa?

- No lo sé, perece como si algo que se estuviera acercando...

- ¡Hamagushi! – Escucharon de pronto que alguien gritaba a sus espaldas.

Ambos se dieron la media vuelta rápidamente. Detrás de ellos pudieron ver la figura de una estudiante de cabellos rojos y largos, la cual miraba fijamente a Erishia. Por su parte, Zeta pareció exaltarse al verla.

- “¡Aiko!” – Pensó sorprendo mirando a la joven frente a él.

En ese momento, pareció recordar una imagen en su cabeza. El cabello rojizo de esa estudiante, así como singular color de ojos, le parecían demasiado familiar...

- ¡Oh no! – Exclamó Erishia al reconocerla. Al escuchar esta expresión, Zeta pareció ser regresado de golpe a la realidad.

- ¿La conoces?

La joven de nombre Asami Hishikawa se les acercó de una manera muy agresiva, colocándose justo frente a la otra estudiante.

- Si ya no estás jugando con tu novio, quiero hablar contigo. – le dijo la joven de cabello rojo apuntándola con su dedo. – ¡Vas a pelear conmigo!, ¡ahora!

- Ya te dije que no Asami. – Le contestó ella con firmeza. – Ve a molestar a otra persona.

- ¡Escúchame bien!, después de no aparecer ayer me debes algo.

- Yo no te debo nada, todo eso fue tu culpa.

- Oigan, lamento meterme. – Mencionó de pronto el chico de negro, interrumpiendo la discusión. – Pero éste no es el momento para esto. Tenemos cosas más importantes que hacer…

La joven de cabellos rojos volteó a verlo con sus grandes y penetrantes ojos rojizos, enfocándolo en el centro de su dura mirada, lo cual lo puso algo nervioso. La joven pareció mirarlo de arriba hacía abajo, llamándole singularmente la atención la parte de su uniforme que parecía estar rota.

- ¿Y tú quién eres? – Le preguntó sin quitarle los ojos de encima.

- ¿Quién soy yo? – Respondió recuperando la compostura. – Yo soy Sakagami Zeta, ¿quién eres tú?

-  Ella es Asami Hishikawa. – Contestó Erishia antes de la pelirroja. – Es el dolor de cabeza más grande de esta escuela.

- Y seré el tuyo cuando te dé tu merecido Hamagushi.

Ambas jóvenes se comenzaron a mirar fijamente la una a la otra, con una expresión penetrante en cada una. Zeta se encontraba parado entre ellas, viendo como ambas casi se atacaban con los ojos.

- ¿Qué pasa aquí? – Se escuchó que alguien preguntaba cerca de ellos.

En ese momento, la larga cabellera azul de la maestra Kitami se hizo presente en el lugar, deteniendo la discusión de esta manera. Al verla, Asami dio unos pasos hacía atrás, separándose de Erishia.

- Hishikawa. – Comenzó a decir la maestra. – ¿Estás causando problemas otra vez jovencita?

- No maestra. – Le respondió con un tono burlesco. – Sólo hablaba con mi compañera de clases.

La maestra se le quedó viendo fijamente a través del cristal de sus anteojos, mientras ella miraba de reojo a Erishia. Ésta no dijo nada, no afirmó ni negó lo dicho. De pronto, Kitami desvía su mirada hacia Zeta y Erishia.

- Hamagushi, Sakagami, vengan conmigo.

- ¡¿Qué?! – Gritó Zeta al escucharla. – ¡Pero nosotros no hicimos nada!

- No diga nada y mejor haga caso. – Le dijo Erishia mientras caminaba hacía la maestra.

Erishia caminó hacía la maestra Kitami completamente despreocupada. Por su parte, Zeta no parecía de muy buen humor, ya que parecía que la gente lo llevaba de un lado a otro sin preguntarle siquiera. El chico volteó a ver de reojo a la pelirroja, la cual tenía su vista fija en la joven de cabello morado. Resignado, Zeta alcanzó a Erishia y la maestra, al tiempo que Asami los miraba.

 

Kitami guiaba a lo dos pupilos por un pasillo, hacía donde se encontraba la oficina del director de la escuela. A simple vista Zeta se encontraba algo enojado por ser llevado hasta ese lugar, en especial si no llevaba consigo lo que se suponía que le tenía que entregar a esa persona, y aún más porque ni siquiera había hecho algo que ameritara que lo enviaran a la oficina del director.

- Lamento haber tomado su brújula espiritual maestra. – Le comentó Erishia mientras caminaban.

- No hay problema Erishia, tómala, la necesitarás para buscar la Reidama. – Le contestó ella mientras mantenía su mirada en el frente.

- Ahora todo el mundo conoce esa canica… Si usted sabe sobre el asunto de esa perla, ¿por qué rayos nos trae para acá? – Le preguntaba Zeta tratando de zafares de lo que pasaba. – Deberíamos estar buscando a ese gato, ¿recuerda?

- Talvez eres el mejor alumno del Kenjiro-sama, y posiblemente uno de los mejores peleadores de donde vienes. Sin embargo, que no se te olvide que ahora estás en Tokio, y en el poco tiempo que llevas aquí has demostrado saber mucho menos de lo que deberías. Ya te darás cuenta de lo que diferente que es esta ciudad.

- Oiga, sé lo importante de esa extraña esfera…. – Zeta trató defenderse ante el tono agresivo de la mujer, pero ésta rápidamente reaccionó.

