La tarde continúa y el sol casi se ocultaba por completo. Después de acabar las clases, Hikaru había ido con sus amigas a comer algo, y después de eso se retiró caminando hacía su casa. Sin embargo, durante todo este tiempo lo único que había tenido en su mente era a Yusuke. Aún parecía estar triste, ya que dentro de poco él se iría.
- “¿Qué haré?” – Pensaba. – “Puede que Yoko tenga razón y deba de decirle algo. Sin embargo, si se lo digo, ¿qué me dirá?... además, tal vez esté exagerando. Sólo se irá por unas semanas.”
Cuando menos lo pensó ya se encontraba de pie frente a su casa. Ya con la mente más clara, caminó hacía a la puerta, abriéndola lentamente.
- ¡Ya llegué! – Informó en cuanto entró. De pronto, sus ojos se centran en dos pares de zapatos desconocidos que se encontraban en la entrada. – ¿Tenemos visitas?
Al momento de caminar hacia el interior de la casa, comienza a escuchar unas voces que conversan en la sala. Curiosa, se acerca a ella para ver de quién se trataba.
- ¿Así que vienes de Kyoto? – Escuchó de pronto que una voz familiar pregunta. Era su abuela, pero, ¿con quién hablaba?
- Así es. – Le respondieron. – Pero me mude a Tokio con mi abuelo. En realidad yo nací aquí, pero me mude cuando era niño.
En cuanto Hikaru entra en la sala, se queda asombrada al ver de quienes se trataban. En un sillón se encontraba sentada su abuela; en otro, estaban Zeta y Erishia, cada uno con una taza de té en sus manos, mientras que un tercer asiento estaba su hermano Shitaro, con su rostro lleno de vendas, debido a los golpes que había recibido. Zeta fue el primero en notar su presencia.
- Hola… – Saludó Zeta en cuanto la ve.
- ¿Qué pasa aquí? – Preguntó la joven, y en ese instante clavó su mirada sobre su hermano. Angustiada por verlo en tal estado, rápidamente corre a su lado. – ¡¿Qué te pasó Shitaro?!
- No es para tanto. – Le respondió volteando su cabeza hacía otro lado. – Sólo tuve un pequeño problema con el tonto de Tsui y sus amigos.
- ¡Lo Sabía! – Le gritó parándose fírmenme frente a él. – ¡Esos chicos no dan más que problemas!, ¡¿Cómo rayos te relacionaste con ellos?!
- ¡Tranquila Hikaru! – Le respondió poniéndose de pie. – ¡Ya te dije que no es para tanto!, Hamagushi y su amigo me trajeron a casa.
Al oír esto, Hikaru volteó a ver a los dos visitantes. No lo había reconocido antes, pero al momento de verlo con cuidado, se dio cuenta de que se trataba del nuevo estudiante que entró a su salón.
- ¡Eres tú! – Dijo al reconocerlo. Zeta se quedó algo extrañado al ver tal reacción.
- Bueno Hikaru. – Interrumpió su abuela. – No seamos descorteces con nuestros invitados, después de todo ellos ayudaron a tu hermano. ¿Porqué no van tú y Shitaro y traen los panes al vapor que preparé?
- Qué los traiga él, a mí no me salvaron la vida. – Dijo mientras caminaba hacía afuera de la sala.
- ¡Ellos no me salvaron la vida! – Le gritó su hermano mientras caminaba detrás de ella.
- Apuesto que estarías tirado en el suelo de no ser por ellos.
- ¡Claro que no!, ¿Acaso crees que no puedo vencer a Tsui y sus tontos amigos?
Ambos salieron de la sala mientras se gritaban el uno al otro. La señora Hana, al ver que ninguno se disponía a cumplir su orden, se disculpó con sus invitados y ella misma fue por los panes.
- Lo siento. – Se disculpó la señora. – Normalmente Hikaru es una chica muy tranquila y dulce, pero con su hermano es algo diferente; creo que todos los gemelos tienen algo de eso, ¿no creen? Si me disculpan, iré por los panes.
Erishia y Zeta se quedaron solos en la sala, mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de Shitaro y Hikaru. Lentamente, Erishia colocó su taza de té sobre la mesa de centro. Las miradas de ambos habían cambiado a una más seria.
- Si no mal recuerdo, esta fue la casa en la que vi a ese gato por primera vez. – dijo Zeta en voz baja. – Fue en el patio, de eso estoy seguro.
- Shitaro era su dueño, por eso lo protegió. – Añadió Erishia.
- Además, el árbol en el que lo encontramos daba hacía mi salón, ¿lo recuerdas? Esa chica de cabello castaño se sienta detrás de mí… bueno, me parece que es ella.
- ¿Cree que la estaba observando?
- No lo sé. Si el tal “Tsuki” es en realidad el guardián de esta familia, lo más seguro es que quiera cuidar a los dos chicos
Erishia guardó silencio, meditando sobre todo lo que había descubierto.
- Siendo su guardián, tarde o temprano volverá a esta casa. Tenemos que encontrarlo antes de que alguien más lo encuentre.
Mientras tanto, en otro punto alejado, una de las bibliotecas de la ciudad, no muy lejos de la preparatoria, se encontraba a punto de cerrar. Aún así, en su interior se encontraban algunas personas, un grupo de chicos para ser exactos, buscando un libro entre los estantes. Se trataba de Tsui y sus compañeros, que registraban los libros de una sección algo oculta de la biblioteca.
- Tsui, la biblioteca ya va a cerrar. – Le dijo uno de sus amigos, mientras Tsui movía con violencia las páginas del libro que sostenía. – Deberíamos de irnos.
- ¿Qué rayos hacemos aquí? – Preguntó otro. – ¿Acaso buscas información sobre el fantasma que nos atacó?
- ¡No sean tontos! – Les gritó al tiempo que les arrojaba un libro grueso de pasta café. El libro estaba abierto en una página en especial. – Eso no era un fantasma, era un gato vivo. El muy miserable de seguro debe de ser alguna clase de espíritu guardián o algo así.
- ¡¿Espíritu Guardián?! – Exclamaron todos al mismo tiempo.
- No es tan extraño. Existen muchos espíritus que viven en la Tierra con el cuerpo de un animal. – Les comenzó al contar mientras hojeaba otro libro. – Algunos se convierten en el guardián de alguna familia. Ese tonto de Hanamiya parecía que tenía más protección de lo que pensaba. No sabía que poseyera un guardián con tales habilidades.
Sus amigos parecieron extrañarse demasiado al oír a Tsui hablar de esa manera sobre un tema tan singular como ese.
- ¿Cómo sabes todo eso Tsui? – Le preguntó uno de ellos, pero él no contestó; parecía muy concentrado en lo que buscaba.
