Por
Nakokun
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Capítulo
2: “Brian”
Odio la abadía.
La odio desde el mismo día en que
entré aquí, cuando Boris me recibió con una sonrisa... Maldito sea ése día,
maldito sea ése bastardo y maldito sea Kai. A él es al que más odio. Le dieron
todos los privilegios que debían ser para Tala y, por si fuera poco, lo
pusieron en su misma habitación...
¡Maldición! ¡Eso debe ser! ¡Estoy
maldito! ¡Nadie puede tener una suerte tan perra como la mía!
Odio a Boris, a Kai, a la abadía
y, en especial, odio las noches. Desde que Kai llegó, el maldito bastardo de
Boris me cambió de habitación, una que está al mismísimo lado de la de Tala...
y Kai. Para peor, la cama de ésa basura está pegada a la pared en donde está mi
cama. Lo hicieron a propósito, lo sé, el muy maldito de Boris lo planeó todo, y
así resultó.
Cada noche me pasaba horas
pensando que Tala estaba separado de mí sólo por una pared. Quería ir con él y
hacerlo mío, pero no, tenía que estar Kai allí, y tenían que poner guardias en
mi puerta... Maldito seas Boris, ¿¡en qué mierda estabas pensando, bastardo!?
¿En que eso me haría mejorar en los entrenamientos? Sí, así fue, sólo lo hice
para que Kai se diera cuenta que no era el rey del mundo, y que no podía tener
a quien quisiera. ¿Quería torturarme más de lo que me ha torturado? Pues lo
logró, y cómo lo odio por eso...
Escuché cómo Kai hacía suyo a
Tala. Y no sólo una vez, sino todas las noches en las que estuvo aquí. Maldito
sea, me quitó lo más especial que tenía en esta vida de mierda, mi único motivo
para no romper un adorno de cristal en una mesa e incrustársela en el cuello a
Boris. O a mí mismo. Ver mi sangre correr por las paredes es el recuerdo más
frecuente desde que llegué aquí, tal vez porque lo he visto más veces de las
que puedo recordar.
Todo gracias a Boris.
Ya ni recuerdo cómo era mi padre,
pero el que me hayan traído aquí no fue un gran cambio. Cuando lo descubrieron,
y descubrieron lo que hacía conmigo, lo enviaron a la cárcel. Todavía debe
estar allí, si es que no lo mató otro convicto. Me da igual. Sé que si no
termino como él, caeré muy cerca. Boris me lo recuerda cada vez que me ordena
ir a su habitación.
Ése maldito ha estado usando mi
cuerpo para su placer. Fue él quien me hizo gozar con el dolor, tanto el que
sufría yo como el que yo hacía sufrir a otros. No podía ser de otra forma,
excepto que quisiera volverme loco. Entonces me llevarían a otra parte de la
abadía, y no sé lo que harían conmigo. O tal vez sí lo sé y no quiero recordar
todo lo que me dijo Boris, todo lo que me haría su le decía algo a alguien.
No sé si Voltaire sabe, o
siquiera sospecha. Lo más seguro es que no le importe. Siempre y cuando les
recordemos a todos quiénes somos, los métodos que usamos no importan, siempre y
cuando logremos nuestro fin. Y si para eso tienen que torturarme, que así sea.
Boris ya me acostumbró a eso.
.
Pero por más que los vigilé sin
que se dieran cuenta, jamás los pesqué siquiera mirándose. Tal vez lo hacían a
escondidas, y no sólo en las noches, ni siquiera los que hemos estado años aquí
podemos recordar todos los pasillos y pasadizos secretos que hay en la abadía.
Pero Boris sí. Lo demostró más de una vez, cuando yo vagaba en las noches para
no escuchar a Kai con Tala. Me tomaba del cuello, me tapaba la boca y me
llevaba a su habitación. Aprendí a no forcejear, eso lo excitaba más y actuaba
con más violencia.