- No, no lo sabes. – Le contestó ella deteniéndose y dándose la vuelta. – Si lo supieras de verdad, no estaríamos en esta situación, ¿no lo crees?

Ante los comentarios de la maestra, Zeta no tuvo más remedio que quedarse callado, ya que en esta ocasión no tenía con que defenderse. Kitami se volvió una vez más al frente y siguió con su camino. Los tres llegaron ante una puerta de madera con chapas en un color dorado. A lado de esta puerta, se encontraba un escritorio, en el cual estaba sentada una joven de cabello negro y corto, revisando unos papeles. Cuando los tres se acercaron, la joven los volteó a ver de reojo.

- ¡Buenos días Kitami-sensei! – Saludó la joven en el escritorio. – El Director los espera.

- Gracias Suzuki. – Mencionó la mujer de azul mientras se acercaba la puerta. Lentamente colocó su mano en la perilla, y abrió la puerta de la oficina. – Zeta Sakagami, déjame presentarte a Genjo Takudo, director de la Preparatoria Kasamatsu.

Del otro lado de la puerta, sentado en un gran escritorio de madera en el fondo de la habitación, se encontraba un hombre de cabello en un tono entre blanco y púrpura claro, largo hasta sus hombros, con un par de anteojos oscuros en el rostro que escondían por completo sus ojos. Detrás de él se encontraba una gran ventana que daba directo al patio de la escuela, y por la cual entraban los rayos del sol, alumbrando casi todo el cuarto.

- Parece que por fin nos conocemos Zeta-kun. – Mencionó el hombre al verlos entrar.

Zeta se quedó de pie en la puerta, mirando a esa extraña persona. No era la imagen que tenía de un director de escuela, y menos de un amigo de su maestro. Realmente pensaba que se trataría de un anciano de cabello cano o algo parecido, pero este hombre daba la impresión de tener alrededor de unos treinta años, posiblemente treinta cinco. Además, había algo muy extraño en él que el joven percibió en cuanto la puerta de la oficina fue abierta.

- ¿Usted es el hombre al que mi maestro quería entregarle la Reidama? – Preguntó el chico mientras se adentraba en la oficina.

- Supongo que así es, o al menos eso me dijeron. – Le contestó con tranquilidad. – Yo soy Genjo Takudo. Por favor, tomen asiento.

Kitami se acercó primero, seguida por detrás de Zeta y Erishia. Ambos caminaron hacía el escritorio, sentándose cada uno en una de las sillas que se encontraba frente a éste. La maestra se quedó de pie detrás de ellos.

- La maestra Kitami ya me informó de lo sucedido. – Comenzó a decir el director, mirándolos a través de sus lentes oscuros. – Pero deseo que tú me digas exactamente que fue lo que sucedió, Zeta.

- Perdí la Reidama, ¿de acuerdo? – Contestó de una manera seca, lo cual pareció exaltar a Erishia y a Kitami. – Venía hacía la escuela, un Kurorei me atacó, y entre el forcejeo la esfera cayó en manos de un gato, bueno, realmente en su hocico.

- Así que, ¿este gato fue atropellado?

- Sí, y luego desapareció en una luz blanca.

- Zeta, déjame decirte algo. – El director alzó sus manos hacía el frente, juntándolas encima de su escritorio. – ¿Has escuchado la ley de la conservación de la materia? Las cosas que nos rodean pueden flotar, volar, hacerse más grandes o más pequeñas, incluso cambiar de forma o transportarse de un lugar a otro. Sin embargo, incluso en este mundo, digamos “paranormal” en el que trabajamos, las cosas no desaparecen.

El chico se quedó algo extrañado al oírlo. Parecía como la clase de cosas que su maestro decía de vez en cuando, sólo que en su caso no sonaban como tonterías.

- El brillo blanco que viste es digno de la Reidama. – Prosiguió. – Cuando se le pide un deseo, libera una gran cantidad de energía que se representa en forma de esa luz.

- ¿Qué?, ¿Entonces esa luz se debió a que la Reidama cumplió un deseo?, ¿Pero a quién?

- ¿A quién crees tú?

Zeta alzó la mirada hacía el techo ante la pregunta, como pensando en que responder. De pronto lo entendió.

- ¡¿La Reidama le cumplió un deseo al gato?! – Preguntó sorprendido el chico mientras se ponía de pie.

- ¿Eso es posible? – Preguntó Erishia confundida.

- La Reidama está hecha de almas, y puede cumplir su deseo a cualquier ser que posea en su interior un alma, sea humano, animal, u otra clase de ser, siempre y cuando tenga un corazón puro. Cualquiera que haya sido el deseo de ese animal, lo más seguro es que se le hizo realidad.

- ¿Los animales pueden tener deseos? – Preguntó el chico de negro. – Pero, ¿Y qué me dice de lo que dijo aquel Kurorei que vi?, él mencionó que la Reidama no sólo servía para cumplir deseos, si no que se puede usar de una manera diferente.

- Eso es cierto. No hay olvidar que estamos hablando de una esfera creada por la unión de varias almas; casi podrías decir que es un concentrado de poder espiritual. Si uno sabe como usar el poder de una Reidama, puede usar su magia sin tener necesariamente de pedirle un deseo. Pero es algo ilógico que un simple animal tenga dichos conocimientos. La perla tuvo que haber cumplido un deseo, de no ser así no hubiera despedido esa luz.

- Si el gato pidió un deseo, ¿Qué pudo haber deseado? – Le preguntó Erishia.