- Pero un espíritu en el cuerpo de un gato no puede hacer más de lo que el animal común puede hacer… ¿Cómo pudo esa criatura hacer eso?
De pronto, el chico se detuvo en una de las páginas al ver algo que le pareció interesante. En ésta se encontraba el dibujo de una perla blanca, y a lado estaba escrita con letras japonesas la palabra “Reidama”.
- ¿Una Reidama…? – Se preguntó así mismo con curiosidad.
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Capitulo 4:
Tsuki al Rescate
En una región ubicada más al norte de la Isla Honshu, pero no demasiado, se ubica una región montañosa y boscosa, prácticamente pobre de presencia humana. En medio de un pequeño bosque, rodeada por completo por los árboles, se encuentra una enorme residencia, una mansión al estilo japonés, casi con la apariencia de un inmenso templo. En el interior había un enorme jardín, su construcción parecía antigua, pero se veía bien cuidada. Esta casa y todo el territorio que la rodea le pertenecía a una sola familia.
En el interior de la casa había una gran estancia, con colchones para sentarse y una gran televisión además de algunos adornos. En una pequeña mesa se encuentra un teléfono de color azul oscuro, el cual comenzó a sonar esa noche.
- Ya voy, ya voy. – Se escuchaba que alguien decía a lo lejos.
De pronto, la figura de una persona se hace presente en la habitación. Era una joven, de unos quince o dieciséis años, de cabello negro y largo hasta su cintura, con ojos grandes cono un tono azul oscuro en ellos y piel blanca. Estaba vestida con un traje estilo kimono de color blanco, y llevaba unas sabanas en sus manos. Lentamente tomó la bocina del teléfono y la llevó a su oído.
- Hola, residencia Ryusuki, habla Hitomi. – Informó la joven en la bocina del teléfono.
- ‘¡Hola Hitomi!’ – Escuchó de pronto que una voz enérgica le decía por el teléfono.
- ¡Señorita Kurare! – Exclamó sorprendida al oírla. – ¡¿Dónde está?!
Del otro lado de la línea, a varios kilómetros de ahí, se encontraba una joven de cabellos rubios, hablando en una cabina telefónica.
- Estoy en Tokio. – Le respondió con tranquilidad.
- ‘¡¿Tokio?!’ – Repitió exaltada la persona en el teléfono.
- Sí. Es una ciudad muy grande y hermosa aunque algo ruidosa. No creerías todas las cosas y edificios que hay por aquí… y la gente…
- ‘Pero señorita Kurare, tiene que volver a casa…’ – Interrumpió la joven de golpe.
La chica de kimono blanco tuvo que sentarse unos momentos en uno de los colchones.
- Su señor padre está muy enojado porque no volvió con la señorita Kioko. – Le informó con preocupación.
- ‘¿Enserio?, ¿Dónde está mi hermana?’
- Desde que regresó de Kyoto lo único que ha hecho es entrenar. Ahora se encuentra afuera, y ni ha vuelto desde la tarde. Se le ve muy perturbada por algo.
- ‘Bien, dile que no se preocupe, que yo voy a encargarme de cumplir su deseo.’
- ‘¡¿Qué?!, ¡¿De que habla?!’ – Preguntó atónita la chica.
- ¿Recuerdas que decíamos que la vieja brújula del abuelo no funcionaba?, pues estábamos equivocados, sí funciona y encontré la Reidama. Ahora me voy, Adiós Hitomi, nos vemos luego.
Kurare colgó el teléfono, dejando con muchas dudas a la otra joven, y justo antes de que pudiera decirle alguna otra cosa para convencerla de regresar. Una vez con la llamada terminada, la joven salió de la cabina para reunirse con tres personas que la aguardaban
- Vamos chicos, tenemos cosas que hacer…
- ¡¿Qué?! – Se escuchó de pronto que gritaba el señor Kenjiro desde su asiento.
En el comedor de la residencia Sakagami se encontraban reunidos Zeta, Erishia, el señor Eiji y Kenjiro-sama, quién no se ve muy alegre al recibir la mala noticia de su alumno
- ¡¿Cómo que perdiste la Reidama?!, ¡Muchacho irresponsable!, ¡Debí de haber esperado que esto pasaría!, ¡No se le puede confiar nada a Sakagami Zeta porqué todo lo arruina!
- Tranquilícese. – Le contestó Zeta con despreocupación. – El problema no es el haberla perdido, sino los poderes que ahora tiene el gato que me la quitó.
- ¡No trates de salirte del tema! – Le gritó furioso. – ¡¿Y encima que me dices que te la quitó un gato?!, ¡Es increíble!... ¡Todo esto es tu culpa!, si tuvieras más cuidado en lo que haces…
- ¡Tuve cuidado con lo que hacía! – Le replicó el joven. – ¡Pero el ser atacado por un Kurorei en media ciudad no era parte del encargo!
Erishia se encontraba con la mirada baja, pensativa e indiferente ante la discusión que se llevaba acabo justo a su lado. Ella seguía pensando detenidamente en Tsuki y el poder que había obtenido con la Reidama.
- Tranquilos. – Les decía el señor Eiji intentando calmarlos. – No ganaremos nada con pelear. Genjo ha ordenado que busquen al gato, así que no hay nada mejor que hacer. Mañana temprano será un nuevo día…
- Ya que tocaste el tema abuelo, ¿Quién es ese sujeto de gafas oscuras y pelo despintado que en cuanto me vio comenzó a darme ordenes? – Le preguntó Zeta con curiosidad.
- Ten más respeto. – Le respondió su maestro. – Tal vez no estés conciente de esto, pero déjame decirte que tú nunca llegaras a la altura suficiente como para hablarle a Genjo Takudo de esa manera.
Zeta se quedó algo sorprendido por las palabras de su maestro. Había notado también que a Erishia no le había agrado del todo la forma en la que le había hablado a ese sujeto.
- ¿Acaso es alguien muy fuerte o importante? – Preguntó confundido.
- No te preocupes chico. – Le mencionó su abuelo acompañado de una ligera risa. – Dentro de poco lo averiguaras.
Zeta se extrañó aún más al escuchar eso. No entendía muy bien a que se refería, pero comenzaba a sentir algo de curiosidad sobre quién era el tal “Genjo Takudo”, aunque en esos momentos lo mejor era concentrarse en Tsuki.
Ya era de noche y lo único que alumbraba las calles eran las luces del alumbrado público. Afuera de su casa se encontraba Hikaru, con una expresión de preocupación en su rostro, mientras su hermano la observaba desde la puerta.
- ¡Tsuki!, ¡Tsuki! – Gritaba al aire, esperando recibir una clase de respuesta, pero la calle se encontraba en total quietud.