Una vez me quebró un brazo y
estuve una semana en coma, por los golpes. Dijeron que estaba en entrenamiento
especial, y apenas salí, Boris me usó de nuevo. Pero no usó ninguno de sus
juguetes conmigo. El oírme gritar por el dolor que sentía, no sólo el de mi
brazo roto, le bastó ésa vez. Esa única vez. Cuando mi brazo volvió a estar
sano, volvió a usar sus juguetes conmigo.
Y luego llegó Kai. Yo, que estaba
a punto de hacer mío a Tala, tuve que posponer mis planes. De nuevo. Boris me
sonrió de la misma manera que yo conocía, pero no me ordenó que fuera a su
habitación. Casi hubiera preferido que me volviera a romper el brazo. Escuché
cómo ése maldito perro bastardo de Kai se apoderaba de Tala, y mi furia se
elevó al máximo exponente.
Lo mataría.
No me importaba cómo, pero lo
mataría.
.
Cuando Kai se fue, Tala y yo
volvimos a la rutina de siempre. Pero había algo diferente. Tala jamás había
sido alguien hablador, pero ahora se había vuelto prácticamente mudo. Hacía
todo como un autómata, como si lo que hubiera pasado con Kai jamás hubiera
sucedido. Me alegré, suponiendo que lo había olvidado, o que lo odiaba tanto
como yo. Y fue entonces cuando pensé en incluir a Tala en mi plan para eliminar
a ese perro bastardo. Lo haríamos sufrir tal y como él nos hizo sufrir a
nosotros. Sé que Kai lo hizo a propósito, tal como lo hizo Boris. Lo sé.
La noche en que me decidí hacerlo
mío, no había guardias en la puerta de mi habitación. Los pasillos estaban
desiertos, pero no paré a pensarlo. Tala sería mío al fin. Pero no lo haría
como Boris lo hacía conmigo, no. Lo haría con suavidad, con ternura, aunque no
me hubieran hablado ni demostrado nada de eso. Tala era diferente, y no sólo
por ser casi un Cyborg. Su simple presencia me animaba, pero cuando ví su
habitación vacía me preocupé. Tala no salía de su habitación en las noches, en
especial después de la llegada de... ése bastardo.
Lo busqué por los pasillos, hasta
les pregunté a Ian y a Spencer si lo habían visto o si estaba con ellos. No lo
creía, pero era mejor eliminar todas las posibilidades. Ahora sí que me estaba
desesperando, y cuando Boris me tomó del cuello en un pasillo oscuro, no lo
pensé y lo golpeé, tal como él lo había hecho conmigo infinidad de veces. Lo
escuché caerse pesadamente, yo jamás lo había golpeado, pero no pude disfrutar
del placer ce verlo caer cuan largo era.
Vi a los guardias correr, y los
seguí sin pensarlo. Tala estaba haciendo algo, y no quería pensar qué. Cuando
llegamos a la oficina de Boris, creí oír un clic, y por un segundo me dije que
no, que no era así, que Tala jamás haría eso, él no se deja llevar por las
emociones, si es que las tenía. Él debía ser mío, debía borrar sus noches con
Kai de su memoria, y luego mataríamos a ése perro bastardo. No, no lo había
oído.
Cuando abrimos las puertas
escuché el disparo. Vi el cuerpo de Tala chocar contra la biblioteca de Boris,
soltando la pistola, llenando los libros con su sangre. Se deslizó hasta quedar
sentado en el suelo, mientras la sangre que manaba de su nuca empezaba a teñir
el piso y sus ropas de rojo. Su expresión era diferente, muy diferente a la
habitual. Estaba expresando dolor, pero no el dolor físico, sino otro, uno más
pronunciado e infinitamente más torturante.
.
Me quedé allí durante todo el
tiempo que tardaron en llevarse su cuerpo. No sé qué le dijeron a los demás, o
si les dijeron algo. No me abalancé sobre la camilla en donde se llevaban el
cuerpo de Tala sólo porque Boris me tomó del cuello. Pero ésta vez lo hizo con
más fuerza, podía sentir cómo me ahogaba por falta de aire, pero no me soltó.