El Director Takudo giró su silla hacía la ventana detrás de él, viendo a través de ella los árboles verdes del jardín.

- La verdad no lo sé. Sin embargo, de haber sido un deseo para otra persona o cosa, al momento de disiparse la luz, el gato debería de haberse quedado en el mismo lugar. Sin embargo, cuando uno pide algo para si mismo, la energía liberada hace que el cuerpo cambie de lugar, pero éste no es un cambio muy drástico. Ese gato, muerto o no, deben de encontrarlo, ya que es posible que otras personas estén detrás de él.

- ¿Habla de alguien como aquella ninja que vi en Kyoto? – Preguntó Zeta. – Pero no tiene sentido, creí que la Reidama sólo podía cumplir un deseo.

- Sí, pero hasta ahora somos los únicos que sabemos que la Reidama ya ha cumplido un deseo. Además, la mayoría de los Kuroreis y espíritus de baja categoría se mueven por la sensación de energías. Las primeras veinticuatro horas, o posiblemente los primeros días, el gato seguirá radiando la energía que pertenecía a la Reidama, y será blanco fácil de monstruos o demás criaturas que sientan su presencia, como el Kurorei que te atacó. Si el gato está muerto, puede que logren usar alguno de los poderes que queden en el cuerpo.

- ¿Y si el gato está vivo? – Cuestionó el chico de nuevo.

El director pensó un poco la pregunta, mientras continuaba viendo por la ventana.

- En ese caso, puede que estemos en un peligro aún mayor. Erishia, Zeta, en cuanto terminen las clases, quiero que vayan a buscar a ese gato.

- Oiga, espere un momento – Le gritó Zeta poniendo rápidamente de pie. – ¿Porqué tengo que esperar hasta el final de las clases? Además de todo, ¿me puede decir quien se cree para empezar a darme órdenes?

- Así será señor – Respondió Erishia ante la orden, poniéndose también de pie.

- ¿Qué?, pero…

- Vamonos ya Zeta-sama. – le contestó ella, volteándolo a ver con una expresión de severidad que casi congeló al chico.

Erishia tomó a Zeta con fuerza de su brazo y obligó a salir de la oficina junto con ella. El director se les quedó viendo, sentado tranquilamente en su escritorio, con una gran sonrisa en el rostro.

- ¿Qué piensa de él? – Le preguntó Kitami volteando a verlo.

- Ese chico tiene mucho carácter. – Le respondió. – Pero si queremos que esto funcione, tendrá que aprender a trabajar en equipo.

 

Zeta y Erishia caminaban hacía sus respectivos salones. Él tenía aún muchas dudas sobre lo sucedido, y su curiosidad no podía evitar el hacerle algunas preguntas.

- Así que, ¿Tú también eres una Reibuke? – Le preguntó Zeta sin dejar de caminar.

- Aprendiz de Reibuke igual que usted. – Respondió. – Cuando era niña, Sensei Eiji descubrió rápidamente que yo tenía habilidades espirituales y arregló que el señor Genjo me entrenará.

- ¿Ese sujeto? – Preguntó algo sorprendido. – Esa maestra de cabello azul también es un Reibuke. Parece que hay más en está ciudad de lo que esperaba.

- Esperaba que el maestro Kenjiro le hubiera contando todo sobre esto.

- No, ¡Qué va!, ese anciano no te dice más de lo que él quiere que sepas. Ahora que lo mencionas también fue mi abuelo quien descubrió mis habilidades como Reibuke y arregló que entrenará con el maestro Kenjiro. Ambos dicen que en sus tiempos eran grandes Reibukes, pero la verdad ahora no lo parecen tanto.

Erishia se le quedaba viendo fijamente mientras escuchaba con atención lo que le decía. En el fondo, sus palabras no parecían tener nada de respeto al referirse a su abuelo o al maestro Kenjiro, y en especial le molestaba la forma en la que se refería al director. Ella, por otra parte, siempre ha tenido un gran respeto para ese tipo de personas, y al oírlo hablar de esa manera sólo puede pensar que se trata de una persona muy irrespetuosa. Pese a todo, tendría que aprender a lidiar con él desde ese momento, y no sólo por el hecho de que iban a vivir en la misma casa…

- ¡Oye!, ¡Mira! – Dijo de pronto el joven que la acompañaba sacándola de sus pensamientos. – ¡La brújula se está moviéndo!

Erishia se sobresaltó al oír la advertencia del chico. Rápidamente puso sus ojos sobre el artefacto mágico que traía consigo. Como había pasado antes, la aguja de la brújula comenzó a moverse hacía una dirección específica, que en esta ocasión era al frente de ellos.

- Está detectando algo. – Agrego la joven. – Talvez es la misma presencia que sintió hace poco.

- ¿Podrá ser lo que buscamos?

 

El salón número 1 del primer año se encuentra en el segundo piso de uno de los edificios de la escuela. Frente a las ventanas del salón que dan al patio, se encuentra un gran árbol. Oculto entre las hojas de este árbol, parado en una de sus ramas, se encontraba una figura oscura, un gato negro vestido con un traje rojo y negro, que ve por la venta con sus grandes ojos en un tono entre amarillo y vede. Principalmente, se le queda viendo a una alumna sentada en el salón, una joven de cabellos castaños y cortos.

- “Hikaru.” – Pensaba el misterioso ser mientras la miraba – “Por fin podré cumplir lo que te prometí hace mucho tiempo…”

- ¡Oye tú! – Escuchó de pronto que alguien le gritó desde abajo del árbol.