- Tranquilízate Hikaru. – Le decía Shitaro desde su lugar. – De seguro está por ahí.
- ¿Cómo la sabes?, le pudo haber sucedido algo. Él nunca se va tanto tiempo. Siempre que llegó de la escuela está aquí esperándome.
- No creo que la haya pasado algo, no tengo tanta suerte. – Mencionó su hermano con algo de sarcasmo, que no le fue de agrado a ella.
- ¿Cómo puedes decir eso?, Tsuki es parte de nuestra familia.
Shitaro pareció no muy feliz de escuchar ese tipo de cosas. Se giró hacía el interior de la casa mientras le seguía hablando a su hermana.
- En primera, es un gato y en segunda, no es la primera vez que sale de noche. Ya verás que mañana aparecerá. Lo mejor ahora es dormir.
No muy convencida, decidió mejor hacerle caso a su hermano y entrar. Pasaban muchas cosas como para ahora tener que soportar que su mascota se escapara.
Sin embargo, sin que ella lo supiera, una figura misteriosa la vigilaba desde el techo de la casa de enfrente. El ser de estatura muy baja se encontraba vigilándola con sus grandes ojos amarillos, hasta que ésta entró a la casa.
- Hikaru… – Se dijo así mismo con cierta nostalgia. – Creo que ahora no podré estar contigo, pero siempre te protegeré…
El extraño ser pareció recostarse en el tejado, donde pasaría la noche, sin apartarse ni un minuto de la casa de sus amos.
A la mañana siguiente, Tsuki seguía aún en el mismo lugar, durmiendo tranquilamente en el techo. Si no fuera por la ropa que traía puesta, todos dirían que es un gato común. Cuando Tsuki abrió por fin sus ojos, lo primero que vio fue a Hikaru abrir la puerta de su casa, seguida por su hermano Shitaro, quien aún seguía con sus vendas puestas detrás de la pelea.
- ¿Tsuki no volvió? – Le preguntó Shitaro al verla aún preocupada.
- No. – Fue su respuesta – Me preocupa, ¿Porqué se habrá escapado?
- No te preocupes, ya aparecerá.
Tsuki simplemente se limitó al seguirlos con su vista desde su posición. Ahora tenía algo que siempre había soñado, pero no sabía muy bien como tenía que usarlo. Pensaba que si tenía el poder, podría proteger a Hikaru y a su familia, ese era su mayor deseo. A cambio de ello, tendría que abandonarlos y vigilarlos siempre a lo lejos, ya que no había forma de que comprendieran su nueva apariencia y habilidades. Pero esa era la única manera de pagarles todo lo que habían hecho por él, y estaba dispuesto a hacerlo.
De pronto, siente una extraña presencia que se encontraba justo detrás él. Rápidamente se giró hacía atrás, viendo frente a sus ojos tres figuras de gran tamaño paradas también en el techo de la misma casa. Parecían personas, vestidas con sacos y sombreros negros, pero parecían demasiado grandes.
- ¿Quiénes son ustedes? – Les preguntó con algo de frialdad.
- ¿Este gato es la Reidama? – Escuchó de pronto que una voz algo aniñada decía entre los tres extraños.
En ese instante, una cuarta figura se hizo presente. Se trataba de una persona de estatura media, vestida con el mismo traje que los otros. Lentamente se quitó las gafas oscuras que llevaba consigo, mostrando sus grandes ojos azules y sus rubios cabellos. Su rostro inocente ponía algo nervioso al gato de negro.
- No parece una canica…
- Te equivocas jovencita, yo no soy la Reidama. – Le respondió Tsuki con seriedad.
- ¡Ese gato habla! – Exclamó sorprendida la joven rubia mientras retrocedía.
- Por supuesto que puedo hablar, ya que he obtenido los poderes de la Reidama con mi deseo…
Kurare se le quedó viendo un par de segundos y una vez más se le acercó.
- ¿Tú tienes los poderes de la Reidama? – Le preguntó sorprendida.
- Así es. – Contestó el gato cruzando sus brazos al frente con cierto tono de seguridad en su voz. La extraña lo mira con curiosidad.
- Y… ¿Todo los poderes?
- Así es, todos sus poderes.
- ¡Entonces tú puedes cumplir nuestro deseo!
- Así es, yo puedo… ¡¿Cumplir su deseo?! – Tsuki se exaltó al escuchar esas palabras; parecía que no se había explicado bien.
- ¡Ogros!, ¡Atrapen a ese gato para poder cumplir el deseo de mi hermana mayor!
- ¡Espera!, ¡No quise decir eso!, ¡Me refería a… – Tsuki trató de explicarse, pero ya era tarde.
Lo tres hombres que la acompañaban se despojaron de sus trajes, mostrando su verdadera identidad: eran tres ogros, de enorme tamaño y complexión musculosa, de piel verde y ojos rojos, como los que Zeta había enfrentado en Kyoto la otra noche.
Antes de que el gato pudiera decir algo, los tres ogros se abalanzaron en su contra. Tsuki dio un salto hacía el frente, esquivándolo para luego caer detrás de ellos.
- No sean tontos. – Les gritó. – Yo no puedo conceder deseos. Con los poderes de la Reidama me refería a…
Sin hacer caso a lo que decía, una vez más sus atacantes se lanzaron contra él. Tsuki, al ver esto, saltó hacía otra casa y luego se alejó de la misma manera, mientras era perseguido por detrás por las tres criaturas.
Erishia y Zeta se encontraban de pie afuera de su casa, mientras ella sostenía en sus manos la Brújula Espiritual. La aguja se encontraba señalando a diferentes direcciones, como buscando un objetivo. Se encuentran vestidos con sus uniformes, ya que era día de escuela, pero no estaba seguros si irían a clases a ese día; después de todo tenían una misión que cumplir.
- ¿Cómo sabremos si lo que detecta es al Gato? – Le preguntó Zeta, algo dudoso de la efectividad de ese objeto.
- En esta ciudad hay gran cantidad de espíritus con energía negativa. – Le respondió. – Pero hay muy pocas personas o objetos que posea un poder espiritual. La Reidama posee una gran cantidad de este poder, por lo que la Brújula detectará su presencia. Además, sirve de mucho si al sostenerla piensas en el objeto que buscas…
- ¿Enserio? – Preguntó sorprendido el chico. – Parece que es más útil de lo que parece.
De pronto, la aguja señaló hacía una dirección y se paró; en esa dirección de seguro que encontrarían a Tsuki. Sin pensarlo, ambos se disponían a ir a buscarlo, pero algo los detuvo.
- ¿A dónde vas Hamagushi? – Escucharon de pronto que alguien preguntaba detrás de ellos. – La escuela es por el otro lado.
