Por
Nakokun
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Capítulo
3: “Spencer”
Odio la abadía.
Si algún día llegué a pensar que
estar aquí mejoraría mi vida, fue un error. Un error demasiado grande como para
olvidarlo en esta o en las siguientes vidas.
Siempre se habla de Tala, de
Bryan o hasta de Ian. ¿Pero de mí? Nada. Soy sólo un relleno para completar el
equipo de cuatro. Me dicen “el otro” y es casi seguro que no saben ni siquiera
mi nombre. Sólo me ven como alguien grande y feo, una sombra que jamás llegará
a nada, mientras que los otros lograrán todo lo que se propongan. Sólo por ser
más bien parecidos que yo.
No me merezco ésta vida.
O tal vez sí. Tal vez sólo estoy
tratando de olvidar todo lo que existía fuera de la abadía para hacerme a la
idea que este es el único lugar en donde no me señalarán despectivamente. O no
de forma tan notoria, al menos. Si ni siquiera mi madre, si es que era
realmente mi madre, me miraba con cariño. ¿Acaso podría esperar otra cosa del
mundo exterior? Si ni siquiera Boris me mira, excepto en los entrenamientos,
cuando es indispensable.
Sé lo que le hizo y lo que le
hace a Bryan. Todos piensan que soy muy tranquilo, pero sólo porque no pueden
leer mi mente. Mi vida no sólo es el Beyblade. Es sólo una forma de vivir. O de
sobrevivir. Ya no encuentro diferencia entre una cosa y la otra. Creo que el
único que no sospechó nada fue Ian. Tala estaba demasiado ocupado con Kai y
Bryan demasiado celoso como para verlo. Pero Ian es fanático de las armas, casi
tanto como del Beyblade. Es por eso que su lanzador tiene ésa forma. Porque tal
vez quiera que le salga el tiro por la culata y lo mate.
Después de todo, la mayoría de
los que están aquí o se van o se matan. O se dejan matar.
Boris lo sabía. Sabía lo que iba
a pasar, y sabía que nadie sospecharía. Pero yo sí lo sé. Sé que Bryan tuvo que
elegir entre matarlo o seguir viviendo. Porque estoy casi seguro que lo único
que paraba a Boris era el no tener a otro tan entrenado como Bryan. Como un
perro que lame la mano que lo golpea.
No sé para qué Bryan lo estuvo
soportando tanto tiempo. O tal vez sí. Como yo, no tenía adónde ir, así que
cortó por lo sano, y le clavó un puñal en el pecho. Buen chico, más de una vez
quise hacer lo mismo. Pero no porque quisiera que fuera a mí a quien violara,
sino por no prestarme la más mínima atención pese a todos mis esfuerzos.
Derroté a Kai, y eso es algo que Tala no pudo hacer. Ni tampoco Bryan. Podía
sentir que odiaba a Ray por haberse robado el corazón de Kai, o sólo su deseo.
Es lo mismo, cuando encuentre a otro lo dejará para que muera de pena,
lentamente, o que se mate. Parece ser el pasatiempo preferido de Kai.
.
No, jamás sentí atracción por
nadie. Hombre o mujeres, especialmente las últimas, porque jamás las ví.
Entrenábamos separados, y siempre me hacían a la idea que ninguna me miraría
sin repugnancia. Lo que vieron los Bladebrakers fue sólo una pequeña parte de
lo que en realidad sucedía dentro de la abadía. Kai tuvo entrenamiento especial
por ser nieto de Voltaire, y jamás tuvo que visitar las mazmorras en donde me
depositan todas las noches para que duerma.
Pero no puedo dormir con todos
mis pensamientos en la cabeza. A todos nos dan cuartos separados, pero sé que
ninguno la pasa como yo. Al menos, ellos tienen camas y mantas. A mí no me dan
nada de eso, sólo un baño frío cada mañana, con agua de deshielo. En verano me
bañaban en agua hirviendo, hasta el punto que mi piel la sentía como fría, y no
era ningún alivio cuando salíamos a entrenar.
Por eso es que no me muevo tanto.
Porque mi cuerpo ha sido torturado hasta el punto de no poder moverme sin
sentir dolor. Aprendí a moverme con el mínimo de movimientos posibles, pero ni
eso servía. Las pocas veces que cambiaba de expresión era para disimular el
dolor que sentía con cada movimiento. Mi rostro se desacostumbró a sonreír, si
es que alguna vez había sonreído. Lo único que podía sentir era odio.
.
Por eso, cuando los guardias corrieron gritando que Tala se había disparado, no sabía qué sentir. No le tenía ningún afecto, porque todo el hielo que había a mi alrededor había pasado a mi corazón. Cerraron mal mi celda, dejando las llaves en la cerradura. Y yo aproveché la situación.