Al mover su mirada hacía la parte inferior del tronco, pudo distinguir a Erishia y Zeta, que lo miraban desde el suelo. Al ver claramente de que se trataba, el rostro del chico de negro se llenó de sorpresa.

- ¡Es el gato! – Gritó sorprendido.

- La brújula indica que el poder espiritual radia de él. – Comentó Erishia, revisando el artefacto.

- Pero si eres tú. – Le contestó el ser desde la rama del árbol con un tono burlesco. – El chico al que le quité con gran facilidad la Reidama.

Los dos jóvenes se quedaron completamente mudos al escuchar como de la boca de ese animar con ropa surgían palabras.

- ¿Acaba de hablar? – Preguntó sorprendida la chica de cabellos morados.

- ¡¿Qué cosa?!, por supuesto que no me la quitaste, se me cayó y tú la robaste. – Gritó enojado Zeta, aparentemente quitándole importancia al hecho.

- Pues eso demuestra que eres muy descuidado. – Le contestó el gato mientras se reía.

Enojado ante su actitud, Zeta dio un largo salto hacía arriba, directo a donde se encontraba.

- ¡Ya verás miserable bolsa de pelos! – Le gritó mientras se elevaba.

- ¡Esperé!, ¡Lo pueden ver! – Le gritó Erishia tratando de detenerlo, pero ya era tarde.

El gato, al ver que el chico se acercaba a donde estaba, dio un salto hacía arriba, pegándose a la pared del edificio, como si se tratará de una araña. Por su parte, Zeta, cayó de pie en la rama donde se encontraba con anterioridad el ser.

- ¡¿Cómo haces eso?! – Le preguntó Zeta al ver que se encontraba pegado a la pared.

- Es muy interesante que te impresione más esto que le hecho de que te estoy hablando tonto. – Le respondió en un tono de burla – Esto es sólo un poco de lo que puedo hacer. Si quieres saber más, sígueme, si es que puedes…

Como si estuviera corriendo por el suelo, el gato comenzó a moverse por la pared, en dirección al techo. Al ver que se escapaba, Zeta se abalanzó de un largo salto hacía arriba para tratar de agarrarlo. Sin embargo, aparentemente su salto no fue suficiente alto, ya que antes de que pudiera ponerle una mano encima, su impulso se desvaneció y comenzó a caer rápidamente hacía el suelo.

Mientras caía, pasó rápidamente frente a la ventana de su salón. Por  un instante, todos vieron únicamente pasar una figura oscura frente a ella, pero al momento de voltearse para ver que era, no pudieron ver algo.

- ¡¿Qué fue eso?! – Preguntó Hikaru mientras miraba hacía la ventana.

Zeta seguía cayendo directo al piso, y parecía que chocaría con éste. En ese instante, Erishia, que seguía a lado del árbol, alzó sus manos frente a ella y como por arte de magia de éstas pareció surgir una fuerte ráfaga de viento que se concentró justo en donde Zeta iba a caer, haciendo algo parecido a un colchón de aire. Esto evitó que el golpe contra el suelo fuera muy duro, pero igual tuvo que resentir parte del impacto.

- Gracias, creo… – Le agradeció el joven mientras se ponía de pie, aunque no estaba muy seguro de que había pasado.

- ¿En qué estaba pensando? – Lo regañó con severidad. – Es mejor que la escuela no se enteré de que hay un gato hablando y caminando en dos patas por aquí. Lo mejor será que lo sigamos o se nos escapará.

 

Parado en el techo del edificio, con sus brazos cruzados y una expresión de despreocupación, el gato parecía estar esperando a que llegaran. De pronto, la puerta que lleva al techo se abre. Al darse media vuelta, vislumbra a Erishia y a Zeta que lo ven fijamente.

- Parece que no me pudiste seguir el ritmo. – Le dijo el ser negro riéndose.

- Comienzo a lamentarme que no te haya matado ese automóvil. – Le contestó Zeta enojado, aparentemente listo para abalanzarse en su contra. Sin embargo, Erishia lo detuvo antes de que lo hiciera.

- Esperé. – Le dijo mientras colocaba su mano en su hombro para luego caminar al frente. – Dinos, ¿obtuviste esas habilidades con la Reidama?

- Puede ser. – Les contestó casi en un tono de burla.

- ¿Dime, como te llamas?, ¿Tienes nombre?

- Nosotros no usamos esa clase de cosas, pero el nombre con el que me llaman los humanos es “Tsuki”.

- Tsuki, no tienes porque huir, lo único que queremos hacer es ayudarte. Talvez no lo sepas, pero en estos momentos puedes estar en un grave peligro. Nosotros únicamente queremos protegerte.

Erishia se le quedó viendo a sus grandes ojos azules, como esperando una respuesta, mientras él también la miraba fijamente. De pronto, el gato agacho la cabeza, como pesando en algo. Por unos instantes todo se quedó en silencio, mientras esperaban a que hablara.

De pronto, rápidamente, Tsuki alzó su cabeza hacía Erishia, sacándole la lengua como señal de burla, lo que sorprendió a la joven. En ese instante, entre la confusión, dio un largo salto, pasando por encima de la joven, y cayendo justo frente a Zeta, que en cuanto lo vio se tiró hacía él tratando de agarrarlo. El intento de Zeta fue inútil, ya que volvió a dar  un salto recto hacía arriba, haciendo que el chico se golpeará contra el suelo.