Al girarse, Erishia ve una figura no muy agradable para ella. Como antes, se trataba de Asami Hishikawa, que la miraba con una expresión de enojo.
- ¡Es esa chica otra vez! – Exclamó Zeta al verla, aunque miraba con más cuidado su cabello rojizo.
- Ahora no Asami – Le dijo Erishia. – Tengo cosas que hacer.
Asami se acercó de una manera amenazante hacía ambos. Una vez frente a Erishia, clavo sus ojos sobre los ojos de la Reibuke, pero ésta pareció no intimidarse ante ella. Luego, giró su mirada hacia Zeta.
- ¡¿Me puedes decir porque este chico está saliendo de tu casa tan temprano en la mañana?! – Le preguntó con un grito, mientras señalaba a Zeta con su dedo. El chico se sobresaltó al oír esa preguntas – ¡No me digas que ahora traes hombres a tu casa!
- ¡¿Qué?! – Gritó Zeta al oírla. – Oye, creo que no estás entendiendo…
- ¡Cuando quiera oír tu opinión te la pediré! – Le gritó Asami en su casa, haciendo que Zeta guardara silencio.
- Escúchame Asami. – Comenzó a decirle la alumna de cabellos morados. – Él es el nieto del señor Eiji y a partir de ahora vive aquí. Y de todas maneras no tengo porque estar dándote explicaciones a ti, ¿entiendes?
Ambas chicas se miraron fijamente a los ojos, casi con odio entre ellas. Zeta sintió de inmediato la gran tensión que había, y era casi de dar miedo.
- ¡¿Piensas faltar a la escuela para pasear con tu novio?! – Le preguntó Asami.
- Yo no soy su… - Trató de explicar Zeta, pero Erishia lo interrumpió.
- ¡Eso a ti no te interesa!, ya te había dicho que tengo cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo contigo, y eso incluye estarte dando explicaciones.
- ¡Pues sí me interesa!, y si faltas a la escuela no te cubriré.
- No pensaba pedirte que lo hicieras.
- Pues en ese caso yo voy contigo.
- ¿Qué…?
El último comentario dejó algo sorprendida a Erishia, pero como era su costumbre su rostro no reflejó dicha sorpresa.
- Si alguien como tú falta a la escuela debe de ser por una buena razón, y quiero saber cual es.
- No tengo porque decírtelo. – Sostuvo con firmeza.
- Pues no me lo digas, te seguiré toda la mañana hasta ver a donde vas.
Ambas se volvieron a ver fijamente sin decir nada, como esperando a que la otra hiciera algo. Zeta se les quedaba viendo totalmente extrañado, pensando en que era lo que pasaría, ya que en todo momento daba la impresión de que alguna terminaría por golpear a la otra.
De pronto, para sorpresa de Zeta y Asami, Erishia se dio rápidamente la media vuelta y salió corriendo por la calle, dejando a ambos tan sorprendidos que se cayeron al suelo.
- ¡¿A dónde vas?! – Le gritó Asami poniéndose de pie y corriendo detrás de ella. – ¡Ven acá cobarde!
Asami se fue corriendo detrás de su presa. Por su parte, Zeta se puso una vez más de pie cuando Asami y Erishia ya estaban lejos. Aún pudo ver como ambas siluetas se perdían.
- ¡Qué ciudad más extraña! – Se dijo así mismo con un tono alto. – “¿Qué se traerán esas dos?, las pocas veces que las he visto juntas siempre parece que se van a matar.”
De pronto, los pasos cercanos de una persona hacen que Zeta salga de sus pensamientos. Al girarse, logra reconocer a la maestra Kitami, que camina hacía donde está.
- ¡Maestra! – Exclama algo sorprendido al verla.
- Me pareció escuchar el grito de Hishikawa Asami hace unos momentos. – Comentó la maestra cuando ya estaba ante la entrada de la casa. – Supuse que tú y Erishia no irían hoy a clases por estar buscando al gato, por eso les traje esto.
La maestra sacó de su bolsa un objeto redondo y se lo entregó a Zeta, quien al momento de verla reconoció que era.
- ¿Una Brújula Espiritual?, pero si nosotros ya tenemos una.
- Será muy efectiva por si piensan separarse… como ahora… - La maestra notó que Zeta estaba solo. – Por cierto, ¿Dónde está Erishia?
Después de huir de Asami, Erishia se encontraba de pie en el techo de una casa. Su vista estaba sobre las calles, esperando no ver a su perseguidora por ahí, y así fue: no había rastros de ella.
- Parece que la perdí. – Se dijo así misma y de inmediato sacó de nuevo la Brújula Espiritual para seguir con lo que tenía que hacer.
- ¡Aquí estás! – Escuchó de pronto que le decían. Al oírla, un escalofrío pareció pasarle por la espalda; Asami estaba una vez más detrás de ella.
- ¡¿Cómo subiste aquí?! – Le preguntó sorprendida al darse media vuelta.
- De la misma forma que tú… – De pronto, los ojos rojos de Asami se clavan en la brújula que Erishia trae consigo. – ¿Qué es eso?
Asami estiró la mano con la intención de tomarla, pero Erishia rápidamente la hizo para atrás para que no pudiera tocarla.
- No es nada que pueda interesarte. – Le respondió. – Ahora vete de aquí.
- Estoy harta de que siempre me estés ocultando cosas y que actúes tan raro… ¡Ahora dame esa cosa!
Asami se abalanzó contra ella, tratando de tomar la brújula mientras Erishia se la apartaba. Después de mucho intentarlo, logró alcanzarla, pero aún así Erishia no la soltaba. Ambas comenzaron a jalarla tratando de quitársela a la otra. Entre forcejeo y forcejeo, Erishia pone sus ojos en la aguja del objeto, que señalaba hacía una dirección.
De inmediato, Erishia desvía la mirada hacía esa dirección y logra ver como varias siluetas se encontraban moviéndose por los techos. Al frente de éstas estaba una pequeña figura negra que Erishia reconoció.
- ¡Tsuki! – Erishia soltó la brújula, haciendo que Asami se cayera de espaldas.
Una vez que ya tenía la brújula, Asami la vio detenidamente. Lo que más le extrañaba era la forma en que la aguja parecía brillar. Cuando notó que estaba apuntando hacía un lado, inconscientemente volteó a ver a donde apuntaba y de inmediato pudo ver a los ogros que perseguían a Tsuki.
- ¿Qué es eso? – Preguntó Asami al momento de verlos. Sin embargo, no recibió respuesta de su compañera de clases.