No sabía adónde ir, pero cuando pasaron los guardias con una camilla me escondí. El ver el rostro de Tala con aquélla expresión me hizo sentir que tenía hielo en vez de sangre. Jamás había visto una expresión así, y menos en el rostro de Tala. Parecía haber envejecido cuarenta años en un solo momento, sin contar con que dejaba un reguero de sangre al pasar, sangre que salía de su nuca.
No podía creerlo. El Cyborg estaba muerto.
.
¿Dije muerto? Sí, lo estaba. Y Boris no estaba allí, sino revolcándose con Bryan. Nadie sabía qué hacer, Voltaire no estaba, y Boris no aparecía por ningún lado. Y no volvería a aparecer vivo.
Llevaron a Tala al laboratorio, y de inmediato pensé que lo harían un Cyborg por completo, pero me equivoqué. Cuando me llevaron a la fuerza, creí que me sacarían los órganos o el cerebro para que Tala viviera, pero no fue así. Reparaban su cuerpo como podían, los científicos estaban medio dormidos primero, pero apenas vieron a Tala se despabilaron por completo.
Fueron horas y horas en que ví cómo Tala cambiaba lentamente su semblante, y pasó de ser afilado y agónico a uno casi normal. Pero sabía que, si por milagro lo hacía revivir, no sería el mismo. ¿Acaso eso que sentía por Kai lo había hecho suicidarse? ¿Acaso se había enamorado de ése... de ése traidor? Nunca pude entender por qué existía el amor, si hacía que las personas se portaran así. Pero lo que yo pensara no importaba.
No, no querían mi cerebro. Querían mi sangre, y me sacaron toda la que necesitaron. Y necesitaron mucha. Quedé más pálido que Bryan, pero no se detuvieron. No sé en qué momento dejé de sentir, pero cuando desperté, Tala miraba al techo. ¿Cómo lo revivieron, si cuando lo habían traído estaba muerto? Tala giró su cabeza hacia mí, y pude ver que no me reconocía. Lo hacía de forma mecánica, y adiviné que le habían puesto en el cuerpo más circuitos que nunca. Tal vez nunca llegara a ser el mismo. Pero no, no lo habían hecho un Cyborg.
Tala había decidido serlo.
.
Ya no tenía corazón, era prácticamente un robot, pero sabía que no era así. Era humano, por más metal que le hubieran puesto, pero ahora Tala realmente creía que era un Cyborg. Tal vez se convenció que el tener corazón no lo ayudaría en nada, o que su alma sólo lo haría sufrir por Kai. Qué podía saber yo. Nunca me habían amado, y sabía que jamás amaría. Pero Tala sí que sabía lo que era amar apasionadamente, su corazón sufrió las consecuencias.
Tala, debiste haber sabido que esto pasaría. Nuestros corazones de hielo no soportarían jamás las llamas de un amor tan apasionado, porque se llevarían todo nuestro sentir que no fuera odio. Lo sabías, pero le creíste a Kai. ¿Cómo pudiste confiar en alguien que traicionó a su equipo, con el que vivió muchas experiencias que jamás viviremos? Tú, que fuiste entrenado como todos nosotros para desconfiar y odiar, caíste en la más veja de todas las trampas. A veces dudo que seas más inteligente que yo.
.
Ésa noche no ví a Bryan, pero pronto sabría de él. Ian lo trajo, con un ataque de hipotermia. Pero Ian no tenía nada, hasta se veía más feliz que nunca. Nunca me dijo qué estuvo haciendo esa noche, pero desde entonces anda más cambiado. Pero da lo mismo, después de todo, ni siquiera él notará jamás que estoy aquí...
.
.
.
Pobre Spencer, nadie lo mete
jamás en un Yaoi... Oka que sea el menos parecido de todo los DB, pero de ahí a
sacarlo bestialmente, hay una gran diferencia... Y hablando de sacar
bestialmente, ¿cómo pudieron ser tan bestias de sacar a Iván (Ian) en
G-revolution? Ok, ok, Sergei ya apareció (Spencer) en una serie, pero de ahí a
que lo pongan en lugar de Iván... La serie me gustó un poco menos después de
eso.
¿Tala al final no se murió? Juro
que esto se me está yendo de las manos, ya no sé si son ellos los que escriben.
O sí lo son, me controlan y soy sólo una marioneta. Jamás creí que
continuaría... aunque no sé si en el próximo capítulo (donde vuelve el Yaoi)
alguien trate de matarse... Iván también tiene sus cositas... Y adivinen con
quién...
Chau
Nakokun
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