Tsuki cayó de nuevo por efecto de la gravedad, pero esta vez justo en la espalda de Zeta, para luego salir corriendo por la puerta por la que entraron.

- ¡Ese maldito animal! – Gritó Zeta mientras se ponía de pie.

- Parece que el razonar cono él no es una opción. – Comentó la joven con seriedad.

- ¡Pero ya vera!

Zeta se levantó rápidamente y con pasos amenazantes corrió hacía la puerta. Sin embargo, justo antes de que pudiera pasar por ella, la puerta se cerró frente a él. Cuando trato de abrirla, esta no cedía.

- ¡Nos encerró! – Gritaba el chico mientras trataba de abrir la puerta. – ¡El muy gato nos encerró!

- ¿El muy gato? – Cuestionó la chica mientras se le acercaba.

Del otro lado de la puerta, la manija de la puerta parecía radiar un extraño brillo de color dorado, mientras Tsuki se reía de ellos.

- Lo siento, pero no tengo tiempo para jugar con Reibukes de tercera. – Les decía en tono de burla.

- ¡¿Reibukes de Tercera?! – Le contestó furioso. – ¡Me las vas a pagar!, te lo juró.

Sin hacerle mucho caso a las amenazas de Zeta, Tsuki bajo las escaleras rápidamente, dejando totalmente cerrada la puerta detrás de él.

- No puede ser, somos dos Reibukes contra un simple animal que acaba de aprender a caminar, ¿Cómo es posible que nos hiciera esto?

- ¿Acaso no se da cuenta? – Le preguntó Erishia. – Ese gato no es un ser común y corriente.

Al escucharla decir esto, el enojo de Zeta pareció desaparecer de su mente. Lentamente se giró hacía ella con una cara de sorpresa.

- Por supuesto que no es un gato común. – Le contestó. – Habla y camina, eso ya lo sé.

- No me refiero a eso. Escuche, la Reidama tiene ciertos limites. En primera, no tiene el poder para regresar a la vida a una persona; le puedes pedir que te lleve a algún lugar, pero siempre dentro de nuestro mundo; por ultimo, la Reidama no otorga conocimientos. En otras palabras, no le puedes pedir cosas como “Quiero saberlo todo” o “Quiero saber sobre esto”, ya que la Reidama no tiene esa facultad.

- Bueno, ¿y?

- Ese gato llamado Tsuki sabía de la Reidama, y además supo que éramos Reibukes, y sabe además que es un Reibuke, ¿acaso no lo noto?

Al oír esto, Zeta se puso a pensar detenidamente en lo que Tsuki había dicho. Era cierto…

******

- Pero si eres tú. – Le contestó el ser desde la rama del árbol con un tono burlesco. – El chico al que le quité con gran facilidad la Reidama.

 

- Lo siento, pero no tengo tiempo para jugar con Reibukes de tercera. – Les decía en tono de burla.

******

- ¡Es cierto! – Exclamó Zeta al recordarlo. – Supongo que estaba tan enojado que no lo noté.

- La Reidama puede haberle dado la habilidad de hablar, caminar, e incluso esos poderes que tiene. Pero lo que sabe, lo más seguro es que lo sabía desde antes.

- ¡Ese maldito!, yo pensé que me había quitado la Reidama por ser brillante, pero desde el principio él sabía muy bien lo que era.

- La pregunta ahora es, ¿Cómo lo sabía?

Ambos chicos se quedaron unos momentos en silencio, meditando en el asunto.

- Talvez sea un Guardián Familiar. – Comenzó Zeta después de un rato.

- ¿Un Guardián?

- Sí, hace mucho escuché eso. Se dice que cuando alguien en el otro mundo te quiere mucho, él envía a un espíritu guardián en forma de un animal para que te proteja. Normalmente las mascotas de los hogares se dicen que son los guardianes de la familia. Algunos clanes tienen a un animal distintivo para su familia, y ese tipo de cosas. Pero bueno, eso es sólo una leyenda, pero es lo único que se me viene a la mente que tenga que ver con animales.

- El probable. – Comentó la chica tras razonar la idea. – Si se trata de algún tipo de espíritu en el cuerpo de un animal, eso podría explicar como sabe todo eso. Si este tal Tsuki es un Guardián como usted dice, puede que esté aquí para proteger a alguien. ¿Usted dijo que lo vio por primera vez en el patio de una casa?

- Sí, fue en una casa ¿Crees que esa persona sea su dueño?

- Hay que descubrir quien es el dueño de Tsuki. Así averiguaremos el porque pidió ese deseo.

- Pero hay un problema… ¿Cómo rayos vamos a bajar?

Ambos se voltearon al mismo tiempo hacía la puerta, mirándola con detenimiento, como analizando la mejor salido para su predicamento.

 

Una vez más vemos la figura de Tsuki, parado en la rama del árbol justo frente a la ventana del salón de Hikaru. Sus ojos se sitúan de nuevo sobre su dueña, que aparentemente tiene su atención puesta en la clase.

- “Hikaru…” – Pensaba el gato sin quitarle los ojos de encima. – “Ahora podré hacerlo…”

******

Era una noche lluviosa. El cielo se encontraba cubierto por completo por las negras nubes, mientras el agua caía drásticamente contra la tierra. Corriendo por las húmedas calles de la ciudad, con sus cabellos negros totalmente despeinados y húmedos, se encontraba un pequeño gato, tratando de huir con todas sus fuerzas de su perseguidor, un gran perro café.