De pronto, ante los ojos de la joven pelirroja, la figura de Erishia se eleva con un largo salto desde ese tejado hasta caer en otro; luego se volvió a impulsar de la misma manera, persiguiendo a los tres ogros. Asami se quedó atónita al ver eso; no podía creer la agilidad que poseía…
Mientras tanto, Zeta estaba por las calles de la ciudad, tratando de alcanzar a Erishia. Ya Erishia y Asami se habían alejado demasiado, por lo que se encontraba corriendo lo más rápido que podía en la dirección en al que se habían ido. Además, llevaba consigo la Brújula que le había dado la maestra, para así poder encontrar a Tsuki si se lo cruzaba.
- ¡Demonios! – Se decía mientras corría. – ¡¿Hasta a donde habrán corrido esas dos?!
De pronto, algo se pone en su camino evitando que siga caminando. Se trata de un grupo de personas, jóvenes vestidos con su mismo uniforme, que lo miran malicia. Al verlos frente a él, Zeta diente el paso enseguida; sabía muy bien que querían algo.
- Oye tú, ¿No deberías de estar en la escuela? – Le preguntó uno de ellos con un tono de burla.
- Lo mismo les digo. – Les respondió de una manera seria. – ¿Se les ofrece algo?
- No en realidad. – Le contestó otro.
- Entonces, si no les molesta… - Zeta quiso seguir su camino, pero ellos no lo dejaron pasar.
- No me dejaste terminar. No se nos ofrece nada de manera personal, pero nos pidieron de favor que te hiciéramos una visita para entretenerte un poco.
- ¿Entretenerme?
Tsuki seguía huyendo de sus perseguidores. A pesar de su gran tamaño, los tres ogros parecían moverse con su misma agilidad y velocidad. Después de un largo rato de huir, Tsuki se detuvo y se volteó hacía ellos.
- Parece que no se cansaran de seguirme. – Dijo mientras los veía. – Entonces tendré que hacer algo.
Rápidamente uno de ellos se lanzó contra él, tratando de abalanzar su puño contra el gato. Tsuki alzó sus manos al frente, creando una especie de barrera que lo protegía. El ogro comenzó a investir sus puños contra la barrera, tratando de traspasarla, pero esta no cedía. Sin embargo, se veía como si cada golpe del Ogro agotará de una manera a Tsuki.
- “¡Rayos!” – Pensaba. – “Esto no resistirá.”
- ¡Oigan ustedes! – Escucharon de pronto que alguien decía detrás de ellos. Por simple reflejo, los tres monstruos voltearon a ver hacía atrás, y vieron la figura de Erishia, que los veía fijamente con su mirada seria.
- ¡¿Tú otra vez?! – Dijo Tsuki sorprendido al verla de nuevo.
- No te preocupes Tsuki, yo me encargaré de ellos.
En ese instante, los tres se lanzan en su contra, listos para atacarla. Erishia mete su mano entre sus ropas, sacando tres pergaminos ofudas. Rápidamente los lanzó al frente, colocándolos en la frente de cada ogro. Sin embargo, los pedazos de papel parecieron despedazarse en cuanto tuvieron contacto con su piel, sin hacerles ningún daño.
Al ver el fracaso de su estrategia, Erishia da un largo salto hacía atrás para poder esquivar el ataque de la criatura, cayendo en una pequeña barda.
- ¡Demonios! – Se dijo así misma. – Deben de ser Shikigamis. Como son creados por humanos no poseen energía oscura, por lo que los Ofudas no los afectan. Son simples Ogros de Papel; si tan solo tuviera un arma…
De pronto, uno de los Ogros salta desde el techo hasta donde se encuentra Erishia. Para poder esquivarlo, la Reibuke baja de la barda, cayendo en la calle y haciendo que el ogro cayera de pie en el mismo lugar en el que ella estaba hace unos momentos.
Mientras tanto, arriba, aprovechando que sus perseguidores se distrajeron, Tsuki se dispuso a escapar, pero en cuanto se dio la vuelta, Kurare se encontraba frente a él, tapándole el paso.
- No vas a escapar gatito. – Le dijo la joven con una sonrisa en el rostro.
- ¡No trates de detenerme niña! – Le gritó en un intento de hacer que se quitara, pero no resultó.
Kurare se agachó y acercó una mano a la cabeza de Tsuki, comenzando a acariciarla, mientras con la otra mano le rascaba hacía debajo de su barbilla. Tsuki intentó oponer resistencia ante estas acciones, pero se veía muy cómodo ante los cariños de la joven. Después de unos segundos pareció no oponer más resistencia. En ese instante, los otros dos Ogros se acercaron a ella.
- No se preocupen. – Les dijo. – Tengo todo bajo control.
- ¿Enserio? – Gritó alguien cerca de ahí.
De pronto, desde atrás de Kurare, aparecieron dos pedazos de papel rojo que volaron en línea recta hacía sus ogros, pegándose en sus frentes.
Una serie de rayos rojos cubrieron el cuerpo de las criaturas por unos instantes, y luego sus ojos se pusieron completamente negros. Cuando los rayos desaparecieron, los ogros se encontraban iguales, excepto por el cambio de sus ojos y el pergamino rojo que estaba en sus frentes.
Kurare volteó hacía atrás para ver quién los había arrojado. Parado en el techo de otra casa, volteando a verla con una expresión de malicia, se encontraba un chico fornido, de estatura alta, con un peinado corto, vestido con un uniforme de color negro.
Zeta se encontraba rodeado por varios jóvenes vestidos con su mismo uniforme, que lo miraban con mucho detenimiento. Zeta, por su parte, adornaba su rostro con una expresión seria, pero a la vez tranquila.
- Así que, ¿vas a entretenerme? – Le preguntó con algo de sarcasmo. – ¿Y exactamente que vas hacer?, ¿vas a bailar o algo así?
- ¿Enserio quieres saberlo? – Le contestó al tiempo que se tronaba los dedos de sus manos.
Lentamente, el joven se acercó a él, amenazante en su paso, pero Zeta se le quedaba viendo como si nada. De pronto, le lanzó un golpe directo a la cara, tan rápido que parecía que no lo había visto, ya que lo golpeó justo en la mejilla derecha. Zeta retrocedió unos pasos hacía atrás por el impulso del golpe. Una vez que pudo recuperar la compostura, volteó a verlo con una sonrisa; tenía una marca roja en la mejilla debido al golpe, pero parecía no haberle afectado.
- ¿Eso es lo mejor que tienes? – Le preguntó.
- ¿Qué dices?
- Déjame decirte que golpeas como niña.
- ¡A sí!, ¡Vamos a ver que te parece esto!
Una vez más se abalanzó en su contra, embistiendo su puño al frente. En esta ocasión Zeta se movió hacía su izquierda, esquivando con facilidad el golpe. Al mismo tiempo se le acercó, colocando su rostro frente al de él, si que se diera cuenta siquiera.