Me llevó a su habitación de nuevo, no podía creerlo, con todo lo que había
pasado yo apenas sí podía asimilar lo que había pasado, y él aún podía
excitarse.
No pude reaccionar, por más que
fue más brutal que nunca. Tres veces pasé por ésa tortura, y tres veces deseé
que me matara de una vez, para poder ver a Tala en el infierno. Ni siquiera
cuando empecé a llorar se detuvo, desde que entré a la abadía había aprendido
que si lloraba sería peor, pero no lo fue, tal vez porque estaba demasiado
sorprendido por mis lágrimas.
Cuando terminó al fin, no dejó
que me vistiera. Se me echó encima y no me soltó del madito collar que siempre
me ponía al cuello, que me ataba con una cadena a la cabecera de su cama. Se
durmió enseguida, pero yo no podía hacerlo. Tomé conciencia de lo que había
pasado, y me sentí más sucio que nunca. Vejado por un maldito que gozaba con mi
dolor, el mismo que me había convertido en sadomasoquista, sin importarle la
muerte de uno de los Bayluchadores de la abadía. ¿Acaso tenía futuro así? No
podía hacer mío a Tala, ni siquiera decirle lo que sentía por él. Kai ya no me
importaba, sólo quería acabar con mi dolor de una buena vez...
Sobre la mesa de luz de Boris
había un puñal. Lo usaba para rasgar mi piel cuando... abusaba de mí. ¿Acaso
nadie jamás sospechó? ¿Nadie se dio cuenta? Ya no importaba, el daño no podía
ser remediado si seguía vivo, así que tomé el puñal y lo acerqué a mi cuerpo.
¿Debía ser en la garganta o en el
pecho? En el pecho, así no fallaría y dejaría de sufrir rápido. Pero tal vez no
merecía sufrir poco, sino mucho, mucho más de lo que un simple puñal podía...
Boris se movió y me dejó libre.
Eso facilitó las cosas. No se me ocurrió qué pasaría cuando encontraran un
cadáver, sólo sabía que debía hacerlo de una vez. Tomé con fuerza el puñal, y
mi brazo, el mismo que Boris me había quebrado, se quejó, pero no debía
soportarlo por mucho más tiempo. Calculé bien el golpe, porque si fallaba
gritaría, y Boris no me permitiría seguir. Nunca me dejaba ser libre... Hasta
ésa noche.
Clavé con toda mi fuerza el puñal
en el pecho de Boris. Abrió los ojos e intentó gritar, pero le puse una almohada
en la cara hasta que dejó de luchar. Abusar de mí tres veces seguidas lo había
dejado agotado, y eso era perfecto. No sé si lo había planeado todo a nivel
inconsciente, o si fue una improvisación. Pero le muerte de Tala me había
abierto los ojos. No dejaría que nadie me llevara a ésos extremos jamás.
.
Cuando logré deshacerme del
collar, me vestí y regresé a mi habitación. Limpié mis huellas del puñal, no
iba a dejar que me encerraran como un bastardo que había sido mi padre. No ví a
ningún guardia, ya había retirado el cuerpo de Tala y debían estar haciéndolo
desaparecer. Nadie sospechó nada, porque nadie sabía lo que hacía Boris
conmigo. Y si lo sabían, callaron hasta el final de sus días.
Ahora sólo me faltaba hacer pagar
a Kai por lo que nos había hecho... a Tala y a mí.
.
.
.
¿Creían que terminaba? Yo también
creía que sí, pero Bryan no se iba a quedar callado. Y mucho menos quieto.
Ahora no sé si continuarlo o seguir, pero el tiempo lo dirá. Es más oscuro que
el capítulo anterior, ya sé, pero creo que me está gustando esto...
Chau
Nakokun
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