Los charcos ubicados en su camino no fueron de ayuda para el animal, pues de repente sufrió un resbalón, tropezando y cayendo en uno de los charcos. El perro se acercó lentamente a donde se encontraba su presa, sin que ésta se pudiera poner de pie siquiera debido a sus heridas.

Justo cuando parecía que terminaría como victima de sus afilados colmillos, algo pareció salvarlo. Al momento en que alzó la mirada para verlo, pudo ver como el perro retrocedía mientras aparentemente de la nada salían volando varias piedras que se estrellaban contra el animal. Después de recibir varios golpes, el perro salió corriendo con rapidez, alejándose lo antes posible.

- ¡Vete de aquí perro malo! – Escuchó que alguien gritaba. – ¡Deja a ese pobre gatito!

Al momento en que volvió la mirada al frente para ver que era lo que lo había salvado, pudo ver bajo la figura roja de un paraguas a una pequeña niña, con cabellos ligeramente castaños que apenas y se asomaban por su gorro rojo; se encontraba vestida con uniforme de escuela primaria.

La niña se acercó a donde se encontraba el pequeño y lo alzó en sus brazos.

- Pobrecito. – Comenzó a decir mientras caminaba sosteniendo al animal. – No te preocupes pequeño, yo te protegeré.

******

- “Ahora yo te protegeré…” – Pensaba Tsuki mientras su recuerdo terminaba.

Ya había pasado mucho tiempo desde aquel momento, y ahora por fin poseía el poder para hacer su deseo realidad.

De pronto, sus pensamientos son interrumpidos al momento de escuchar unos pasos justo debajo de él. Al bajar la mirada, pudo notar una figura familiar. Se trataba de Shitaro, el hermano de Hikaru, y estaba una vez más acompañado de Tsui y de sus compañeros.

- ¡Es Shitaro! – Se dijo así mismo al verlo.

El joven de cabello castaños acompañó al grupo de jóvenes hasta atrás de uno de los edificios. Una vez ahí, los demás comenzaron a formar un círculo alrededor de él, como para evitar que se fuera, mientras Tsui se paraba en el centro justo frente a él.

- Creo que ya tuvimos esta conversación Tsui. – Le comenzó a decir Shitaro.

- Esto no acaba hasta que arreglemos todo lo que tenemos pendiente Hanamiya... – Le contestó el chico mayor con una sonrisa en el rostro.

- No vuelvas a lo mismo. Si hubo algo pendiente entre nosotros, te aseguro que ya acabó.

- No, siento mucho contradecirte Hanamiya, pero tu cuenta no ha sido saldada aún. Así que, será mejor que nos arreglemos de una buena vez, o no solo tú te veras afectado. No me quiero tomar la molestia de tener que cobrarle todo a tu hermana.

Este último comentario llenó el rostro de Shitaro con sorpresa, y al mismo tiempo de miedo. Tsui notó esto, y su expresión reflejó lo satisfecho que se encontraba ante su reacción. Shitaro, enojado, decidió no dejarse doblegar.

- ¡Eso no es justo!, ¿Quién te crees que eres para extorsionarme así? – Le gritó con furia.

- La pregunta es, ¿Quién te crees que eres tú para hablarme en ese tono?, pero ya que queremos hacernos los valientes, ¿Qué te parece si arreglamos esto ahora?

Shitaro tenía un mal presentimiento al respecto.

- ¿De que estás hablando?

Sin responder de inmediato a la pregunta, Tsui comenzó a desabotonarse el saco de su uniforme para luego tirarlo bruscamente al suelo. Debajo del saco, llevaba una playera blanca sin mangas que dejaban ver a la perfección los fuertes músculos de sus brazos.

- Así está el asunto Shitaro: Como ninguno parece tener el tiempo adecuado para atender al otro, lo haremos sencillo. Si puedes darme por lo menos un golpe en el rostro, justamente en el rostro, olvidaremos todo este asunto y te dejaré en paz a ti y a tu querida hermanita. Pero, si yo logró derribarte por completo y dejarte en el suelo derrotado antes de que me golpees, tendremos que volver a los viejos y arreglarlo como antes, ¿qué te parece?... Esta es la mejor oportunidad para zafarte de esto Hanamiya, ¿Qué dices?

El joven pareció algo sorprendido ante tal propuesta. Tsui le ofrecía el arreglar su problema con una simple pelea. Era de conocimiento de todos que él era uno de los más fuertes de toda la preparatoria; no por nada era el líder de una de las dos pandillas que gobernaban esa zona, y de seguro Shitaro no tendría oportunidad contra él. Por otra parte, si no hacía algo ahora, pondría en peligro a su hermana, y además, solo tenía que darle un golpe.

- ¡Muy Bien! – Le respondió al tiempo que se quitaba su saco.

Al ver que Shitaro aceptó, los chicos que los rodeaban se vieron muy animados, pues por fin verían una pelea. Shitaro y Tsui se miraban fijamente el uno al otro, como esperando a que alguno comenzará. Se veía que Tsui estaba muy confiado con esto, pero no se podía decir lo mismo de su oponente.

A pesar de sus dudas, Shitaro decidió comenzar con el primer golpe. Rápidamente se abalanzó en su contra, con su puño extendido y listo para golpearlo en el rostro. Sin embargo, Tsui logró evitarlo, moviéndose un poco hacía su izquierda, e inmediatamente después alzó su rodilla derecha, haciendo que Shitaro prácticamente se la encajara por si solo directo en el abdomen.