- ¡Voy a mostrarte un verdadero golpe! – Le gritó el Reibuke antes de embestirlo con su puño derecho.
Ante lo ojos de todos los otros, su amigo recibió un golpe justo en su mejilla, arrojándolo con gran fuerza hacía atrás. El chico pareció quedar inconsciente
- ¿Quién sigue? – Preguntó con firmeza, volteando a ver al resto de los presentes.
De vuelta a donde se encuentran Tsuki y los demás, vemos a éste a lado de Kurare, mientras ambos miran al chico que les habla desde lo lejos.
- Había mandado a mis amigos a que entretuvieran a Hamagushi y a su nuevo amigo. – Les dijo. – Pero no contaba con que sólo pudieran detenerlo a él. Pero gracias a ti linda, no me tengo que preocupar por ella. Por cierto, gracias también por tus ogros.
De pronto, los dos ogros detrás de ellos se les acercaron por detrás, agarrándolos con fuerza entre sus brazos sin que pudieran zafarse.
- ¡¿Qué?!, ¡¿Qué están haciendo?!, ¡Suéltenme! – Kurare les ordenaba a sus ogros que la dejaran, pero estos no obedecían. De pronto, mira que los ojos de las criaturas tienen otro color y además ve los pergaminos en sus frentes. – ¡¿Los controlaste?!
El joven saltó hacía el frente con gran fuerza, cayendo justo frente a los dos ogros, que seguían sujetando a Kurare y a Tsuki. En cuanto lo vio de cerca, Tsuki lo reconoció.
- Yo te conozco. – Le dijo. – Tú eres quien estaba peleando con Shitaro.
- Así es. – Le respondió.
- ¡¿Cómo es posible que hayas controlado a mis ogros?! – Le preguntó Kurare. – Son Ogros de Papel, Shikigamis… se supone que no los afectan los Ofudas.
- No seas tonta, esos no son Ofudas comunes. Los Ofudas de exorcismo reaccionan con las energías negativas de las criaturas y las purifican. Los Shikigamis como estos no poseen energías negativas de este tipo, pero poseen un tipo de energía que surge de la persona que los creo, y ésta es la que los mueve. Estos Ofudas son simples pergaminos de control; se usan para poder manejar a criaturas pequeñas, no importa si tienen energía oscura o no. La verdad estos ogros son muy débiles, pero me servirán.
Tsui volteó a ver en ese momento a su presa con cuidado: Tsuki. El gato lo miraba con una expresión de enojo, no muy contento por lo que pasaba.
- Bien pequeño guardián… Ahora vamos a darte un nuevo amo que no sea Hanamiya. – Le dijo el joven y de inmediato sacó otro de esos pergaminos de su uniforme. – Como eres un espíritu dentro del cuerpo de ese gato, posees igual energías que este Ofuda debería de poner a mis servicios. Es una teoría que deseo poner el prueba, ¿te parece?
En la calle, Erishia se reducía a tener que esquivar los golpes del ogro, ya que no poseía un arma con la que pudiera derrotarlo.
- “Debe de haber algo que pueda hacer para vencerlo.” – Pensaba Erishia mientras se encontraba de pie frente a él.
El ogro se abalanzó una vez más en su contra, mientras ella se quedaba quieta, buscando la forma correcta de reaccionar. De pronto, cuando parecía que la iba a golpear, algo lo detiene.
- ¡¡No te atrevas a tocarla!! – Escuchó que alguien gritó.
De pronto, la figura de Asami se hace presente, corriendo con fuerza hacía donde se encontraba. En ese instante dio un largo salto, elevándose hasta la altura de la cabeza del monstruo, para luego golpearlo con todos sus fuerzas usando su puño derecho, directo en la mejilla izquierda. El golpe fue tan fuerte que la criatura salió volando, cayendo a varios metros adelante.
Después de realizar el golpe, el cuerpo de Asami bajó lentamente al suelo por simple efecto de la gravedad, cayendo frente a Erishia, quien la miraba con una expresión de sorpresa.
- La única que puede derrotar a Hamagushi soy yo. – Dijo por último la chica de cabello rojo en voz baja.
- ¡Asami! – Exclamó sorprendida Erishia al verla. De pronto, Asami le arroja un objeto, que cae directo en sus manos.
- Se te olvidó eso. – Le dijo volteando a verla. Se trataba de la brújula espiritual. – No quiero que luego me acuses de ladrona.
Erishia miró confundida la brújula en sus manos, y luego miró al ogro tirado en el suelo. Algo pareció volver a su cabeza de golpe.
- ¡Tsuki! – Recordó.
En el tejado, Tsui aceraba su mano con el pergamino hacía la frente de Tsuki, quien trataba de zafarse de los brazos del ogro. Tsuki, a pesar de los poderes que tenía, si es Guardián o alguna clase de espíritu menor, lo más seguro es que ese pergamino lo controlaría.
- ¡No lo creo! – Gritó una voz desde atrás de Tsui, que lo distrajo de lo que estaba haciendo.
Al girarse hacía atrás, el chico de segundo ve como la figura de una persona se eleva desde el suelo, hasta estar por encima de él. Su figura oscura parece perderse en la luz brillante del sol sobre ellos.
- ¿Quién eres tú? – Le preguntó Tsui, algo sorprendido al ver el largo salto que acababa de dar.
El extraño bajó precipitadamente, cayendo con fuerza justo frente a Tsui. El joven frente a él se encontraba vestido con su mismo uniforme, y en su mano izquierda sostenía una espada de madera.
- Parece que llegué a tiempo. – Les dijo mientras sonreía.
- ¡Es el Reibuke de Kyoto! – Dijo sorprendida Kurare al verlo.
- “¡Es ese chico otra vez!” – Pensó Tsuki al reconocerlo.
El único golpe que Zeta tenía en su rostro fue el primero que dejó que le dieran. Fuera de ello, lo único anormal en él era que su traje tenía algunas manchas.
- ¡Tú! – Dijo sorprendido Tsui. – Creí que me había encargado de ti.
- Tus amigos no son muy entretenidos. – Le respondió. – Así que tuve que irme temprano. – Zeta sacó la brújula espiritual y se la enseñó a Tsui. – Y con este juguete pude encontrar donde estaba la fiesta.
- Mis sospechas eran cierta después de todo; por eso estabas con Hamagushi: tú también eres un Aprendiz de Reibuke.
Zeta sonrió ante las palabras del joven, aunque no era tanto felicidad, si no una manera de burlarse de él.