Después de recibir este golpe, Shitaro cayó al suelo de rodillas, mientras con sus manos apretaba con fuerza su estomago. Tsui reía satisfecho por esto.

- ¿Qué pasa Hanamiya? – Le preguntó Tsui burlándose. – ¿Acaso ya no eres tan valiente como antes?

Shitaro no respondió, simplemente se comenzó a levantar a duras penas. Una vez de pie, volteó a ver a su contrincante directo a los ojos, quién no se veía muy sorprendido después de verlo levantarse.

- Sabía que te levantarías, sería patético si cayeras al suelo tan rápido.

- ¡Cállate y pelea maldito!

Haciéndole caso a sus palabras, Tsui no lo hizo esperar y rápidamente se abalanzó en su contra, golpeándolo con su puño derecho justo en el rostro. El golpe fue tan fuerte que parecía que Shitaro saldría volando, pero el impulso sólo lo forzó a dar unos pasos hacía atrás. La mejilla en la que le había golpeado se encontraba totalmente roja.

Tsui lo volvió a atacar antes de que se enderezara por completo, ahora aplicándole un fuerte gancho con su brazo izquierdo directo a su abdomen. Shitaro apenas y podía mantenerse de pie; su visión poco a poco se comenzó a poner algo borrosa. Entre el dolor de los golpes y las imágenes confusas, podía oír como los amigos de Tsui le gritaban, apoyándolo.

- ¡No me digas que eso es todo Hanamiya!, Vamos, sé que puedes hacer algo mejor.

Una vez más, Shitaro no respondió; simplemente se le quedó viendo fijamente, con una expresión agresiva en su rostro. La sonrisa del rostro de Tsui se borró, cambiándola por una expresión más seria.

- Bien, si no nos vas a divertir más, será mejor que termine con esto.

Tsui abalanzó su puño derecho hacía Shitaro, esta vez con más potencia y fuerza que antes. A simple vista se veía que ese golpe acabaría con el encuentro. Sin embargo, en ese instante, antes de que Tsui lo tocará, Shitaro extendió rápidamente su puño derecho, apuntando directo al su rostro. Para sorpresa de Tsui, Shitaro logró darle un fuerte golpe con su puño justo en su mejilla izquierda.

El golpe de Shitaro hizo que Tsui retrocediera, pero no pudo evitar que su puño lo golpeara en su hombro izquierdo, por lo que una vez más cayó al suelo, esta vez semiarrodillado, con su brazo derecho sobre el lugar del golpe.

- ¿Qué te pareció eso Tsui? – Comenzó a decir Shitaro feliz por su hazaña. – De seguro creías que no lo lograría, ¿verdad?

Cuando el efecto inmediato del golpe había pasado, Tsui volvió la mirada de nuevo hacía a él. Ahora, su expresión estaba llena de enojo y rabia. El que lo hubiera golpeado parecía que no le había gustado para nada.

- ¡¿Qué están esperando?! – Gritó de pronto apuntando a Shitaro con su dedo. – ¡Denle su merecido a ese idiota!

De pronto, prácticamente sin que Shitaro se diera cuenta, todos los amigos de Tsui se le echaron encima, tirándolo al suelo, golpeándolo y pateándolo. Shitaro estaba vulnerable ante tantos agresores.

- Para que a la otra mejor te quedes en el suelo. – Se dijo enojado Tsui mientras veía como los demás lo golpeaban.

En ese instante, como por arte de magia, dos de los chicos que estaba golpeando a Shitaro, salieron volando por los aires. Uno de ellos chocó contra un árbol cercano, mientras que el otro chocó contra la pared del edificio. Al ver esto, el resto de los atacantes se detuvieron, y comenzaron a ver a todos lados, como buscando una respuesta.

De pronto, una extraña figura negra se comenzó a mover bajo sus pies a toda velocidad, tanto que ninguno pudo verla con claridad.

- ¡¿Qué es eso?! – Gritó uno de ellos al verlo.

La extraña figura dio un salto sorpresivo, aparentemente golpeando a uno de ellos directo en la garganta, para luego saltar una vez más y golpear a otro en el rostro. Todo fue tan rápido, que ni siquiera se dieron cuenta. Mientras esto pasaba, Shitaro yacía herido e inconsciente en el suelo, con todo su cuerpo llenó de golpes y heridas.

Tsui miraba a lo lejos lo que pasaba sin entenderlo. Poco a poco vio como la extraña presencia golpeaba uno por a uno a sus compañeros, sin poder ver bien de que se trataba. De pronto, la figura negra se colocó justo debajo de él. Con una mirada baja, pudo distinguir unas orejas muy extrañas, y unos ojos grandes y amarillos. Sin pensarlo, abalanzó su puño hacía abajo con toda la intención de golpearlo. Sin embargo, el chico no tuvo suerte, ya que el extraño dio un largo salto hacía arriba, esquivando su golpe y, como a los demás, lo golpeó, justo en la barbilla, haciéndolo caer de espaldas al suelo.

 

Después de tener prácticamente que romper la puerta para poder bajar, vemos a Erishia y a Zeta corriendo por el patio con la Brújula Espiritual con ellos.

- Tsuki ha obtenido grandes poderes de la Reidama. – Le decía Erishia mientas corrían. – Guardián Familiar o no, debemos de encontrarlo pronto, no sabemos que clase de problemas pueda causar.

- No será tan fácil, ese animal es muy escurridizo, talvez ya ni está en la escuela.

De pronto, ambos detienen sus pasos al escuchar un conjunto de gritos que se acercaban. Para su sorpresa, un grupo de alumnos aparecieron corriendo frente a ellos totalmente asustados.

- ¡Una fantasma! – Gritaban mientras corría. – ¡Una Gato Fantasma!

Zeta y Erishia se les quedaron viendo fijamente hasta que se desaparecieron detrás de uno de los edificios de la escuela.

- Creo que me equivoque. – dijo Zeta algo sorprendido por lo ocurrido.

- Es lo que me temía. ¡Demonios!, vamos.

Ambos reanudaron la marcha, pero en la dirección en la que venían esos alumnos.

 

En el lugar sólo quedaban tres personas: Shitaro y Tsui, que se encontraban inconsciente en el suelo, y Tsuki, que se encontraba de pie a lado de Shitaro, viéndolo fijamente. Su rostro y casi todo su cuerpo estaban llenos de golpes que esos chicos le habían ocasionado.

De pronto, los pasos de Zeta y Erishia llaman la atención de Tsuki. Al alzar la mirada, pudo ver a los dos parados frente a él.

- ¡Aquí estás desgraciado! – Le gritó Zeta mientras se lanzaba para agarrarlo, pero como siempre, Tsuki lo logró esquivar con su agilidad y Zeta terminó con la cara en la tierra.

Sin decir más, Tsuki se alejó saltando hasta salir de la escuela. Zeta se puso de pie totalmente enojado, mirando en dirección a donde Tsuki se había ido.

- ¡Demonios!, volvió a escapar. – Se dijo así mismo algo frustrado.

En ese instante, la atención de Zeta se centra en el joven desmayado frente a él. Se sorprende al ver las condiciones en las que se encuentra.

- ¡Hanamiya! – Dijo sorprendida Erishia al verlo.

- ¿Lo conoces? – Le preguntó mientras se ponía de pie.

- Va en mi salón. Nunca me pareció de los que disfrutaban buscando pelea.

- ¿Quién pudo haberle hecho todo eso?

En eso, Erishia alza su mirada al frente y ve a Tsui, también tirado en el suelo. En ese instante todo estaba claro para ella.

- ¿Quién más que Hino Tsui y su grupo de “Intelectuales”? – Dijo Erishia en un tono serio.

- ¿Quién es él? – Preguntó Zeta al verlo.

- Digamos que no es el tipo de persona a la que le confiarías tu vida. ¿Recuerda que le dije que aquella chica es el dolor de cabeza número uno de la escuela?, él es el dos, el líder de los Kasamatsu Oni. Parece que a Tsui no le fue muy bien en su pelea con Hanamiya, y por eso todos sus amigos se le echaron encima.

- ¿Sus amigos?, ¿te refieres a los que iban corriendo?

- Sí. – Contestó sorprendida. – Entonces, Tsuki lo protegió.

Los dos jóvenes miraron sorprendidos al chico en el suelo.

- ¿Crees que él sea la persona a la que ese gato protege? – Le preguntó Zeta con seriedad.

- No veo otra respuesta. Llevémoslo a la enfermería, talvez cuando despierte nos pueda decir más.

Zeta levantó al joven, colocó su brazo alrededor de su hombro y se fueron en dirección a la enfermería de la escuela.

Una vez que estuvo totalmente solo, los ojos de Tsui se abrieron rápidamente. Parecía que no había estado inconsciente, y que por el contrario, había escuchado toda la conversación.

- Así que, sí era un gato. – Se dijo así mismo mientras miraba hacía el cielo. – ¡Qué interesante…!

 

Al mismo tiempo, Genjo Takudo, el director de la escuela, se encontraba en su oficina viendo por la ventana hacía el patio. Se encontraba acompañado de la maestra Kitami, quien estaba sentada en una silla frente al escritorio.

- Esos chicos ya hicieron ruido. – Mencionó la maestra Kitami con sus brazos cruzados.

- Sí. – Dijo el director. – Pero parece que la gente es más sorda de lo que creíamos.

- El Gato obtuvo los poderes de la Reidama, lo mismo que aquel Kurorei quería. ¿Eso podría ser más peligroso?

- No lo sé. No creo que el gato tenga pensando usar dichos poderes para algo malvado. Lo peligroso será si alguien lo ve o trata de atraparlo.

- ¿Pero quién además de nosotros sabe de esto?

 

Justo al medio día, un tren de pasajeros proveniente de Kyoto llega a la estación de tren de la ciudad. Poco a poco, los pasajeros van bajando del tren para comenzar de inmediato lo que los haya traído a esa ciudad. De pronto, los ojos de todas las personas se centran en una de las pasajeras que bajaba del tren. Era una persona vestida con un chaleco negro y sombrero, con un par de anteojos oscuros en el rostro; debajo de su sombrero, se pueden ver algunos cabellos rubios. Acompañándola, se encontraban tres personas de gran tamaño y complexión musculosa, vestidas de igual manera con un chaleco, sombrero y gafas, como queriendo que no los reconocieran.

- ¡Por fin estoy en Tokio! – Se dijo así misma mientras miraba a su alrededor – ¡¿No es linda esta ciudad?! – Dijo por ultimo dirigiéndose a uno de los hombres que la acompañaban, pero esté no le respondió. – No importa, vamos por esa Reidama...

ZETA
FIN DEL CAPITULO 3

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