- Tus amigos son además muy comunicativos. – Le mencionó. – Fueron muy amables de contarme lo que planeabas, o por lo menos lo que sabían. Tenías pensado entretenerme a mí y a Erishia, y así tú podrías apoderarte del gato sin dificultad. No tengo ni la menor idea de cómo sabes de todo este asunto, pero ya para estos momentos me estoy haciendo a la idea de que hay mucha gente extraña en esta ciudad. – El chico tomó la espada que traía en su mano derecha, apuntando a Tsui con ella. – Tú sabes muy bien que ese gato no puede cumplir deseos, pero lo quieres para otra cosa. Si tienes a un ser con esos poderes a tu control, quién sabe las cosas que puedas hacer.
- ¡¿Y qué si lo sabes?!, ¡Veamos que puedes hacer gran Reibuke!
Como si leyera su mente, el ogro que sostenía a Kurare la soltó de pronto y se abalanzó en contra de Zeta. Al ver esto, Zeta dio un salto en el aire, esquivando el ataque del ogro, y además cayendo detrás de ellos. Justo cuando su presa se escapó de sus garras, el ogro hizo lo mismo que él, saltando hacía enfrente y cayendo justo delante de Zeta.
- Veo que estos ogros son más fuertes que los que usaron contra en mí contra en Kyoto. – Mencionó Zeta mientras lo miraba.
- Así es. – Le informó Kurare. – Estos son más ágiles y de un piel más fuerte.
- ¡Eso no importa! – Gritó Zeta. – ¡De todas maneras lo derrotaré!... ¡¡Kutan Yaiba!!
La espada de Zeta se cubrió de un resplandor entre azul y blanco, tal y como pasó en Kyoto, de tal manera que toda la hoja de madera se convirtió en ese resplandor. Tsui se quedó sorprendido al ver esa técnica.
El chico de negro se lanzó hacía el frente, listo para atacar al ogro. Al mismo tiempo, como Tsui tenía sus ojos puestos en la pelea, Tsuki aprovechó para tratar de huir. Rápidamente clavó sus afilados colmillos sobre el brazo del ogro, quién al sentir esto, los soltó de inmediato, haciendo que Tsuki cayera de pie sobre el tejado.
- ¡Tenías razón! – Dijo Tsuki con su mano cerca de su mejilla. – ¡Tienen una piel muy dura!
Tsui rápidamente volteó al escuchar la voz de Tsuki. Para cuando lo vio, Tsuki se encontraba de pie frente a él, parado de una manera muy firme, mirándolo fijamente.
- ¿Quieres saber que pasa cuando molestas a un gato? – Le preguntó Tsuki, mientras alzaba las afiladas garras de su mano derecha.
- No me asustas bolsa de pelos. – Le respondió mientras lo señalaba.
Como siguiendo su orden, el ogro se lanzó en contra el gato. Al verlo frene a él, Tsuki no se vio preocupado, al contrario, de su rostro surgió una sonrisa de confianza. Cuando ya estaba muy cerca de él, Tsuki saltó para ponerse a la altura de su abdomen, y así clavar sus garras en él.
- ¡Esta es la Maldición del Gato! – Gritó Tsuki al tiempo que elevaba su garras al cielo, aún teniéndolas clavadas en el criatura, haciendo tres cortadas del abdomen al pecho.
- ¿Qué te pareció eso? – Le preguntó confiado, pero para su sorpresa las heridas del ogro se curaron de inmediato. – ¿Cómo?
- Es inútil que lo ataques con tus garras. – Le dijo Kurare. – Este tipo de Ogros de Papel se recuperar rápidamente de heridas como esas. La única forma de derrotarlos es cortarlos en pedazos, de preferencia con Reiki o con fuego.
- ¡¿Y me lo dices ahora?!
Para cuando Tsuki volvió su atención al frente, el ogro estaba por embestirlo otra vez con su puño, a lo que Tsuki sólo pudo reaccionar con un movimiento rápido para tratar de esquivarlo.
Zeta por su parte, se movía de un lado a otro, despistando los movimientos de la criatura que lo atacaba. De pronto, se lanza en su contra, embistiéndolo con su espada tan rápido que ni siquiera la ve acercarse. La espada completamente cubierta por su Reiki, corta al ogro en dos a partir de la cintura, y de inmediato su cuerpo comienza a hacerse pedazos.
Una vez terminado, Zeta alza su mirada al frente, y ve como Tsuki esquiva los ataques de la criatura. Cuando se disponía a ayudarle, ve como una sombra pasa por encima de él. Al alzar la mirada, ve una silueta sobre él; casi como si estuviera volando, la figura de Erishia se impulsaba hacía el frente.
- ¡Zeta-sama! – Le gritó rápidamente la chica mientras seguía su camino. – ¡Présteme su espada!
Zeta miró de reojo la espada de madera y de inmediato la arrojó hacía ella. En cuanto el arma de entrenamiento dejó su mano, el resplandor desapareció.
Sin voltear a verla siquiera, Erishia extendió su mano hacía atrás, tomando el arma por la empuñadura. Erishia se impulsó hasta encontrarse encima del ogro que quedaba, cuando de pronto comenzó a descender. Colocó la espada encima de su cabeza, al tiempo que ésta se cubría rápidamente por su Reiki, brillando con gran intensidad a pesar de ser de día.
Los ojos de Zeta se abrieron por completo al verla realizar lo mismo que él había hecho. En ese momento, Erishia abalanzó la hoja resplandeciente de la espada contra la criatura debajo de ella.
- ¡Kutan Yaiba! – Gritó Erishia mientras la espada cortaba en dos al ogro.
La espada entró por la parte superior de su cabeza, cortándolo de arriba abajo hasta tocar el techo en el que se encontraba, cortando a su vez el pergamino de su frente. El cuerpo de la criatura comenzó a despedazarse, dejando cenizas en su lugar. Una vez terminado, Erishia puso sus pies en el techo, quedándose entre Tsui y el gato que tanto quería atrapar. La Reibuke se puso rápidamente de pie y lo volteó a ver.
- ¿Tuviste suficiente Tsui? – Le preguntó con severidad, amenazándolo con la hoja resplandeciente de su arma. – O tenemos que cortarte a ti ahora.
Tsui retrocedió al ser esa hoja tan cerca de su rostro. Volteó a ver hacía atrás por encima de su hombro. Zeta lo miraba con una sonrisa cínica, mientras preparaba sus puños para golpearlo. Se encontraba rodeado por dos Aprendices de Reibuke, y él sabía muy bien que no podría hacer algo contra ellos.
- Bien… – Contestó el voz baja. – Parece que me ganaron…
Rápidamente, se movió hacía la orilla, cayendo por si sólo hacía tierra firme. Para cuando Zeta y Erishia voltearon a verlo, ya estaba corriendo a toda velocidad.
- ¡Esto no se va a quedar así Hamagushi! – Les gritó mientras se alejaba.
Ya todo parecía haber terminado, y Zeta dio un suspiro de alivio ante esto. Para ser su primera misión en Tokio, no había estado del todo mal.
- No lo entiendo. – Comentó Zeta una vez que Tsui se había ido. – ¿Cómo es que ese sujeto sabía de la Reidama, de ti, y como sabía usar esos pergaminos?
- Eso no es nada extraño. – Le informó su compañera. – Todo eso se debe a que antes él entrenaba para convertirse en Reibuke.
- ¿A sí? – Le noticia pareció sorprender al chico.
- Sí, pero como su conducta era demasiado rebelde y abusaba de los demás con sus habilidades, el señor Genjo lo expulsó del entrenamiento. No sé si haya seguido por su cuenta, pero no creo que sus habilidades sean la gran cosa. Aún así disfruta de hacerse el fuerte…
Zeta permaneció en silencio por un largo rato. Desconocía que en su regreso a Tokio se encontraría a tantas personas tan interesantes, empezando por supuesto por la chica que estaba a su lado.
De inmediato Zeta se acordó de Tsuki. Cuando volteó a verlo, éste estaba de pie a lado de Kurare, respirando agitadamente como señal de su cansancio. Zeta lo miró con una expresión maliciosa y se acercó a él.
- ¿Ahora quien es el Reibuke de Tercera?, ¿He? – Le dijo en tono de burla.
- ¡Cállate!, ¡¿Porqué derrotaste a un ogro ya te crees mucho?! – Le gritó irritado el Guardián.
- ¡Pues a ti no te vi derrotar a ninguno!
- ¡Aún hay poderes que no sé como controlarlos!, ¡Pero cuando los controlé…!
- ¡¿Cuado los controles qué enano?!
Kurare, que se encontraba entre ambos, se reía un poco ante la actitud de ambos, mientras que para Erishia no era tan gracioso. De pronto, Tsuki se olvida de la pelea y se da media vuelta mientras camina hacía la orilla.
- ¿A dónde vas Tsuki? – Le preguntó Erishia al ver que trataba de irse – ¿No te das cuenta de que alguien más como Tsui podría venir por ti?
- No te preocupes por eso. – Le respondió dándole la espalda. – Desde ahora seré más cuidadoso en ese aspecto. No dejaré que otro tonto como ese intente aprovecharse de mí… Además, sea como sea, aún tengo la misión de proteger a mi familia, por eso fue que le pedí este deseo a la Reidama. – Tsuki volteó a verlos por encima de su hombro, con una expresión seria en el rostro. – Nos veremos luego Reibukes.
Tsuki dio un largo salto hacía el frente, alejándose mientras saltaba de tejado en tejado a toda velocidad. Zeta y el resto se le quedaron viendo, hasta que por fin se perdió de vista. En ese instante, el chico de Kyoto recuerda otra cosa y voltea a ver de reojo a Kurare.
- Oye, ¿no te conozco? – Comentó el chico, mirándola fijamente. – Tú estabas en Kyoto con esa otra Ninja, ¿no?...
- Bueno, yo… - Le intentó responder con balbuceos, pero sólo terminó riéndose.
De pronto, se ve como la joven comienza a dar pasos hacía atrás, hasta que sus pies se encontraron con el aire, cayendo sin remedio al suelo. Zeta y Erishia se aproximaron rápido hacía la orilla, pero cuando posaron sus ojos en la parte de abajo, Kurare ya había desaparecido por completo…
Ya era tarde, las horas de clases habían acabado, y los alumnos comenzaban a retirarse de la escuela uno por uno. Mientras tanto, en su oficina, el directo Takudo hablaba con la maestra Kitami sobre lo ocurrido.
- Así que es gato se fue, ¿Correcto? – Mencionó el director, después de que la maestra le contó lo sucedido.
- Así es – La respondió ella – Lamentablemente Zeta y Erishia no fueron capaces de atraparlo.
- No importa, nunca fue el atrapar al gato el propósito de la misión, y tengo el presentimiento de que no será la última vez que sepamos de él. – Comentó con tranquilidad, mientras comenzaba a sonreír. – Bueno, de todas maneras yo no hubiera sabido que pedir si me hubieran dado la Reidama. Además, no creo que mi corazón sea tan puro…
La maestra Kitami se quedó algo seria ante el comentario tan relajado del director.
- Kitami, ¿Cómo te parece que salió su primera misión juntos?
- No lo sé. – Le contestó con sinceridad. – No estuve con ellos, pero creo que aún les falta mucho por mejorar, además de algo de trabajo de equipo. Les falta mucho para convertirse en un verdadero equipo.
- Sí, también lo creo. Pero también creo que eso no será problema…
En el techo de uno de los salones de la escuela, Zeta y Erishia observan desde arriba el patio al mismo tiempo que conversan entre ellos.
- La chica Ninja se ha marchado, Tsui y sus amigos siguen igual que siempre, y aún no se sabe donde está Tsuki. – Le comentó Erishia con seriedad. – Me gustaría saber si tuvimos éxito en nuestra misión o no.
- Yo creo que todo salió bien. – Contestó Zeta con despreocupación. – Si ese sujeto se hubiera salido con la suya, ahora tendría a ese gato para causar problemas. A parte, no hay de que preocuparnos con respecto a él. Creo que desde ahora se dedicara solamente a proteger a su familia, por lo que no hará un mal uso de sus nuevos poderes.
Erishia no dijo nada ni lo volteó a ver en todo el tiempo que el chico le estuvo hablando, pero si lo escuchó con cuidado. No podía evitar preguntarse muchas cosas con respecto a esa persona.
- ¿Está disfrutando de su regreso a la ciudad Zeta-sama? – Le preguntó de repente sin motivo. Zeta simplemente sonrió.
- Creo que me entretendré mucho en este sitio. Definitivamente Tokio es una ciudad muy extraña, y eso la hace genial…
- Ya veo…
Erishia se quedó callada, pensando en que clase de persona será su nuevo “compañero”…
Hikaru Hanamiya camina por la calles camino a su casa, acompañada de cerca por su hermano. Su rostro seguía adornado con un tono de preocupación, por tantas cosas diferentes, entre ellas el que Tsuki no aparecía. De pronto, un extraño ruido detrás de ella hace que detenga su paso y se giré hacía atrás. La calle se encontraba completamente vacía.
- ¿Sucede algo Hikaru? – Le preguntó su hermano al ver que se había detenido.
- Nada. – Le respondió ella mientras reanudaba el paso. – Sólo creí oír algo.
Ambos hermanos siguieron caminando juntos hacía su casa, mientras que desde el tejado de un edificio cercano, la figura de un gato los vigilaba como el guardián que es…
ZETA
FIN DEL CAPITULO 4
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